miércoles, 25 de noviembre de 2015
208/ Post enigmático
lunes, 22 de septiembre de 2014
159/ La joven de la perla y septiembre
jueves, 17 de abril de 2014
138/ Memoria lírica y confesa
Durante años guardé lo que JRJ no sólo no guardó sino que aireó en su Tercera Antología Poética para uso y disfrute de sus lectores. O de quienes tuviesen el feliz albur de recalar en la costa de aquellas páginas de la recopilación de poemas a que acabo de aludir sin constituirse, por ello, sino en "hojeadores" de paso de la misma.
Se trata de dos (¡y qué dos!) poemillas. Oberón habla, en el primero de ellos, a Titania; dice así: <<Mar en calma, la noche plateada/ se ofrece inmensa a mi amargura;/ ruta total de puro azul/ para ultraocasos solos de ventura última.// ¡Si a ti yo llegara,/ nadando en esta despejada luna!>>. El subrayado es mío: azul por ser azul mi desdicha… (que entienda quien pueda). En el segundo es la voz de Oberón, quejumbrosa y vagabunda, la única que se oye. Enuncia ésta lo que sigue: <<No te he tenido más en mí,/ que el río tiene al árbol de la orilla;/ yo, pasando, me estaba siempre en tu alma;/ tú, estando en mi alma siempre, nunca te venías…/ Bastaba un cielo vago, un pobre viento,/ para que desaparecieras de mi vida>>.
Sendas composiciones, que yo leí y releí en la Tercera…, hoy las leo y releo en Idilios. Fueron las que más me deleitaron de aquélla; son las que más me placen de éste. Las ojeaba y cursaba con mis ojos como si de dos bellas flores silvestres se tratase, tanto olor lírico expelían…, y tanto dictaban el color de mi propio sentimiento suscitado por Ella siempre… A nadie los leí; jamás los recité a nadie. Por circunstancias, no quise compartirlos. JRJ los cantó con mi corazón sin sordina cuando fueron concebidos por él y puestos, luego, en negro sobre sepia. Nunca se lo dije a LPR (Ella entonces) y nunca los olvidé del todo. <<¡Si a ti yo llegara, nadando en esta despejada luna!>> (JR dixit).
No sé él (JRJ); pero yo llegué a LPR. Algo acaeció en la Asturias costera. ¿Fue, quizá, en Cudillero? Un plenilunio septembrino y una cabina de teléfono; la voz de Ella, el <<mar en calma>> y <<la noche plateada>>; amargura por no tenerla allí, conmigo... Los dos versos más elocuentes de lo que por aquel tiempo borbotaba en mi interior en forma de pensamientos y sentimientos, son estos (de JRJ): <<(…) Yo, pasando, me estaba siempre en tu alma;/ tú, estando en mi alma siempre, nunca te venías…>>.
Ella se esfumó de mi vida y a mí aquello me rentó la malandanza de tener que ver las hojas de los árboles del amor esparcidas, por un pobre viento, sobre mi alma pobre…
¡Delírium trémens!
viernes, 28 de marzo de 2014
131/ De JRJ (IV)
Y hasta aquí, por ahora, Idilios. Hoy pregunto a Juan Ramón desde el sosiego más absoluto: ¿Qué haces, maestro? Y el poeta de Moguer se mini-explaya en clave de final de título. Dice: “Echado en la baranda de la vida,/ mira mi alma pasar el largo/ río del tiempo.// Echo al agua una flor,/ le pienso/ una duda más bella,/ le contemplo/ una luz más divina,/ la dejo/ pasar, sin verla./ Me duermo…// En sueños, oigo el agua/ correr, correr, correr./ La sueño./ Y entonces ella me ve a mí/ corriendo, cada noche, muerto…”. Muerto, no. Vivo. Vivo y bien vivo. Mejor: requetevivo.
