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viernes, 7 de agosto de 2020

333/ "Todo se olvida"

Carmen. Carmen Guaita. Carmen Guaita Fernández. Pero ella firma de este modo: Carmen Guaita. ¿He dicho ya que en las portadas de sus libros se lee el nombre Carmen Guaita en vez de Carmen Guaita Fernández? Discúlpenme tan socorrida repetición. Lo confieso: la he empleado con toda la idea del mundo. Retengan ese nombre en su memoria. Acudan a los libros que bajo su capa han sido escritos y editados en diversos sellos. O, simplemente, acudan al libro entre los libros de Carmen Guaita. Este: Todo se olvida (Ediciones Khaf. Madrid, 2019).
     Todo se olvida. Literatura de vuelo profundo. Literatura del sentimiento higiénico. Literatura del intelecto al servicio del perdón. Vital, esta, para aquel que desee rendir cuentas a la vida por un afán de obsesiva e impertinente insatisfacción crónica. Probablemente “equivocada” insatisfacción crónica: creemos ser el centro del universo hasta cuando nos percatamos de que hay criaturas más desdichadas que nosotros y, encima, en continuo silencio. Así es: sin decir ni mu. Todavía más: sin que nadie les auxilie por no decir ni mu. Hacía mucho que no leía una historia con tanta carga emotiva y un nivel de escritura tan tan elevado que, según mi juicio de lector siempre hambriento de renglones, roza la pura excelencia.
     Para muestra un botón: “En el transcurso de tu carrera conocerás a muchos como nosotros. Verás que coqueteamos con las mujeres y nos gusta sentirnos deseados por ellas, pero nuestra verdad es otra y por eso damos lugar a malentendidos en las más solitarias y sensibles. En las que son como tú, mi cantarina, herida, introspectiva Allodola. Por tus ojos hinchados y el desgaste de tu voz he visto lo que has sufrido. En tus apuntes sobre los personajes tachaste con rabia la frase `Norma y Adalgisa están enamoradas del mismo hombre´. Has llorado por mi culpa y eso no me lo perdono. Sin embargo me dolería indisponerte contra Bogdan. Es un buen artista, con una gran voz de bajo cantabile, producto natural de su tierra eslava. Dentro de nada os encontraréis por los teatros, será tu Colline, tu Fra Guardiano… Un camarada en escena. Olvida por tanto, y cuanto antes, esta ilusión imposible. El amor llegará a tu vida, querida niña. Y créeme si te digo que ni Bogdan es mi futuro ni yo significo nada en su vida. Simplemente es que, de vez en cuando, me acerco a los espejismo del amor aunque solo me hacen daño” (op. cit. pág., 122).
     El pasaje copiado es una minúscula muestra del arte escritural de Carmen Guaita. Podría decirlo en referencia, ladeada, a la cantidad pero lo digo refiriéndome a la calidad en sentido recto. Ahora haré una breve mención al efecto extremo que la “calidad” provoca. Pocas (muy pocas) novelas poseen la inadvertida virtud de poder salvarle la vida a alguien. Yo me atrevo a afirmar que Todo se olvida tiene ese poder. En dos ámbitos (el segundo es conjetural): en el de la ficción y en el de la vida real. Novela, pues, “divina”. Permítanme la exageración. La estructura externa de la novela acumula e-mails, cartas, apuntes y conversaciones telefónicas (también viéndose, quienes conversan, las caras sin pantallas "móviles" de por medio). La carta nº 52 da cuenta de un suicidio frustrado. El de una ex monja que no halla su sitio en la sociedad y, tras algunas idas y venidas, opta por regresar al convento que una vez la acogió y del que decidió desertar libremente. La salvación de la mujer corre a cargo del nacimiento de un niño sin brazos. Ella no llamará sino María a la madre (primeriza) del niño…
     Carmen Guaita será mujer creyente cuya fe subirá a las tablas del teatrillo de la vida y de la literatura a la mínima oportunidad. En esa carta de ficción (¿de ficción?) la vena religiosa de la autora saldría a escena sin restricciones. A lo largo y ancho de la novela sucedería algo parecido. Pero es en esta carta donde la capacidad de sugestión del sentimiento religioso la percibiría el lector con más claridad e intensidad. Aunque sin llegar nunca al hartazgo. Cualquier ateo o agnóstico disfrutará de esta novela igual que lo hará un creyente convencido o no tanto.
