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viernes, 14 de junio de 2024

452/ La "Palabra Correcta"

OPINIÓN


Uno de los `mandamientos´ del <<Camino Óctuple>> es la <<palabra correcta>>. Camino Óctuple: ocho actitudes beneficiosas para la humanidad; ocho formas de cumplir con lo que el Buda difundió. Mejor aún: ocho formas de iniciarse en el Dharma con el fin, es claro, de emprender las ocho; no una solo. Pero, ¿qué es exactamente la <<Palabra Correcta>>? Aquí no se trata de corrección gramatical, sintáctica, prosódica… No. Aquí se trata de no causar al otro (tampoco a uno mismo) perjuicio con el uso regurgitado (dañino) de la palabra. Tai Morello ha escrito: “Evita declaraciones mentirosas, abusivas y divisivas, así como chismes inútiles” (<<Budismo para principiantes: Una guía práctica para la iluminación espiritual>>. Smashwords Edition. Pág., 122).

     Políticos, periodistas y escritores (blogueros en el saco), deberíamos hacérnoslo mirar. Nota: El orden jerárquico de la lista no es invariable. De entre los tres colectivos lingüísticamente tóxicos mentados el que más perjuicio causa al prójimo con el uso incorrecto de la palabra es, a mi juicio, el de los periodistas. El motivo no es un misterio: el periodista suele aunar erudición (la búsqueda constante de información convierte en erudito al buscador) con ideología (esa estupidez de la inteligencia humana). Al político, en cambio, le falta erudición; al escritor, ideología. Nota segunda: Hablo, aquí, de arquetipos; no de tipos impuros. Con <<escritor>> refiero <<escritor literario>>. Téngase esto en cuenta.

     Lo triste del asunto es que el periodista debería quedar libre de ideología; no, de ideas (es de perogrullo); pero no acontece así. Es más: el periodista acaba convirtiéndose en carne ideológica contaminada con la hormona del odio. Y aún se jacta de su propio envenenamiento tratando de convencer a los demás de la validez y viabilidad de su postura…, de su postura… ideológica, como no podía ser de otra manera. ¡Vade retro, Satana

     Recomiendo a los periodistas (a los políticos, a los escritores, a los blogueros) que mediten. La meditación es la mejor medicina natural contra el odio. ¿Hay alguna ideología que no engendre, en sí misma, odio?

     La <<Palabra Correcta>>: la mejor idea (sin <<logia>> que valga) que podemos acaparar <<Hunos>> y <<Otros>>. Todos: ¡Tú, lector, el otro y el de la moto! 

     Mis disculpas por las palabras incorrectas que haya podido pronunciar hoy y ayer y, todavía, pueda pronunciar mañana. 

     Rectificar, dicen, es de sabios.

     <<Namasté>>.

martes, 27 de julio de 2021

357/ "Mente clara, corazón tierno..."

A mi Pepa, fantastic six

por `no dudar´ (eso espero. Risas

de mí ni de tan esenciales cosas…


El Dalai Lama hizo un comentario al libro Las etapas de la meditación, de Kamalashila, que acabó convirtiéndose en este otro libro: La meditación paso a paso (Debolsillo). Este último lo leí hace varios años. Hoy, lo releo. Repetidamente constato la busca de la felicidad que profesa el Budismo desde una perspectiva racional, lógica, científica. No hallo fuegos artificiales en la doctrina budista. Más al contrario: raciocinio puro hallo. Yo me alegro de que así sea. La espiritualidad no es la ciencia de los necios sino la `esencia´ de una razón bien anclada en la sima más profunda del mar de los fenómenos abstractos.

     El siguiente pasaje de Las etapas de la meditación deleitará al más escéptico:

     “Si cada uno de nosotros se dedicase a cultivar el deseo de ayudar a los otros desde el fondo de su corazón, experimentaríamos un sentimiento de confianza que pondría nuestra mente en un estado de tranquilidad. Cuando nuestra mente goza de esta clase de tranquilidad, el mundo entero podría volverse contra nosotros y hacérsenos hostil, y eso no afectaría a nuestra calma mental. Por el contrario, cuando nuestra mente está agitada y perturbada o mostramos mala voluntad hacia los otros seres, nuestra propia actitud nos hará que los percibamos como negativos y severos con nosotros. Esto es el reflejo de nuestra actitud interior, de nuestros sentimientos íntimos y de nuestra manera de sentir. Por esta razón viviremos constantemente en el miedo, la contrariedad, la ansiedad y la inestabilidad. Podremos ser prósperos y disponer de muchas comodidades materiales, pero mientras seamos presa de las perturbaciones, no encontraremos la paz. Podremos estar rodeados de nuestros allegados y de nuestros mejores amigos, pero nuestra actitud interior nos impedirá ser felices. Por lo tanto, nuestra actitud profunda desempeña un papel extremadamente determinante. Si poseemos la calma y el control sobre nosotros mismos, aun cuando todo se vuelva hostil a nuestros alrededor, nada nos perturbará. De hecho, para una persona así, todo el entorno es amistoso y contribuye a su calma mental” (Dalai Lama. Op. Cit. Pág., 69-70).