Tus versos, JR, resollarán siempre y su corazón palpitará con una diástole y una sístole no de break beat o latido roto sino de vals armonioso y melodioso y brumoso y (por qué no) fastuoso. En ellos me hundiré yo con Ella, que es tuya y es mía. O sea: con Zenobia y con… ¿Para qué subrayar lo que ya fue y será subrayado en esta bitácora más de una y de dos y de tres y de no sé cuántas veces? No. Incurriría en revelar una realidad; no en desvelarla. Quien desee conocerla (la realidad intangible de que hablo) que ojeé al trasluz los negativos de esta antigualla fotográfica en que se ha convertido mi pobre memoria escrita en electrónico negro sobre blanco acristalado… ¡Oh, Dios mío! ¿Seré, a la postre, como Florentino Ariza?…
jueves, 27 de marzo de 2014
130/ De JRJ (III)
Todavía más Idilios. ¡Habla, Juan Ramón: dime, dile y diles algunos versos representativos! Y el poeta habló: <<Al encontrarte, Amor, hallé el Idilio (…)// ¡Ay! ¡Ojos del Idilio/ claros, marinos, entre tiernos tallos/ que colgaban de verde (para mí azul) aquellas trenzas (para mí guedejas a su aire)/ de oro, sobre los finos hombros blancos!>>. Y qué digo, si puede saberse, yo ahora… Inmerso estoy en una pesadilla: Ella me persigue noche y día y tarde y… ¿es que me dejo yo atrapar? Pues sí. Me dejo. Demasiado se está alargando ya la agonía en carne (la mía) propia. Aunque lo es, digo: la agonía, mental y solo mental… Lo juro. Pero de pensamientos vive el escritor. ¿Y de palabras? No, no. Éstas se las acaba llevando el viento. Más vive de su alma (la de las palabras), de su esencia (la del alma de las palabras), de su contenido (el de la esencia del alma de las palabras). Entonces oigo una voz…: ¿Es que las palabras se las lleva el viento? Y otra…: Un, dos, tres… ¡Despierta!
Nada: sigo embelesado en los brazos de Morfeo feo y embrutecido por los dislates comunes de los sueños agónicos y alegóricos… <<Pero qué diantres digo>>, digo yo ahora.
martes, 18 de marzo de 2014
128/ De JRJ (I)
Leo Idilios. Otra vez, y cuantas más veces mejor, Juan Ramón Jiménez y su obra todavía en marcha para toda una legión de lectores (entre los cuales felizmente me hallo). A lo que iba… Hay en el haber del título arriba enunciado un poema, Invierno, que dice: <<Los dos, sí, los dos…// El fuego/ agradable y rosa, empieza/ a lamer la pared íntima,/ con sus elásticas lenguas./ La lámpara está apagada./ Ya hemos cerrado la puerta.// Y, abrazados, tú riéndote,/ ojos y labios se besan…/ Los dos, sí, sí; los dos dentro…// Mas ella se queda fuera>>.
¡Rudo golpe asestado contra mi plexo solar! Nunca Ella se queda fuera… Qué más quisiera y anhelara yo que Ella pudiera no ya quedarse sino estar esporádicamente fuera… Para que hubiese lugar a eso habría yo de saltar por la borda del buque de guerra de la vida y abandonarme a las gélidas aguas del océano que mantienen a flote al susodicho navío o a los integrantes de la no menos susodicha subdivisión marítima provistos de escamas para respirar y de aletas para nadar…
No. Tal cosa es imposible hoy por hoy como imposible fue ayer y no sé si lo será mañana. Yo no estoy en disposición de saber qué (o qué no) ocurrirá a partir de este mismo instante. El hombre propone y la vida dispone. ¿Y no será que donde digo <<hombre>> digo <<poeta>>, y donde <<vida>>, <<destino sentimental>> o <<azar pasional>>…? Ay.
miércoles, 8 de enero de 2014
120/ Tres reflexiones
Esbozaré tres reflexiones inducidas por un interrogante. He aquí la primera: ¿Qué es el tiempo? Una sucesión de instantes que son materia temporal… Cada milésima de segundo engloba un mundo de instantes; la vida de cualquiera, desde el nacer hasta el morir, una eternidad de tiempos. La eternidad no traspasa lo que la engloba: su propio tiempo de instantes; ni el suyo, la eternidad de la eternidad; ni el suyo, otro tiempo de instantes mayor: la eternidad de la eternidad de la eternidad. Creo que Berkeley y Hume congregaron en algunas páginas esta metafísica. Desconozco si esencialmente fueron felices o vivieron atormentados por la ignorancia.
