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viernes, 2 de abril de 2021

352/ La crueldad

Una manera enormemente eficaz que tiene el ser humano de conseguir aquello que se propone es empleando la fuerza. La desembocadura de esta no está lejos de la crueldad. Pocos asfaltos no fueron barrizales. Las criaturas vivientes del fango se ven, a sí mismas, inmaculadas. Sin embargo exhiben un aspecto horrible en según qué contextos (un conflicto armado, un calabozo, un parque solitario a media noche…). Desde la mitra papal hasta el bastón de mando del Emperador, pasando por la retribución del correveidile de turno, han contribuido a la crueldad en algún momento de nuestra evolución. O de nuestra involución. Hoy la vaina es idéntica. La nacionalidad no influiría. Ni la religión. Ni la raza. Ni la condición sexual. Conclusión: el hombre no conoce escrúpulo cuando de emplear la fuerza se trata. Hasta en la época más fructífera, en términos de avance cultural (el Renacimiento), cometió actos repugnantes en nombre de Dios o de yo no sé qué. 

     Hay quien atribuye al papel y al metal la responsabilidad de esos hechos. Algún desarreglo genético (conjeturo) prima. La perversión no entiende de finanzas. Habríamos de “reiniciar” al hombre para librarnos de su fuerza, de su violencia, de su crueldad. Esta sería inducida por la negación más horrible de que el mismo es capaz: la de su propia humanidad. Barrington Moore escribió (rescato la cita de Biografía de la humanidad. Historia de la evolución de las culturas. Ariel): “(…) En términos de sus efectos sobre el sufrimiento humano, lo más significativo (…) fue el proceso global de creación de una aprobación moral de la crueldad. Para ello, es necesario definir al enemigo contaminado como elemento no humano o inhumano (…)”.

     Aprobación moral de la crueldad. Dantesco. Refiere Moore, creo, el infiel. O aquel que no abraza un credo determinado sino otro distinto. Lo cual viene sucediéndose desde que el mundo es mundo y seguirá sucediéndose hasta que el mundo deje de ser mundo. “Los alborotadores franceses de 1572 arrojaban criaturas por las ventanas en medio de explosiones de rabia. En 1942 los soldados alemanes disparaban contra niños a sangre fría”. 

     Javier Rambaud, en el libro arriba citado, ha escrito: “Los ingleses cazaban a los tasmanos como deporte. (…) Robespierre aprobó el Terror para conservar la pureza revolucionaria. (…) En 1560 los calvinistas condenan a Miguel Servet a ser quemado vivo juntamente con sus libros. (…) Hale, en la Europa del Renacimiento, piensa que el trato continuo con la violencia produce insensibilidad. Se mutilaba y descuartizaba a los criminales en público, ante los espectadores excitados. En 1488 los ciudadanos de Brujas aullaban para que el espectáculo se prolongara tanto tiempo como fuera posible. Huizinga cita el caso de los habitantes de Mons, que `compraron un bandido a un precio muy elevado por el placer de verlo descuartizado, ante lo cual el pueblo disfrutó más que si un nuevo cuerpo sano hubiera surgido del muerto´”.

     Todo fundamentalismo (del tipo que este sea) acarrea comportamientos humanos reprobables. He dicho: “humanos". Y no: “inhumanos”. La cara be de la humanidad no es la inhumanidad sino otra humanidad menos afable. Un reverso mitológico. Pregunto: ¿Cuantos seguidores tiene, hoy, Tarantino? ¿Y cuántos la película, de Stanley Kubrick, La naranja mecánica? El hombre sigue regocijándose en la crueldad cuyo valor intrínseco dista mucho de la principal virtud del Budismo: la compasión. Solo cabe reconocerlo y no pasar a otra cosa. É, sencilla y lamentablemente, cosí.

martes, 8 de noviembre de 2016

238/ Nadia y Lamiya

Os hablo: Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar. Percibí vuestro rostro contradictoriamente endurecido. Contradictoriamente porque sois jóvenes. Y ya no he podido sustraerme a la extemporánea visión: no debía ser de este tiempo. Lo es (lo sé) por una razón primordial: la iniquidad humana. Lo es (lo sé) por una coincidencia de factores malignos: el destino. 
     Os hablo. Ignoro todo sobre vosotras. Si habéis estudiado o trabajado. Si teníais (¿acaso tendréis?) sueños. Si familia. Si amigos. Si novio. Ninguna de esas ignorancias es óbice para que no os sienta cerca. Ninguna impide lo sustancial del ser humano. Ya lo dijeron Platón y Descartes: homo est anima utens corpore.  
     El pensamiento es libre. También, el sentimiento. Éste no requiere ser explicado. Como la literatura (ay de la que trate de explicarse), hace y dice cuanto quiere decir y hacer, sin rendir cuentas ante nadie. Ni ante nada.
     Os hablo. Y os siento y os digo: os prodigaría abrazos y besos sin parangón. Daros por besadas y abrazadas. Un desconocido os ama sin doblez ni mal fondo: con corazón. Merecéis paz. Merecéis concordia. Y todos los premios del mundo. Y homenajes. Y tributos. Y conciliábulos benignos. Y parabienes. En resolución: buen azar.
     Os hablo. Esta bitácora os habla. Que el mundo os escuche. 