     Llevar a la práctica lo más arriba apuntado es tan difícil como “llevar a la vida lo que se aprende en la Eucaristía” (palabras, las entrecomilladas, del párroco de mi diócesis). Pero también se trata de algo tremendamente sutil. Toda sutileza (creo) engendra verdad en cantidades industriales. Y, a su vez, toda templanza es un acopio de sutilezas que de otro modo pasan desapercibidas para el espíritu y la conducta acaba resintiéndose. Esto lo aprendemos en el Eneagrama de la personalidad (traído a la luz por Claudio Naranjo. Traído a mi luz por ti, querida amiga, pues ambos teníamos que cruzarnos en el jardín de senderos que `no´ se bifurcan…). En el fondo somos un saco, sin fondo, de sutilizas. En ocasiones ni nos enteramos. Ellas están, no obstante, ahí: dentro del saco. Atendamos, pues, al detalle (a lo sutil) si ambicionamos la calma mental. He dicho: `ambicionamos´. Mejor diré: `valoramos´. La ambición no pertenece a la órbita budista. Siddhartha Gautama pronunció una frase que vale tanto para un roto como para un descosido y todavía más que el oro de Moscú: “Mente clara, corazón tierno…”. Yo no conozco mejor filosofía. 

viernes, 31 de julio de 2020

332/ Cantad, cantad, benditos...

Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada reflexiona sobre la ley de acción y reacción en el libro Samsara (La rueda del destino). Su Divina Gracia es fundador de la Asociación para la Conciencia de Krisna. Ello no le resta una pizca de credibilidad. Tampoco se la da. Este señor es (o fue. Falleció en 1877) quien es o fue y yo, lector, soy quien soy exclusivamente. Todavía vivo y coleo. ¡Y que sea por muchos calendarios! Jesús de Nazaret me oiga.
     Entre los estantes de mi librería solo hay un libro cuya autoría pertenece a Su Divina Gracia: el mencionado más arriba. He dicho: “Pertenece”, como si la autoría fuese algo material, y no. ¡Pero re-no! Es algo espiritual. Justo sobre esto escribe el autor del libro traído, aquí, a colación: lo material y lo espiritual eternamente enfrentados. Recurriré al latín (más bello): lo material y lo espiritual enfrentados per saecula saeculorum. Parece cierto que toda evolución lleva consigo aparejada algún tipo de involución. O dicho de otro modo: que todo progreso produce retroceso. 
     Veamos qué dice al respecto Su Divina Gracia…

     KARMA, LA LEY DE ACCIÓN Y REACCIÓN     

     Cuanto más se canta, más se disipa la oscuridad de muchas vidas. (…) Por el hecho de cantar, podemos limpiar el polvo del espejo de la mente y percibir las cosas de forma muy definida. De esa manera, sabremos lo que somos, lo que es Dios, lo que es el mundo, cuál es nuestra relación con Dios, sabremos vivir en este cuando, y cómo será nuestra siguiente vida. Esa clase de conocimientos no se enseña en las escuelas; ahí solo se enseña a fabricar o a adquirir productos para la complacencia de los sentidos. Existe una ardua lucha constante, la lucha del hombre por dominar la naturaleza material. Sin embargo, por cada comodidad que logra producir, hay un inconveniente que la acompaña. (…) De modo que estamos desperdiciando nuestro tiempo en construir muchísimos dispositivos que nos brindan una comodidad temporal y artificial al precio de una cantidad proporcional de inconvenientes. Todo esto es parte de la Ley del Karma, la ley de acción y reacción. Para todo lo que hacemos hay una reacción por la cual nos enredamos.
     