Quiero determinar el presente como único tiempo que fluye; e ilusorios, el pasado y el porvenir. Por ello, Ella no está en mi memoria y no está en mi esperanza, sino Aquí y Ahora. Un Aquí y Ahora simultáneo a su Aquí y Ahora. Simultáneo y acaso contingente.
La segunda reflexión inducida por un interrogante es la siguiente: ¿Es infalible la etimología? Gustavo Bueno opina que quien no sabe latín tiene vedado el paraíso del filosofar. Otros entienden lo inverso: las transformaciones sufridas por una palabra, a lo largo del tiempo, diluyen su raíz: el sentido primigenio de que gozaba se extingue. Quisiera pensar que al final de una serie combinatoria (atribuciones de sentido a una palabra) aguarda el azar y el gusto y la repetición. A despecho de esto, yo estoy con Bueno.
Y, finalmente, la tercera reflexión inducida por un interrogante es: ¿Corroe el desencanto? Tras muchos años como lector no soy deleitado por cualquier texto (refiero el nivel del escrito). Cada vez siento más apremiante la necesidad de escribir aquello que los otros no escriben. O aquello que los otros no pueden escribir porque aún no existe. Calculo que quizá los otros ofrezcan todo lo que es dable ofrecer al mundo. A la vuelta, se ubica el lugar común (la Literatura está plagada de lugares comunes) y el tedio. Sin obviar que mis textos no alcanzan la cualidad de originales (en el sentido de novedosos). Los juzgo deficientes y desafortunados. Por eso, me parece, continúo leyendo a quienes no ofrecen más que lo acostumbrado; vale decir: lo heredado.
El espíritu de un escritor se imbuye de quienes le preceden y afecta a quienes le sucederán. Ocurriendo, por qué no, que el pupilo elucide al maestro y no a la inversa. He leído y comprendido y no sé si compartido tal opinión porque carezco de pruebas fehacientes. La afirmé en un post anterior. Podría, ahora, retractarme de ella. El snobismo consiste en agenciarte el argumentario de otro para airearlo como propio. No seré yo quien curse semejante barbaridad (“propio” me disuade…). A veces no es evitable coincidir con el modelo: la afinidad <<opinativa>> opera y nos persuade con razón. No hay que pedir, por ello, excusas a nadie. Sino demostrar que lo sostenido se fundamenta en algo con que comulgamos y no en axiomáticas creencias. Un axioma deja de serlo cuando lo refuta otro axioma. Es indemostrable que yo ame a Ella porque el amor es abstracto e intangible. Definirlo no serviría de nada. Únicamente en la memoria del recordador deviene cierto un recuerdo. Lo demás es ilusión: la de quien se sabe recordado. Igual sucede con lo intangible-importante en la vida. Se vuelve tangible y liviano, escribiéndolo. La trivialidad de un deseo escrito deja paso a otro deseo menos trivial por inconcebible. Es el síndrome del folio en blanco…
¡Lagarto, lagarto!
lunes, 16 de diciembre de 2013
117/ Amores ocultos
Ya La peste es uno de mis libros de cabecera. Su autor (Albert Camus) no escatimó en grandeza literaria al escribirlo. Es novela proverbial. Gigantesca. Purísima. Dos vertientes suyas me han hipnotizado: aquella que perfila la condición humana en tiempos de penuria y pavor (general); y aquella otra que refiere el sentir del hombre individualista en toda época (particular). Ambas suponen para mí una corroboración y decenas de recuerdos. Corroboro la colectivización social en medio de un clima de sufrimiento y opresión generalizados (piénsese en la cacareada crisis actual). Escribe Camus: <<(…) Todo consistía en renunciar a lo que había en ellos de más personal. Mientras que en los primeros tiempos de la peste eran heridos por una multitud de pequeñeces que contaban mucho para ellos y nada para los otros (…), ahora, por el contrario, (…) se interesaban en lo que interesaba a los otros (…)>>. La segunda vertiente es la del amor que da y no recibe quien se ha independizado de todos y de todo. Camus alude al materno y al fraterno. Yo lo hago extensible al carnal, comúnmente denominado “de pareja”. Prestémosle atención a Camus: <<(…) Y ella llegaría a morir –o él– sin que durante toda su vida hubiera podido avanzar en la confesión de su [amor]>>. Espeluznante. Ocurre a menudo; me atrevería a apuntar: más de lo imaginable.
