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miércoles, 11 de diciembre de 2024

464/ Prefiguración dramática

Hay libros que, llueva o ventee, jamás deberían instalarse en la balda del olvido. Uno de ellos, sin duda, es: Ensayo sobre la lucidez (José Saramago, 2004). Parte de culpa en todo ello arrastra Pilar del Río (traductora de la obra) por su sobresaliente capacidad de trasladar del portugués el texto de marras sin refutar en ningún momento el estilo del autor: lo normal (para mí, cómo no, anormal) habría sido enfocarse en el lenguaje y no tanto (o menos) en el estilo. Pilar, a Dios gracias, sabía muy bien lo que hacía y urbi et orbe ofreció una traducción excelente brotada de la no menos excelente maestría literaria del Nobel luso; o del (según algunos) Nobel noble… Permítaseme que lo exprese así: una oportunidad inigualable de toparse, de lleno, con la literatura más pura que existe y existirá nunca: la ficcional.

     Y cuando la ficción que tenemos entre dedos (o entre sístole y diástole) halla reflejo en la actualidad más brutal por que atravesamos (verbigracia: la DANA) al lector, entonces, le hacen chiribitas los ojos. La novela de Saramago es (será), a pesar de los pesares de todo quisque, actual. ¿Por qué? Porque esta fábula (sí, se trata de una fábula, qué pensabais…) versa sobre la falta de empatía y, por contra, el exceso de crueldad (de maldad) que atesoran los políticos en todo el mundo. Hay que decirlo alto y claro (basta ya de medias tintas): para ser político (o tanto monta: <<Politicastro>>: el político, per se, no existe. Yo no sé si ha existido en algún momento…) hay que tener unas entrañas muy muy sucias. Esta novela da sobrada cuenta de ello de un modo, diría yo, magistral. 

     Descifrándola no he podido por menos que ir trazando paralelismos con una parte de la historia reciente de la política española. Tres hitos dramáticos he hallado entre sus páginas de pan de oro: los políticos (DANA), los Medios de Comunicación de Masas (ideologización perversa), la busca desesperada de un chivo expiatorio (Begoña Gómez).

     Veámoslos por separado:

     Uno. DANA: <<<La mañana era apacible, con mucho sol, lo que sirve para demostrar hasta la saciedad que los castigos de que el cielo fue tan pródiga fuente en el pasado vienen perdiendo fuerza con el andar de los siglos, buenos tiempos aquellos en que por una simple y casual desobediencia de los dictámenes divinos unas cuantas ciudades bíblicas eran fulminadas y arrasadas con todos sus habitantes dentro>> (op.cit. Alfaguara, 2004. Pág., 272). Más esto otro: <<(…) Cometimos un error, Ha dicho cometimos, Sí, cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige, el error es de ambos (…)>> (pág., 207). Sobran comentarios.

     Dos. Medios de Comunicación de Masas: <<Las palabras (…) apuntaban (…) a los periódicos y otros medios de comunicación social por la facilidad con que pasan de los aplausos del capitolio a despeñar desde la roca tarpeya, como si ellos mismos no formaran parte activa en la preparación de los desastres>> (op.cit. Pág., 32-33).

     Tres. Chivo expiatorio: <<(…) Mañana tal vez consigamos llegar a tiempo de evitar que se cometa una injusticia, Se refiere a la mujer del médico, Sí señor director, se pretende, de la manera que sea, hacer de ella el chivo expiatorio de la situación política en que el país se encuentra, Pero eso es un disparate, No me lo diga a mí, dígaselo al Gobierno, dígaselo al ministerio del interior, dígaselo a sus colegas que escriben lo que les ordenan (…)>> (op.cit. Pág., 394-395). 

     Si esto no es actualidad (prefigurada en 2004) que baje Dios y lo vea con sus imponderables ojos. Una vez más (y son, ya, muchas) la intuición poética (o literaria) de Saramago fue pertinente. No cabe, de hecho, mayor pertinencia que la de esta obra maestra del Nobel luso; obra entre la caricatura y el retrato fiel de una realidad ficcionada (pero, a fin de cuentas, real) que grita a voz en cuello al pobrecito lector: <<No te creas nada de lo que airean los políticos. Piensa por ti mismo: acertarás>>. Una continuación (por así decir) de otra obra, asimismo novela, que un servidor de (casi) nadie aún no ha leído: Ensayo sobre la ceguera. Todo se andará…

     José: Mi gratitud.

lunes, 4 de diciembre de 2023

437/ Francina y "La espera"

Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados, en su discurso de apertura de la XV Legislatura mencionó a mi añorado (y admirado) Joan Margarit. Varias veces he traído a colación en esta literaria bitácora (a veces, sólo a veces, bitácora con ínfulas filosóficas; excúseme Buda), la obra buena del no menos bueno poeta catalán: Joan Margarit. Pocos contemporáneos suyos (quizá ninguno) escriben tan hondamente como lo hacía él. Su poesía raya en lo portentoso; léase: en lo pragmático. Sí: poesía para la vida cotidiana. 

     Y cómo con un lenguaje sencillo, plástico y musical (también universal, o casi: el castellano aspira a serlo), fue capaz de ridiculizar sin pretenderlo toda la vanguardia de chichinabo que se agazapa tras los adminículos de micrófono y sombrero en lo alto de las tablas de un garito (por así decir: <<macareno>>...) de la noche sevillana.

     (Risas).      

     Cualquier poema de Joan Margarit (léanlos. No se arrepentirán) representa un mundo en sí mismo. Una vida en sí misma. 

     He dicho: Cualquiera. Botón de muestra: 


     LA ESPERA 


     Te están echando en falta tantas cosas.

     Así llenan los días

     instantes hechos de esperar tus manos,

     de echar de menos tus pequeñas manos,

     que cogieron las mías tantas veces.

     Hemos de acostumbramos a tu ausencia.

     Ya ha pasado un verano sin tus ojos

     y el mar también habrá de acostumbrarse.

     Tu calle, aún durante mucho tiempo,

     esperará, delante de tu puerta,

     con paciencia, tus pasos.

