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miércoles, 11 de diciembre de 2024

464/ Prefiguración dramática

Hay libros que, llueva o ventee, jamás deberían instalarse en la balda del olvido. Uno de ellos, sin duda, es: Ensayo sobre la lucidez (José Saramago, 2004). Parte de culpa en todo ello arrastra Pilar del Río (traductora de la obra) por su sobresaliente capacidad de trasladar del portugués el texto de marras sin refutar en ningún momento el estilo del autor: lo normal (para mí, cómo no, anormal) habría sido enfocarse en el lenguaje y no tanto (o menos) en el estilo. Pilar, a Dios gracias, sabía muy bien lo que hacía y urbi et orbe ofreció una traducción excelente brotada de la no menos excelente maestría literaria del Nobel luso; o del (según algunos) Nobel noble… Permítaseme que lo exprese así: una oportunidad inigualable de toparse, de lleno, con la literatura más pura que existe y existirá nunca: la ficcional.

     Y cuando la ficción que tenemos entre dedos (o entre sístole y diástole) halla reflejo en la actualidad más brutal por que atravesamos (verbigracia: la DANA) al lector, entonces, le hacen chiribitas los ojos. La novela de Saramago es (será), a pesar de los pesares de todo quisque, actual. ¿Por qué? Porque esta fábula (sí, se trata de una fábula, qué pensabais…) versa sobre la falta de empatía y, por contra, el exceso de crueldad (de maldad) que atesoran los políticos en todo el mundo. Hay que decirlo alto y claro (basta ya de medias tintas): para ser político (o tanto monta: <<Politicastro>>: el político, per se, no existe. Yo no sé si ha existido en algún momento…) hay que tener unas entrañas muy muy sucias. Esta novela da sobrada cuenta de ello de un modo, diría yo, magistral. 

     Descifrándola no he podido por menos que ir trazando paralelismos con una parte de la historia reciente de la política española. Tres hitos dramáticos he hallado entre sus páginas de pan de oro: los políticos (DANA), los Medios de Comunicación de Masas (ideologización perversa), la busca desesperada de un chivo expiatorio (Begoña Gómez).

     Veámoslos por separado:

     Uno. DANA: <<<La mañana era apacible, con mucho sol, lo que sirve para demostrar hasta la saciedad que los castigos de que el cielo fue tan pródiga fuente en el pasado vienen perdiendo fuerza con el andar de los siglos, buenos tiempos aquellos en que por una simple y casual desobediencia de los dictámenes divinos unas cuantas ciudades bíblicas eran fulminadas y arrasadas con todos sus habitantes dentro>> (op.cit. Alfaguara, 2004. Pág., 272). Más esto otro: <<(…) Cometimos un error, Ha dicho cometimos, Sí, cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige, el error es de ambos (…)>> (pág., 207). Sobran comentarios.

     Dos. Medios de Comunicación de Masas: <<Las palabras (…) apuntaban (…) a los periódicos y otros medios de comunicación social por la facilidad con que pasan de los aplausos del capitolio a despeñar desde la roca tarpeya, como si ellos mismos no formaran parte activa en la preparación de los desastres>> (op.cit. Pág., 32-33).

     Tres. Chivo expiatorio: <<(…) Mañana tal vez consigamos llegar a tiempo de evitar que se cometa una injusticia, Se refiere a la mujer del médico, Sí señor director, se pretende, de la manera que sea, hacer de ella el chivo expiatorio de la situación política en que el país se encuentra, Pero eso es un disparate, No me lo diga a mí, dígaselo al Gobierno, dígaselo al ministerio del interior, dígaselo a sus colegas que escriben lo que les ordenan (…)>> (op.cit. Pág., 394-395). 

     Si esto no es actualidad (prefigurada en 2004) que baje Dios y lo vea con sus imponderables ojos. Una vez más (y son, ya, muchas) la intuición poética (o literaria) de Saramago fue pertinente. No cabe, de hecho, mayor pertinencia que la de esta obra maestra del Nobel luso; obra entre la caricatura y el retrato fiel de una realidad ficcionada (pero, a fin de cuentas, real) que grita a voz en cuello al pobrecito lector: <<No te creas nada de lo que airean los políticos. Piensa por ti mismo: acertarás>>. Una continuación (por así decir) de otra obra, asimismo novela, que un servidor de (casi) nadie aún no ha leído: Ensayo sobre la ceguera. Todo se andará…

     José: Mi gratitud.

viernes, 13 de septiembre de 2024

460/ Docente decente

Con toda la ira del mundo (pero sin ella a efectos prácticos) grito a los cuatro vendavales: ¡La labor docente se infravalora! Vengo gritándolo desde cuando adopté el rol correspondiente con más o menos fatiga por pura falta de pragmatismo: alumno a perpetuidad es (fue. Será) un servidor (casi) de nadie. É, mal que me pese, cosí. Vale. A lo que iba: el trabajo realizado por el enseñante no es valorado como éste merece; no el enseñante (que también), el <<trabajo>> desempeñado por éste, digo. 

     Josefina Aldecoa aludió a ello por la vía heterodoxa o Del Paso Cambiado: describiendo justo lo contrario; a saber: el incalculable valor del <<trabajo>> docente. ¿Dónde? Aquí: en <<Historia de una maestra>>. Novela, ésta, constitutiva de vocaciones a tutiplén. No en vano (por lo que tengo entendido) ha sido marco referencial de muchas vocaciones. Ahora apostillaré algo: la vocación no tiene porqué erigirse, sí o sí, en la mejor carta de presentación del profesional de turno. Verbigracia: docentes no vocacionales hay que ejercen su labor admirablemente y no por su desvergonzada condición (no vocacionales) tienen que ser expulsados del Reino Excelso de los Profesores. Luego están aquellos que dicen (refiriendo la novela de Josefina): <<Eso es una visión idealizada de la docencia>>. Éstos suelen constituir grupo ideológico aparte (de ordinario: monárquicos, católicos, apostólicos y romanos). Allá ellos.

     Ya en el 31 se planteó tan acuciante problemática:

     <<Sostenía en las manos el periódico y leía: “Los maestros se adhieren entusiásticamente a la Nueva República…” “Una de las reformas más urgentes que va a emprender la República es la reforma de la enseñanza…” “La dignificación de la figura del maestro será el primer paso de esta reforma…”>> (op.cit. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U. Barcelona, 2015. Pág., 109).

     La clave está en el término <<dignificación>>. Muchos atributos hay, creo, en el kit del digno. Que si excelente. Que si honorífico. Que si decoroso… ¡Paparruchas! `Digno´: merecedor de respeto y de valoración propia y ajena. Ya está; para qué seguir. Con respeto y valoración de quién es y hacia lo que hace se sobra y basta el maestro y cualquier trabajador del ramo que se precie. Dos atributos (valor y respeto) que aquél o aquélla (contentemos a los, y a las, amantes del lenguaje inclusivo) se ha ganado con creces por un motivo bien fundado: porque nunca dejará de interesarle (al buen maestro) aprender. Aprenderá éste, sine die, sobre cualquier sustancia (por nimia o elevada que sea) y también de sus aprendices. Ahora díganme una profesión en la que el maestro aprenda del discípulo…

     Quien desvaloriza a un maestro se desvaloriza a sí mismo. Yo no hallo, en todo el orbe, nada más necio. Digamos las cosas (¡oh témpora, oh mores!) como son.