¿Por qué callamos? ¿Qué nos induce a ocultar amor? Camus aventura una causa: <<(…) Vivir únicamente con lo que se sabe y con lo que se recuerda, privado de lo que se espera>>. Y concluye: <<No puede haber paz sin esperanza>>. Perdida ésta en el regreso de un amor que pudo ser o seguir siendo y que no será, es claro, nos entierra en vida. Entonces buscamos crepúsculos con que calmar nuestra ansiedad o textos hermosos con que refutarla. Entretanto hay un hombre o una mujer, ignorantes, que nunca sabrán nuestro desvelo. ¿Merece esto la pena? ¿Es justo? Una revelación de amor no debería incomodar sino, más al contrario, gratificar. Aunque el sentir que la fundamenta no sea correspondido.
viernes, 1 de noviembre de 2013
108/ Cuenta Borges... (XXII)
Cuenta Borges dos rasgos esenciales y transferibles de la escritura de Herrera y Reissig. Uno: la conversión en psicología de hechos del mundo aparencial. Sirvan como ejemplo estos versos: (<<Y palomas violetas salen como recuerdos/ De las viejas paredes arrugadas y oscuras>>). Y dos: una métrica precisa y una temática uniforme. Otra vez, Juan Ramón. Pocos poetas conozco que hablen y no hablen siempre de lo mismo. Hay quien censura esa uniformidad de obra. A mí, con Borges, me parece una genialidad acrecentada con esfuerzo creador. Siento alegría al comprobar que el maestro argentino supo ver lo que yo solo entreví en ciertas tardes de amor peripatético. Entonces leía al de Moguer y Ella (<<blanca y rubia, como luna con sol>>) estaba en cada verso. Pero dejemos el pasado con el pasado y cerremos la jaula a las <<palomas violetas de las viejas paredes>>...
lunes, 3 de junio de 2013
73/ Villa Adriana (সে)
En el Templo de Villa Adriana el estilóbato es el dolor. Vendría a suponer sostén de fuste la soledad. Un bajorrelieve reza: Fiel a estar sola. Jo. ¡Ya es mala pata! ¿Viento opuesto? Amainemos velas, qué remedio… El collarino del capitel se erige en voluntarioso esfuerzo creador. Ingresa otro bajorrelieve: Lloré pétalos de una flor mermada; once campanadas, un campanillazo: dos tónicas correlativas. De acarrear “pétalos” el golpe de voz en el 2º pie habría respirado un <<heroico pleno>> hermosísimo. Lástima. El morbo de la poesía post-postmoderna: la libre cacofonía del verso libre. En granadí: de naíca se puede culpar a la constructora del Templo, carne de post-postmodernidad, como todos. O casi todos. Ay. Prosigo… El equino pasa, pluma en ristre, por ligero juego de muñecas… Fantásticamente estampado en: (…) antropomórfica/ antropofágica/ antropogangrenosa/ antroponoquieroseguirestamuerte (…) Y el ábaco se perfila con buril de carácter alborozado. ¡Bien, muy bien! Pero no aquietaré mi trote aquí. El arquitrabe del entablamento adquiere fisonomía de cabeza humeante… ¡Rebién! Su friso frisa en egocéntrica chispa lírica (acaso, ya, no tan bien). Aunque he de apostillar: todos los líricos adolecen de ella (¡io sono il centro del mondo!). La cornisa se despacha a modo de cavilaciones, augurios y conjeturas emotivos. ¡Mejor, mucho mejor, que bien! Y el frontón convoca un paralelismo: el existente entre la necesidad de esculpir y la personalidad depresiva de quien esculpe; con un colofón: la acrótera del perfeccionismo indagado a machamartillo. ¡Requetebién!
