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jueves, 27 de febrero de 2020

314/ Alta metaliteratura

Contaba yo dos decenas de abriles cuando leí un libro de Carmen Martín Gaite. Han caído chuzos de punta. La lista unimembre ha engrosado: son, ya, dos libros de Gaite. Impresión mía: fascinación sin tacha. El segundo es este: El cuarto de atrás (obra maestra). El primero fue este: Irse de casa (una obra más).  
    El cuarto de atrás no es hacedero. Entraña el mismo la dificultad de manejar (no manosear. ¡Buda me libre!) la propia biografía para ejecutar arte con ella. Un riesgo veo: la posible (no probable) falta de interés del lector. ¡Oh! 
     Escribir auto-ficción es arriesgado desde diversos flancos. Uno: la incomprensión ajena. Otro: la vulnerabilidad del autor ante la sandez ajena. Otro: la indiferencia ajena. La vida de los escritores no interesa a todo quisque. Cuando esa vida se cifra en pensamientos y sentimientos (no en acciones) todo adquiere otro cariz. 
     Merece la pena (creo) pasar el Rubicón.
     Permítaseme una apostilla (no quisiera sembrar la duda en el corazón de nadie): juzgo El cuarto de atrás una agudeza de la auto-ficción y de la metaliteratura. Nada más (nada menos). Cada párrafo genera un cúmulo de ideas y sensaciones difícilmente “maleable” para el lector medio. Otro riesgo es este: perderse en desvaríos espacio-temporales que a ningún sitio (y a todos. ¡Hablamos de alta metaliteratura!) conducen. Un viaje psicodélico (casi) en toda regla.  

martes, 20 de mayo de 2014

144/ A contra-discurso

Rafael Chirbes entregó Mimoum a la imprenta el año 1988. Anagrama editó la novela. Jorge Herralde recibió el manuscrito de mano de Carmen Martín Gaite. Lo leyó y encumbró. Veinte años después lo re-encumbraría: re-editándolo. Anagrama y Chirbes sincronizaron sus relojes analógicos. Las agujas de éstos vocearon la hora anhelada: la del éxito editorial. Espíritu y faltriquera colmados. Arte y negocio, a paso de mudá, hacia el templo de Nuestra Señora de la Gran Suerte. Meteórica Carrera Oficial. La parihuela del paso, a agigantados trancos, hacia la covacha de los laureles. ¡Buena madrina la Carmen! El señor Herralde no escatimó esfuerzos en airear una generosa nómina de nombres que bien-recibieron la obra. Curiosamente (¿por falta de espacio?) solo mencionó uno que la mal-recibió: Juan Carlos Suñén. ¿He dicho que don Jorge fue (y, me parece, es) editor de Chirbes? La Martín Gaite (ay, Carmela) dejó escrito: “La mejor literatura ha sido siempre fruto de la perplejidad, un desafío a la lógica, un rechazo frente a las apariencias de lo necesario. Pero dentro de este enfoque, (…) hay (…) empeños puramente artificiosos, vacíos (…), y otros que desde el principio no suenan a hueco, sino que reflejan una lucha profunda y genuina por parte de la persona que los emprende (…), a través de la cual se pone en juego la propia identidad amenazada de asfixia. Éste es el caso de Mimoum (…)”. ¿Ah, sí? Pues yo estoy con J. C. Suñén. Y con quienes le fueron en zaga y cuyos nombres (¿ignoraré por qué…?) silenció Jorge Herralde. Y le alabo la contramano o el contra-discurso a Suñén. He leído y sufrido Mimoum. Ni mucho ni poco me ha deleitado. Ciertamente la he encontrado vacía. Fea. Sin enjundia. Sé que es ópera prima. Y qué… Sé que fue finalista del VI Premio Herralde (¡¿Herralde, de don Jorge Herralde?!) de Novela. Y qué… La peor novela que he leído junto a… Pero como soy de natural masoquista, y no me arredro ante nada ni ante nadie, seguiré leyendo a Chirbes. La mancha de una mora con otra mora se quita. Eso dicen. Otra vez la literatura contemporánea me deja perplejo. ¿Será porque es la mejor?… No comments.