lunes, 19 de agosto de 2024

456/ Una novela en una frase

OPINIÓN


Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Yo digo algo a la vez semejante y desemejante. Y es: una imagen, suscitada por palabras, vale más que mil palabras que no suscitan una sola imagen. Parece un trabalenguas. No lo es. Con ello aludo (la duda ofende) a la literatura. Y al lenguaje literario. Y a la retórica fundamentada en lo verbal y en lo visual al par. Con ello aludo, en suma, al arte de escribir <<bonito>> (o tanto monta: <<con voluntad de estilo>>). Esto de lo visual en el mismo plano que lo verbal lo juzgo aplicable, de un modo cuasi-mágico, a la política. La política se presta, a las mil maravillas, al juego que hay implícito en toda expresión literaria: el de la travesura verbal. Es lo que vienen haciendo, desde que el mundo es mundo, novelistas y poetas (y ensayistas y columnistas y blogueros). Es decir: aquellos que escriben ficción, auto-ficción, no ficción con alma de ficción… Abro paréntesis: no busquemos esas travesuras en los textos urdidos por el catedrático de Historia o de Economía o de Derecho, ¡Vade retro, Satana!, de turno; excepciones habrá. Cierro paréntesis. Una palabra, una simple y llana frase, hacen las delicias del lector de literatura. El juego verbal suele emparentarse más con el genio que con la vocación o el esfuerzo puesto en la busca de una fórmula idónea para lograrlo (el juego verbal). La busca del juego evocado suele abocar al buscador al más rotundo fracaso. La imagen sale o no sale: no hay que ir a buscarla (o, tal vez, sí. Yo no sé…); tampoco irrumpe como caída del cielo del Dios Thot (o, tal vez, sí. Uf…). He aquí, por fin, un ejemplo: una frase (la transcribo) que cumple a la perfección con su cometido: decir mucho jugando poco. Y es: <<(…) Tomaban patatas fritas sin quitarse los guantes>>. Pensemos, en un pis pas, cómo es alguien que come patatas fritas sin quitarse los guantes. ¡Exacto! Y, ¿no es esto decir mucho? Ahora, para los de corazón ansioso, pondré la frase en contexto: <<Los democristianos de talante progresista eran simplemente unos chicos listos, educados, reglamentarios, acicalados, seguidores de algún teólogo alemán, suaves y discretos, que tomaban patatas fritas sin quitarse los guantes>> (Manuel Vicent: <<Jardín de Villa Valeria>>. Alfaguara. Madrid, 1996. Pág., 180). No entraré en disquisiciones políticas o ideológicas. Aburren, éstas, al más pintado. A mí el talante de los democristianos, la verdad, me la refanfinfla. Esto no es óbice para que no aplauda al genio que parió la imagen verbal arriba transcrita: Manuel Vicent. No sólo la novela de Vicent encierra la frase de marras. La frase de marras encierra la novela de Vicent. Entonces permítaseme que pregunte: ¿Es o no es meritorio algo así? Pues eso.  


lunes, 4 de diciembre de 2023

437/ Francina y "La espera"

Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados, en su discurso de apertura de la XV Legislatura mencionó a mi añorado (y admirado) Joan Margarit. Varias veces he traído a colación en esta literaria bitácora (a veces, sólo a veces, bitácora con ínfulas filosóficas; excúseme Buda), la obra buena del no menos bueno poeta catalán: Joan Margarit. Pocos contemporáneos suyos (quizá ninguno) escriben tan hondamente como lo hacía él. Su poesía raya en lo portentoso; léase: en lo pragmático. Sí: poesía para la vida cotidiana. 

     Y cómo con un lenguaje sencillo, plástico y musical (también universal, o casi: el castellano aspira a serlo), fue capaz de ridiculizar sin pretenderlo toda la vanguardia de chichinabo que se agazapa tras los adminículos de micrófono y sombrero en lo alto de las tablas de un garito (por así decir: <<macareno>>...) de la noche sevillana.

     (Risas).      

     Cualquier poema de Joan Margarit (léanlos. No se arrepentirán) representa un mundo en sí mismo. Una vida en sí misma. 

     He dicho: Cualquiera. Botón de muestra: 


     LA ESPERA 


     Te están echando en falta tantas cosas.

     Así llenan los días

     instantes hechos de esperar tus manos,

     de echar de menos tus pequeñas manos,

     que cogieron las mías tantas veces.

     Hemos de acostumbramos a tu ausencia.

     Ya ha pasado un verano sin tus ojos

     y el mar también habrá de acostumbrarse.

     Tu calle, aún durante mucho tiempo,

     esperará, delante de tu puerta,

     con paciencia, tus pasos.

     No se cansará nunca de esperar:

     nadie sabe esperar como una calle.

     Y a mí me colma esta voluntad

     de que me toques y de que me mires,

     de que me digas qué hago con mi vida,

     mientras los días van, con lluvia o cielo azul,

     organizando ya la soledad.


     Resuena tanto tanto a Joana…

     Joan, doquiera que estés (¿acaso con Joana?), mi gratitud. Ojalá naciesen más poetas que siguieran tu ejemplo humanista y humanístico. Francina te nombró (sin abuso ideológico; no como sostienen algunos filibusteros de la <<Derechita>> y la <<Derechona>> cobardes en lo político como en lo mediático: qué vergüenza de políticos y de periodistas que les hacen la cama…) y eso la eleva al pedestal de la gente inteligente con un extraordinario sentido literario de la vida. Francina, conjeturo, saboreará la buena literatura… 

     Vaya también para ti, Francina, mi gratitud. 

     Entretanto (y sin que sirva de precedente) yo seguiré aquí: <<Echando en falta tantas “tantas” cosas>>…

martes, 4 de julio de 2023

423/ "¡Todo por la patria!" (o un hartazgo)

No hace mucho sostuve, aquí, que Mario Vargas Llosa nunca defrauda. Con <<nunca defrauda>> quise decir: la obra literaria de Mario Vargas Llosa nunca defrauda. No así el autor: Mario Vargas Llosa. Aquel día hablaba yo del <<genio creador de Vargas Llosa>>. Pues bien: me reafirmo en lo manifestado en esta bitácora no hace mucho... Juzgo <<Pantaleón y las visitadoras>> (Alfaguara) obra maestra del escritor peruano. Confiesa este en el <<Prólogo>> de la misma que no le costó trabajo escribirla. El lector medio no le cree. Yo, lector ávido, no le creo. ¿Por qué? Porque la novela rezuma dificultad en el lenguaje, en el tono, en la construcción de los personajes y no menos de la trama y en el espacio-tiempo manejado por los distintos narradores de esta historia políticamente incorrecta e incorrectamente (¿acaso existe la corrección política en algo así?) machista. Ojo: de un machismo brutal. Contextualizado, de un realismo brutal, también. No obstante se trata de una historia basada en hechos reales. De igual modo el autor confiesa su intención de, al principio, escribirla <<en serio>>. No lo logró finalmente. El lector no lo tiene tan claro. Yo, lector voraz, no lo tengo tan claro. No veo el humor por ninguna parte (salvo en contadísimas ocasiones). Sí veo, con ojos de hoy, la ridiculez (diré mejor: el absurdo) de las situaciones narradas a lo largo y ancho de la novela. Lo uno, desde luego, no quita lo otro. Una historia puede ser absurda y realista al mismo tiempo a más no poder. No todo lo absurdo mueve a risa al lector. Es más: la mayoría de anécdotas de la novela mueven a disgusto al <<pobrecito>> lector. Y a repulsa. Incluso, a impotencia. También, a aventura. A instintiva humanidad. A naturaleza acaso varonil y heterosexual… Creo que esta obra, hoy, no pasaría el filtro de la corrección política. Quizá ni se publicaría. Vayan ustedes a saber… ¡Muy mal por los tiempos que corren! El tema estrella y acaso estrellado es el que sigue: la prostitución femenina financiada con fondos públicos por el Ejército del Perú para el desfogue de sus <<soldados>> y <<clases>>. Algunos críticos tendrán como tema principal los límites de la obediencia. O tanto monta: de la lealtad. Todo en la vida tiene (eso dicen) un límite. Me mojaré: yo creo firmemente en el límite de la lealtad que, de ordinario, es marcado por la ética personal del leal (el mismo que pasa a convertirse en desleal desde el momento en que decide salirse del redil). O sea: yo creo en el valor de la deslealtad. Deslealtad y libertad de acción, de pensamiento o de expresión, desde mi punto de vista no quedan demasiado lejos. Así de simple y así de llano lo digo. Y llana y simplemente diré, ahora, lo que sigue: hay que ser muy valiente para escribir algo así. Sobre todo habría que serlo hoy, cuando el feminismo trasnochado (Monteros y Belarras haciendo de las suyas, a golpe de soberbia) campa a su libre albedrío. El machismo trasnochado (Abascales jodiendo la marrana a todo trapo y quisque) no es, ¡conste en acta!, menos rechazable desde las tripas. Y, ¿Vargas LLosas, haciendo por doquier humor de un tema tan sensible hoy…? Lea y juzgue el lector de la novela. Yo ya no me mojo más. Yo ya estoy, para los restos, mojado. Yo, pese a quien le pese, pienso con y desde la libertad. Y eso no me lo va a quitar ya <<naide>>. Conque…

