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martes, 16 de diciembre de 2025

498/ Los patinazos de un Nobel

¿Era Rudyard Kipling buen conocedor de España (o mejor aún: de lo español)? Permítaseme que lo dude… En el libro Viaje al Japón, el Nobel anglo-indio menciona España (mejor diré: lo español) una que otra vez, no sin patinazo. Dos (dos patinazos), para ser exactos, sufrió. Helos aquí; uno: <<<–Yo diría que la frente arqueada, la nariz ganchuda y los ojos juntos (el tipo español) son la cepa de los rajputs, mientras que el japonés con cara de alemán es el khattri, la clase más baja>> (op.cit. Ediciones Folio, S.A., pág., 109), y dos: <<España es artística, pero también ella se ve perturbada a intervalos>> (op.cit. Ediciones Folio, S.A., pág., 153).

     Apuntaré, primero, algo sobre el último patinazo. Qué quiso dar a entender Kipling con el término <<perturbada>> es materia de misterio. ¿Acaso España perdió el juicio? En algunos ámbitos, sí. Pero, ¿en el arte? No sé, no sé. Tal vez Kipling se refería (con ese término) a los ramalazos de razonamiento lógico que, de vez en cuando, irrumpen e interrumpen el discurso artístico de rigor (nadie olvide que España es el país del Realismo: una forma aburrida y gris, como cualquier otra, de hacer literatura).

     En cuanto al primer patinazo, ¿hay un tipo humano por cada nación? Puede ser, pero…, ¿la nariz ganchuda no es patrimonio de los romanos? Y los ojos juntos, ¿no lo es (patrimonio, digo) de los asiáticos?

     Los patinazos de un Nobel tienen su intríngulis. Concedámosle el beneficio de la admiración. Señor Kipling (doquiera que esté usted): ¡Mi gratitud!        

jueves, 28 de marzo de 2024

446/ A contra Realismo

Una que otra vez me he posicionado, en esta bitácora, contra el Realismo a secas (o sea: el Realismo marchito, opaco, gallogallina). Quiero decir: me he posicionado frente a esa manía indócil de reflejar la realidad con los mimbres de la propia realidad. Pregunto: Para qué. ¡Bah! A mí lo que me mueve es inventar una realidad paralela (o no tanto) a la real. ¡¿A qué mostrarle al lector lo que el lector ya conoce?! No. Describir lo conocido con palabras disímiles a las que otro (u otra) utiliza con el mismo fin lo juzgo, cuando menos, inútil; pero no…, no es inútil, al parecer. Ahí están las listas de ventas (éxitos editoriales a troche y moche. Realismo. España. O viceversa: España, Realismo…). ¡Bah!

     Fíjense en lo que escribió Juan Ramón al respecto:

     <<Ambiente inadecuado, indiferente, hostil como en España no creo que los encuentre el poeta, el filósofo en otro país de este mundo. Acaso esto conviene y corresponde al tan cacareado sentido realista español. Que en España la ciencia haya sido y sea escasa y discontinua, concesionario el arte, se debe a la erizada dificultad que cerca a quien quiere cultivarlos en lo profundo. (…) Todo contribuye a que el hombre español viva triste>> (<<Poesía en prosa y verso, 1902-1932…>>. Diputación Provincial de Huelva, 2008. Pág., 109-110).

     Cultivar, <<en lo profundo>>, el arte implica ir más allá de lo meramente establecido. Atreverse a relatar el misterio de la inspiración y de la búsqueda incansable de la forma en aras del fondo (o del fondo en aras de la forma). Inventar. Imaginar. Hallar (tras gozosa búsqueda) la música del lenguaje y no el lenguaje sin música del Realismo a secas. <<¡Una miaja de mixtura!>>, claman, clamamos los soñadores…

     Pero sin excesos. Sin traspasar el Rubicón de la verosimilitud. Sin dar, por ello, alas al Surrealismo: ese <<Luzbel de fuego>>, que podría haber dicho (o escrito) JRJ, perfectamente. Y, <<¡Qué no daría yo por que empezase de nuevo!>>. La historia de la literatura española, quiero decir. Ay.

sábado, 15 de abril de 2023

408/ Y lo fue, hasta la sepultura

Yo, como media España y no sé si medio mundo, no esperaba la sorpresiva muerte de Fernando Sánchez Dragó. Hasta su último aliento ha dejado el escritor huella de peculiaridad en el consciente colectivo (refiero la foto con su gato y las dos frases que la refrendan). Ha muerto, creo, el mejor escritor en lengua castellana desde Cervantes y Pérez Galdós (en algunos pasajes de su obra superó con mucho a sendos monstruos de la literatura. ¡Digamos las cosas como son!). Ser el mejor escritor no conlleva, per se, estar exento de decir o cometer estupideces. Una cosa es la maestría escritural y otra, bien distinta, la sandez verbal (y verbalizada). Ambos atributos (maestría y sandez) nutrían la idiosincrasia y modus vivendi de Dragó. El madrileño fue durante muchos años uno de mis escasísimos maestros literarios (otros que engrosan la mínima lista son: Gabo, Borges, Pombo…). De un tiempo a esta parte detesté cuanto decía Fernando y casi todo lo que ponía en negro sobre blanco dejó de interesarme. Fernando (a quien yo, de vez en vez, llamo en esta bitácora <<Fernandito>>) perdió el norte. Extravió el valor de lo políticamente incorrecto incursionándose por sendas absurdas, surrealistas, de pesadillas insignificantes o <<polémicas bufas>> que a ningún sitio de provecho intelectual (y sensitivo) conducían. No seré yo quien juzgue su individualidad. Sí (insuperable donde las haya) su obra. 