     No se cansará nunca de esperar:

     nadie sabe esperar como una calle.

     Y a mí me colma esta voluntad

     de que me toques y de que me mires,

     de que me digas qué hago con mi vida,

     mientras los días van, con lluvia o cielo azul,

     organizando ya la soledad.


     Resuena tanto tanto a Joana…

     Joan, doquiera que estés (¿acaso con Joana?), mi gratitud. Ojalá naciesen más poetas que siguieran tu ejemplo humanista y humanístico. Francina te nombró (sin abuso ideológico; no como sostienen algunos filibusteros de la <<Derechita>> y la <<Derechona>> cobardes en lo político como en lo mediático: qué vergüenza de políticos y de periodistas que les hacen la cama…) y eso la eleva al pedestal de la gente inteligente con un extraordinario sentido literario de la vida. Francina, conjeturo, saboreará la buena literatura… 

     Vaya también para ti, Francina, mi gratitud. 

     Entretanto (y sin que sirva de precedente) yo seguiré aquí: <<Echando en falta tantas “tantas” cosas>>…

jueves, 4 de noviembre de 2021

364/ Pro Sandra Golpe

<<Mucho más que un cuarto poder, la prensa española es durante el siglo XIX una vía de acción política al servicio de los partidos: sus proclamas, editoriales y polémicas llegarán a oscurecer, incluso, las mismas sesiones del parlamento. En manos de los grupos separados del gobierno se transformaría en la mejor arma de oposición a los diferentes ministerios, en tanto que el Estado encuentra en ella el medio ideal para justificar sus acciones, amparado en la falacia de la opinión pública>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 425).

     ¡Oh, Krishnamurti, he aquí la madre del cordero!: la prensa como arma de oposición. Deleznable. Asqueroso. Infumable e insufrible. Una vergüenza. Inútil quejarse. Es lo que, lamentablemente, hay. Y lo hay hoy. No es necesario retroceder al XIX. No, no, en pleno XXI la prensa se erige en Ministro de Interior o de Exterior o en Vicepresidenta o Presidenta (para qué vamos a andarnos con chiquitas) del gobierno de turno. Con todo, a mi juicio, no hace bien su trabajo (para el que nació): informar y controlar los desmanes del poder político, atiborrado de politicastros, sin un empuje ideológico sino humanista de fondo.

     Luego querrán sacrificar a una periodista (Sandra Golpe) que se atreve a declarar públicamente que no ejerce su derecho al voto por una cuestión de prurito profesional. ¡Bravo, Sandra! En este país de lenguaraces acompañados de charanga y pandereta no habrá nadie de la profesión de la pluma a sueldo que se atreva a seguir tus pasos decididos y honestos. Parece que depositar la papeleta en la urna de metacrilato cada equis tiempo obliga a una serie de futuras estupideces, y si no se deposita, no: en este caso quedaría uno (si es periodista) libre de todo influjo pseudo-inconsciente y por lo demás de raíz ideológica. La confesión se la afeó por lo bajini una colega con el coco comido (supongo) y felizmente casada con la Izquierda: Mamen Mendizábal. Lo hizo delante de toda España, a la torera, incluso sacando pecho: pobre. Tú vota, Mamen, que ya habrá quien te siga `periodísticamente´… (véase aquí).

     ¡Bah!, cuánta chusma en la piel de toro. Entre periodistas politizados y politicastros bocachanclas anda el juego del calamar… Yo, por si las moscas de Machado, volveré una y mil veces a mi Unamuno y a mi Juan Ramón y a mi Federico y a mis poetas esteticistas y a mis novelistas imaginativos e intuitivos que nada (o casi nada) quieren saber ni de la política ni de los discursos supuestamente envalentonados y pro humanistas de los que tanto presume el periodismo actual y de los que tanto debería desquitarse de una santa vez para hacer aquello a lo que debería sentirse obligado: informar (y opinar y analizar y reportear y…) sin una intención ideológicamente envenenada de base.

     He dicho.        

martes, 10 de agosto de 2021

358/ Leer para creer

OPINIÓN


Quiero, hoy, romper una lanza a favor del hombre que decide permanecer desinformado. ¡He aquí, oh Sancho, la libertad! Lo diré con toda claridad (y perdóneseme la rima): la mayor parte de la información actual proveniente de los Mass Media la juzgo adulterada o, si no, retocada. Manufactura mediática se llama tal fechoría. Yo no refiero algo tan burdo como las Fakes News. No, no, más al contrario: yo refiero algo del todo sutil. Léase: poner parapeto al pensamiento libre y a la no menos libre investigación que todo periodista decente (¿hay alguno?) debería acatar como el Padre Nuestro por la feligresía católica, apostólica y romana, básicamente. En el universo mental del periodista decente no tendría que tener cabida ninguna ideología. Solo ideas. No son la misma cosa por más que el diccionario de la RAE y el uso y abuso lingüístico se empeñen. Ninguna idea debería ser, per se, acallada. Las hay tremebundas. Las hay diabólicas. Las hay perniciosas. Dígasenos cuáles son y conozcámoslas hasta los mondongos para saber rechazarlas y, en su caso, combatirlas. Quien así desee proceder, quien no, que no proceda de esa guisa: fácil y sencillo. Sin embargo todo esfuerzo en este sentido es (ay, Buda) inútil. No hay periodista que se precie que no hable por boca de este o de aquel partido político. Parece, incluso, recompensado por ello (¡puagh!). ¿Es esto lo que enseñan en la Facultad de Comunicación? No. Algo así deriva de la necesidad que tiene el periodista de pagar la hipoteca (o el alquiler) de la casa donde malvive y la letra del coche (o la de la burra) que utiliza para dirigirse a la playa como todo buen españolito hace en verano. ¿Y quien no lo haga? Un desgraciado. De modo que ya tenemos a un periodista cuyo afán primordial es hacerle la cama al partido político cuyas ideas aceitan el engranaje del grupo empresarial al que pertenece el medio para el que él o ella trabaja (o viceversa). Ah: este suele tener algún cargo de responsabilidad en el mismo (¡me río yo de esa responsabilidad!). Y, después de todo, ¿pretenden que me crea lo que los Mass Media sueltan por esa “convenida” boquita? A medias, a medias, Maquiavelito...