     Atención a este diálogo entablado entre el general Scavino y el capitán Pantoja (protagonista de la novela) miembros en la ficción, ambos, del ejército peruano:

     <<–¿Diez mil semanales?– arruga la frente el general Scavino–. Es una exageración delirante, Pantoja.

     –No, mi general– se colorean las mejillas del capitán Pantoja–: Una estadística científica. Mire estos organigramas. Se trata de un cálculo cuidadoso y, más bien, conservador. Aquí, vea: diez mil prestaciones semanales corresponden a la “necesidad psicológico-biológica primaria”. Si intentáramos cubrir la “plenitud viril” de clases y soldados, la cifra sería de cincuenta y tres mil doscientas prestaciones semanales>> (Op. cit. Pág., 140).

     Huelga aclarar que <<prestaciones>> equivale a: <<servicios de prostitución>>. Y así todo el rato. Uf.

jueves, 25 de mayo de 2023

418/ Lobo sólo versus lobo con piel de cordero

Hay una felicidad distintas a las otras felicidades de la vida: la que se produce cuando intelectualmente te cruzas con alguien que piensa como tú (un personaje popular, ese) y, habiendo transcurrido más de ochenta años desde que dijo lo que dijo y que a ti te resuena cercano y tremendamente familiar, compruebas cómo no ha variado un ápice tu idea del principio: ese (esa en este caso) y tú sois de la misma condición. <<Prodigiiioso>> (habría dicho Garci con su voz aguardentosa). 

     Tenemos, aquí, tres elementos nutricios: pensamiento, fama, tiempo. (Esa persona habría tenido la misma idea que yo referente a un tema bien definido que no me duelen prendas en calificar de <<política ficción>>; o <<por ahí por ahí…>>. Esa persona fue y es popular. Cuando esa persona murió aún no había yo sido arrojado a la luz de Andalucía). 

     El hecho no deja de parecerme asombroso. Demasiados años de diferencia entre ella y yo para, después de todo, pensar igual sobre tema <<tan delicado>>. Ignoro si esto habla mal de moi. Sospecho que habla mal de moi y bien (muy bien) de soi. Ella, por esto, sería una adelantada a su tiempo. Yo, un mero retrasado en el tiempo. Todo desde una perspectiva pesimista. Si me enfundo el traje de optimista tendría que manifestarlo del siguiente modo: ella fue una adelantada a su tiempo y lo que dijo no pudo llevarse más allá, con el correr del tiempo, sencillamente porque era imposible. 

     No le toques ya más, que así es el sentido común.

     Hablo, cómo no, de Zenobia Camprubí Aymar y de las palabras que esta estampó en negro sobre blanco en sus <<Diarios>> (edición de Graciela Palau de Nemes) el día 12 de junio del 38. Las mismas que, de un modo peculiar, ponen voz a mi ideario sobre el Fascismo y el Comunismo. Dos lacras, las mencionadas, igualmente deleznables. Y son (las palabras de Zenobia) las siguientes:

     

     <<12 de junio [de 1938]. Domingo     


     (…) Los comunistas están siempre listos para aplaudir sus más pequeños logros con la mayor desfachatez en cuanto a las aportaciones de los otros. Siempre están igualmente listos para extraer un 75 por 100 de interés sobre su propia aportación y consideran que es una explotación cuando los otros obtienen un 4 por 100. Me parece que la posición del partido comunista es pura teoría comunista, la misma posición que la Iglesia de Roma y su política hacia el Cristianismo. Ambos son igualmente limitados de miras, crueles y falsos. Tengo fe en las hondas leyes naturales de evolución hacia la perfección, aunque estos arranques de brutalidad, particularmente evidentes en el fascismo y el comunismo, son sin duda poderes estimulantes pero odiosos. Estos sistemas deben desparecer para que el hombre pueda recuperar la dignidad necesaria para continuar el ascenso. Son la repulsión después de la fatiga, pero pasará. No puede ser de otra manera. Y sería un desastre para nosotros si fuéramos a aparecer en escena en el momento inoportuno>>.   


     ¿Cabe más sentido común que el encastillado en las frases arriba copiadas? ¿Cabe, en ellas, más objetividad y menos persuasión al mismo tiempo? Júzguelo el lector. Yo, desde luego (mejor: ¡desde ya!), creo que no. Y lo creo fervorosamente.            

martes, 9 de mayo de 2023

414/ Manipulación de bando (o mejor: de banda)

Los Diarios de Zenobia siguen zamarreándome por las noticias de que dan sobrada cuenta. Incluso diría más: minuciosa cuenta. Juan Ramón Jiménez Bayo, hijo de Eustaquio Jiménez Mantecón (hermano de Juan Ramón Jiménez), fue muerto en la guerra incivil española del 36. Concretamente en el frente de Teruel. Más concretamente: en los campos de Alfambra (el 15 de febrero de 1938). Tenía veintidós años. Jiménez Bayo gozó de gran popularidad en Moguer porque colaboró <<en actividades meritorias>> en el pueblo. Por ejemplo: fue redactor del semanario independiente <<Apolo>>. Una calle de Moguer lleva su nombre... 

     El muchacho, al parecer, escribía cartas en el frente. En una de ellas puede leerse: <<Patriotismo, religiosidad, valor sereno, ansias de una España mejor, fe plena en sus ideales sanos…>>. Así era el pensamiento del joven Alférez (rango militar que ostentaba Jiménez Bayo por entonces).

     Pues bien: los nacionales publicaron un recorte en el que aseguraban que el poeta Juan Ramón Jiménez <<(…) Hizo (…) una declaración a los periodistas diciendo que las partes que luchan en España deben ser llamadas leales y desleales, claro que él reserva el calificativo de desleales para nosotros. Lo que quisiéramos que nos dijera es cuánto le han pagado por sus declaraciones>> (<<J.R.J. Guerra en España (1936-1956)>>. Seix Barral. Barcelona, 1985. Págs., 196-97).