     Voy, por ello, a transcribir un pasaje de Gárgoris y Habidis cuya lectura me rentó horas de un placer literario (nadie olvide que hablamos de la más alta literatura que quepa imaginar, y no de política, y no de ética…) infinito. La fragua (a fuego lento) del pasaje abajo transcrito está fuera del alcance de muchos escritores reputados, por su quehacer rítmico y dominio del lenguaje, sobre todo. También, acaso (pero esto no sabremos nunca si se constituirá o no en ley universal), por su portentosa capacidad de obnubilación… 

     No daré más rodeos. He aquí el pasaje aludido (júzguelo, si lo desea, el lector):

     <<La leyenda dice que el Grial permaneció por espacio de seiscientos años en una hornacina de San Juan de la Peña. Sería el mismo cáliz de ágata sardónica montado en oro que hoy, con fama similar y asombroso parecido al que en su día describiese Ana Catalina Emmerich, se conserva y adora en la catedral de Valencia. San Pedro lo llevó a Roma desde Jerusalén y allí quedó el Copón hasta que el papa Sixto II, por razones que no se nos alcanzan, lo puso en manos del futuro santo oscense Lorenzo o Laurencio Diácono. Huelga añadir que éste –sorprendido, pero no desconcertado– se echó al cabás la reliquia y salió como un cohete en dirección a su aldea. Ya estaba Huesca erigida en centro de la cristiandad. En eso llegan los árabes y el ciborio va a esconderse en el rudo monasterio. Sus abades lo utilizarán chiticallando hasta que en el amanecer del siglo XV alguien se va de la lengua. ¡Qué golosina! Martín I el Humano corre a incautarse del Vaso y le busca acomodo en el cesaraugustano edificio de la Aljafería. De allí lo sacará Alfonso V para depositarlo, antes de zarpar rumbo a Nápoles, en su actual peana levantina. La historia no dice más, pero cabe rellenar con la imaginación ese hiato de seis centurias cuyo secreto se llevaron los cluniacenses a la huesa. ¡Qué potajes, qué trapisondas, qué diálisis, crisopeyas y borborigmos no se cocinarían en el cubilete!>> (Fernando Sánchez Dragó: <<Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España>>. Planeta. Barcelona, 2004. Pág., 475).  

     Partió el hombre, queda la obra, y el personaje inserto en la obra. Obra esta, la de Dragó, eterna (yo eso espero). Llama la atención la escasa atención (valga la redundancia) que los Medios de Comunicación de Masas (nidos de <<chupópteros y facinerosos>>, que diría aquél, siempre a la sombra del árbol que más cobija…) han dedicado a las exequias fúnebres del escritor. Yo insisto: mejor pluma que la de Dragó tardaremos siglos (¡siglos!) en verla.

     Lástima que te torcieras tanto, Fernando. 

     Descansa, con todo, en paz.

miércoles, 12 de octubre de 2022

387/ Un deslumbramiento (V)

EL INCONSCIENTE DEL LECTOR


Un ruido flota, alto y lejos, en el cielo de Madrid. <<¡De Madrid al cielo!>>. Un ruido que se asemeja al del viento enloquecido que arrolla con todo dejando a su paso una estela, inconmensurable, de destrucción y muerte. <<No, hombre, no; no se trata de destrucción y muerte sino de algo muy distinto: salvaguarda y libertad>>. El ruido es (sigue siendo, hoja tras hoja, ¡si será por calendarios!) atronador. No decae. No coge <<perla>>. No muestra, al oído fino del pueblo (también del populacho), vacíos. 

     Voces de admiración y jolgorio corroboran la emoción colectiva suscitada un día como hoy: 12 de octubre. Los niños están felices por la constatación del asueto académico y la previsión del juego ya, casi, inminente. No son ellos los únicos que juegan…

     Entretanto, en un contexto puramente novelesco e histórico a la vez (mejor diré: verosímil), el narrador cruel de <<La noche de los tiempos>> (Seix Barral) de Antonio Muñoz Molina enuncia lo siguiente: <<De nuevo la siniestra charlotada española, (…), la interjección cuartelera y el cornetín de órdenes, los desfiles castrenses a ritmo de pasodoble, la mugre eterna de la fiesta nacional>> (op. cit. Barcelona, 2009. Pág., 618).

