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martes, 8 de agosto de 2023

426/ "Ora, labora et praedicare"

Quién no se ha preguntado alguna vez cómo sería llevar una vida monástica de motu proprio. Una vida monástica con sus sabores y sinsabores. Sin idealismos. Y todo desde la pura objetividad. Para dar ese paso (para acceder a llevar esa vida), conjeturo, se ha de recurrir irremediablemente a la subjetividad. Así pues: <<¡Habemus probleman!>>. Un monje (una monja) no experimentará lo que ven sus ojos (o no sólo) sino también aquello que se sitúa más allá de lo meramente objetivable. Entiéndaseme: esto, junto con lo otro (lo que ven sus ojos: lo objetivable). Entre un hito y otro transcurrirá la vida del encerrado entre cuatro muros conventuales. Bien mirado es similar a lo que acontece con la vida del resto de la humanidad. De ordinario todos los homo sapiens fluctuamos entre ambos extremos. La diferencia, quizá, estribe en que el monje se deja menos arrastrar por lo superficial de la vida cotidiana que por lo profundo habido en ella. Se adentrará más (digo: el monje) en el terreno del pensamiento y la emoción que en ese otro terreno de visceralidad siempre (o casi) a flor de piel. La vida conventual azuzará (vuelvo a expresar una conjetura en toda regla) una inclinación personal y transferible mediante la palabra a indagar en uno mismo traspasando, ¡ojo al dato!, todos los límites. Y justo ahí, en el traspaso de todos los límites, estará el quid del drama. Sólo entonces hará su aparición providencial la duda de fe en el corazón del monje. O cualquier otro tipo de duda, antes certeza, convicción inobjetable antes; duda <<como un Diablo>> ahora. 

     Pombo ha escrito: <<(…) no amábamos a Dios lo suficiente ninguno. Amábamos nuestra vida conventual, nuestro yo huidizo, desdeñado, quebrantado, pero también dejado en paz. Sin mujeres, sin hijos, sin hipotecas, sin operaciones quirúrgicas graves o leves, contando con la simpatía más o menos difusa de todo el mundo. No éramos frailes rompedores, no echábamos a los mercaderes del templo, no denunciábamos las injusticias que se cometían en torno nuestro, porque todos los días rezábamos y trabajábamos. Ensimismados, no amábamos a Dios sino a una imagen vicaria de Dios en nuestras obras, narcisos. No nos hacían falta espejos, bastaba con contemplar nuestras propias vidas discurriendo santamente (…) para sentirnos justificados ante Dios>> (<<Quédate con nosotros, Señor, porque atardece>>. Destino. Barcelona, 2013. Pág., 194).

     Desoladora idea esta del monje, en el caso que nos ocupa, trapense cuya regla no es otra que la de San Benito. De estricta observancia esta. Un monje, pues, narciso. Quién lo diría. Creo a pie juntillas que es verosímil. Y, por otro flanco, alentadora idea esa que aboga por dejar en paz al yo. Esto para poder el yo centrarse en lo que de verdad importa en la vida: el mundo de adentro. El suyo. El del propio yo. Y, ¿no es esto narcisismo puro y duro? Si no es así…, ¡que venga Dios y lo vea!

     Luego hay otra forma de verlo. Solidaridad, desprendida, con el mundo de afuera. Amor a todo trapo incondicional. En definitiva: camino derechito a la santidad. Al <<Ora et labora>>. Pero el monje no deja, por ello, de predicar. Habría que decir entonces: <<Ora, labora et praedicare>>. 

     Pues eso. Y, ahora, a otra cosa.

viernes, 31 de julio de 2020

332/ Cantad, cantad, benditos...

Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada reflexiona sobre la ley de acción y reacción en el libro Samsara (La rueda del destino). Su Divina Gracia es fundador de la Asociación para la Conciencia de Krisna. Ello no le resta una pizca de credibilidad. Tampoco se la da. Este señor es (o fue. Falleció en 1877) quien es o fue y yo, lector, soy quien soy exclusivamente. Todavía vivo y coleo. ¡Y que sea por muchos calendarios! Jesús de Nazaret me oiga.
     Entre los estantes de mi librería solo hay un libro cuya autoría pertenece a Su Divina Gracia: el mencionado más arriba. He dicho: “Pertenece”, como si la autoría fuese algo material, y no. ¡Pero re-no! Es algo espiritual. Justo sobre esto escribe el autor del libro traído, aquí, a colación: lo material y lo espiritual eternamente enfrentados. Recurriré al latín (más bello): lo material y lo espiritual enfrentados per saecula saeculorum. Parece cierto que toda evolución lleva consigo aparejada algún tipo de involución. O dicho de otro modo: que todo progreso produce retroceso. 
     Veamos qué dice al respecto Su Divina Gracia…

     KARMA, LA LEY DE ACCIÓN Y REACCIÓN     

     Cuanto más se canta, más se disipa la oscuridad de muchas vidas. (…) Por el hecho de cantar, podemos limpiar el polvo del espejo de la mente y percibir las cosas de forma muy definida. De esa manera, sabremos lo que somos, lo que es Dios, lo que es el mundo, cuál es nuestra relación con Dios, sabremos vivir en este cuando, y cómo será nuestra siguiente vida. Esa clase de conocimientos no se enseña en las escuelas; ahí solo se enseña a fabricar o a adquirir productos para la complacencia de los sentidos. Existe una ardua lucha constante, la lucha del hombre por dominar la naturaleza material. Sin embargo, por cada comodidad que logra producir, hay un inconveniente que la acompaña. (…) De modo que estamos desperdiciando nuestro tiempo en construir muchísimos dispositivos que nos brindan una comodidad temporal y artificial al precio de una cantidad proporcional de inconvenientes. Todo esto es parte de la Ley del Karma, la ley de acción y reacción. Para todo lo que hacemos hay una reacción por la cual nos enredamos.
     
     Me lo temía: lo que parecía cierto es, en realidad, verdadero. A cada paso que damos hacia adelante le siguen dos hacia atrás. Esto en lo espiritual. No en lo material. Nuestra saca está rebosante por momentos (la que lo esté. Ay). Nuestro corazón, no. Y nuestra alma, menos. Tendríamos que hacer algo para arreglar tan horrible situación. ¡Tate! Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada lo dice alto y claro: cantar.
     Cantemos, pues, y bailemos al son del cante.
     Yo propongo esta aria de Mimí en La Bohème de Puccini: “Vivo sola, solita, en una habitación pequeña/ desde donde miro el cielo,/ mas cuando llega el deshielo,/ el primer sol es mío,/ el primer beso de abril es mío…”.
     Aquel que posee “el primer beso de abril” y “el primer sol” posee, ya, mucho. Incluso más de lo imaginable. Posee, por así decir, la vida. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

256/ Galimatías

Solo una nota estamparé hoy, aquí, a modo de trampolín especulativo. Y es: Mercedes Torrevejano (Razón y metafísica en Kant. Narcea, S. A. de Ediciones. P, 12. Madrid: 1982) sostiene que el pensador de Königsberg diferenciaba entre razón y entendimiento: la primera “es caracterizada como`la facultad de los principios´” en tanto que la segunda “es caracterizada como`la facultad de las reglas´”. Nada nítido. Y más abajo: “Si el entendimiento es la facultad de la unidad de los fenómenos según reglas, la razón es la facultad de la unidad de estas reglas del entendimiento según principios”. Ergo (¿obvio?): la regla es ulterior al principio. Pregunto: ¿cabe una inferencia del tipo: si la razón es la facultad de la unidad de las reglas del entendimiento según principios, ¡oh my God!, Dios es la facultad de la unidad de los principios de las reglas del entendimiento según Él Mismo?       

martes, 16 de abril de 2013

67/ Cirugía verbal

Bhaktivedanta S. Prabhupada instituyó la <<Asociación para la Conciencia de Krishna>>. En su Samsara (La rueda del destino) alude a la Bhagavad-Gita. Aquí, a su juicio, “se afirma (…) que la naturaleza material no carbura independientemente” (el subrayado es mío). Y traduce así las palabras de Krishna: “Esta naturaleza material, que es una de mis energías, actúa bajo Mi dirección (…)” (9, 10). Me zambullo en las saludables aguas del Canto del Bienaventurado. Leo (en 9, 10): “Has de saber que la naturaleza está sometida a mí”. 