     Otro botón de muestra: “El infierno es un lugar de increíble belleza: una joya cercana al mar donde la brisa despeina y la sombra procede de un volcán que tiene el cabello largo y nevado. La antesala del infierno es una casa palaciega, blanca de cal y de flores, donde todo parece perfecto. Sobre el dintel de su puerta hay una frase de la Divina Comedia: `Dejad toda esperanza quienes entráis aquí´, pero la han escrito con tinta invisible y nadie se da cuenta. Allí la muchacha condenada disfruta de una semana tranquila: visita Nápoles y escucha sus canciones populares, que se le anclan en el alma; un día descubre Pompeya con su hálito eterno; otro, la caldera del Vesubio, bella muntagna. Siempre lleva a su lado, siempre, a dos personas: Mazzé, una mujer silenciosa que actúa como doncella, y René Marugán, el ayudante para todo, con su voz metálica y sus ademanes fatuos” (op. cit. pág., 272).
     Todo se olvida debería ser lectura obligada en escuelas, en Institutos, en Universidades. Habría, creo, que invertir un punto en educación sentimental. La gente del común (mayoritaria) resultamos demasiado ignorantes sentimentalmente hablando. Ya Gustave Flaubert apuntó algo al respecto en el libro La educación sentimental. La protagonista de Todo se olvida (Criptana Senzi) emprende un viaje iniciático a lo humano. En el trayecto encontrará vida y muerte, alegría y tristeza, y lo más puntiagudo: castidad indeseada y sexo deseado y quizá perverso. También, respeto y abuso, cargo de conciencia y conciencia descargada a partes (casi) iguales. Con el apunte extraordinario de que el lector no será menos que la protagonista: igualmente acometerá un viaje iniciático a cuya vuelta ya no será el mismo.
     Criptana Senzi es una diva. Y en la actualidad de la novela, año 2005, residente perpetua en un geriátrico. Su mal: Alzheimer. La carga humana de Todo se olvida reside en la protagonista, en su hermana (Aurora Mateo), y en la monja y después ex monja (Cinta Torrals). Los demás personajes acaparan una humanidad vacilante por momentos o no tan lineal como la de los tres mencionados (todos ellos sublimes). Para Kant lo `sublime´ era “aquello en comparación con lo cual toda otra cosa es pequeña”. El filósofo puso el foco en la cantidad. Yo lo pondré en la calidad. Esta novela la rebosa por los cuatro costados. La cantidad es la que es y no puede ser otra: cuatrocientas ochenta y tres páginas de literatura de alta calidad cálida. En el tratado de retórica Sobre lo sublime, atribuido a Longino, se lee: “Es grande solo aquello que proporciona material para nuevas reflexiones y hace difícil, más aún imposible, toda oposición y su recuerdo es duradero e indeleble. En una palabra, considera hermoso y verdaderamente sublime aquello que agrada siempre y a todos”. La novela de Carmen Guaita agradará, me parece, siempre. La razón es sencilla: su lectura acaba siendo imborrable. Yo no sé si agradará o no a cualquier lector. Sí sé que quien se le oponga debería pensar en matricularse en la escuela de Flaubert…
     Antes he apuntado que Criptana Senzi es una diva. Esto significa que el conocimiento operístico está presente en la novela desde la línea primera hasta la última. Ojo: ¿Qué autor se molestaría en poner al final de su libro, a modo de notas aclaratorias, una lista con los personajes y con las personas de carne y hueso (y no solo de imaginería) que interpretan o han interpretado ópera en todo el mundo para que al lector le quede claro cómo canta la protagonista y otros personajes de aquel? ¿Pocos? ¿Ninguno? Carmen Guaita lo hace. La voz de Criptana Senzi es la de “cuatro cantantes legendarias” de ópera. Una: Renata Tebaldi. Otra: Leyla Gencer. Otra: Pilar Lorengar. Y la última: Rosa Poncelle. Acabaré este post con una fórmula que quiere ser quiasmo (y ley metafísica): Todo se olvida si se recuerda todo. 