     Zenobia escribe en sus Diarios refiriéndose a esta sincronía y cuando Jiménez Bayo permanecía todavía con vida, aunque herido, lo siguiente:


     <<23 de marzo [de 1938]. Miércoles


     Vinieron dos cartas en el correo: una de Guerrero y la otra de Eustaquio. Como el primero parece estar por ahora ene el lugar más peligroso, leímos su carta primero y todo está bien, tan bien como se puede estar en medio del terror. Después la carta de Eustaquio y en un momento nos hundimos en un mar de tristeza. Juanito está herido. La carta tenía fecha de “febrero” y acababan de recibir la noticia. Eustaquio no sabía los detalles. En un recorte adjunto calumnian a J.R. falsa y vilmente ahora que les ha llegado la noticia de que simpatiza con el gobierno. Lo siniestro y horrible para nosotros es que estas dos cosas han pasado juntas>>.


     Más adelante Zenobia deja sentada la idea de que JR vislumbraba la sospecha de que entre ambos sucesos había una relación de causalidad. Imaginar la desolación que el poeta y la autora de estos diarios debieron experimentar en esos días y por este hecho particular se me antoja una ardua labor… por inconcebible.

     Como inconcebible juzgo el hecho de que un hombre tan honesto como JRJ acepte dinero por hacer unas declaraciones a favor de un bando en una guerra. Inconcebible, no. Sencillamente demencial. Así las gastaban algunos. Ay.

jueves, 30 de marzo de 2023

407/ Mujer no revolucionaria

He hallado en los <<Diarios>> de Zenobia una entrada con la que no puedo estar más en sintonía; una entrada con la que no puedo <<identificarme>> más de lo que ya estoy. Indagaré algo: ¿quién no se ha preguntado alguna vez si es o no es revolucionario? ¿Y quién, si es o no es reaccionario? ¿Quién, si es o no es conservador, progresista…? Quiero pensar que todo hijo de vecino lo habrá hecho en algún momento de su vida; no hacerlo atentaría, quizá, contra la propia salud mental. La duda, como precursora del conocimiento, es algo a lo que hay que agarrarse sin perjuicio de que a uno lo tilden de inseguro. Cierto nivel de inseguridad puede resultar beneficioso. No hablo, por supuesto, de <<inseguridad enfermiza>>. Esa mejor no menealla. A Zenobia no le duelen prendas en reconocer algo que (sobre todo en aquella época, 1936) podía no estar demasiado bien visto: no era revolucionaria. Subrayaré algo: por entonces Zenobia residía junto a su marido, Juan Ramón Jiménez, en Cuba. ¡Ojo! He dicho: Cuba.

     La entrada en cuestión es la que sigue:


     <<[1936] 14 de mayo. Viernes


     Sin lugar a dudas no nací para revolucionaria. Prefiero sacar provecho de las circunstancias existentes mejorándolas en vez de virarlo todo al revés, corriendo el riesgo de que funcione o no el nuevo experimento. El problema es que soy escéptica en cuanto a todos estos rimbombantes programas políticos para redimir a la humanidad. Y, sin embargo, supongo que si no hubiese algunos reformadores tercos para espolearnos no progresaríamos mucho. He estado trabajando todo el día corrigiendo pruebas y me gustaría dejarme hundir holgazanamente en un hueco. No, definitivamente, el mundo no progresaría mucho si tuviera que depender de mí, pero por otra parte no soy un estorbo, por estar muy ocupada con mis propios asuntos.>>


     El mundo habría ido (iría hoy) mucho mejor, Zenobia, con gente como tú. Tus propios asuntos eran los asuntos de todos en muchas ocasiones. Tú estabas para todos. Pero, ¿quién estaba para ti? Ay.

lunes, 14 de marzo de 2022

371/ El "caganer" ilustrado

En variadas ocasiones he afirmado en esta bitácora que el mejor escritor español que aún respira es Fernando Sánchez Dragó. Como lo cortés no quita (ni deja con el fin de arremeterle un buen sopapo) lo valiente, diré ahora que no se puede ser más tonto en el mundo que el crack, Dragó. Y eso que <<hay más tontos que esquinas>> (Herrera dixit). Escribo esto a colación de la columna de tan ilustre incorrecto o <<inmoralista>> o terrible chico de la pluma crispada y un punto ególatra publicada en <<gaceta.es>> con fecha 8 de marzo de 2022 (véase aquí). 

     Últimamente Fernandito, el terrible, se ha caracterizado por apoyar con verdadero fervor de salvapatrias a Vladímir Putin. Pero, ¡tate!, después de lo que aquel denomina <<monumental zapatiesta bicéfala>> (para los no iniciados en <<dragoniano>>: la guerra en Ucrania) no llama niño bonito al ruso. 

     –Quita, quita, no sea que me caigan chuzos de punta del cielo de lo políticamente correcto o de las gentes con casposa ética: mis congéneres. 

     La cagalera de Dragó respondería a un planteamiento sencillo. Este: cómo defender lo indefendible sin perder un ápice de la aureola de chico terrible que tanto le gusta siempre colocarse a modo de corona de espinas tras el cogote humeante y algo escacharrado por tanta pirueta verbal. No se entiende que a estas alturas la caca le llegue a los talones a tan airoso caballero… 

     Quién te ha avisto, Fernandito, y quién te ve. Tu amiguito Putin está pasándose por el forro lo que los demás (¡ay, qué pupita hacen en Twiter, por Buda!) puedan decir de él. El psicópata no conoce el miedo. Tú, por suerte para ti y los tuyos, sí. No vale echar la culpa de tu soberano canguelo al populacho que te fríe el lomo a estocadas cada vez que sueltas una burrada de <<tertuliasno>>, como tú dices, en platós virtuales o reales. Tienes, ya, menos credibilidad que un cheque firmado por Bárcenas.

    Sigue, Fernandito, escribiendo eso que no se puede decir. Yo, lector voraz, lo leeré siempre y escribiré (y diré) cuanto me plazca sobre ello y sobre lo de más allá aquí y en Pekín. Pero, crack, hazme el favor: no seas tan <<cagoncito>>…

jueves, 4 de noviembre de 2021

364/ Pro Sandra Golpe

<<Mucho más que un cuarto poder, la prensa española es durante el siglo XIX una vía de acción política al servicio de los partidos: sus proclamas, editoriales y polémicas llegarán a oscurecer, incluso, las mismas sesiones del parlamento. En manos de los grupos separados del gobierno se transformaría en la mejor arma de oposición a los diferentes ministerios, en tanto que el Estado encuentra en ella el medio ideal para justificar sus acciones, amparado en la falacia de la opinión pública>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 425).

     ¡Oh, Krishnamurti, he aquí la madre del cordero!: la prensa como arma de oposición. Deleznable. Asqueroso. Infumable e insufrible. Una vergüenza. Inútil quejarse. Es lo que, lamentablemente, hay. Y lo hay hoy. No es necesario retroceder al XIX. No, no, en pleno XXI la prensa se erige en Ministro de Interior o de Exterior o en Vicepresidenta o Presidenta (para qué vamos a andarnos con chiquitas) del gobierno de turno. Con todo, a mi juicio, no hace bien su trabajo (para el que nació): informar y controlar los desmanes del poder político, atiborrado de politicastros, sin un empuje ideológico sino humanista de fondo.

