A campo traviesa, los pies sudorosos pisando la tierra apelmazada, la cabeza confusa y el corazón a galope tendido. Así te imagino, Federico, emprendiendo la huida de madrugada <<hacia Santa Fe>> (zona republicana, en el 36). No lo hiciste. Te quedaste en la Huerta de San Vicente rodeado de tus seres queridos (el que más tu madre: Vicenta Lorca). ¿Por qué no lo hiciste, Federico?
Nadie piensa en esa posibilidad de salvación: huir, a campo traviesa, hacia la zona amiga. Todos ponderan salir del país, camino del exilio. Pero no es fácil salir del país. El campo, la luna alumbrándolo todo, habría podido constituirse en pasaje de salvación (en pasaje a una vida vívida). ¿Por qué no lo hiciste, Federico…? Ay.
<<Al día siguiente, 7 de agosto, Alfredo Rodríguez Orgaz, joven amigo del poeta hasta hace poco tiempo arquitecto municipal de Granada, se presenta en la Huerta. Ha permanecido escondido desde el 20 de julio, pero ahora, enterado de que corre extremo peligro, ha decidido tratar de escaparse. El padre de Federico le promete que esta misma noche unos amigos suyos, campesinos, lo llevaran a campo traviesa hasta la zona republicana, situada hacia Santa Fe a tan solo unos kilómetros. Federico le cuanta que ha estado escuchando los boletines del Gobierno, transmitidos por Radio Madrid, y que está convencido de que la “guerra” no puede durar. Se niega, pues, a acompañarlo en su huida. Justo en este momento alguien da la voz de alarma. ¡Se acerca un coche! ¡A lo mejor vienen a por Rodríguez! Éste se despide precipitadamente y corre a esconderse entre unos arbustos detrás de la casa. Los del vehículo buscan, efectivamente, al arquitecto. Pero como no encuentran rastro suyo, y la familia niega terca y convincentemente haberlo visto, se marchan. Por la noche Rodríguez Orgaz llega sano y salvo a la zona republicana>> (pág., 569)
¿Por qué no te fuiste, de nuevo, con la Xirgu a América (concretamente a México)? Eso, también, te habría salvado. ¡Ay!