lunes, 6 de mayo de 2019

303/ Reflexiones humanistas

Confesaré algo: no logro tomar el pulso a Immanuel Kant. Quiero decir: a la filosofía de Immanuel Kant. La inteligencia del hombre (para los feministas quisquillosos añadiré: “y de la mujer”. Olvidan, éstos, que género y sexo no son la misma vaina. ¡Bah! Que lean a Francisco Rico. Yo no soy feminista. ¡Oh, sacrílego de mí, qué digo! ¿Vendrán a buscarme los de la brigada anti-incorrección política? A mí plin. Yo soy humanista: sí a la igualdad de derechos y “obligaciones” de mujeres y hombres pero libre, sin ese, de la pancarta y de la consigna y de todo malsano proceso de ideologización. ¡A la libertad por la libertad! Lo repetiré por si hay algún despistado leyendo este texto de mi deficiente factura: ¡A la libertad por la libertad!) es lingüística. José Antonio Marina lo afirma en el libro El vuelo de la inteligencia. Yo le compro tan sugerente afirmación.
     Tengo asimiladas algunas cuestiones de la filosofía del prusiano. Refieren, éstas, modos de pensar. Lo que aquí se plantea es menos difícil que intrincado. Kant ponderaba la existencia de cuatro “pensamientos” con base en cuatro tipos de proposiciones. Uno: analítico. Dos: sintético. Tres: a priori. Y cuatro: a posteriori. El primero se produce cuando el sujeto incluye al predicado (p. ej., con cierta trampa: “Los políticos charlatanes son charlatanes políticos”). En el segundo no ocurre esto (p. ej.: “Los políticos mienten”. Aquí sin trampa). El tercero depende de la percepción (p. ej.: “Los políticos son servidores públicos”). Si transformamos el anterior ejemplo en un pensamiento a posteriori da lo siguiente, sin trampa, aunque con fino cartón: “Los políticos son servidos por el público”).
     ¿Estaré confundiendo “churras” con “merinas”?
     ¿Me habré vuelto sarcástico y, por ello, injusto de pronto?
     ¿Diré (con Marco tulio Cicerón): ¡Oh, tempora, Oh, mores!?
     Continuará… O no.      