     Y digo más: ningún periodista, decente, debería votar. Ea: ¡dicho y re-dicho queda!

     Solo anhelo que no suceda como en el segundo tercio del siglo XIX. Entonces, nos lo recuerdan Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga en el libro Breve historia de España (Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 43), los periódicos gozaban de un gran poder político. Hoy es el poder político el que goza de un “gran” periódico (o de varios) siempre a su servicio…

     Leer para creer.

domingo, 16 de mayo de 2021

353/ El Mesías no era esto

El hombre es vaina. Siento ser tan directo (o no). Toda la vida esperando la llegada de un salvador para luego darse de bruces con el uso y abuso de poder. Yo no hablo de la venida de Dios. ¡Líbreseme de ello! Tampoco, de la venida del profeta. Yo hablo de un hombre de mucha carne y poco hueso, con uno que otro cartílago, y atributos divinos y proféticos cuya principal capacidad consistiría en dirigir a la masa hacia su bienestar o su perdición independientemente de permanecer situado en la moralidad o en la inmoralidad o en la amoralidad. ¡Quita! Lo sustancial es la venida del supuesto líder. Es decir: alguien superior al resto de la humanidad, por carácter, por personalidad, por saber hacer. ¡Ptrrr!

     En esto soy contrario al dictamen de los noventayochistas. 

     Veamos… 

     Maeztu: “Sí, es preciso que surja un hombre-idea que sea al mismo tiempo el hombre-voluntad: el hombre omnipotente, mago hipnotizador que agrupe en torno suyo a cuantos anhelamos una vida más grande”.

     Ortega: “Pudo ocurrírsenos acaso, tras de alguna lectura, la sospecha de si habría en nosotros dos de esos grandes hombres que fabrican historia, señeros y adamantinos, más allá del bien y del mal”.

     Pío Baroja: “Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que, aunque sea mentira salida de nosotros mismos, parezca una verdad llegada de fuera”.

     Salaverría: “Todo el turbio ondular del río de la muchedumbre se dirige a un solo fin, que es el crear un hombre cúspide, como César, como Cristo, o como Borgia, bueno o malo, pero siempre alto. Pero toda idea de mejoramiento, de aristocracia, de dominio y perfección requiere un impulso de combate. El hombre es un animal de guerra”.

     Estas pamplinas pueden degenerar y acabar produciendo monstruos…     

     Hitler: “La providencia me ha designado para ser el gran libertador de la humanidad. Yo librero al hombre de la opresión de una razón que quería ser un fin en sí misma; lo libero de una envilecedora quimera que se llama consciencia o moral y de las exigencias de una libertad individual que muy pocos hombres son capaces de soportar”.

     Nota: las citas arriba copiadas han sido extraídas, sin piedad, del libro Biografía de la humanidad (Historia de la evolución de las culturas).

     En resolución: Sumo cuidado con lo que decimos y con lo que escribimos. Los escritores (y algunos periodistas) solemos soltar bastantes lindezas porque nos dejamos influir por el sacrosanto estilo. La forma nos forma y nos conforma. ¡Craso error! Pero, ¡divino error! Cuidado, pues, con ir uno por ahí de intelectual cuando es creativo e imaginativo sin podas ni añadidos. No crean nada de lo que digo sin contrastarlo una miaja. Contrástenlo y, posteriormente, si hallan algo de autenticidad (quiero creer que esto no es improbable) asimílenlo o deséchenlo con libertad.

     Abel Martín tenia razón cuando, según Juan de Mairena, dijo: “Limpiemos nuestra alma de malos humores antes de ejercer funciones críticas”.

     Pues eso.               