En Villa Adriana hay un Templo recoleto y pizpireto llamado Parches. Yo no lo distingo de ese modo. Su traza arquitectónica es adornada con perfiles semejantes a los de su artífice. Y más post-postmodernuras: ningún (casi ningún) signo de puntuación se ofrece al visitante. Sí hay convergencias fónicas asonantes y consonantes que amoscan los ojos. <<Impaciencia>> con <<obediencia>>, verbigracia, en la columna nº 20. Y lagrimean, los míos, al contemplar una gavilla de inscripciones en que sobresale: Caigo del columpio por querer ir al cielo/ Otra herida en las rodillas/ y mi madre diciendo/ La caída duele. Para abortar mi llanto lo tomo por el flanco bueno: cielo, goce. ¡Quia! No puedo por menos de preguntarme: ¿Complejo de culpa suscitado por una promiscuidad terapéutica y desbocada? No lo anhele Buda. ¡Viva ese puerto perpetuo <<de sí retorno>>!
Apretujaría yo a la hacedora del Templo por el vigésimo noveno y trigésimo grabado. Los dos son fantásticos sin pera ni pero. Y pienso (mal que me pese) en la color mortuoria de las columnatas. ¿Reflejo del potencial creativo de la constructora? ¿Mera mácula originada por las mordeduras del Tiempo? O, tanto vale: ¿Personaje o Persona? Espero (a más no poder) lo primero: personaje. Y, ¿la espera? ¿Quién espera? Quién no espera… Ay.
Concluyo: la Piedra del Santuario podría ser zen. O sea: de un budismo a base de sosiego intemporal. Como las habidas en Nanzenji, Kioto. lamentablemente barrunto que no será así. Porque, Piedra: Elemento inerte./ Sempiternamente/ nace y, oh, fenece/ a tiempo perenne.
Entre pros y contras he conocido (burla burlando) el Templo de Villa Adriana. ¿Qué aún no he desvelado qué sobrenombre le endilgo? Este (en bengalí): সে.
jueves, 2 de mayo de 2013
69/ Beldad muñozrojasiana
Demanda mi álter ego: <<¿Cuál es el mejor soneto que has podido degustar hasta hoy?>> Sea. Helo aquí (no lleva título):
<<Si te llamo azucena, si te llamo,/ ¿a qué jardín del mundo no le obligo?/ Si te digo romero, si te digo,/ ¿a qué monte del mundo no reclamo// que tenga tu color y olor? Te amo/ por el romero en ti, porque te sigo/ como a jardín del alma que te digo,/ como monte del alma que te llamo.// Y con tanto nombrarte y renombrarte/ sin variar de nombre, a cada cosa/ bella, la voy llamando con mi acento// y las dejo morir al silenciarte,/ y si digo azucena y digo rosa,/ las nombro a ellas, pero a ti te siento>>.
Factura: J. A. Muñoz Rojas.
Íntegramente daría mi vida de anacoreta por haberlo escrito yo. Cambiaría, por él, toda mi obra. Por él me consagraría a otro menester cuya “concubina” no fuese el abecedario. Con él aludiría a Ella (y ¡a tente bonete!). Escribir de este modo deriva en rectilínea plática con Dios. Me agencio, por derecho, tal soneto como sanctasanctórum personal y transferible…
Ave, maestro.
jueves, 28 de febrero de 2013
59/ Nos
Yo transmigro a ti. Releo Soledades y Galerías, de Machado, y "sueño caminos en la tarde". Con Ella sin mí. Conmigo sin Ella. Ambos sin nosotros. Traspongo, mía sobre tuya, la 1ª y 2ª persona del singular. Arribo a la 1ª del plural. Aquí, me aquieto. Yo ponderaba soledades. Hoy, enaltezco colectividades. Hoy, postergo individualidades. Tan honda y caliginosa galería hollaron mis pies. Tú habitaste (Ella habita) el mágico valle de Orfeo. Y yo con Ella. Y Tú conmigo. Y Nos con nosotros.
viernes, 30 de noviembre de 2012
41/ Cronos, Laskmi
Hoy me es dado pensar en la belleza; pero no, exclusivamente, la material. Su campo se extiende más allá de la pura matemática…
Pregunto: ¿La cursaría (la belleza de que hablo) quien amase a alguien o a algo? ¿Y quien compartiese…? Hora es de diversificar lo bello. Nadie se embelesa con un solo ser (con un solo objeto).
Belleza y bondad (en su Gorgias lo consignó Platón) se definen juntas. Dispone bien y libera hermosura aquel que comparte su tiempo y su energía…
Yo te ofrendo los míos.
Indago: ¿Cabría un misántropo dadivoso? Juzgo impracticable la réplica.