     Tampoco, creo, conviene olvidar algo crucial: que la libertad de los pueblos hay que lucharla. Y esto alguien, quién lo duda, tiene que hacerlo sin temor a que llueva o ventee...

     Como diría un personaje de ficción con voz atiplada y a todas luces inocente: <<Ni confirmo ni desmiento>>. Yo solo digo lo que digo y, de paso, lo que no digo quedará serigrafiado (conjeturo) en el inconsciente del lector. O no.

viernes, 22 de octubre de 2021

362/ Imbecilidad congénita

No hay institución más absurda, e inoperante, que la Monarquía. El cuento de la lechera de la clamoreada diplomacia y de la marca España supuestamente gestionadas en el extranjero por nuestro Borbón es macabeo y ya no se lo cree, que dirían donde yo me sé, naide. No es algo nuevo. Venimos arrastrando la imbecilidad congénita desde tiempos (casi) inmemoriales. Entretanto seguimos sin voz en el himno porque Izquierdas y Derechas no se avienen a acordar una melodiosa y armoniosa y hasta lustrosa letrilla que atribuya sustancia a esa voz rota por la brecha ideológica. Ridículo. Sin embargo, como digo, nada supera la estulticia de la Monarquía. Tendríamos que hacérnoslo mirar.

     En pleno siglo XVIII se sucedieron cambios en el Estado español que beneficiaron a la sagrada (nótese la ironía) institución, <<pero el poder político siguió sujeto a la voluntad real, zarandeada a menudo por desequilibrios mentales de Felipe V y la apatía de Fernando VI>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 330). A buen entendedor…

     Alguien (¡olé por él o ella!) concibió, por entonces, una décima sin desperdicio que viene a cuento y cuya letra dice:

     

     <<Al rey tenemos demente,

     una reina con temor,

     un infante cazador,

     y los tres no saben niente;

     un Consejo irresolvente,

     con los ministros de Estado,

     cada cual más apocado;

     unos grandes sin grandeza:

     ¡pobre reino sin cabeza,

     que te verás acabado!>>.


     Hoy el reino español vive y colea. Barrunto que más pronto que tarde acabará por no hacerlo...

     Sic erat scriptum.

jueves, 7 de octubre de 2021

361/ El martirio

Los perseguidos serán, siempre, perseguidos. Ay. Y, ¿cómo sacudirse de encima tan desalentadora certeza? Negros y gitanos fueron repudiados en España, a fines del XV, <<so pena de cien azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas cuando los tornen a desterrar la segunda vez>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 267).

     Hoy, gitanos y negros siguen padeciendo desvelos en forma de micro-racismo o racismo a secas, maquillado con el empaste de estadísticas oportunistas y no sé si falsas que uno que otro partido político (¿secta maquiavélica?) y uno que otro escritor (¿zoom politikón?) y también uno que otro periodista (¿bocachancla ilustrado?) ensalzan y elevan a los altares de la socorrida (digo por sus rendimientos políticos) alarma social.

     No las orejas, ciertamente, pero sí las manos y los senos fueron cortados a Santa Olalla. Federico se hizo eco del brutal episodio. Lo estampó en Romancero gitano. Le atribuyó (no sé si él o su editor o quién) el nº 16 II bajo el título El martirio. Y dice así:


 EL MARTIRIO    

     

     Flora desnuda se sube

     por escalerillas de agua.

     El Cónsul pide bandeja

     para los senos de Olalla.

     Un chorro de venas verdes

     le brota de la garganta.

     Su sexo tiembla enredado

     como un pájaro en las zarzas.

     Por el suelo, ya sin norma,

     brincan sus manos cortadas

     que aún pueden cruzarse en tenue

     oración decapitada.

     Por los rojos agujeros

     donde sus pechos estaban

     se ven cielos diminutos

     y arroyos de leche blanca.

     Mil arbolillos de sangre

     le cubren toda la espalda

     y oponen húmedos troncos

     al bisturí de las llamas.

     Centuriones amarillos

     de carne gris, desvelada,

     llegan al cielo sonando

     sus armaduras de plata.

     Y mientras vibra confusa

     pasión de crines y espada,

     el Cónsul porta en bandeja

     senos ahumados de Olalla.


     A los orgullosos de la raza y, ya de paso, de la patria y su disparatada idolatría: ¡Ptrrr!

jueves, 17 de diciembre de 2020

342/ Del ¡bah! al ¡beee!

El 4 de enero de este año se cumplieron cien de la muerte de Benito Pérez Galdós. Yo, hoy, lo homenajeo íntimamente leyendo el nº 3 de sus Episodios Nacionales. Este: El 19 de marzo y el 2 de mayo. Ignoro si conseguiré mi propósito. Lo cierto es que no hay vez que lea a tan ilustre canario (y escuche su trino) que no caiga rendido a sus patas. Por la maestría narrativa que siempre demostró. Por su profundidad de miras política y social. Aunque, es claro, he de pasar por alto ciertos errores propios de la época que le tocó vivir para llegar a la admiración. Con `épocas´ refiero la “real” y la literaria. Más la literaria. Por ejemplo: el machismo y la inverosimilitud. 

