Mostrando entradas con la etiqueta Miguel de Unamuno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel de Unamuno. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de agosto de 2024

457/ Contranatura

La secuencia de hechos es la siguiente. Uno: escucho en RNE (Radio Nacional de España) una alusión a la rocambolesca y triste historia de Aurora Rodríguez Carballeira y su hija Hildegart (feministas de pro ambas, asesina y asesinada, respectivamente). Dos: indago (y leo) largo y tendido en la red de <<viuda>> (tipo de araña) que llamamos red a secas sobre el tema de marras. Tres: llega hasta mí un enlace de RNE (a mi juicio la emisora menos <<politiquilla>>) donde se puede escuchar un documental bellamente producido e interpretado a la vez que arduamente científico (salen voces acreditadas del ámbito de la Sociología y de la Psiquiatría) sobre la historia de estas dos mujeres excepcionales (en un sentido no positivo). Cuatro: en el libro <<Los secretos de la motivación>> (Ariel, 2011), de J.A. Marina, leo: <<[Para algunos psicólogos], el sujeto tiene poca iniciativa. Está sometido a ese juego casi automático de reforzadores positivos, reforzadores negativos, sistemas de extinción y respuestas correspondientes, etc. Es poco más que una máquina expendedora: si se le echa la moneda, emite la respuesta. Por eso tenían una enorme confianza en la capacidad de moldear las conductas humanas (…)>> (op.cit. Pág., 67); y más abajo: <<La inteligencia humana puede reflexionar sobre esos mecanismos [de premio y castigo], desear actuar automáticamente, aspirar a la libertad, y en consecuencia rechazar como ofensiva esa ingeniería social educativa>> (op.cit. Pág., 68). Hasta aquí los hechos objetivos. 

     De manera ineludible pienso en las sincronías junguianas tan en boga desde cuando un servidor de nadie tiene uso y disfrute de razón. Una vez más no doy crédito. Por esclarecer el fondo de la intención bloguera: el tema del presente post es una mera incertidumbre; la que recoge el interrogante: ¿Puede una señora zafia (como Aurora Rodríguez Carballeira) crear con sus eugenésicas artes un niño o una niña prodigio o, por el contrario, algo así sólo le incumbe a la naturaleza biológica del nacido sin ser éste sometido a operación ajena alguna más allá de la mera concepción?  

     Partiendo de una ca(u)salidad (la sincronía junguiana arriba mentada) arribo a una casualidad (el nacimiento de Hildegart con tales, y tantas, capacidades intelectuales y artísticas que el más ilustre quedaría aminorado). Lo juzgo mágico. Pero todo empezó el año 2003 cuando, casi imberbe yo, cayó en mis manos el libro <<Amor y pedagogía>> (Unamuno); ahí, don Miguel habla de un padre que desea fabricar un hijo perfecto desde el punto de vista intelectual y también moral. Había de conseguirlo proveyéndole (al hijo) de una educación exquisita aunque castigadora (y castradora) a más no poder. Como era de prever la empresa paterna fracasó. Igual que le aconteció a Aurora con Hildegart. Huele, me parece, a cerramiento de ciclo. Sólo anhelo que ningún otro prohombre iluminado con los haces en tonos grises de la luz de la erudición esquizofrénica (si no psicopática) haga nuevos intentos de erigirse en salvador de la especie humana. Borges, en <<Las ruinas circulares>>, escribió: <<Su victoria y su paz [la de quien se ha propuesto soñar un hombre] quedaron empañadas de hastío>>; de sangre, en el caso de Hildegart Rodríguez, matada por su madre cuando resolvió rebelarse.              

martes, 21 de febrero de 2017

253/ Dos polos poéticos

No me resigno a no airear en esta bitácora el prólogo que Borges escribió para La Cifra (1981). Un poemario, éste, acaso inaudito en la obra del bonaerense. He aquí el breve texto:
     “El ejercicio de la literatura puede enseñarnos a eludir equivocaciones, no a merecer hallazgos. Nos revela nuestras imposibilidades, nuestros severos limites. Al cabo de los años, he comprendido que me está vedado ensayar la cadencia mágica, la curiosa metáfora, la interjección, la obra sabiamente gobernada o de largo aliento. Mi suerte es lo que suele denominarse <>. La palabra es casi un oxímoron; el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño), por medio de imágenes, de mitos o de fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente esos dos procesos. Así lo hace Platón en sus diálogos; así lo hace también Francis Bacon en su enumeración de los ídolos de la tribu, del mercado, de la caverna y del teatro. El maestro del género es, en mi opinión, Emerson; también lo han ensayado, con diversa felicidad, Browning y Frost, Unamuno y, me aseguran, Paul Valéry.
     Admirable ejemplo de una poesía puramente verbal es la siguiente estrofa de Jaimes Freyre.

     Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.
     
No quiere decir nada y a la manera de la música dice todo. 
     Ejemplo de poesía intelectual es aquella silva de Luis de León, que Poe sabía de memoria:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al Cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza, de recelo.