lunes, 25 de julio de 2016

232/ Picoteo inopinado

Dos pasajes de El cuerno de Maltea (de José Antonio Rodríguez Lozano): 
     “Legazpi lo tomó de la mano y lo hizo bajar a su piso. El piso de Legazpi era un piso pequeñito que mostraba un desorden solo aparente. Él lo desordenaba adrede por un planteamiento puramente táctico que le llevaba a suponer que sólo fuera de su sitio podían las cosas ser creativas. Así que tenía la cama hecha sobre la mesa, un tenedor en el florero, la cafetera llena de azúcar, un pijama con corbata y en la pecera varios relojes de colores”. 
     Y: “(…) Lupino dio por seguro que se trataba de un diablo. Artemón andaba a saltitos (…) y dejaba entrever bajo la pernera de sus pantalones (…) una pezuña caprina propia de un sátiro.
     –¿Y la cabra? –le preguntó–. ¿Es tuya o la robaste?
     –Es mía. Se llama Maltea.
     –Buen ganado ese. Te la compro –le propuso el diablo. 
     –No puedo venderla. Es como si fuese de mi misma sangre –se excusó Lulino, tratando de no contravenirlo”. 
     Atreverse a romper con el orden establecido: diapasón que regula la voz de esta historia. Toda ella es una reivindicación de la libertad de movimiento y de pensamiento. Un juego surrealista. Surrealista a veces. Un juego siempre. La Alicia de Carroll no quedaría lejos. Hay una desmitificación del mal (del diablo. De Legazpi. De Artemón. El uno podría ser el otro. El otro podría ser el uno). Un delicioso garbeo por la adolescencia. Un picoteo inopinado. 

jueves, 14 de agosto de 2014

155/ Del mal del bien

Yo no sé si Nietzsche tendría o no razón en lo referente al bien o buenismo. ¡La duda me corroe! Andrés Sánchez Pascual señala en su Introducción a Más allá del bien y del mal (Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 12) lo siguiente: “Nada queda a salvo de la sospecha, sobre todo lo denominado `bueno´, tras cuya engañosa máscara se oculta, según Nietzsche, el resentimiento, o sea el cristianismo, o sea el platonismo, o sea las `ideas modernas´”. Lo moderno y lo platónico y lo cristiano: puro resentimiento. Pregunto: ¿Resentimiento de qué? ¿Y en qué sentido? ¿En el de flaqueo? ¿En el de pesar? ¿En el de enojo? A mi ver la religión católica es dolorosa y triste (a pesar de la alternancia de la Epifanía con la Cuaresma y la Pascua). Es pasional. Hay quienes argumentan lo contrario: que es alegre y refractaria al dolor. Conjeturo que no hay pasión sin dolor. Y el dolor es triste. Y lo triste no es bueno.      

martes, 29 de abril de 2014

140/ De aquellos polvos...

Juzgo Historia universal de la infamia obra menor de Borges. Un compendio de nueve narraciones exiguas pertenecientes a la primera época del bonaerense. O un garbeo por el estilo barroco sin demasiada enjundia literaria que resaltar. El propio autor, refiriéndose al libro de marras, lo enuncia en el prólogo a la edición de 1954: “Patíbulos y piratas lo pueblan y la palabra infamia aturde en el título, pero bajo los tumultos no hay nada”. Me pregunto: ¿Por qué acometer su lectura entonces? La respuesta válida es: porque constituye un ejemplo de cómo Borges logra extraer belleza universal de la particular maldad humana; o cómo del odio deriva la heroicidad; de la heroicidad, el terror; del terror, la perspicacia; de la perspicacia, la aventura; de la aventura, la sangre que se derrama y hiede; de la sangre que se derrama y hiede, el renombre; del renombre, otra vez, el odio; del odio, la religiosidad (pero no al contrario); de la religiosidad, la superstición (pero no al revés); de la superstición, la imaginación (pero nunca a la inversa). Justicia es afirmar que la imaginación tergiversadora de lo real informa toda la obra. La provee de sustancia. La aúpa al pedestal de la grandiosa (más gran Diosa) literatura. La ennoblece, en suma. Solo por eso habría que enfrentar su lectura. Y porque (dicho en sentido positivo) de aquellos polvos vienen estos lodos: toda la ulterior producción literaria de JLB, la cual no es trivial, ni tampoco fútil.