     Luego querrán sacrificar a una periodista (Sandra Golpe) que se atreve a declarar públicamente que no ejerce su derecho al voto por una cuestión de prurito profesional. ¡Bravo, Sandra! En este país de lenguaraces acompañados de charanga y pandereta no habrá nadie de la profesión de la pluma a sueldo que se atreva a seguir tus pasos decididos y honestos. Parece que depositar la papeleta en la urna de metacrilato cada equis tiempo obliga a una serie de futuras estupideces, y si no se deposita, no: en este caso quedaría uno (si es periodista) libre de todo influjo pseudo-inconsciente y por lo demás de raíz ideológica. La confesión se la afeó por lo bajini una colega con el coco comido (supongo) y felizmente casada con la Izquierda: Mamen Mendizábal. Lo hizo delante de toda España, a la torera, incluso sacando pecho: pobre. Tú vota, Mamen, que ya habrá quien te siga `periodísticamente´… (véase aquí).

     ¡Bah!, cuánta chusma en la piel de toro. Entre periodistas politizados y politicastros bocachanclas anda el juego del calamar… Yo, por si las moscas de Machado, volveré una y mil veces a mi Unamuno y a mi Juan Ramón y a mi Federico y a mis poetas esteticistas y a mis novelistas imaginativos e intuitivos que nada (o casi nada) quieren saber ni de la política ni de los discursos supuestamente envalentonados y pro humanistas de los que tanto presume el periodismo actual y de los que tanto debería desquitarse de una santa vez para hacer aquello a lo que debería sentirse obligado: informar (y opinar y analizar y reportear y…) sin una intención ideológicamente envenenada de base.

     He dicho.        

viernes, 26 de marzo de 2021

351/ Del gobernante (y de la guerra)

Siempre he sostenido que el conductismo no ha muerto. El premio y el castigo siguen siendo animadores o estorbadores de la acción del hombre. Debiera decir del Zóon Politikón (animal político). El tipo (me niego a aceptar, en esto, una generalidad) abunda y por ello es necesario reconocerlo a vistazo fugaz. Lo mismo acontece con el Macho Alfa. Otro espécimen, este, que prolifera en casi todas las geografías del mundo. El Zóon Politikón no es peor que el Macho Alfa. En su poder está arruinarle la vida a alguien si en ello le va algún beneficio disfrazado de altruismo. ¡Ojo! A menudo viste traje y nudo y exhibe una verborrea rayana en lo afable y en lo inefable. Le gusta sobremanera el poder. O hacer creer al otro que no le gusta nada el poder. Que, incluso, lo desprecia. En este caso suele ostentarlo (el poder) sin ostentación alguna. Es más: hasta puede llegar a renunciar a él. 

     Todo es inútil: el Zóon Politikón nunca deja de ser Zóon Politikón. En ocasiones se junta, en un solo individuo, esta doble naturaleza: la de Zóon Politikón y la de Macho Alfa. Permítanme, ahora, un consejo. Aléjense de ambos tipos cuando los vean merodear su hacienda. Créanme: no traen (ni llevan) nada bueno aunque, a vista primeriza, parezca lo contrario. 

     Esa doble (pero no noble) naturaleza de que hablo suele concurrir en los gobernantes. Sobre todo en aquellos que por alguna extraña (o no tan extraña) razón tienen seguidores a mansalva. También en las redes sociales pululan estas aves de rapiña. Y en los blogs. Y en los cenáculos periodísticos. 

     Lo dicho: tengan mucho cuidado con ellos.

     Nada prefiere más un Zóon Politikón y/o Macho Alfa que guerrear. Esto les fascina. Javier Rambaud (pues considero suyo el estilo redactor abajo mostrado, y no de J. A. Marina, coautor de la obra) escribe en Biografía de la Humanidad. Historia de la evolución de las culturas (Ariel) lo siguiente: “Hoffman propone una fórmula propia de la psicología conductista para saber si un gobernante irá a la guerra: el importe del beneficio que se espera obtener, dividido por el coste político que le va a suponer. Si el premio es grande, y el coste es pequeño, por ejemplo, porque ha conseguido movilizar emocionalmente a sus súbditos, iniciará una conflagración. Este planteamiento, que nos parece acertado, exige una aclaración: ¿Quién resulta premiado en una guerra victoriosa? No parece que sea el pueblo. Solo queda como beneficiario un personaje concreto –el soberano– o un personaje abstracto –el estado, la nación, la religión, etc.–. Es una de las paradojas de la evolución cultural que el interés de los soberanos esté con frecuencia tan separado del interés de la gente, y que se haya conseguido muy poco para evitarlo”.

     Sobran añadidos.

martes, 3 de noviembre de 2020

341/ El maestro Antonio (IV)

LEER Y CALLAR


Este es un post para políticos en ejercicio. Un post para anti-políticos sin ejercicio. Y, finalmente, un post para apolíticos que ni ejercen ni dejan de ejercer nada porque ellos y ellas (la plebe feminista, ya, asfixia un poco: démosle gusto) están por encima del bien y del mal y de lo que se tercie. Un post sorpresivo por traer a escena un texto breve del maestro Antonio sin desperdicio ni (im)permanencia. Digámoslo de este modo: el Santo Grial de la inteligencia dialogante. O: la palabra sagrada del sumo sacerdote de Eleusis que rodeado de Abascales, Iglesias, Monasterios y Monteros habla sin nudos ni pollos en la garganta. Entretanto hay burros que en platós televisivos y tribunas de prensa, y de otro tipo, dan coces a diestro y siniestro… ¡Bah!

     Lean y aprovechen el texto abajo transcrito quienes posean una miaja de sentido común en la mollera. ¿Vendrá alguien, ahora, con la cantilena de “el sentido común es el menos común de los sentidos”? ¡Vade retro, Satana! En ese caso diré: Yo apuesto por lo más común (en potencia) del sentido escasamente común hoy: la palabra ajustada. A ti, ideólogo, te “sugiero” a punta de palabra: ¡Lee y calla!

     La rima es adrede.

     Yo también me callo.

     El texto: 

     “Nadie debe asustarse de lo que piensa, aunque su pensar aparezca en pugna con las leyes más elementales de la lógica. Porque todo ha de ser pensado por alguien, y el mayor desatino puede ser un punto de vista de lo real. Que dos y dos sean necesariamente cuatro es una opción que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada. Ni siquiera hemos de exigirle la prueba de su aserto, porque ello equivaldría a obligarle a aceptar las normas de nuestro pensamiento, en las cuales habrían de fundarse los argumentos que nos convencieran. Pero estas normas y estos argumentos sólo pueden probar nuestra tesis; de ningún modo la suya. Cuando se llega a una profunda disparidad de pareceres, el onus probandi no incumbe realmente a nadie” (Antonio Machado. Juan de Mairena. P., 134. Espasa Calpe. Madrid, 1986).

     Amén.

viernes, 16 de octubre de 2020

339/ El maestro Antonio (II)

Política y mentira van de la mano. Precisaré para que no se me echen encima los mamelucos (Fernandito Sánchez Dragó los llama “tertuli-asnos”) de cualquier mesa de plató televisivo montado a efectos de crear opinión pública exaltada y escorada. Sobre todo esto último: escorada. Ideológicamente hablando. ¿Ideología? ¡Bah! ¡Con su pan se lo coman! Voy, pues, con la precisión: a menudo política y mentira van de la mano. ¿Correcto? Vale. Sigo.

     El problema es hablar demasiado. O: La hiper-verborrea. O: Hablar cuando habría que callar. Juan Ramón Jiménez escribió: “Lo que más indigna al charlatán es alguien silencioso y digno”. 

     A los políticos: ¡Cállense, reflexionen y aprendan algo, por amor de Buda!

     Tiene, ahora, la palabra el maestro Antonio…

     

     “Se miente más que se engaña;

     y se gasta más saliva

     de la necesaria…”.