     No hay una sola imagen. No hay una sola hermosa palabra, con la excepción dudosa de testigo, que no sea una abstracción. 
     Estas páginas buscan, no sin incertidumbre, una vía media”.
     Borges firma el prólogo transcripto el 29 de abril de 1981.
     Infinidad de veces me he formulado la misma pregunta. ¿Cabe una percepción (por decirlo de algún modo) bipolar de la poesía? ¿Es, ésta, vigilante o es onírica? ¿La que cursa ideas o la que sensaciones? Luego existe esa vía media de que habla el maestro: las ideas salpicadas de música. O: la música salpicada de ideas. Pienso, ahora, en Federico y en Juan Ramón. El de Fuente Vaqueros prodigó versos más sensitivos que intelectuales. El de Moguer, quizá, defina a la perfección al poeta que opta por la vía media. Pienso en Rosalía de Castro (igualmente paradigma de ese camino de en medio...). ¿Y no hay otro? ¿O se es sensitivo, o se es intelectual, o se es un híbrido de ambas tendencias? Borges escribe en el curso de su prólogo (en referencia a una estrofa rescatada por él) una frase contundente: “No quiere decir nada y a la manera de la música dice todo”. Yo juzgo terrorífico escribir un poema que no dice nada. Que solo es música. Que solo es un mero juego. Yo juzgo erróneo hacer una música que abraza algo más que melodía y armonía… 
     Concluyo: son legión los poetas que no toman conciencia de que la poesía no es solo una pirueta verbal. Sino mucho más. La poesía da voz a las empresas inefables. Una es: verbalizar lo que no se puede (o cuesta mucho) verbalizar. Pero no tanto desde el juego cuanto desde la necesidad (ineludible) del poeta de verbalizarlo.
     Esta es, equivocada o no, mi tesis.  

martes, 19 de noviembre de 2013

114/ Adivinatorio

En La agonía del cristianismo Unamunillo da rienda suelta a sus argumentos cabezona y sentimentalmente. ¡Gustaba Miguelón del dualismo! Oposición que engendraría una tercera realidad: la contradicción con valor en sí misma. Acá (en La agonía…) nos habla de Evangelios; en el cuarto, se encastilla el motivo de la condena de Cristo a cargo de escribas y fariseos. Unamunillo lo cifra en el antipatriotismo. Leed: “Se reunieron (…) los fariseos en concejo y dijeron: `¿Qué vamos a hacer? (…) si le dejamos así, todos creerán en él y vendrán los romanos y nos suprimirán el lugar y la raza´. Y uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote de aquel año, les dijo: `Vosotros no sabéis nada, ni pensáis que os conviene que muera un hombre por el pueblo y no que perezca toda la raza´”. Pregunto: ¿La judía? 

     Corría el año 1924 cuando Miguelillo casi-cura-brujo Unamuno entregó a la imprenta la mencionada obra. El nacionalsocialismo alemán brotó en 1933. Ocho años después, en 1941, principiaría el Holocausto o Solución Final. Rehúso arrinconar el pensamiento que dicta que todo lo por venir está en los libros (en cientos de miles de millones de volúmenes). ¿No encerrarán, éstos, una clarividencia verbal e inaudita? Aprendamos, pues, a descifrarla. Y que el azar nos conduzca a ella cuando la inspiración racional nos embargue. Y que nos alcance el espíritu para tales niveles de exigencia intelectual. ¡Demasiadas condiciones! No sin innumerabilidad ahí fuera (o acá dentro) están los libros (olorosos a letra viva)… Probablemente hoy se esté escribiendo, en una de tantas páginas, la hecatombe del mañana.

jueves, 24 de octubre de 2013

102/ Cuenta Borges... (XVI)

(...de Inquisiciones)



Cuenta Borges, a propósito de Unamuno, dos certidumbres. Una me acaricia. La otra me abofetea. Son estas: Si alguien juzga que <<la poesía es cosa (…) [para el deleite] y no (…) [para el análisis], le responderé [que versos urdidos con inteligencia] valen al menos tanto como los [auditivos y sugeridores de visiones]>>. ¡Bravo! Ahora la bofetada: <<Y si (…) [hay quien opina] que (…) los momentos más felices de la poesía brotaron no ya de (…) [la pasión] sino de (…) [la técnica], le diré que (…) [esos] no deben impedirnos gustar y (…) elogiar los frutos que de su bajeza proceden>>. ¡Merde! Yo siempre ponderé la técnica por encima de otras consideraciones líricas. No conozco otro poeta cuya técnica sea perfecta, sin un solo error, más que Juan Ramón Jiménez. Todos los demás cometemos fallas y todos nos jactamos de trovadores. Un edificio mal hecho posee techumbre, muros y piso. Aunque esos pisos, muros y techumbre estén apuntalados. O los cimientos se tambaleen. O las baldosas del piso se resquebrajen y dejen asomar lombrices…

     Lo sé. Me cuesta tanto aceptarlo…    

viernes, 9 de agosto de 2013

79/ Fruslería

¿Será Enrique Baltanás un bocazas? Profesor (mío) de Literatura Española, erudito de la vida y obra de Antonio Machado. Repito: ¿Será un lenguaraz?

     Enuncia Baltanás en su Antonio Machado. Nueva biografía: <<(…) Unamuno (…) llamó constantemente a la guerra civil>>. A más de: [Machado] <<se muestra partidario de barrer (¡y hasta de fusilar por la espalda!) a toda una pandilla de políticos “ineptos e inmorales”>>. 

     ¿Adónde va, profesor, tan solo y callado? Lo que afirma tendría que apoyarse, a efectos de credibilidad, en una bibliografía; no en quincallas verbales. Se pasa usted la misma por el forro de las gónadas masculinas. La primera injuria no halla corroboración que la sostenga. La segunda se funda en una carta que el poeta escribiría (y expediría) a Ortega y Gasset. Su fecha y dónde puede consultarse hay que imaginarlo… 

     No, Don Enrique, no. Así, no.