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domingo, 11 de junio de 2017

266/ Una máxima vital

Leyendo un artículo (2010) de Vila Matas he dado con este nombre: Aleister Crowley. Me gusta leer prensa inactual por razones del todo literarias: el tiempo la convierte (o eso me parece a mí) en ficción. Y donde se ponga Ficción que se quite Realidad. Yo no me avengo con aquello de que “a veces, la realidad supera a la ficción”. ¿Me reiré? Lo juzgo una patochada. 
     Ignoraba la existencia del portador del nombre (y el nombre en sí) mentado y también de la secta que aquél lideraba. No (mágicos caminos zigzagueantes los de la literatura) su máxima: “Haz lo que quieras”. La leí en El sendero de la mano izquierda (Fernando Sánchez Dragó). Inmediatamente la hice mía. Lo que ni Dragó ni Vila Matas airean (que yo recuerde) es la segunda parte de la sentencia “diabólica”. A saber: “Tu voluntad es la única ley. La ley es el amor”. ¡Ojo! Cito de ¿des-memoria? San Agustín (siglo V) vino a decir lo siguiente: “Ama y haz lo que quieras”. 
     Enrique: “haz lo que quieras”, sin añadidura, no. Yo acojo en mi seno la Regla Áurea.

martes, 5 de noviembre de 2013

110/ Cuenta Borges... (XXIV)

(...de Inquisiciones)



Cuenta Borges, citando a san Agustín, la siguiente preciosidad: In verbis verum amare non verba. En román paladino: Apreciemos la verdad por encima de la palabra. Lo dicho va radicalmente en contra de mis creencias formalistas y lo pondero con gusto. Algo en mí se está mudando. Parece que el maestro no predicó con el ejemplo en Inquisiciones: libro atiborrado de forma y de significantes y de verdad. Otro tropiezo es el relativo a atizar de lo lindo y con brevedad a las palabras Misterio y azul. La primera me es más ajena aunque encierra una “certeza” que me toca dentro. Escribe Borges: <<Tampoco hemos de arrimar la poesía (…) a la mística (…) e imaginar que (…) equivale a un hallazgo de afinidades ocultas y parentescos escondidos; (…) equivócanse de medio a medio los que creen en el alma de las cosas>>. (Ortega, Juan Ramón y María Zambrano ambulaban en sentido contrario. Sé que Borges alude antes a la metáfora y conjeturo que la mística le era, en efecto, cara). Y en cuanto al término segundo: <<Apareado a nombres abstractos el adjetivo azul nada dice>>. Yo veo la vida azul y el mundo y los hombres y el alma me resultan un recabar de tonos azules. Me enamoré de otro azul y me anegué de él. Al leer, tristemente, lo que el bonaerense opinaba sobre este epíteto al que tilda de <<palabreja>> he montado en cólera.

     Voceo: ¡Vivan los azules y que el poeta los emplee como y donde quiera! Lo siento, maestro, pero ahí no parto peras con nadie.