jueves, 9 de julio de 2020

329/ Las Hermanitas de la Caridad Mediática

OPINIÓN

Haré de mi capa un sayo. Desde que amanece apetece. Pero, primero, dos aclaraciones no por sabidas menos pertinentes. Una: No estoy a favor del insulto. Y dos: No estoy en contra del insulto. Ahora una tercera aclaración referente a las dos anteriores: No trato de tomarle el pelo a nadie. Cuanto voy a decir, aquí, va a misa de ocho. No admito que se dude de mi palabra escrita por una sencilla razón: Porque es imposible que se la lleve el viento malo de la hipocresía. Lo juro: ¡Por estas! De modo que atiéndanse a las tres negaciones arriba apuntadas (una: No al insulto. Dos: No al no al insulto. Y tres: No a la tomadura de pelo). ¿Está clarita el agua? Pues eso.
     Voy ya, pues, al meollo del insulto. Perdón: Del indulto. Perdón otra vez: Del asunto. Se me encasquilla el sustantivo. Después de todo el asunto es el del insulto. Una pregunta previa: ¿Por qué la gente se indigna tanto cuando alguien (que hace gente) la insulta? Y otra: ¿Qué es eso de insultar? El DLE (Diccionario de la Lengua Española. Desarrollo las siglas traídas a cuento aquí porque, de seguro, habrá quien las desconozca) dice que insultar es lo mismo que ofender. Vale. ¿Y qué con eso? Pues que insultar equivaldría a humillar el amor propio o la dignidad de alguien o ponerlo (a ese alguien), de hecho o de palabra, en evidencia. Muy bien. ¿Y por esta insignificancia tanto `tonto´ con micrófono delante o pegado al pecho rasurado la tarde antes protestando como si no hubiera un mañana? Yo no creo que sea para eso. Digo: Para tanto (acaso propio de `tontos´). El insulto es una palabra resguardada bajo la capa de una evolución etimológica tan digna de estudio como la de cualquier otro término biempensante. En el fondo embarrado de la cuestión hay un ego sublimado (la expresión se la debemos a Alejandro Jodorowsky. El chileno se la aplicó a su buen amigo Fernando Sánchez Dragó). Nada más. Pero nada menos. Nadie está por encima del bien y del mal. Cualquiera puede caer en las garras del insultador. Y, claro, salir fuertemente arañado. Ay, qué pupita mala me han hecho insultándome, por qué a mí: ¡Por qué! Eso no significa que el insultador no esté haciendo un uso legítimo, y hasta rico-riquísimo, del español. Si español es. O si en español habla y/o escribe. Sin embargo se le acribilla (sobre todo en los medios: Nidos de `chupópteros´ creciditos que pasaron por la Facultad de Comunicación o de Empresariales o de Economía o váyase a saber de qué y se consideran a sí mismos salvadores del mundo: Articulistas y columnistas y otras criaturas de lomo un punto (con be) basto y pelaje a modo de alfileres en punta. Dragó (tan periodista él) llama a estos últimos `tertuliasnos´. Nótese la ocurrencia: Una composición con dos términos (tertuliano y asno). Da eso: `Tertuliasno´. Algún bloguero hay también por ahí que no se escapa ni con alas de avioneta. Más ahora que son los propios periodistas (yo lo soy: Me titulé en Periodismo) quienes soportan el peso y poso de las palabrejas de turno que otros lanzan como lanzas envenenadas al prójimo. No oigo yo a estos hacer autocrítica cuando sueltan por el micrófono o en negro sobre blanco una (en andaluz) jartá de imbecilidades ideológicas con el fin único de derrocar a quien esté moviendo los hilos de no sé qué empoderamiento. Este es el periodismo que tenemos hoy. No busca él, no, la verdad. Quédese eso para la Filosofía. Ahora lo que se estila es el buenismo, la corrección política, el ensanche del ego y vaya usted a por uvas si no le gusta lo que digo o escribo. Graciosísimo todo. Para mondarse de risa. Y no menos repugnante de toda repugnancia. Yo (miope) lo entreveo así: Un periodista puede hacer uso de la libertad de expresión pero un nini, carne de red social, no. Que alguien me lo explique.
     Diariamente “veo” a periodistas hacer política en vez de periodismo. Esto para mí es insultante. Diariamente “veo” a periodistas utilizar el insulto fino como medio para lograr un fin. Ejemplos de este tipo de insultos son: `Hortera´, `ruin´, `zopenco´. Ejemplo del fin que persigue el insulto es este: Echar por tierra o arrojar cuchilladas traperas a alguien. 
     Yo tengo el insulto por ejemplo vivo de riqueza lingüística independientemente del significado que arrastre. La capacidad de insultar no la tiene la palabra o expresión en sí. Esa debe otorgársela el insultado. No insulta quien quiere sino quien puede. Mis disculpas: Retiro la soplapollez que acabo de escribir. El periodista no es Dios. Los Medios de Comunicación de Masas no son el Olympo. Por consiguiente (así diría el muchacho que, me dicen, iba a la antigua Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla con la zona de carga de la furgoneta atestada de cántaras de leche allá por la década del sesenta. Un tal Felipe González Márquez) no son intocables y no son, desde luego, Hermanitas de la Caridad Mediática. Ojo: Tampoco los políticos lo son. Cada palo aguante su vela
     (Una lista de insultos maravillosos podría ser la siguiente: 1. `Mamacallos´; 2. `Abrazafarolas´ (su padre fue periodista: José María García. Alias `Butanito´. Un `enterao´ muy crack); 3. `Gaznápiro´; 4. `Besugo´; 5. `Mentecato´; 6. `Estulto´; 7. `Chiquilicuatre´. ¿Sigo?).
     Los medios y sus biempensantes a sueldo se rasgan las vestiduras sin razón. Yo no utilizo insultos en mi día a día. Y no me quedo a gusto. Para compensarlo diré que me aplico los de `piltrafilla´, `gazmoño´ y `tocapelotas´, así: A secas. ¿Habrá algo más liberador en el mundo que insultar y que le insulten a uno para acabar desembocando en la realidad de las cosas (o de la cosa asignada)? Quien haya buscado en el DLE `mamacallos´ y `gazmoño´ estará en el buen camino (el de apreciar el valor del insulto elegante). ¡Mi enhorabuena!

jueves, 28 de mayo de 2020

322/ ¡Alegría!

OPINIÓN

En “La piel de toro” se otorgan premios con demasiada ligereza. Refiero los literarios y periodísticos y uno que otro musical (no entraré en ese jardín). Podrá achacárseme que yo no he recibido ninguno de ellos y, por eso, opino cuanto expongo en esta columna. Vale. Acháquemelo quien así lo crea. Tendrá razón. A mí plim. Insisto: aquí no prima la excelencia cuando el fin último es premiar sino algo en exceso alejado del principal excusador de la vanagloria (la mentada excelencia): los dineros. O su primita hermana: la conveniencia. Quiere decirse: de grupo empresarial. O: la consanguinidad habida entre el otorgador y el recibidor del premio. O: la consanguinidad habida entre uno o varios miembros del jurado y el ganador del premio. He dicho: consanguinidad. También podría decir: afinidad ideológica. Esta es una intuición arrogante. Cuando uno lee la primera página de la novela finalista del Planeta y se da de bruces con una prosa digna de cualquier estudiante de ESO o Bachillerato, seguro estoy, recapacita y piensa para sus adentros: ¡Maravillosa sencillez! Cada quisque sabe que quedar finalista del Planeta es ganarlo por lo bajini. Si esa página acaparara espontaneidad tendríamos, ya, la perfección. Todo esto siguiendo la tesis de Juan Ramón Jiménez. Cuando uno lee un artículo galardonado con el Mariano de Cavia y advierte que lo ha concedido ABC a un tal Arturo Pérez Reverte y que este escribe en un semanario perteneciente al mismo tinglado empresarial donde se encastilla ABC, ¡tate!, reflexiona y concluye: ¡qué pluma la de este espécimen con tanto y tan bien definido plumaje! Si el plumaje de rigor fuese (in)definido no hablaríamos nada. Pero lo es: definido. Tales despropósitos suceden en este país (“perdone: ¡Se dice España!” La vocecita de duende de “El caballerito español” ha irrumpido de improviso. Excúseme don José María: en España quería decir) y lo dejan a uno boquiabierto. Ahora compararé aunque hacerlo equivalga a desembocar en el odio. Enrique Vila Matas ha escrito cientos de artículos muy muy superiores en gracejo y erudición libresca al premiado (el de Reverte: La posada de Dickens. Búsquenlo). ABC no convoca al bonachón de Enrique. ¿Puuurqué? Juan José Millás supera de corrido a Reverte en lo ficcional (esencia de la literatura de vuelo alto) y lo demuestra en cada artículo y libro que escribe: tiene voluntad de excelencia. ABC no invoca (tampoco convoca) a Millás. ¿Puuurqué? Ahora caigo: Juanjo no es periodista. Hummm. Dicen que escribir en España es llorar. Yo añado: y reír. Yo, ahora, estoy desternillándome. Llevo tanto tiempo aquí que soy invulnerable al espanto.
     Y, ¡alegría!