     Botón de muestra: “Sintiendo el auxilio de la ingratitud, la turba se envalentona, se cree omnipotente e inspirada por un astro divino, y después se atribuye orgullosamente la victoria. La verdad es que todas las caídas repentinas, así como las elevaciones de la misma clase, tienen un manubrio interior, manejado por manos más expertas que las del vulgo” (Episodios Nacionales, primera serie. P., 70. Espasa. Madrid, 2008).

     Otro botón: 

     “–¡Miedo! ¡Que yo tengo miedo! –exclamó el mancebo con un repentino arrebato que le puso encendido como la grana–. ¿A dónde vas, Gabriel?

     –A la calle– respondí saliendo–. A pelear por España. Yo no tengo miedo” (Op. cit. P., 187).

     Gabriel, protagonista del Episodio Nacional que me atarea, habla en sendos botones brillantes y bien cosidos pero en el segundo entra en escena otro personaje ambivalente donde los haya: Juan de Dios. Volvamos un punto a Gabriel. Gabriel es un hombre que abraza dos ideas a priori contrapuestas. De un lado: el rechazo de la actitud borreguil del pueblo que sigue a su líder (o líderes) sin cuestionarse nada. De otro lado: el convencimiento de que hay que luchar, codo con codo con los demás “borregos”, para salvar la patria. Del ¡bah! al ¡beee! sin más fórmula de continuidad que unos cuantos asesinatos callejeros perpetrados en Madrid en 1808…

     Nuestro pensamiento puede cambiar de la noche a la mañana o, incluso, antes. No hay que temer (así lo dicen en Granada. O, ya puestos, en Graná) “naíca”. Al contrario: hasta hay que desearlo. Aquel que adopta una postura inamovible en cualquier ámbito de la vida está condenado a achicharrarse en el fuego no sé si eterno de la caldera de Satán, o qué, del aburrimiento. Ese, creo, no será hombre resuelto (perdónenme las feministas “enfolliscás” que no emplee, aquí, el lenguaje inclusivo. En la próxima ocasión lo haré. ¡Prometido! Pereza, ya saben, mal congénito de varones...).

     Lean a Galdós. Háganme caso. Y déjense de pamplinas seudo-históricas, seudo-novelísticas, que ni lo uno (novela) ni lo otro (historia) son.

     ¿Y ustedes dicen ¡bah! o ¡beee!?

lunes, 25 de mayo de 2020

321/ A diestro y siniestro

OPINIÓN

Ser de la Izquierda es, como ser de la Derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la Hemiplejía moral (José Ortega y Gasset)

De un tiempo a esta parte no puedo evitar pensar que la ideología es el mal mayor de la especie humana. Yo entreveo dos discursos envenenados en el mundo. Uno: el mediático. Y dos: el político. Los (H)unos y los (H)otros se emplean y empeñan en hacernos comulgar con ruedones de molino del Siglo de Oro. Cada jornada hay oportunidad de comprobar esto que vengo sosteniendo. Donde he dicho `mediático´ digo “periodismo y periodistas” y donde `político´, aquí a secas, “partidos”. Los periodistas: columnistas y tertulianos (algún escritor hay). Ya saben: blablablá a mansalva. O: ratatá a tontas y a locas. Rellenar espacio resulta dificultoso. Mucho. Démosle el mérito que merecen. Pero para `partidos´ los políticos partidos. Partidos, estos, por el meloso poder (plata. ¿O debiera decir: grana y oro?) y por esa dolencia que voces agoreras y viperinas dan en llamar: “Gastroeconomititis”. Uno de sus síntomas es irse por la pata abajo el adepto al estado de bienestar en tanto que el hacedor del mismo tose y estornuda y permanece en una cama de Hospital y hasta parece que respira y habla con dificultad y se le han henchido las gónadas masculinas (testículos) o femeninas (ovarios). ¡Quite, quite, la huchaca llena y después departimos de lo que usted quiera! Empiezo a considerar en su amplitud semántica lo que decía mi abuelo: “Vine en cueros y estoy vestido. ¿Qué más puedo pedir?”. Nada. El precio devendría demasiado caro: tumbada no a la bartola en cualquier hamaca del Caribe colombiano sino en un camastro frío de Hospital españolito y acechado por la Parca. Perdónenme la digresión. ¡Yo he venido a hablar de mi libro! Mejor todavía: de un extracto del libro (soporífero y convencional y cansino y más de lo mismo y erre que erre con la burra al trigo y yo no sé si bestseller) de otro. Su título: La carta esférica (Arturo Pérez Reverte). ¡Al menester! El extracto: “Era el nostos de los héroes homéricos: el retorno y la soledad de los últimos guerreros que regresaban a casa tras la batalla, para ser asesinados (…) o perderse en el mar, víctimas de la cólera [léase: de la COVID] y el capricho de los dioses”. Sí: refiero los sanitarios. ¿Primarán ellos la economía sobre todo lo demás? Permítanme que me rasque, perplejo, el cogote y emita un “ay” desgarrado y juicioso. Arrojaré un típico tópico de cierre: ¡Esto es España!