     

     Y todavía…

     

     “Si nuestros políticos comprendieran bien la intención de esta sentencia de mi maestro [refiere Abel Martín], ahorrarían las dos terceras partes, por lo menos, de su llamada actividad política” (Juan de Mairena. Espasa Calpe. Pág., 55. Madrid, 1986).

     

     Palabra de Dios.

jueves, 8 de octubre de 2020

338/ El maestro Antonio (I)

No colgar, aquí, el texto abajo copiado se me antojaba inoportuno. Por su literalidad. También por su libertad. O tanto monta: por cuanto denota y connota. El litoral de lo literal (léase: lo figurado) tiene mucho que decir y poco que callar. Perdón por la rima. Podríamos afirmar que en breve procederemos a poner en práctica un sano y, a mi juicio, poco defendido oportunismo. 

     El texto referido habla de “política”, de “políticos”, de “máscaras”...  

     A qué apuntar más. 

     Callo y copio: 


     “Al hombre público, muy especialmente al político, hay que exigirle que posea las virtudes públicas, todas las cuales se resumen en una: fidelidad a la propia máscara. Decía mi maestro Abel Martín –habla Mairena a sus discípulos de Sofística– que un hombre público que queda mal en público es mucho peor que una mujer pública que no queda bien en privado. Bromas aparte –añadía–, reparad en que no hay lío político que no sea un trueque, una confusión de máscaras, un mal ensayo de comedias, en que nadie sabe su papel.

     Procurad, sin embargo, los que vais para políticos, que vuestra máscara sea, en lo posible, obra vuestra; hacéosla vosotros mismos, para evitar que os la pongan –que os la impongan– vuestros enemigos o vuestros correligionarios; y no la hagáis tan rígida, tan importas e impermeable que os sofoque el rostro, porque, más tarde o más temprano, hay que dar la cara”.


     El subrayado no es mío. Tampoco el texto lo es. ¿Su autor? Antonio Machado. Para más señas: Maestro de escuela. Para más señas aún: Poeta y medio filósofo. El texto ha sido extraído del libro Juan de Mairena (Espasa Calpe. Madrid, 1986). Nadie sospeche de la intencionalidad que nos ha llevado a extraerlo y copiarlo y colgarlo de mil amores aquí. ¿Habrá en España clase más recta que la política? Tenemos unos políticos de estratosférico nivel intelectual y ético. ¡Salta a los ojos! Ellos (añadiré ahora: “y ellas”. Así no se dislocará demasiado la plebe feminista y, de paso, contradigo lo que de machista pueda haber en la literalidad del texto) siempre dan la cara.

     ¡Pero Siempre! 

     Risas. (Este subrayado sí es mío).

martes, 14 de julio de 2020

330/ No te lo crees tú ni harto de "Malafollá"

A colación del micro-ensayo (pero no tan micro) Visión culta y corazón educado. Lecciones de la crisis, encastillado en el libro Filosofía mundana (Galaxia Gutenberg), de Javier Gomá Lanzón.

Dice un viejo proverbio chino: “Nunca mates una mosca sobre la cabeza de un tigre”. Hablar mucho y sin control, hacer o deshacer a nuestro antojo, capitanear un barco o salir sin un rasguño de una pelea a muerte: aventuras y desventuras del hombre. Ojo: del hombre (no del robot). Quien nunca lanza ganchos a izquierda y derecha ni ordena que alguien agarre el timón de un barco ni da rienda suelta a la verborrea de bocachancla trasnochado no sabrá, a su pesar, lo que es vivir. Hay un caballero Gomá de la estirpe de los Lanzón que parece metido en salmuera a juzgar por la frialdad y el falso autocontrol de que hace gala y que, casi siempre, conduce a la represión mudada en zambombazo. Seguro estoy: este caballero no mataría una mosca sobre la cabeza de un tigre ni tampoco sobre la punta de un iceberg.
     Pienso. 
     Léanse estas líneas de don Javier referidas a la penúltima crisis económico-social sufrida por todo hijo de vecino: “La educación del corazón se ha manifestado en la ausencia de violencia callejera, el estoicismo crítico entre los recortes sociales, el perfecto funcionamientos de densas redes de solidaridad con los perjudicados o la admirable superación empresarial (…) Lo cual tiene aún mayor mérito si se tiene en cuenta la negligencia de una opinión pública dominada por el histerismo atolondrado y el papel desempeñado por el estamento intelectual, la gran decepción del drama”.
     ¿Ausencia de violencia callejera? ¿Redes solidarias perfectas? ¿Admirable superación empresarial? ¡Cáspita! Estaría alto el guindo…
     Pero todo no van a ser bofetadas con la mano abierta (en sentido metafórico). También hay caricias que de vez en cuando se materializan en el careto del intelectual de turno. Venga, Javier, vaya ahora para ti una merecidísima por estos renglones tuyos tan ilustradores (e ilustrados. ¡Albricias!):  “Hemos visto cómo (…) el coro de intelectuales que surcaron con júbilo y desenfado las olas de la prosperidad, al llegar las horas malas, olvidados del éxito colectivo, se abandonaron a una orgía de censura en todas las direcciones, censura de cortas miras y condicionadas por la posición ideológica y la circunstancia personal del opinado de turno, quien, con las enormidades enfáticas que profería, aumentaba la angustia y la desesperación de la desconcertada ciudadanía alentándola a buscar chivos expiatorios en los que tomarse venganza”.
     Chapó. La ideología no es buena. Totalmente de acuerdo.
     Ahora otra bofetada. Escribe el caballero Gomá: “De súbito, se disparó el índice de culpabilidad de los otros (…) Primero, las instituciones: partidos, sindicatos, comunidades autónomas, la Unión Europea, el mercado o Alemania. Pero siempre que se pudo se prefirió la personalización del odio: la casa real, los funcionarios, lo políticos, los banqueros”.
     Sí, hombre, sí. Lo que tú digas. No te lo crees ni harto de Malafollá, crianza de 2009, un tinto granadino de lo mejorcito que ha dado la tierra del moro Boabdil.
     Aquí, Javier, la has pifiado ¡pero bien! Ay de ti.
     Haré un alto en el camino en esos tres nobilísimos caserones: a) La casa real, b) los políticos, c) los banqueros. Los funcionarios son unos mandados. Dejémosles hacer su trabajo lo mejor que sepan o puedan. Y a los flojos ¡que les zurzan! Yo no sé si será la mayoría o no.
     a) La casa real víctima del odio. ¿De qué odio? ¿De quien no llega a final de mes? ¿De quien no es tontaina y se da perfecta cuenta de cuanto sucede en este país (¡se dice España!)? Si yo fuera el “ciudadano Borbón” (frase acuñada por un comunista republicano que vestido con un impecable trajecito y una formidable corbatita aplaudió alegremente al monarca no hace mucho: Alberto Garzón) haría mi maletita forrada en piel de cordero e intentaría imitar al señor Fox. Eso sí son unas vacaciones con gastos pagados como Dios manda. Y no las que tiene ahora, también con gastos pagados, pero no tan buenas porque debe hacer como quien trabaja un poco…
     b) Los políticos víctimas del odio. ¡No me lo puedo creer! ¿Han hecho algo merecedor de semejante sentimiento autodestructivo? ¿Han sido corruptos? ¿E inmorales? ¿Sí?… ¿Una miaja?… Vaya. Yo a los políticos les aconsejaría que fuesen al Instituto de Pensadores Orientales. Un poquito de Lao Tsé por acá, un poquito de Confucio por allá, un poquito de Xiaoping por acullá y ya tenemos hecho el milagro de la Iluminación. Estoy seguro.
     c) Los banqueros víctimas del odio. Cuidado: “banquero” no es sinónimo de “empleado de banca”. Mucho anestesiado hay, ahí fuera, que así lo cree. En granaíno: Animalico. Mi recomendación para los banqueros es que viajen a países del África profunda o de Latinoamérica en(red)ada. Yo no he viajado a ninguno de esos lugares. El hecho inobjetable de que no soy banquero me justifica. De ese modo se curarían de espanto. Como los españoles nos hemos curado, alguna vez, gracias a ellos. ¿Serán los banqueros unos mártires de la posmodernidad?
     Yo no sé en qué mundo vive Javier Gomá Lanzón. Yo sí sé que debe ser uno muy alejado del de otros muchos mortales como el menda lerenda: incultos, sí, pero de corazón educado. No helado. Y es que no hay ejemplo más palpable de lo que, de un tiempo a esta parte, vengo tratando de decir en este sacrosanto espacio para la libertad mía (que no liberticidio mío. O eso espero. Sopitipandos): la decepción grande que me ha supuesto descubrir a un pensador que me fascinó en una entrevista televisiva y al que, una vez leído, no hallo más gracia que la del lenguaje elevado al servicio de unas ideas (que diría mi amiga Analba) insulsas de toda insulsez.
     Estimado lector: no te dejes convencer por las apariencias de momento y vistazo cortos. Ponles freno. Echa mano del refranero español: “Aunque la mona se vista de seda…", del Opus Dei se queda, o similar.