     La diferencia entre sendas traducciones avería los ojos de la cara. El calificativo (“material”) echa humo negruzco en la primera… 

     Pregunto: ¿Cabe una naturaleza idealista? Hacer sin aguardar fruto, enseñanza del Canto, evidencia sapiencia espiritual. Sin carne no hay cuerpo. Sin cuerpo no hay materia. Dios es la idea de Dios: el Sumo Creador, para los crédulos; para los descreídos, el Ánima Mundi

     Pediría cautela con las traducciones ociosas. ¿Y si cambio de actitud (pienso ahora)? Enuncio: ¡Pobre de mí! ¡Todas (las traducciones, se entiende) sean bienvenidas! Un nefasto traductor deviene, por original y lo general, gran cuentista.

miércoles, 31 de octubre de 2012

32/ Mito motor

¡Cuántas albañilerías poéticas han rendido culto al ladrillo mitológico-alegórico! El que más y el que menos de los dioses grecorromanos fue hombre positivo. Otros, representaciones simbólicas. El remanente, abstracciones morales. Pues bien: cualesquiera de sus hechos precede al catolicismo. Únicamente la religión judaica postuló y anticipó un dios único. Mitología y judaísmo difieren en que la primera es politeísta. Comparten un sino: la constructora imaginación. 

     Colegios y liceos no alientan el hecho mitológico. Universidades de medio mundo no cimientan sus principios en la mitología. Imploro: léase a Juan Ramón Jiménez y a Gabriel García Márquez. Desdeñar la antigüedad empobrece nuestra cosmovisión. Sol, luna, estrellas, agua, viento, noche, ¿qué son? Deidades mitológicas. 

     Un último apunte: Júpiter convirtió a su amada y a su vástago en dos constelaciones: <<Osa mayor>> y <<Osa menor>> respectivamente. ¿Y Leda? ¡Qué belleza la suya afianzada a orillas de un río con Júpiter a sus pies!… 

     El mito inflige arte y sublima la imaginación. Pregunto: ¿No es, éste, motor del conocimiento? Diváguese y rectifíquese la creencia antagónica.

martes, 25 de septiembre de 2012

26/ Amor inteligente

Largo lamento (Pedro Salinas). La estrofa 3ª de “Dueña de ti misma” alude al hado. Usualmente cavilo en las dicotomías destino-carácter, carácter-destino. Que yo forje mi propio albur no me convence. Acaso posea el carácter que el azar (¿Dios?) haya tenido por bien atribuirme. 

     Enrique Rojas parió El amor inteligente en 1997. La obra refrenda lo que a los cuatro vientos proclamó Machado: “Se hace camino al andar”. Cuando la descifré (trotaba 2004) creí ser un excéntrico: a la sazón “amor” e “inteligencia” eran, para mí, términos divorciados. Hoy los juzgo en perfecto enlace matrimonial. Como “pasión” y “tontura” o “afecto” y “emoción”. 

     Buda, Krishna y Jesús de Nazaret impregnaron de filosofía mi espíritu. Entonces deduje que ambular por la vida sin desmejoramiento requería frecuentarles…

     Y todo ello me lo ha sugerido la estrofa 3ª de “Dueña de ti misma”, poema de Largo lamento, poemario de Pedro Salinas. Entre Salinas y Rojas (Enrique) hay (debe haber…) un abismo. Lo que ocurre es que el psiquiatra entra mejor en periodos de bonanza anímica; para los otros (de melancolías postergadas…), el poeta se lo lleva de calle. ¿Y no es esto, pregunto, una essentialis contradictio?

     Regreso, pues, a mi esencia. Yo me quedo con el poeta.