lunes, 25 de mayo de 2020

321/ A diestro y siniestro

OPINIÓN

Ser de la Izquierda es, como ser de la Derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la Hemiplejía moral (José Ortega y Gasset)

De un tiempo a esta parte no puedo evitar pensar que la ideología es el mal mayor de la especie humana. Yo entreveo dos discursos envenenados en el mundo. Uno: el mediático. Y dos: el político. Los (H)unos y los (H)otros se emplean y empeñan en hacernos comulgar con ruedones de molino del Siglo de Oro. Cada jornada hay oportunidad de comprobar esto que vengo sosteniendo. Donde he dicho `mediático´ digo “periodismo y periodistas” y donde `político´, aquí a secas, “partidos”. Los periodistas: columnistas y tertulianos (algún escritor hay). Ya saben: blablablá a mansalva. O: ratatá a tontas y a locas. Rellenar espacio resulta dificultoso. Mucho. Démosle el mérito que merecen. Pero para `partidos´ los políticos partidos. Partidos, estos, por el meloso poder (plata. ¿O debiera decir: grana y oro?) y por esa dolencia que voces agoreras y viperinas dan en llamar: “Gastroeconomititis”. Uno de sus síntomas es irse por la pata abajo el adepto al estado de bienestar en tanto que el hacedor del mismo tose y estornuda y permanece en una cama de Hospital y hasta parece que respira y habla con dificultad y se le han henchido las gónadas masculinas (testículos) o femeninas (ovarios). ¡Quite, quite, la huchaca llena y después departimos de lo que usted quiera! Empiezo a considerar en su amplitud semántica lo que decía mi abuelo: “Vine en cueros y estoy vestido. ¿Qué más puedo pedir?”. Nada. El precio devendría demasiado caro: tumbada no a la bartola en cualquier hamaca del Caribe colombiano sino en un camastro frío de Hospital españolito y acechado por la Parca. Perdónenme la digresión. ¡Yo he venido a hablar de mi libro! Mejor todavía: de un extracto del libro (soporífero y convencional y cansino y más de lo mismo y erre que erre con la burra al trigo y yo no sé si bestseller) de otro. Su título: La carta esférica (Arturo Pérez Reverte). ¡Al menester! El extracto: “Era el nostos de los héroes homéricos: el retorno y la soledad de los últimos guerreros que regresaban a casa tras la batalla, para ser asesinados (…) o perderse en el mar, víctimas de la cólera [léase: de la COVID] y el capricho de los dioses”. Sí: refiero los sanitarios. ¿Primarán ellos la economía sobre todo lo demás? Permítanme que me rasque, perplejo, el cogote y emita un “ay” desgarrado y juicioso. Arrojaré un típico tópico de cierre: ¡Esto es España!

lunes, 18 de marzo de 2019

301/ Clamando Filosofía

Una verdad extendida es esta: No somos libres. Yo lo vengo denunciando desde tiempos inmemoriales. El populacho cree lo contrario. Igualmente el poderoso. El empoderado no constituye ninguna excepción. Nadie (con ene mayúscula) es libre. Sostener la propia libertad significa que quien lo hace no es, por ventura, libre: recuérdese la caverna de Platón. La culpa recaería sobre los hombros de los hombres. O sobre los Mass Media (la TV al frente. La prensa le va en zaga) y los partidos políticos. También las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Estaríamos tecnificados y mecanizados en exceso. Acaso juzgo óptimo lo primero (tecnificados). Lo segundo (mecanizados), hiriente. El sistema educativo no quedaría lejos. Así la cultura, de que este se nutre, de apoco muy muy prescindible: tan posmoderna ella. Yo no sé qué está pasando. Yo sí sé que falta Filosofía y sobran ideologías. 
     Buscaré un texto ajeno… 
     ¡Cáspita! Lo he encontrado y, por ello, copio: 
     “Nos convertimos (…) en pequeños bloques ideológicos o, mejor dicho, en insignificantes maquinarias a las que incorporamos, como si realmente fuesen estímulos mentales, una serie de estereotipos virtuales sin idealizad y libertad. Lenguajes falsos, pues, que nos llenan con la terrible lógica de la falsedad. Porque esa lógica se hace de los retazos que sostienen pasiones egoístas, soluciones incompletas a los problemas de la vida y de la sociedad. Una lógica de la incoherencia que, sin embargo, cohesionamos con los quebrados fragmentos de la `publicidad´ política e ideológica que nos sirven, efectivamente, para la total enajenación. Todo esto nos conduce a un hecho fundamental de la sociedad de nuestros días. Los individuos que componen esa sociedad no pueden ser personas, seres autónomos y reales, si no tienen posibilidad de desarrollar su propio pensamiento por muy modesto que sea. Un pensamiento que solo se nutre de libertad” (Emilio Lledó. Sobre la educación. Fragmento del “capitulillo” intitulado: Necesidad de la literatura. Taurus. Madrid, 2018).
     ¡Chapó! 
     Señores políticos: déjenme vivir en la verdad. Entiéndanme: no quiero la mía. Y que me disculpe el poeta del limonero… 
     Anotaré algo:    
     –Podemos (hipócrita).
     –Ciudadanos (tremendista).
     –Izquierda Unida (utópico).
     –Partido Popular (perturbado).     
     –Partido Socialista Obrero Español (orgulloso. En demasía).
     –Vox (fanfarrón. Risas).
     Y ahora…
     –Parménides (impulsor).
     –Platón (visionario).
     –Aristóteles (agudo).
     –Kant (inteligente).
     –Schopenhauer (profundo).
     –Wittgenstein (lógico).
     Para qué seguir. Compárese y si se encuentra algo mejor, por Buda, léase.

martes, 29 de septiembre de 2015

204/ Enojo monumental (¿me arrepentiré?)