lunes, 25 de mayo de 2020

321/ A diestro y siniestro

OPINIÓN

Ser de la Izquierda es, como ser de la Derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la Hemiplejía moral (José Ortega y Gasset)

De un tiempo a esta parte no puedo evitar pensar que la ideología es el mal mayor de la especie humana. Yo entreveo dos discursos envenenados en el mundo. Uno: el mediático. Y dos: el político. Los (H)unos y los (H)otros se emplean y empeñan en hacernos comulgar con ruedones de molino del Siglo de Oro. Cada jornada hay oportunidad de comprobar esto que vengo sosteniendo. Donde he dicho `mediático´ digo “periodismo y periodistas” y donde `político´, aquí a secas, “partidos”. Los periodistas: columnistas y tertulianos (algún escritor hay). Ya saben: blablablá a mansalva. O: ratatá a tontas y a locas. Rellenar espacio resulta dificultoso. Mucho. Démosle el mérito que merecen. Pero para `partidos´ los políticos partidos. Partidos, estos, por el meloso poder (plata. ¿O debiera decir: grana y oro?) y por esa dolencia que voces agoreras y viperinas dan en llamar: “Gastroeconomititis”. Uno de sus síntomas es irse por la pata abajo el adepto al estado de bienestar en tanto que el hacedor del mismo tose y estornuda y permanece en una cama de Hospital y hasta parece que respira y habla con dificultad y se le han henchido las gónadas masculinas (testículos) o femeninas (ovarios). ¡Quite, quite, la huchaca llena y después departimos de lo que usted quiera! Empiezo a considerar en su amplitud semántica lo que decía mi abuelo: “Vine en cueros y estoy vestido. ¿Qué más puedo pedir?”. Nada. El precio devendría demasiado caro: tumbada no a la bartola en cualquier hamaca del Caribe colombiano sino en un camastro frío de Hospital españolito y acechado por la Parca. Perdónenme la digresión. ¡Yo he venido a hablar de mi libro! Mejor todavía: de un extracto del libro (soporífero y convencional y cansino y más de lo mismo y erre que erre con la burra al trigo y yo no sé si bestseller) de otro. Su título: La carta esférica (Arturo Pérez Reverte). ¡Al menester! El extracto: “Era el nostos de los héroes homéricos: el retorno y la soledad de los últimos guerreros que regresaban a casa tras la batalla, para ser asesinados (…) o perderse en el mar, víctimas de la cólera [léase: de la COVID] y el capricho de los dioses”. Sí: refiero los sanitarios. ¿Primarán ellos la economía sobre todo lo demás? Permítanme que me rasque, perplejo, el cogote y emita un “ay” desgarrado y juicioso. Arrojaré un típico tópico de cierre: ¡Esto es España!

lunes, 30 de septiembre de 2019

309/ ¡Ptrrr!

Estimado lector: ¿tú has sido educado para el examen o para la vida? Yo lo fui para el examen. Hoy, por contra, para la vida. Lo melodramático es que, también hoy, debo aprobar un examen “desorbitado”. ¡Poca broma con la Pedagogía! 
     Escribió Azorín en La voluntad:
     “Lo que sucede en Yecla es el caso de España y el de otras naciones que no son España; es ni más ni menos el problema de la educación nacional.
     Los dos extremos son Francia e Inglaterra. Francia, política, oficinesca, educando a sus jóvenes para el examen. Inglaterra, práctica, realista, educando a sus hijos para la vida. Francia, con su sistema pedagógico, ha creado legiones de burócratas pedagógicos o de mohínos fracasados; Inglaterra, en cambio, ha colonizado medio planeta y ha logrado que el sajón sea un tipo seguro de sí mismo, en consonancia perfecta con la realidad, inalterable ante lo inesperado, audaz, fuerte”.
   Yecla es, al par, topónimo real y espacio novelístico (¿ficticio?). Lo que allá sucede no es una excentricidad: sus convecinos acaban presa de la apatía. No tienen voluntad. O tienen muy poca. Juzgo significativísimo el fragmento arriba copiado. Me han metido en la vereda de la prueba escrita. Obligatoriamente sigo enfrentándome a tan impertinente (e inútil) instrumento de evaluación del (des)aprendizaje. Y he de hacerlo con voluntad de picapedrero. Tenemos uno de los peores sistemas educativos del mundo. Aquéllos de la coleta, barba, veleta y “vox” vacilona y retadora (ésta con bucles en el cogote) procuran convencernos de lo contrario... 
    Adoptando forma de “o” con el índice y el pulgar (anular, corazón y meñique estirados), soplo por el hueco y da esto: ¡Ptrrr! 

lunes, 6 de mayo de 2019

303/ Reflexiones humanistas

Confesaré algo: no logro tomar el pulso a Immanuel Kant. Quiero decir: a la filosofía de Immanuel Kant. La inteligencia del hombre (para los feministas quisquillosos añadiré: “y de la mujer”. Olvidan, éstos, que género y sexo no son la misma vaina. ¡Bah! Que lean a Francisco Rico. Yo no soy feminista. ¡Oh, sacrílego de mí, qué digo! ¿Vendrán a buscarme los de la brigada anti-incorrección política? A mí plin. Yo soy humanista: sí a la igualdad de derechos y “obligaciones” de mujeres y hombres pero libre, sin ese, de la pancarta y de la consigna y de todo malsano proceso de ideologización. ¡A la libertad por la libertad! Lo repetiré por si hay algún despistado leyendo este texto de mi deficiente factura: ¡A la libertad por la libertad!) es lingüística. José Antonio Marina lo afirma en el libro El vuelo de la inteligencia. Yo le compro tan sugerente afirmación.
     Tengo asimiladas algunas cuestiones de la filosofía del prusiano. Refieren, éstas, modos de pensar. Lo que aquí se plantea es menos difícil que intrincado. Kant ponderaba la existencia de cuatro “pensamientos” con base en cuatro tipos de proposiciones. Uno: analítico. Dos: sintético. Tres: a priori. Y cuatro: a posteriori. El primero se produce cuando el sujeto incluye al predicado (p. ej., con cierta trampa: “Los políticos charlatanes son charlatanes políticos”). En el segundo no ocurre esto (p. ej.: “Los políticos mienten”. Aquí sin trampa). El tercero depende de la percepción (p. ej.: “Los políticos son servidores públicos”). Si transformamos el anterior ejemplo en un pensamiento a posteriori da lo siguiente, sin trampa, aunque con fino cartón: “Los políticos son servidos por el público”).
     ¿Estaré confundiendo “churras” con “merinas”?
     ¿Me habré vuelto sarcástico y, por ello, injusto de pronto?
     ¿Diré (con Marco tulio Cicerón): ¡Oh, tempora, Oh, mores!?
     Continuará… O no.      