lunes, 18 de marzo de 2019

301/ Clamando Filosofía

Una verdad extendida es esta: No somos libres. Yo lo vengo denunciando desde tiempos inmemoriales. El populacho cree lo contrario. Igualmente el poderoso. El empoderado no constituye ninguna excepción. Nadie (con ene mayúscula) es libre. Sostener la propia libertad significa que quien lo hace no es, por ventura, libre: recuérdese la caverna de Platón. La culpa recaería sobre los hombros de los hombres. O sobre los Mass Media (la TV al frente. La prensa le va en zaga) y los partidos políticos. También las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Estaríamos tecnificados y mecanizados en exceso. Acaso juzgo óptimo lo primero (tecnificados). Lo segundo (mecanizados), hiriente. El sistema educativo no quedaría lejos. Así la cultura, de que este se nutre, de apoco muy muy prescindible: tan posmoderna ella. Yo no sé qué está pasando. Yo sí sé que falta Filosofía y sobran ideologías. 
     Buscaré un texto ajeno… 
     ¡Cáspita! Lo he encontrado y, por ello, copio: 
     “Nos convertimos (…) en pequeños bloques ideológicos o, mejor dicho, en insignificantes maquinarias a las que incorporamos, como si realmente fuesen estímulos mentales, una serie de estereotipos virtuales sin idealizad y libertad. Lenguajes falsos, pues, que nos llenan con la terrible lógica de la falsedad. Porque esa lógica se hace de los retazos que sostienen pasiones egoístas, soluciones incompletas a los problemas de la vida y de la sociedad. Una lógica de la incoherencia que, sin embargo, cohesionamos con los quebrados fragmentos de la `publicidad´ política e ideológica que nos sirven, efectivamente, para la total enajenación. Todo esto nos conduce a un hecho fundamental de la sociedad de nuestros días. Los individuos que componen esa sociedad no pueden ser personas, seres autónomos y reales, si no tienen posibilidad de desarrollar su propio pensamiento por muy modesto que sea. Un pensamiento que solo se nutre de libertad” (Emilio Lledó. Sobre la educación. Fragmento del “capitulillo” intitulado: Necesidad de la literatura. Taurus. Madrid, 2018).
     ¡Chapó! 
     Señores políticos: déjenme vivir en la verdad. Entiéndanme: no quiero la mía. Y que me disculpe el poeta del limonero… 
     Anotaré algo:    
     –Podemos (hipócrita).
     –Ciudadanos (tremendista).
     –Izquierda Unida (utópico).
     –Partido Popular (perturbado).     
     –Partido Socialista Obrero Español (orgulloso. En demasía).
     –Vox (fanfarrón. Risas).
     Y ahora…
     –Parménides (impulsor).
     –Platón (visionario).
     –Aristóteles (agudo).
     –Kant (inteligente).
     –Schopenhauer (profundo).
     –Wittgenstein (lógico).
     Para qué seguir. Compárese y si se encuentra algo mejor, por Buda, léase.

jueves, 11 de octubre de 2018

292/ Habladores indiscretos

Las filosofías de Immanuel Kant y Siddharta Gautama tienen un punto en común. Este: que la “totalidad” de las cosas es considerada en sí misma independientemente de las limitaciones de la capacidad perceptiva del hombre. El filósofo llamó a esto “Antinomia de la razón pura” en el libro Crítica de la razón pura. El Buda dijo: “Somos lo que pensamos”. Cabría, pues, deducir que el mundo es lo que pensamos que es el mundo. Ahí está la falacia. El mundo es el mundo y no lo que yo creo que es. 
     Críticos y demás ralea no estarán contentos con la apreciación anterior. Cada vez que un crítico abre la boca (más el literario) sienta cátedra. Como el político. Como el columnista. Como el bloguero (columnista achicado. O: erudito a la violeta). Lo que todos dicen (lo que todos decimos) no es más que una verdad sesgada. No la verdad recta.
     Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”. 
     No leas, lector querido, a nadie ni nada exclusivamente y sí a todos y todo. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

256/ Galimatías

Solo una nota estamparé hoy, aquí, a modo de trampolín especulativo. Y es: Mercedes Torrevejano (Razón y metafísica en Kant. Narcea, S. A. de Ediciones. P, 12. Madrid: 1982) sostiene que el pensador de Königsberg diferenciaba entre razón y entendimiento: la primera “es caracterizada como`la facultad de los principios´” en tanto que la segunda “es caracterizada como`la facultad de las reglas´”. Nada nítido. Y más abajo: “Si el entendimiento es la facultad de la unidad de los fenómenos según reglas, la razón es la facultad de la unidad de estas reglas del entendimiento según principios”. Ergo (¿obvio?): la regla es ulterior al principio. Pregunto: ¿cabe una inferencia del tipo: si la razón es la facultad de la unidad de las reglas del entendimiento según principios, ¡oh my God!, Dios es la facultad de la unidad de los principios de las reglas del entendimiento según Él Mismo?       