     Me lo temía: lo que parecía cierto es, en realidad, verdadero. A cada paso que damos hacia adelante le siguen dos hacia atrás. Esto en lo espiritual. No en lo material. Nuestra saca está rebosante por momentos (la que lo esté. Ay). Nuestro corazón, no. Y nuestra alma, menos. Tendríamos que hacer algo para arreglar tan horrible situación. ¡Tate! Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada lo dice alto y claro: cantar.
     Cantemos, pues, y bailemos al son del cante.
     Yo propongo esta aria de Mimí en La Bohème de Puccini: “Vivo sola, solita, en una habitación pequeña/ desde donde miro el cielo,/ mas cuando llega el deshielo,/ el primer sol es mío,/ el primer beso de abril es mío…”.
     Aquel que posee “el primer beso de abril” y “el primer sol” posee, ya, mucho. Incluso más de lo imaginable. Posee, por así decir, la vida. 

viernes, 5 de junio de 2020

323/ Del vicio de leer

Juzgo pocas cosas en la vida tan estimulantes como el impulso de leer un libro en tanto se está leyendo otro. Tal es el fundamento del lector voraz. Otro prototipo hay: aquel que lee varios títulos sin aguardar a completar la lectura de ninguno para continuar leyendo cualquiera de ellos cuando lo estime oportuno. He conocido pocos lectores con este talante. Alguno respira aún. Mi amigo Alberto Pareja Campos viene al caso. Él es un monomio en toda regla. Lo digo en un sentido de excepción y salida a escape si ronda cerca el hombre masa. Yo le alabo el gusto.
     Mi estilo lector es otro: enlazo títulos pero subyugándome al yugo de la maravillosa dictadura del punto final. Nadie vea un oxímoron de mal gusto o ideológico, ¡Siddhartha Gautama me libre!, en la expresión “maravillosa dictadura”. No existe este. Téngase presente la acepción sexta del segundo término: “Predominio, fuerza dominante”. Conque…
     Decía que no hallo nada semejante a la felicidad que produce el impulso lector al unísono con otro impulso lector en quien lee con (o sin) asiduidad. Hombres y mujeres los poseen (impulsos) de variadísimo pelaje. Comprar. Vender. Entrar. Salir. Apechugar. Huir. Amar. Odiar. No seré yo quien les niegue eficacia y entusiasmo. Ninguno podrá compararse con el lector: saldría escaldado.
     Yo ya le he echado el ojo izquierdo al libro que sucederá en mi sacro tiempo de lectura al nefasto La carta esférica de Arturo Pérez Reverte que con el derecho (con el ojo derecho) leo. Silenciaré su título. Impepinable: el lector propone y la vida dispone. Para qué consignarlo aquí si, a lo mejor, no puedo acometer la lectura de lo que se encastilla tras él. A veces andorreo andurriales de dudosa moral estilística (páginas heterodoxas del alma mía).
     Cristina Pardo enunció la otra tarde esta frase: “Los escritores debéis seguir escribiendo para que los lectores podamos seguir leyendo”. O similar. Parafrasearé a Cristina así: Los escritores debemos seguir escribiendo para que los lectores podamos seguir leyendo (Juan Palomo dixit).
     No de cualquier manera. Fernando Alberca menciona en el libro Pequeños grandes lectores (Vergara) “once operaciones que componen el proceso de la lectura correcta”. Y son…
     Uno: Velocidad.
     Dos: Comprensión.
     Tres: Imaginación.
     Cuatro: Conocimiento referencial.
     Cinco: Lectura textual de signos de puntuación y de otras marcas gráficas.
     Seis: Expresión (articulación, pronunciación y entonación).
     Siete: Hábitos posturales.
     Ocho: Movimientos de los ojos.
     Nueve: Concentración.
     Diez: Retención.
     Y once: Acierto en el proceso mental.
     ¡Cuidado!: el mentado libro atufa a Opus Dei. Elitismo. Exclusividad de uno o del familiar de uno y no del otro. Amor divino. Poder. También lo que sigue: el placer (con todas sus letras y en mayúsculas niqueladas: P-L-A-C-E-R) puesto bajo sospecha de continuo. Lo que en modo alguno constituirá impedimento para disfrutar su lectura. O para sacarle a esta provecho. Tanto monta. Eso sí: más interesará al pedagogo que a ningún otro.

martes, 13 de noviembre de 2018

293/ "Arte de las putas"