jueves, 25 de abril de 2019

302/ La mala educación

Una vez (corrijo: una y ciento) me he preguntado en qué diantres (tanto monta: ángeles revelados) se fundamenta nuestro sistema educativo. He imaginado respuestas verosímiles. Estas no me han satisfecho ni poco ni mucho ni nada (confesaré algo: ignoro el motivo). Mi mente las ha registrado de modo automático. Yo dejo los automatismos para Breton y sus correveidiles posmodernos. Risas.  
     Lo diré sin rebozo: Emilio Lledó me ha decepcionado. Le había sobrepuesto la estola de sabio cabal. Se la arrebato, ahora, y la cuelgo en el perchero de lo por venir (Juan Ramón dixit). Este otro andaluz universal y ex-predilecto mío comete dos errores (acaso garrafales). Uno: practicar una escritura enrevesada (con defectos de forma). Y dos: airear un argumentario pobre cuando el blanco de su afilado juicio es el Liberalismo (lo mismo denunciaría, aquí, un servidor de nadie caso de tratarse de la Socialdemocracia. No me pliego, sin fisuras, a ninguno de esos modos de "politizar": de ellos aprovecho lo aprovechable y rechazo lo rechazable. Pregunto: ¿Lledó no ve nada positivo en el universo de ideas liberales? Un botón de muestra: no sé a cuento de qué la educación privada y concertada representaría a Lucifer en tanto que la pública a Dios. Juzgo raquítico el argumento de Emilio: una pura cuestión dineraria. La libertad de elección de padres y madres o tutores legales no convence un punto al erudito. Con su pan se lo coma. 
     Quevedo escribió:
     “Que el viejo que con destreza
     Se ilumina, tiñe y pinta,
     Eche borrones de tinta
     Al papel de su cabeza;
     Que enmiende a naturaleza
     En sus locuras protervo;
     Que amanezca negro cuervo,
     Durmiendo blanca paloma,
     Con su pan se lo coma”.)
     Conecto, ahora, con el inicio de este Post.  
     Al cabo acaba yéndoseme la mano y…
     Emilio Lledó está, a mi juicio, sembrado en el siguiente fragmento que de mil amores copio (todo no va a ser decepcionante):
     “Sin entrar en las diferencias, por otra parte esenciales, entre los diversos países y las distintas áreas de influencia y de desarrollo en las que están situados, y limitándome exclusivamente a España, se pueden establecer los siguientes estratos, en los que se configuran distintas formas de contenidos educativos:      
     1. Escuelas y universidades que se rigen, en principio, por las orientaciones provenientes de la autoridad política, y que además solidifican hábitos pedagógicos arcaicos, pequeños islotes de poder y autoridad absolutamente irracionales.
     2. Sistemas de valores, coincidentes o excluyentes, pero dominante siempre alguno de ellos y que, con cierto grado de imprecisión, entran dentro del nombre genérico de ética
     3. Doctrinas religiosas o escatológicas que determinan actitudes y comportamientos y que proponen modelos imitables de conducta.
     4. Núcleos familiares y espacios sociales muy concretos que, consciente o inconscientemente, hacen propuestas orientadas a determinadas formas de aceptar, rechazar, interpretar la vida, organizar nuestro propio destino, etcétera.
     5. Productos culturales diversos, literatura, arte, divulgación científica, accesible a nuestra sensibilidad y que, con mayor o menor provecho, están actuando sobre nosotros.
     6. Ideologías políticas, en cuya aceptación o rechazo se suelen manifestar confusas y opacas mezclas de intereses, traumas psíquicos, fanatismos o idealismos. Las razones –o las sinrazones– por las que se elige y asume una de estas ideologías constituye uno de los problemas más apasionantes en el estudio del ser humano”. (Sobre la educación. Taurus. Barcelona, 2018. Pág., 204).
     La pena es que Lledó no se aplica a sí mismo el cuento de la ideología engatusadora… 
     ¡Qué decepción, don Emilio, qué decepción!  

lunes, 18 de marzo de 2019

301/ Clamando Filosofía

Una verdad extendida es esta: No somos libres. Yo lo vengo denunciando desde tiempos inmemoriales. El populacho cree lo contrario. Igualmente el poderoso. El empoderado no constituye ninguna excepción. Nadie (con ene mayúscula) es libre. Sostener la propia libertad significa que quien lo hace no es, por ventura, libre: recuérdese la caverna de Platón. La culpa recaería sobre los hombros de los hombres. O sobre los Mass Media (la TV al frente. La prensa le va en zaga) y los partidos políticos. También las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Estaríamos tecnificados y mecanizados en exceso. Acaso juzgo óptimo lo primero (tecnificados). Lo segundo (mecanizados), hiriente. El sistema educativo no quedaría lejos. Así la cultura, de que este se nutre, de apoco muy muy prescindible: tan posmoderna ella. Yo no sé qué está pasando. Yo sí sé que falta Filosofía y sobran ideologías. 
     Buscaré un texto ajeno… 
     ¡Cáspita! Lo he encontrado y, por ello, copio: 
     “Nos convertimos (…) en pequeños bloques ideológicos o, mejor dicho, en insignificantes maquinarias a las que incorporamos, como si realmente fuesen estímulos mentales, una serie de estereotipos virtuales sin idealizad y libertad. Lenguajes falsos, pues, que nos llenan con la terrible lógica de la falsedad. Porque esa lógica se hace de los retazos que sostienen pasiones egoístas, soluciones incompletas a los problemas de la vida y de la sociedad. Una lógica de la incoherencia que, sin embargo, cohesionamos con los quebrados fragmentos de la `publicidad´ política e ideológica que nos sirven, efectivamente, para la total enajenación. Todo esto nos conduce a un hecho fundamental de la sociedad de nuestros días. Los individuos que componen esa sociedad no pueden ser personas, seres autónomos y reales, si no tienen posibilidad de desarrollar su propio pensamiento por muy modesto que sea. Un pensamiento que solo se nutre de libertad” (Emilio Lledó. Sobre la educación. Fragmento del “capitulillo” intitulado: Necesidad de la literatura. Taurus. Madrid, 2018).
     ¡Chapó! 
     Señores políticos: déjenme vivir en la verdad. Entiéndanme: no quiero la mía. Y que me disculpe el poeta del limonero… 
     Anotaré algo:    
     –Podemos (hipócrita).
     –Ciudadanos (tremendista).
     –Izquierda Unida (utópico).
     –Partido Popular (perturbado).     
     –Partido Socialista Obrero Español (orgulloso. En demasía).
     –Vox (fanfarrón. Risas).
     Y ahora…
     –Parménides (impulsor).
     –Platón (visionario).
     –Aristóteles (agudo).
     –Kant (inteligente).
     –Schopenhauer (profundo).
     –Wittgenstein (lógico).
     Para qué seguir. Compárese y si se encuentra algo mejor, por Buda, léase.