Perplejo y suspenso, al respecto, me hallo.
martes, 13 de noviembre de 2012
35/ Detonante borgiano (I)
Nélida es nombre de mujer…
Leo a Borges. En la pág. 101 (Debolsillo) de El informe de Brodie se recoge tal nombre. El estómago me ha dado un vuelco al examinarlo. Siempre anhelé escribir: <<Nélida, mi amor…>>; <<Tus ojos, Nélida, son…>>; <<Te amo tanto, Nélida…>>.
La escritura es autobiográfica o nada es. Jamás frecuenté a ninguna Nélida. Ni aún indirectamente. De mentas conozco a Nélida Piñón (escritora brasileña) y a su homónima Quiroga (actriz argentina). Con ninguna tuve la dicha de compartir.
El otro nombre de mis desvelos: Amalasunta. De resonancias novelísticas sudamericanas adolece; al igual que Amaranta: Gabriel García Márquez me lo ofrendó decenas de páginas adentro. De varón: Maimónides y Bosco deleitan mi hedonismo verbal (acaso barroco). A todos ellos sobrepasa Nélida.
Sueño con ella, Nélida, a quien atribuyo rasgos de <<Ella>>; con su verbo (arrebatado a otra); con su cuerpo de sílfide (transmigrado). No deviene, a mi pesar, en Nélida. El nombre propio no puede trasvasarse a ajenos. Un interrogante me despabila la conciencia: <<¿Dónde estás, amor mío?>>. Es entonces cuando me consagro a mi rutina.
viernes, 31 de agosto de 2012
19/ Ella
Preguntan quién es <<Ella>>. Todos lo hacen (preguntar: <<Pero, ¿quién es?>>). Se les antoja propulsora de esta bitácora. Yo sé quién fue: Beatriz, Leonor, Filomena… Es El pájaro en la rama, un pasaje de El amor en los tiempos del cólera, una fabulación de Ficciones… Será (conjeturo) de sol, de luna, de agua.
Preguntan quién es <<Ella>>. Tal sustancia no se indaga. Exhumarla resultaría (para Ella) importuno. E ídem para mí.
Quedará Ella, así, oculta en mí. En mí, que no apuesto un ápice por mí mismo, por ser boquirroto (de tecla fácil. Arriesgaré, ahora, el engendro verbal de rigor: <<Teclirroto>>. Pues eso que decía: por ser teclirroto). No sucumbiré al deseo de desvelar su verdadero nombre.
<<Ella>> es ella; sin más.
Pero, con todo, no es poco. Dado que trasciende lo monolítico para abrazar lo articulado. El término <<Ella>> (con mayúscula inicial) la articula, proveyéndola de vida, insuflándole corazón… Y es sabido que <<quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca>> (Popol Vuh dixi).
No erro, pues, llamándola de esta guisa: <<Ella>>. Los demás, quizá, erran presuponiéndola esto o aquello sin todavía conocerla (ni de vista ni de mentas). Un disparate todo.
¡Todo!
jueves, 16 de agosto de 2012
9/ La ufanía
Áulico Yago: Cuentas nueve meses en tu aljaba. Estas hojas volanderas te rinden pleitesía. No eres poeta, ni pintor, ni músico. Todavía, no. Sí, uno de los propulsores de mi existencia. El otro es la literatura. ¡Cómo no adjudicarte espacio alguno aquí!
Eres de luna con sol. Como lo fue la Filomena de Juan Ramón Jiménez. Y eres epigrama. ¿Alguien prejuzga, aún, tu preeminencia en esta bitácora?… Adoleces de incalculable valor: respiras.
¿Mi empeño? Mostrarte verosimilitudes. El de tus padres (y mío. Y de todos), verte crecer. El de tus abuelos, aferrársete. Todos te proyectamos libre; no lo olvides nunca.
Y si te da por seguir mi estela…
Uno: no indagues en la utopía.
Dos: di asiduamente “te quiero” a quien, según tu criterio, lo merezca.
Tres: no leas hasta la extenuación (sí, lee).
Cuatro: no seas escritor; la mayoría de nosotros nos envanecemos…
Ahora contemplaré los dos astros azules que tienes por ojos… Balbuceas. Me allego, sigiloso, a ti…