¡Qué hartura, padre cura, y qué erre que erre más cansino! Lo de las elecciones catalanas, nen, pasa ya de marrón oscuro. Es la tarde del martes siguiente a la fiesta demócrata (y dominical) catalana y no he pegado ojo en toda la siesta. ¡Qué repetitivo e inútil el discurso de los medios! ¿Hasta cuándo van a bombardearme con lo mismo? ¿Mil y una tardes? Rezo por que no. Pero mil y una veces seguro que sí. Ya sé todo lo que cabe saber sobre la “comunifarra” cuyo pellejo está a punto de reventar. Si no, me declaro en rebeldía, y digo sin alzar la voz pero muy clarito: no quiero saber más. E imploro: cambien ustedes, si us plau, su discurso. Y, para más fuerza, invoco a Buda. O a Mahoma. O a Jesucristo. A la deidad que sea. Y grito: ¡viva la desinformación!
     Por más que en los medios parloteen (conjeturen, analicen, divaguen) nada nuevo hay ni habrá bajo el sol. ¡Nada! Cállense los tertulianos y déjesenos respirar a quienes nos interesan otros asuntos que tienen que ver más con la cultura y el arte y no tanto con la política. Sé que mis palabras caerán en oídos sordos y en ojos ciegos. Pregunto: ¿por qué la información “seria” rinde siempre viaje en la ínsula de “Politicaria"? ¿Es una de esas aves de Darwin, la información “no seria”, que nadie ha visto pero sabe que existe o ha existido porque aparece en los libros? ¿Voló y, pues, le perdimos el rastro para siempre? ¿Y es que se ha detenido el mundo tras el donoso escrutinio català? Tertulianos y analistas (son la misma vaina) maceran harina inepta para hacer pan. ¡Y tempranito! Esto por si a alguien se le pegan los párpados del derecho a no estar informado. ¡Que hastío, tú! Nunca una inteligencia versada en política fue acompañada de una amplitud de miras grande. Maliciosa es aquélla y reducidas, de tenerlas, sus miras. Sirva como botón de muestra Maquiavelo. O César. O Carlos V. Uf. ¡Vade retro, Satanás!
     Esto es una protesta en toda regla. Áganme un favor los medios: ¡dejen de tocar la bolsa escrotal a este humilde apolítico! Tanto posicionarse, ¿para qué? Si todos son iguales. O peor: coalición, ay, hay. Dar la matraca con lo mismo, una y otra vez, cansa a Dios y a su Padre. Borges sostenía que las noticias importantes no salen en prensa. Yo, donde “prensa”, pongo “medios”. La verdad es una. Las noticias importantes surgen en el seno de mi casa. Y en torno a mis seres queridos. Las otras son parte del engranaje del sistema informativo actual. Ni me van ni me vienen. Ni me rozan ni me tocan. Ni me acarician ni me abofetean. Ergo: me la traen al pairo. Ahora voy a leer a Kafka y que a la España ideológica (y que al mundo ideológico) se las den todas en el mismo lado. Las derechas y las izquierdas con sus respectivos portavoces me la repampinflan del todo. Corto y fuera.
     ¡Adéu!  

lunes, 22 de diciembre de 2014

171/ Un asombro

Ignacio Camacho ha aleccionado a muchos articulistas al escribir Almendras amargas. He dicho: articulistas. No periodistas. No literatos. Literatura y periodismo van por otro sendero menos sendereado. Opinión personal. El artículo se sitúa entre el arañazo superficial y el desgarro profundo. Entre la opinión y la anécdota. Juzgo el texto de Camacho obra maestra de este género. Me regocija toparme con un ejercicio lingüística y sintácticamente exigente que no obvia el barroquismo. Lo es…, barroco. También se encuentra cargado de ideas. Es barroco, barroquillo, con ideas. Y eso se agradece. Antes he sostenido que la prosa opinativa es superficial. Ahora apostillo: felizmente no siempre y, más felizmente aún, no en toda pluma. Antes he sostenido que la prosa literaria es profunda. Ahora apostillo: desgraciadamente no siempre y, más desgraciadamente aún, no en toda pluma. Especificado queda. Hablaba del artículo premiado de Camacho. Porque no se premia a un periodista. Se premia el texto que éste ha elaborado. He aquí el quid de la periodística cuestión. La elaboración. Estrujarse el cerebro a fin de hallar la mejor forma de decir algo. Entregarse, al máximo, el dicente. No correr. Lo que deviene harto improbable en la esfera periodística actual. “Escríbeme despacio, que tengo prisa”. Elaborar y deleitar. ¡Tate! ¿No es esto más propio de la literatura? Bueno: sin deleite. Pero elaborando. Hasta el hartazgo. Camacho lo hizo. Se nota en el cuerpo de su artículo. O eso creo yo. Para lo cual no hay que dejarse llevar por la cantidad que tanto seduce al escritor barroco. Sino por la calidad que tanto satisface al filósofo. ¡Ea! Ya llegamos a donde, bajo ningún concepto, quería llegar yo: a la Filosofía. ¡Vaya, hombre! Hace tiempo me convencí de que ésta está presente en todo acto literario. Y que los demás opinen (o piensen) lo que quieran. Al mundo: ¡Qué gozada dar con un artículo casi literario, casi filosófico, en estos tiempos de indigencia filosófica y literaria! Qué gozada y qué asombro. Y el periodismo exento de mezclas que aprenda de ese pseudo periodismo literario y filosófico que, al par, no es literatura ni filosofía y es las tres cosas: filosofía, literatura y periodismo. Lo contrario (que éste se nutra de aquél) también es deseable. 