Bienquiero a la incorrección política. Ella es mi Dios. Mi libertad es ella. No obvio la ocasión en que pugna por nacer para ejercer yo de matrón. Está resuelto: soltaré la rienda a Spirit. Que trote, loco, por el valle. Que relinche. Que brinque. Que juegue. 
     El ilustrado presenta una cara “be” ciertamente jugosa. Esta: “Ya fuera para criticar, ya por el mero gozo del intelectual que se observa a sí mismo mirando a través de los quevedos, los reformadores se sumergían en la muchedumbre a ver pasar brujas encorvadas cabalgando a lomos de los borricos del Santo Oficio, iban a los toros, presenciaban ejecuciones en la plaza pública, disfrutaban de las fantasmagorías de linternas mágicas y titirimundis, frecuentaban a las putas para contarlo en latín en sus diarios, observaban al majerío de alto y bajo copete, y escuchaban con hervor de risa las prédicas de los frailes gárrulos que intentaban disimular su ignorancia revistiéndola con los brillantes harapos de la retórica barroca, centelleante de metáforas y enigmas. Luego, aquilatado todo y reducido a decoroso esquema destilaban la normalidad y la lejía neoclásica con que había que limpiarse el pringue de la sucia cabezota de la República. Por allí quedaban las virutas de la mugre y los pelos sobrantes para hacer tratados de putas y otros juguetes con que pasar el rato en las tertulias, entre lecturas de memoriales científicos y recitado de tragedias patrióticas. Aquella gente sabía divertirse y no le faltaban ocasiones, aun en medio de la desolación y el desgobierno” (el garabato que rubrica las líneas arriba copiadas es: Pilar Pedraza. Se encastillan, éstas, en el prólogo al libro heterodoxo de Nicolás Fernández de Moratín intitulado: Arte de las putas).
     Dos señalamientos. Uno: la escasa altura literaria de la obra de Moratín el viejo (¿acaso habría que endosarle al adjetivo `viejo´ este otro término de su misma especie: `verde´?). Y dos: ¿por qué la prologuista no enuncia, a las claras, que don Nicolás se definió en su Magnum Opus como pederasta y sí lo que sigue: “Dice que en Madrid se pueden conseguir niñas, pero no lo recomienda. Es preferible buscarlas mocitas, que hayan cumplido el tercer lustro”? 
     Léase el siguiente pasaje: “¡Oh, cuántas brazas de hondo tiene el coño/ de la Pepa la larga, a quien circunda/ tosco cañaveral de ásperas cerdas!;/ y así no es mucho que en silencio pase/ aunque no digna de él, a la Casilda/ ni a la Tola, que tiene entre las piernas/ un famoso rincón de apagar hachas;/ a la una y otra hermana Aragonesas,/ la Paquita Sangüesa y la Cañota,/ que lo daba por uvas de su viña;/ a la Tecla y Liarta que aún es niña,/ a la Rafaelilla y Micaela,/ y a la lujuriosísima Fermina,/ que no repara mucho en el dinero,/ cual otra castellana Mesalina:/ y la Chiquita, a quien el Padre Angulo/ le pegó purgaciones en el culo”. Y todavía más adelante: “Así la inimitable Laventana/ se dio a un servidor vuestro en dos pesetas/ siendo niña, aún casi doncella y sana”. 
     A lo largo y ancho del libro hay más botones de muestra. ¡Ojo!: incorrección ética e incorrección política no son pintiparadas. 
     Diré, ahora, que Sopitipandos no conoce la censura ni la autocensura. Me repugnan muchos versos del citado Arte de las putas de don Nicolasín Fernández de Moratín: un bufón que sabía rimar palabras. Entiendo que son versos. Entiendo que tras esos versos no hay nada.
     El Buda dijo: “Más vale una sola palabra que otorgue paz, que miles inútiles”. 
     Que entienda quien pueda entender.  

jueves, 11 de octubre de 2018

292/ Habladores indiscretos

Las filosofías de Immanuel Kant y Siddharta Gautama tienen un punto en común. Este: que la “totalidad” de las cosas es considerada en sí misma independientemente de las limitaciones de la capacidad perceptiva del hombre. El filósofo llamó a esto “Antinomia de la razón pura” en el libro Crítica de la razón pura. El Buda dijo: “Somos lo que pensamos”. Cabría, pues, deducir que el mundo es lo que pensamos que es el mundo. Ahí está la falacia. El mundo es el mundo y no lo que yo creo que es. 
     Críticos y demás ralea no estarán contentos con la apreciación anterior. Cada vez que un crítico abre la boca (más el literario) sienta cátedra. Como el político. Como el columnista. Como el bloguero (columnista achicado. O: erudito a la violeta). Lo que todos dicen (lo que todos decimos) no es más que una verdad sesgada. No la verdad recta.
     Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”. 
     No leas, lector querido, a nadie ni nada exclusivamente y sí a todos y todo. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