jueves, 25 de abril de 2019

302/ La mala educación

Una vez (corrijo: una y ciento) me he preguntado en qué diantres (tanto monta: ángeles revelados) se fundamenta nuestro sistema educativo. He imaginado respuestas verosímiles. Estas no me han satisfecho ni poco ni mucho ni nada (confesaré algo: ignoro el motivo). Mi mente las ha registrado de modo automático. Yo dejo los automatismos para Breton y sus correveidiles posmodernos. Risas.  
     Lo diré sin rebozo: Emilio Lledó me ha decepcionado. Le había sobrepuesto la estola de sabio cabal. Se la arrebato, ahora, y la cuelgo en el perchero de lo por venir (Juan Ramón dixit). Este otro andaluz universal y ex-predilecto mío comete dos errores (acaso garrafales). Uno: practicar una escritura enrevesada (con defectos de forma). Y dos: airear un argumentario pobre cuando el blanco de su afilado juicio es el Liberalismo (lo mismo denunciaría, aquí, un servidor de nadie caso de tratarse de la Socialdemocracia. No me pliego, sin fisuras, a ninguno de esos modos de "politizar": de ellos aprovecho lo aprovechable y rechazo lo rechazable. Pregunto: ¿Lledó no ve nada positivo en el universo de ideas liberales? Un botón de muestra: no sé a cuento de qué la educación privada y concertada representaría a Lucifer en tanto que la pública a Dios. Juzgo raquítico el argumento de Emilio: una pura cuestión dineraria. La libertad de elección de padres y madres o tutores legales no convence un punto al erudito. Con su pan se lo coma. 
     Quevedo escribió:
     “Que el viejo que con destreza
     Se ilumina, tiñe y pinta,
     Eche borrones de tinta
     Al papel de su cabeza;
     Que enmiende a naturaleza
     En sus locuras protervo;
     Que amanezca negro cuervo,
     Durmiendo blanca paloma,
     Con su pan se lo coma”.)
     Conecto, ahora, con el inicio de este Post.  
     Al cabo acaba yéndoseme la mano y…
     Emilio Lledó está, a mi juicio, sembrado en el siguiente fragmento que de mil amores copio (todo no va a ser decepcionante):
     “Sin entrar en las diferencias, por otra parte esenciales, entre los diversos países y las distintas áreas de influencia y de desarrollo en las que están situados, y limitándome exclusivamente a España, se pueden establecer los siguientes estratos, en los que se configuran distintas formas de contenidos educativos:      
     1. Escuelas y universidades que se rigen, en principio, por las orientaciones provenientes de la autoridad política, y que además solidifican hábitos pedagógicos arcaicos, pequeños islotes de poder y autoridad absolutamente irracionales.
     2. Sistemas de valores, coincidentes o excluyentes, pero dominante siempre alguno de ellos y que, con cierto grado de imprecisión, entran dentro del nombre genérico de ética
     3. Doctrinas religiosas o escatológicas que determinan actitudes y comportamientos y que proponen modelos imitables de conducta.
     4. Núcleos familiares y espacios sociales muy concretos que, consciente o inconscientemente, hacen propuestas orientadas a determinadas formas de aceptar, rechazar, interpretar la vida, organizar nuestro propio destino, etcétera.
     5. Productos culturales diversos, literatura, arte, divulgación científica, accesible a nuestra sensibilidad y que, con mayor o menor provecho, están actuando sobre nosotros.
     6. Ideologías políticas, en cuya aceptación o rechazo se suelen manifestar confusas y opacas mezclas de intereses, traumas psíquicos, fanatismos o idealismos. Las razones –o las sinrazones– por las que se elige y asume una de estas ideologías constituye uno de los problemas más apasionantes en el estudio del ser humano”. (Sobre la educación. Taurus. Barcelona, 2018. Pág., 204).
     La pena es que Lledó no se aplica a sí mismo el cuento de la ideología engatusadora… 
     ¡Qué decepción, don Emilio, qué decepción!  

