miércoles, 13 de febrero de 2019

299/ Arte y ciencia

(Indicación: cabe que el texto abajo fabricado y firmado enfurezca al posmoderno de turno. No quiera el Buddha que este sea poeta de sombrero y micrófono en ristre. Sonrisas).

Galileo Galilei dijo: “La filosofía está escrita en aquel grandísimo libro (…) continuamente (…) abierto ante nuestros ojos (quiero decir, el universo), (…) que no se entiende si antes no se estudia la lengua y se conocen los caracteres en que está escrito. La lengua de ese libro es Matemática y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas” (Favaro. Galileo Galilei: Pensieri, motti et sentenze. Firenze, 1949). 
      Confesaré algo: mi relación con la Matemática está fundamentada en el amor y en el odio (últimamente más cerca del primero que del segundo. Dicho sea el segundo sin afán de literalidad. Dicho sea el segundo, pues, en un sentido figurado).
     Quiero recrearme en la Matemática. 
     No son del todo indiferentes la geometría euclidiana y las ecuaciones de segundo y tercer grado. Tampoco, límites y derivadas. Tampoco, cantidades y espacios y formas y cambios y relaciones e incertidumbres… 
     Juzgo conectados el número y la letra. 
     Releo la frase anterior y no salgo de mi asombro. Yo, que siempre fui reacio a la noción y unidades de medida, siento ahora apego por ellas. Nunca escribí “528” sino “quinientos veintiocho”. Hoy considero más amable esa cifra que los numerales cardinales que la denominan. 
    Yo no sé qué está pasando. Yo sí sé que la ciencia ha emprendido el camino del arte en tanto que el arte da (o parece dar) la espalda a la pechera de la ciencia. Aquí pararé pies. Escribió Croce: “(…) Si por un lado puede expresarse el símbolo y por otro la cosa simbolizada, se recae en el error intelectualista; el supuesto símbolo es la exposición de un concepto abstracto, es una alegoría, es ciencia, o arte que remeda la ciencia” (Estética, 39). El subrayado me lo agencio. Con la poesía que hay implícita en la Biología, en la Geología, en la Antropología…
     Más aún en la Matemática.
     Señor Croce (dondequiera que esté): la ciencia, creo, no puede remedarse a sí misma.