212/ Palabra de Alistair

Vayan, aquí, unas sabias palabras. No puedo estar más de acuerdo con ellas. Portadoras de paz y de felicidad son. También generan autoconfianza. Y, por supuesto, realismo en cantidades industriales. Reza una sentencia búdica: Respira, sonríe y ve despacio
     Pues eso. 
     Las transcribo, no sin antes especificar el nombre propio de quien las ideó y la obra donde el mismo sujeto las encastilló: Alistair Shearer y Buda: mitos, dioses, misterios (Debate. Madrid, 1993), respectivamente. 
     Son las que siguen:  
     “De una forma o de otra, la vida nunca es como a nosotros nos gustaría que fuera. A pesar de todos nuestros esfuerzos, parece haber algo en la misma naturaleza de las cosas que frustra nuestro deseo de que todo vaya (…) `bien´. Esta incorregible perversidad de la vida es una de las ideas (…) capitales del budismo. La palabra pali con que se designa es dukkha, un concepto que no tiene fácil equivalente en castellano. [Suele traducirse] por `dolor´ o `sufrimiento´, [pero] dukkha implica también [`inconstancia´], `insatisfacción´ e `imperfección´. La traducción de este término por `sufrimiento´ ha provocado el concepto erróneo de que la perspectiva de la vida desde el budismo es (…) pesimista y que [éste] la considera un trámite doloroso y lleno de miserias. De hecho, en su análisis de las penurias humanas, el budismo adopta una postura de calmado realismo, mientras que en su visión de las posibilidades de la consciencia humana es de un optimismo glorioso. Si bien es indudable que en las escrituras del Theravada se percibe un tono de cierta sobriedad, esto no se debe a un inherente pesimismo, sino al hecho de que los theravadenses vivían en comunidades monásticas imbuidas del inquebrantable deseo de alcanzar la Iluminación, que implica el rechazo tajante a cualquier forma de evasión de las verdades incómodas y a todo falso consuelo. El mismo Buda no fue, bajo ningún concepto, desgraciado; uno de los epítetos que frecuentemente se le aplicaban era [el de] `sonriente´, y en los textos a menudo se alude a su paz imperturbable, cuyo origen no es la indiferencia sino el entendimiento. Las representaciones pictóricas y escultóricas del Shakyamuni invariablemente presentan un semblante sereno y radiante, desprovisto de cualquier sombra de melancolía. Además, la impresión que causan muchas culturas e individuos que practican la vía budista es la de un gran gozo y una elevada espiritualidad humana, que se originan al verse liberados del peso de las doctrinas basadas en el pecado y la culpa”.
     ¡Amén!      

viernes, 29 de marzo de 2013

64/ ¿Manumiso?

Desde el primer vagido hasta el último estertor me agencio responsabilidades. De iuris o de factum. Lucrativas u onerosas. Indago: ¿A la postre… me atañen? Yo no elegí llegar acá. La espada de Damocles se cierne sobre mí. Puedo descifrar su marbete: <<Libertad>>. Una duda me atolondra: ¿Soy responsable de mi libertad? ¿O soy manumiso de toda responsabilidad? Acaso ni lo uno ni lo otro. Nadie me exime de mí mismo. Yo vivo, a perpetuidad, en mis actos. O no. Eterno dilema. Sempiterno titubeo. Incorruptibilidad de la zozobra humana. Vacilar y vacilar hasta de la propia vacilación… 

     Cuando no recelo (en el sentido positivo del término) algo muere en mí. Viene todo a colación de un epígrafe: Libertad y responsabilidad. Se asila, éste, en la República ontológica y deductiva de Jean Paul Sartre. Si me extraviara en el océano vital (no lo quiera Buda) fondearía en aguas cristobalinas (léase: erróneas). Así, conjeturo, en El ser y la nada

     ¡Mecachis!

domingo, 13 de enero de 2013

52/ Originalidad ingeniada

Gonzalo Torrente Ballester prologó Gárgoris y Habidis. La invención ajena devendría, para él, responsable de nuestra ramplonería. Buda atestiguó que nada es lo que aparenta ser: gusto, tacto, vista y olfato confundirían la Verdad. 

     Unos pocos inventan siniestramente el Sistema en que malvivimos. Su postulado: aprisionar al prójimo. 