miércoles, 23 de septiembre de 2015

203/ Reflexiones quijotescas VII

SOBRE LA CAZA

Don Quijote de la Mancha. Segunda parte. Capítulo XXXIV. Edición de Francisco Rico.
     Curiosa aventura la de la caza de montería recogida en el mentado capítulo. El Caballero de los Leones, Sancho Panza y unos duques (marido y mujer) van, juntos, a cazar jabalíes. La aventura no consiste solo en esto. Pero más que ella me interesa lo que a cuento de la caza dice Sancho al duque. A saber: “(…) Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida (…)”. Y unas líneas más abajo: "(…) No querría yo que los príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno”.
     Póngase “cuerno” donde "colmillo" y ya tenemos el asunto de los toros. Pregunto: ¿sería Sancho, hoy, anti-taurino? Anonadado estoy. El Quijote nos define mejor de lo que yo pensaba. Quijote somos y serán, conjeturo, todos los nacidos y por nacer en la piel de toro. O casi. Nos echamos tierra encima, nos la sacudimos, volvemos a echárnosla. Nos gusta la contradicción. Nos pirra el idealismo al par que el realismo. Nos encantan las trifulcas. Estén bien o mal enfocadas y estén bien o mal fundadas. Da lo mismo. Lo importante es enzarzarse en una disputa y llegar, llegado el caso, a las manitas. Precedidas éstas de un ramillete de insultos o de despropósitos hirientes y mordaces. España en estado puro.
     Repito la pregunta: ¿sería Sancho Panza, hoy, un insigne anti-taurino? Cierto es que sacrificar, por el placer de hacerlo, a un jabalí dista mucho de darle matarile a un morlaco. No media, en ello, arte alguno. Digo: en lo del jabalí. ¿O sí media? Legión son quienes consideran que el toreo no es un arte. Y lo contrario. Yo no sé. No soy taurino, ni anti-taurino, ni entendido en toros (aunque no me importaría entender). Pero viendo algunas faenas me he emocionado y creído estar delante de alegorías de la vida. ¿Significará esto que hay arte en el arte, supuesto, de torear? El martirio y agonía y muerte del “bicho” también me han acongojado. No soy animalista, no me gustan (por lo general) los animales, pero detesto que se les hiera.
     La respuesta que el duque da a Sancho no creo que satisfaga mucho ni a muchos. Es esta: “(…) Os engañáis, Sancho. (…) La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias, para vencer (…) al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos (…)”.
     Y, rehusando abarcar lo de “un animal que no ha cometido delito alguno”, se queda el duque tan pancho y tan ancho sin convencer a Sancho. 
     ¿Sería don Quijote, hoy, taurino? ¿Lo sería Cervantes?
     Quien desee saber cómo acaba el diálogo, acuda raudo y veloz al capítulo aquí traído, léalo y saque sus propias conclusiones. Las mías no son claras. De hecho no sé si concluyo o no algo al respecto. Permítaseme, pues, que haga mutis por el foro. En mi derecho estoy. Yo creo. Y si no, es claro, me lo arrogo y santas Pascuas. Dixit           

viernes, 31 de julio de 2015

193/ Reflexiones quijotescas

Quijotes versus Quijanos

Nietzsche se preguntó: ¿deriva la tragedia de la alegría? E hizo bien preguntándoselo. ¿Dónde? En El origen de la tragedia. Vale. Yo me pregunto: ¿deriva la alegría de la tragedia? Hombres y mujeres conozco que se han bajado de una parra para encaramarse a la otra. La mudanza de la tragedia a la alegría es sensatez. Moblaje y bártulos no se advierten. Poco pesan. Lo contrario equivale a tontada. A locura. A quijotada. España es patria del Quijote. Eso no es impedimento para que los españoles no aspiremos a ser quijotes. No sé si todos. No sé si siempre. Y sí Quijanos. O Panzas. 
      Ir de la alegría a la tristeza, me parece, es idiotez. ¿A qué hacer eso? Otra cosa es la obligación. ¡Primero ésta y después…! El sector de pompas fúnebres es claro ejemplo de lo que digo. Considerando trágica, per se, cualquier muerte. Requisito éste indispensable. La tragedia conlleva tristeza y conlleva alegría. No solo lo triste resulta trágico. Ni lo alegre, cómico. Lo triste cómico existe. Como lo alegre trágico. Sketches hay que lo demuestran. Humoristas abundan que lo asientan. No menos obras hay (legión son) que lo corroboran. 
      La vida es teatro. Personaje, cada vivo. Nos delata nuestra máscara. La color del maquillaje que nos chorrea con el calor. La indumentaria de cuento que nos enfundamos. Ésta, por cierto, contribuye a que creamos ser quienes no somos. De los muertos (esos enfermos de sinceridad y de bondad) no diré ni mu. ¡Quita, quita! Mejor no meneallo        

viernes, 26 de diciembre de 2014

172/ "Vivir es ver volver"