viernes, 4 de octubre de 2013

89/ Cuenta Borges... (III)

(...de Inquisiciones)



Cuenta Borges que Joyce cursó la osadía; osadía que le confirió el Ulises. Que lo mismo construyó, en esa obra, una catedral que una carpa circense. Que magistralmente mezcló ficción y realidad. Y que <<su pluma (...) [ejerció] todas las figuras retóricas>>. Y que <<podría invocar el beneplácito de Kant (...) [o] de Schopenhauer>>. Del primero, porque distinguía lo real de lo irreal con ayuda de la causalidad: ésta no existiría en los sueños. Del segundo, porque para él esa diferenciación se explica con el despertar del durmiente: el hombre vigilante sólo vive. Acaba Borges manifestando de manera implícita que lo ininteligible de la obra lo admirará con veneración; como escribió Lope de Góngora. 

     Algo conlleva la buena literatura para que aplaudamos lo etéreo. Barrunto si acaso no será un error y pequemos de sibaritas. O, peor aún, de cacasenos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

24/ Dialéctica razón

Platón bautizó el método socrático con la voz: <<Dialéctica>>. Kant testimonió las falacias de la Razón en el contexto de la Verdad: Razón y Dialéctica se abrazarían mediante el entendimiento. La propensión del hombre a contradecirse es lo que él denominó: <<Dialéctica>>; o para Hegel: <<Proclividad>> (ídem: del hombre) a trascender sus contradicciones. Todo concepto adquiriría, así, rango de antinomia. 

     Cavilo: España es nudo inextricable de entidades territoriales. Pregunto: ¿Son esas entidades contrarias al concepto de España como unidad? Rehúso responder. Yo propendo a imbuirme de sueños, de arte, de literatura. Punto.

     Los españoles, dialécticamente, no nos entendemos. Pocos hamos leído a Hegel, a Kant, a Platón… 

     En fin.

jueves, 9 de agosto de 2012

2/ Alcance inmaculado

Kant afirmó que los sentidos y la intuición narcotizan la inteligencia. Por la percepción (o similar). Por no sé qué caminos interiores… La idea toma asilo en: Cómo orientarse en el pensamiento.

     Indago: ¿Dónde radica, Eros, tu sacrosanta esencia? Dicho sea con rencor. Porque tú (Eros), quisquillosa partícula, has penetrado hasta lo más hondo de este exaltador de ausencias y de no sé qué más. Y lo has hecho de manera impecable; pura. Y eso me encorajina hasta extremos insospechados.

     Leo el párrafo anterior y observo que quizá podría encuadrarse en el género de la prosa poética Craso error sería ése. Por ello, a partir de este otro párrafo, voy a tratar de no divagar por alturas de poeta (ni de filósofo). Lo que pretendo decir, Eros, es que atinaste con el dichoso dardo de un modo tal que yo nada habría podido hacer en contra. Y eso, precisamente, es lo que desata mi encono. No apruebo imposiciones. Ni siquiera las venidas de un Dios como tú, Eros, tan proclive al tedio…

     Leyendo a Kant, terrorífico Eros, me ha dado en pensar que el filósofo alemán se equivocó; que el filósofo alemán se equivocaba. Por esto: no se puede pensar desde la libertad si tú medias entre el pensador y lo pensado. Kant (lo sé) escribió: <<Sin libertad de pensar no hay razón>>. Yo, en cambio, escribo: Libertad de pensar no es pintiparado a pensar en libertad; o mejor: desde la libertad. ¿Tiene esto sentido? Comprendo que tú, Eros, no se lo darás. Sé que tú, siempre, te revuelcas en mieles ajenas…

     En fin. He vuelto a divagar por alturas de filósofo (o de poeta). Me callo ya. Lo tengo merecido.