     Apaguemos la pantalla, digo yo, y escurrámonos por la lectura. La primitiva piel de toro es saldada al mejor postor…

lunes, 10 de diciembre de 2012

44/ Vetusto Freud

Experimento, me parece, las tres fuentes freudianas de la desdicha. Son las que siguen. Una: la supremacía de la Naturaleza. Dos: la caducidad del cuerpo. Tres: la insuficiencia metodológica de las relaciones personales.

     Buda engulle al psicoanalista. La primera fuente freudiana de la desdicha enuncia la realidad que nos circunda. La segunda preconiza la no perdurabilidad de los fenómenos. La tercera destila ignorancia sobre la meditación trascendente… 

     Pregunto: ¿Ponderaría Sigmund Freud las enseñanzas de Siddharta Gautama? ¿Toleraría el aguijoneo del budismo a la ilusión (y al delirio y al sueño)? 

     Cavilo: Calderón habría elevado a Siddharta al Olimpo de los dioses.

martes, 25 de septiembre de 2012

26/ Amor inteligente

Largo lamento (Pedro Salinas). La estrofa 3ª de “Dueña de ti misma” alude al hado. Usualmente cavilo en las dicotomías destino-carácter, carácter-destino. Que yo forje mi propio albur no me convence. Acaso posea el carácter que el azar (¿Dios?) haya tenido por bien atribuirme. 

     Enrique Rojas parió El amor inteligente en 1997. La obra refrenda lo que a los cuatro vientos proclamó Machado: “Se hace camino al andar”. Cuando la descifré (trotaba 2004) creí ser un excéntrico: a la sazón “amor” e “inteligencia” eran, para mí, términos divorciados. Hoy los juzgo en perfecto enlace matrimonial. Como “pasión” y “tontura” o “afecto” y “emoción”. 

     Buda, Krishna y Jesús de Nazaret impregnaron de filosofía mi espíritu. Entonces deduje que ambular por la vida sin desmejoramiento requería frecuentarles…

     Y todo ello me lo ha sugerido la estrofa 3ª de “Dueña de ti misma”, poema de Largo lamento, poemario de Pedro Salinas. Entre Salinas y Rojas (Enrique) hay (debe haber…) un abismo. Lo que ocurre es que el psiquiatra entra mejor en periodos de bonanza anímica; para los otros (de melancolías postergadas…), el poeta se lo lleva de calle. ¿Y no es esto, pregunto, una essentialis contradictio?

     Regreso, pues, a mi esencia. Yo me quedo con el poeta.

martes, 11 de septiembre de 2012

23/ Lírica guerrera

Los placeres prohibidos (Luis Cernuda). Muda, aquí, el talante del poeta. Se rechaza la sumisión y se abraza el combate. Rebeldía y erotismo alientan al lector… 

     El año 1931 brota en España el pimpollo de la República. Queda revenido el vástago de Alfonso XIII. Cernuda resuelve enfundarse la guerrera por amor. Toda liza engendra un acto de contrición; todo abatimiento, uno de persuasión. 

     Dos puñaladas en prosa corporeizan las siete primeras embestidas. Pierden (toda prosa es una pérdida) vigor y carácter elegíaco. No las juzgo surrealistas: una métrica con alma matiza el automatismo ilógico. Sendas aptitudes (alma y lógica) no difieren tanto entre sí; no, al menos, en lo que a poesía se refiere. Componer con calculadora puede llegar a comprender alma (léase: <<duende>>) a raudales. Aunque hoy parezca una sinrazón de literato nocherniego; o mejor: diurno (sin micrófono embocado). Risas. Y que entienda quien pueda.

jueves, 23 de agosto de 2012

14/ Una pifia

Cualquier honesta batalla contra una octogenaria no deshonra a quien la libra; ésta, institucional, sí. 

     El hecho ha acontecido en Borja (Zaragoza). A resultas de una restauración de arte fallida. ¿Víctima? El eccehomo expuesto en la iglesia de la citada villa. ¿Victimaria? Cecilia Jiménez. 

     Rectas intenciones concurrían en ella. Nadie la auxilió. Sus adminículos de rejuvenecimiento pictórico borraron la faz al Cristo Homo. La escena no engrosaba ningún catálogo…; permanecía, por dejadez (y no sé si por incuria) política, desamparada a la buena de Buda… 

     Se me antoja, por ello, réproba la machada contra la artífice de la pifia. Réproba y cruel.