Sobre Historia de una escalera… (Antonio Buero Vallejo. Austral. Barcelona, 2013. Acto segundo. P, 90. Urbano a Carmina hija): Más vale ser un triste obrero que un señorito inútil… Pero si tú me aceptas yo subiré. ¡Subiré, sí! ¡Porque cuando te tenga a mi lado me sentiré lleno de energías para trabajar! ¡Para trabajar por ti! ¡Y me perfeccionaré en la mecánica y ganaré más! La creencia y el propósito de Urbano es repetido. Al final del primer acto otro personaje (Fernando) parlamenta lo mismo, usando otras palabras, con Carmina madre. El ciclo de la vida. Dijo Buero: “Vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable”. Retorno maldito si retorno insufrible. La vida de estos personajes deviene, me parece, insufrible. Juzgue el lector. España. Año diecinueve. Escasez. Ruindad. Amor no escuchado. Desamor buscado. Engaño. Arcas vacías. Sueños por materializarse. Aprendizaje parental. Sueños truncados. División social. Política. División por sexos. Orgullo de clase. Ganduleo. Soledad. Traición. Corazón roto. Pasividad. Desprecio de clase. Frustración. Muerte. Y todo ello en un conjunto armonioso: la vida. La vida es una tragicomedia con infinitos personajes e infinitas situaciones y acciones. El teatro de Buero es, sencillamente, perfecto. Reflejo del vivir que no es sino batallar. Y subir y bajar la escalera de nuestros días es vivir. Solo aquellos que osen cambiar de portal (de vecindad) alcanzarán la dicha. La vida es cambio. Leer a Buero es leer la vida. Con independencia de qué vida. Y de en qué lugar y en qué tiempo se desarrolle ésta. Teatro universal. Teatro omnipotente: omnipresente en todas las conciencias. Juzgue el lector. España. Año cuarenta y nueve. Escasez. Ruindad. Amor no escuchado. Desamor buscado. Engaño. Arcas vacías. Sueños por materializarse. Aprendizaje parental. Sueños truncados. División social. Política. División por sexos. Orgullo de clase. Ganduleo. Soledad. Traición. Corazón roto. Pasividad. Desprecio de clase. Frustración. Muerte.   

martes, 8 de julio de 2014

151/ Querer y no poder

Muchas veces he manifestado mi aversión (y mi asco) a la guerra civil española del 36. Pocas contiendas me han entristecido tanto como esa. Estamparé aquí un romance apócrifo de autor no menos apócrifo recogido en una obra verdadera: Las bicicletas son para el verano; de mi querido Fernán Gómez. El romancillo de marras es este: “Quiero estar siempre a tu lado,/ quiero a tu lado estar siempre,/ aunque se pasen las horas,/ aunque se vayan los trenes,/ aunque se acaben los días,/ y aunque se mueran los meses./ Quiero estar frente a tus ojos,/ quiero a tu lado estar siempre./ Quiero estar frente a tus labios,/ quiero estar frente a tus dientes./ La mariposa se va,/ la mariposa no vuelve./ Sé como la golondrina/ para que siempre regreses,/ que los caminos del cielo/ los encuentra y no los pierde”. Lo escribe y dedica Luisito a Charito poco antes de deflagrar la vergonzosa guerra in-civil. Luisisto no volvió a ver a Charito. El lector/espectador ignora si la muchacha fallece o no en el transcurso de la guerra. Ambos (Luisito y Charito) son adolescentes. La contienda impide que el cuerpo del romancillo se materialice y se haga realidad. Luisito y su familia deben arrostrar los estragos de la lucha fratricida. Y fue entonces el trueque. El vergonzante trueque. Luisito a Don Luis (su padre. Refiriéndose aquél a la madre de un amigo suyo): “(…) piensa que a lo mejor puede cambiar las botellas de vino por garbanzos o por algo así. (…)” Y fue entonces el hambre. El vergonzante hambre. Don Luis a María (excriada. Refiriéndose aquél a su nieto): “Mira, María, no hay que andarse con pamplinas: el niño está hecho un fideo. Ahora veremos si con la maizena que nos has traído…” Sí. El vergonzante y asqueroso hambre. Un inciso. Nota a pie de página. Autor: Eduardo Haro Tecglen: “Las lentejas se convirtieron en el símbolo de la resistencia: `Píldoras de la resistencia del Dr. Negrín´, fueron llamadas. Bien porque en la zona republicana continuaba su cultivo, bien por importaciones masivas, fueron la alimentación besuca del Madrid cercado, junto con las chirlas (almejas pequeñas), los chicharros (pescados de baja calidad) y algunas hortalizas”. Fin del inciso. Y todo para llegar a una supuesta paz. Luisito a Don Luis: “Hay que ver… Con lo contenta que estaba mamá porque había llegado la paz…” Don Luis a Luisito: “Pero no ha llegado la paz, Luisito: ha llegado la victoria. (…)” Asco (lo he apuntado). Vergüenza (lo he apuntado). Sorpresa (lo apunto ahora) por actitudes que algunos, hoy, se empeñan en eternizar… Pobre España. Y pobres españoles. Para que luego digan que el teatro… En Las bicicletas son para el verano se aprende (más se siente) España. O lo que fuera España del 36 al 39 del siglo (casi recién extinguido y aún en vigor) XX. Ay.          

miércoles, 2 de octubre de 2013

87/ Cuenta Borges...

(...de Inquisiciones)


Cuenta Borges que Torres Villarroel fue émulo de Quevedo. Que no hizo otra cosa en vida sino resucitar al maestro. Que su obra es una parodia chacotera de la de don Francisco. Que éste influyó en él como un sortilegio en cualquier crédulo. 

     Refiere Borges que Torres Villarroel <<fue una provincia [del de Madrid], más alegre y menos intensa que su trágica patria>>. 