viernes, 25 de julio de 2014

153/ Afectuosa diatriba

Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la Hemiplejía moral. (José Ortega y Gasset)

Opinar y no contradecirse es una proeza. Máxime cuando el juicio se emite con el corazón: dejándose llevar quien opina por una inspiración momentánea. Un inciso. Mi ideología política, para evitar suspicacias en lo venidero, es la que sigue: ninguna. Lo repetiré por si hay alguien que no da crédito a lo que acaba de leer: ninguna. ¿Otra vez? Sea. La última ya, eh: ninguna. Se puede (creedme) no tener ideología política y no ser, por ello, tonto de capirote. Como se puede ser puñeteramente libre si por “libertad” entendemos la ausencia de influencias políticas de partido. Yo no hago acopio de ideologías en mi caletre. Sí de ideas. Consecuentemente no me someto a nada ni a nadie. Más aún: no soy ni de derechas ni de izquierdas ni de centro ni de nada que se le parezca. Y soy de derechas y de izquierdas y de centro y de todo lo que se le asemeje un punto. Soy y no soy. No soy y soy. Yo lo llamo: Individualismo anárquico. No comulgo ni con el PP, ni con el PSOE, ni con IU, ni con la madre que los trajo a la luz a todos. Pero voté y votaré a cualquiera de estas agrupaciones por extrema y manifiesta necesidad. Lo ruego encarecidamente: déjeseme tranquilo con mis pensamientos líricos y no se acuerde nadie de que existo. La política profesional me la trae al pairo. Soy novelista y poeta. Solo me atengo a mi vocación definida y clara y lúcida y de toda la vida: la literatura. ¿Queda claro? Fin del inciso. Quería yo decir que Iñaki Gabilondo no es modelo del opinador que opina sin corazón. Tampoco lo es el de su libro El fin de una época (Barril & Barral. Barcelona, 2011). Sin embargo algunos juicios recogidos en éste parecen emitidos a contrapelo del discurso del autor. Verbigracia: “(…) el periodismo tiene (…) el problema de haber creído que su misión es vigilar y por lo tanto no ser vigilado” (P, 90. Op. Cit.). Unas páginas atrás asegura Gabilondo que el periodismo es, a secas, vigilante y-punto-en-boca-hombre-ya. Otro ejemplo puede verse en las páginas 92 y 93 de la obra citada. No lo transcribiré. Diré que si de verdad hay que opinar objetivamente, ¿a qué sacar a colación aquí el caso suyo (de Gabilondo) y de Jiménez Losantos? El autor (creo) se deja llevar por el despecho. Y lo airea. Sinceramente: no me gusta Iñaki Gabilondo (el periodista. No el hombre). Estoy de acuerdo con él en numerosísimas cosas. En otras tantas no. Afirmar que una televisión privada (Intereconomía) hace “terrorismo informativo” (P. 89. Op. Cit.) lo juzgo decir demasiado sin pensar, ni un poco, en lo que se dice. ¿Informadores terroristas en España? ¡Oh, mon Dieu! Todas las cadenas de TV (incluida la pública) manejan la información como les sale del escroto a sus endiosados mandatarios. Los periodistas de a pie, Iñaki, no son superhéroes. Ni el periodismo la panacea del siglo XXI. No te apartes, querido colega, de la mama que te amamantó. No digas que hay que ser independiente y hagas luego coincidir casi al cien por cien tus opiniones con la letra grande y chica del programa del Partido Socialista Obrero Español. ¿Hemos de creerte? ¿He de creerte yo? Tampoco tú estás libre del vicio de la incongruencia. Aunque no por vía de kokoro (corazón) sino de pautas intelectuales de comportamiento profesional.   

martes, 8 de abril de 2014

133/ Difamador, ¡oh, Fabio!, estoy...

Cada vez me siento menos periodista y más escritor. Y no lo digo por decir; sino por sentir (ambos oficios: Periodismo y Literatura) y por sentirlo (que cada día…). Mejor dicho: por creerlo a pie juntillas. Y con un canto en los dientes me doy cuando, alguien que ejerció y aún ejerce la labor de unos y de otros (adictos a la esclavitud del tiempo y del espacio y quienes propenden a la libertad de la imaginación) como es Fernando Sánchez Dragó, escribe en su “dragontea” lo siguiente: “Son (…) los periodistas –ese hatajo de canallas. Lo dice un hombre por cuyas venas corre tinta de rotativa– quienes nos han acostumbrado a pensar que lo malo siempre interesa y que lo bueno nunca es noticia. Allá ellos y quienes les ríen la gracia. Yo, precisamente por ser hijo, nieto, sobrino y sobrino nieto de periodistas, estoy inmunizado frente a los virus de la mencionada epidemia” (Sentado alegre en la popa. Planeta. Barcelona, 2004. P., 311-312). Si Fernando lo dice, y de consuno yo así lo creo y lo siento, verdad será. Tampoco es mentira que, aún sintiéndome yo escritor, no por ello estoy ni estaré nunca obligado a considerarme miembro integrante del grupo de los escritores. Ni de ningún otro grupo. Soy, mal que me pese, individualista. No comulgo con las ruedas de molino del colectivismo ni, menos aún, del corporativismo. Tampoco del estilo imperante en función (caso de la Literatura, ¡uy, perdón!, quería decir del Periodismo. Pero, ¿no es éste un género de la Literatura fantástica…?) de una ideología política o de una estética encorsetada por Lo Igual. Detesto las modas suscitadas en cada época. Yo ni me tengo por clásico ni por moderno ni por posmoderno (¡esto, Dios me libre, menos que nada!), ni por surrealista ni por realista ni por ultraísta, ni por simbolista ni por vanguardista ni por todo lo contrario. Yo vengo a ser lo que buena o malamente soy, es decir: nada, y eso es así precisamente gracias (entre otras cosas) a la gran indiferencia que, hoy por hoy, dispenso a mi pobrecita obra. No me duelen prendas (nunca me han dolido) en censurarla. Por lo que censurar (siempre juiciosamente) la de los demás me resulta poco menos que pan de corteza blanca y miga blanda servido en la mesa y comido (por mí) a lo tragaldabas. Y es que debería estar restringido por la ley publicar cuando lo publicado ha sido engendrado y parido por alguien con menos de veinte o treinta primaveras de experiencia como escritor o (ay de quienes se miran y remiran el ombligo…) como poeta. Yo no sé a qué esperan los editores para devolver al oficio de la Literatura (en la parcela que a ellos, y sólo a ellos, les corresponde) el prestigio de que siempre gozó y nunca debió perder. Las creaciones de aquellos que hoy no superan los 30 abriles me parecen (con algunas excepciones) muy deficientes (casi tanto como las mías, que ya es decir) y merendárselas una auténtica pérdida de tiempo. No alimentan. No llevan el suficiente nutrimento. Más escasez de hidratos de carbono y de proteínas, y demasiadas grasas saturadas o trans, que otra cosa aducen las mismas. En vez de eso, ¿no sería mejor echarse a la vida…? Para escribir necedades, mejor (si supuran diversión) hacerlas, ¿no? En fin. Ahí queda eso… Y, ahora, que me ponga verdegreen (como dice mi Príncipe de Azulandia) quien quiera y, de paso, que me eche a los leones (si le place). ¡Me lo merezco! ¿Por qué? Por deslenguado, por exagerado, por...