     Espero que el avezado argentino dibujase al español en vez de a España. ¿Y no son lo mismo uno y otra: el ser y la patria: el hombre y el lugar donde éste expansiona su interioridad? Yo no sé.

domingo, 13 de enero de 2013

52/ Originalidad ingeniada

Gonzalo Torrente Ballester prologó Gárgoris y Habidis. La invención ajena devendría, para él, responsable de nuestra ramplonería. Buda atestiguó que nada es lo que aparenta ser: gusto, tacto, vista y olfato confundirían la Verdad. 

     Unos pocos inventan siniestramente el Sistema en que malvivimos. Su postulado: aprisionar al prójimo. 

     Apaguemos la pantalla, digo yo, y escurrámonos por la lectura. La primitiva piel de toro es saldada al mejor postor…

jueves, 13 de septiembre de 2012

24/ Dialéctica razón

Platón bautizó el método socrático con la voz: <<Dialéctica>>. Kant testimonió las falacias de la Razón en el contexto de la Verdad: Razón y Dialéctica se abrazarían mediante el entendimiento. La propensión del hombre a contradecirse es lo que él denominó: <<Dialéctica>>; o para Hegel: <<Proclividad>> (ídem: del hombre) a trascender sus contradicciones. Todo concepto adquiriría, así, rango de antinomia. 

     Cavilo: España es nudo inextricable de entidades territoriales. Pregunto: ¿Son esas entidades contrarias al concepto de España como unidad? Rehúso responder. Yo propendo a imbuirme de sueños, de arte, de literatura. Punto.

     Los españoles, dialécticamente, no nos entendemos. Pocos hamos leído a Hegel, a Kant, a Platón… 

     En fin.

martes, 11 de septiembre de 2012

23/ Lírica guerrera

Los placeres prohibidos (Luis Cernuda). Muda, aquí, el talante del poeta. Se rechaza la sumisión y se abraza el combate. Rebeldía y erotismo alientan al lector… 

     El año 1931 brota en España el pimpollo de la República. Queda revenido el vástago de Alfonso XIII. Cernuda resuelve enfundarse la guerrera por amor. Toda liza engendra un acto de contrición; todo abatimiento, uno de persuasión. 

     Dos puñaladas en prosa corporeizan las siete primeras embestidas. Pierden (toda prosa es una pérdida) vigor y carácter elegíaco. No las juzgo surrealistas: una métrica con alma matiza el automatismo ilógico. Sendas aptitudes (alma y lógica) no difieren tanto entre sí; no, al menos, en lo que a poesía se refiere. Componer con calculadora puede llegar a comprender alma (léase: <<duende>>) a raudales. Aunque hoy parezca una sinrazón de literato nocherniego; o mejor: diurno (sin micrófono embocado). Risas. Y que entienda quien pueda.

viernes, 24 de agosto de 2012

15/ Ay, España

Un lamento: el de Rafael Alberti en Entre el clavel y la espada. Por los caídos en la Guerra Civil. 

     La poesía sensitiva no suele incursionarse en tales desbarajustes humanos. Su cometido no es conmover sino deleitar. Tu desgarro, Rafael, copa sendos puestos. Conmueve, por cuanto la guerra a todos muerde. Deleita, por cuanto el octosílabo amarras con donaire. 

     Parafraseándote: la lengua nos duele y sabe a muerto. A desenterrado. 

     Pregunto: ¿Y Federico?

     Federico compendió que lo habían asesinado. <<Comprendí que me habían asesinado/ Recorrieron los cafés y los cementerios/ y las iglesias,/ abrieron los toneles y los armarios,/ destrozaron tres esqueletos para arrancar/ sus dientes de oro./ Ya no me encontraron./ ¿No me encontraron?/ No. No me encontraron>> (Federico García Lorca. Fábula y rueda de los tres amigos).

     Colijo: conmoción (sin deleite).

martes, 14 de agosto de 2012

7/ Augurio lírico

Retornando a Alberti…

     El de la noble y bella ciudad del Puerto de Santa María exhuma, como símbolo, al toro. ¿Dónde? En Entre el clavel y la espada. Sección: <<Toro en el mar (elegía de un mapa perdido)>>.

     Un halo de esperanza aflora, inútil, en mí…

     Nuestra <<piel de toro>> no se enajenará: tan banderilleada ha quedado. No le restan fuerzas para rebullirse. Ni para bufar, enloquecida de dolor, exhausta de arte. Ni siquiera le restan (fuerzas, digo) para oscilar la testuz de un lado a otro como en la suerte del descabello. 

     Nuestra <<piel de toro>> permanece exánime, echada en el albero. Nuestra <<piel de toro>> se resquebraja inevitablemente. Ya ve acercarse la puntilla… La mano diestra del diestro enarbola el aire…; el Espada, la puntilla.

     Nuestra <<piel de toro>> emite un último bufido en el que cabe todo un sentir popular e impopular al mismo tiempo.

     <<Y, ¿no será un mal sueño?>>, me digo. Entonces…, Machado. Y luego: <<Ay>>. 

     Eso es todo.