viernes, 14 de marzo de 2014

127/ Ser vs. Ser imaginado

Y voy yo y me topo, hoy, con lo siguiente: <<La literatura es un galope desenfrenado que siempre desborda los límites del territorio del periodismo>> (Fernando Sánchez Dragó. Sentado alegre en la popa. “La Europa exótica (IV). El tren expreso”. Planeta. Barcelona, 2004. Pág., 136). No puedo estar más de acuerdo. Yo añadiría, a modo de apostilla impertinente, que: El periodismo es el pariente feo de la literatura. Y tan pancho y a gusto me quedaría si no fuera porque soy escritor y soy periodista. Aunque recapacito y observo que mi alma no está dividida. Qué va… Es monolítica. Una sola y sin fisuras. ¿Por qué? Porque lo que me interesa no es tanto la actualidad (lo que es) como la potencia (lo que puede llegar a ser). No ignoro que con ello incurro en flagrante contradicción. La razón de esta espantada del gremio de los encorbatados con pantalones sujetos a la altura de la cintura por obra y gracia de unos tirantes, que teclean en una redacción, estriba en que lo segundo (la potencia literaria) requiere imaginar en tanto que lo primero (la actualidad periodística) se sobra y basta con constatar. 

     Imagino lo que me da la gana; constato lo que puedo y lo que debo. Hacer literatura es ir libre por la vida. Hacer periodismo es arrastrar grilletes: los de la sacrosanta y hostigosa y desaliñada actualidad. Luego, está lo mal que se escribe en las cabeceras, aprisa y sin ton ni son; y lo bien escritas que, por lo general, están las novelas y los cuentos y los ensayos y los poemas. Nunca un texto literario tendrá capacidad de acaparar tanta monstruosa deformidad como uno periodístico.

     Por eso yo grito: ¡Viva la literatura! Y, bueno, de paso pasaré la mano por el lomo al periodismo… Para que no se enoje. Para que no patalee ni lloriquee… Todavía es (conjeturo) necesario. Y mucho. Sólo hay que ver los desmanes de la Política para corroborarlo…

lunes, 13 de agosto de 2012

5/ Discordia

Jaume Balagueró me ha exasperado. Ha venido en afirmar que hay sobrante de deporte en los informativos. Obvia el excedente: La política. Yo, dondequiera que hubiese un político pondría un filósofo. O un poeta. O un deportista. El primero cavila, el segundo crea, el tercero se esfuerza. Los políticos no cavilan (tampoco se esfuerzan). Ellos sólo crean… ¿Qué cosa? ¡Problemas!

     Amonéstate, Jaume, y llevémonos bien.

     Un informativo emitido en la cadena de rigor cuya escaleta no acoge la información deportiva (excesivamente, digo) no merece ser tenido en cuenta. ¿El motivo? Uno y claro: el deporte es la única realidad que combate los efectos nocivos del resto de realidades convertidas en ítems de información (casi siempre) manipulada.

     Nadie se lleve a engaño. La manipulación de los Mass Media no sólo <<está>>; también <<se le espera>>. La manipulación de los Mass Media, a veces, es muy sutil; otras, en cambio, bastante burda. En los últimos meses no hallo un sólo caso de información libre de manipulación ya sea en Prensa, Radio, Televisión… Una pena. Y una condena. Sobre todo, para el lector, escuchante o televidente que (sí o sí) está abocado a la melancolía informativa… Corrijo: a la tragedia informativa. Y esto, Jaume, no puede ser.

     Hay que poner límite a la tendencia informativa actual; que, por otro lado, es la de siempre (desde que el mundo es información). Yo no sé qué está pasando (qué pasa hoy). Abrir el periódico, encender la radio o poner la televisión es un gesto de auto-machaque continuo, una especie de tortura sadomasoquista con el añadido infalible (en ocasiones de traca) de la manipulación.

     Y, ¿cómo escapa uno de la manipulación mediática? Fácil y difícil a la vez. No leyendo el periódico ni, tampoco, encendiendo la radio. No poniendo la televisión. Hay otra forma quizá menos radical: enfocándose en la información deportiva que los medios emiten en sus informativos. También ésta sucumbe a la manipulación, lo sé, pero al menos no pervierte los sentimientos humanos…

     Por eso, Jaume, yo te decía: <<Amonéstate y llevémonos bien>>. Es que…, compañero, <<a estas alturas de la película>> venir con el cuento del excedente de deporte en los informativos…