Yo estoy en franco desacuerdo con algunos postulados sobre el hombre de Ana Bernal Triviño (siempre en boca de personajes. Estrategia, ésta, más antigua que una bocina) encastillados en el libro Las mujeres de Federico (Planeta, 2021). La pelusilla se le mete al lector por los ojos y acaba irritándoselos con saña y un poco a lo loco. ¿Novela reivindicativa? Sí. ¿Novela feminista? Sí. ¿Novela bien escrita? También. Pero novela equivocada en lo que a algunas conclusiones se refiere. Y permítaseme que zanje, aquí, el asunto.
(Risas).
Desglosaré algunos de esos postulados…
Postulado uno: <<Las mujeres podemos hacer tareas de hombres mejor aún incluso que ellos>> (haré la vista gorda con <<aún>> e <<incluso>>, redundantes a más no poder, si juntos aparecen; es el caso).
No sabía yo que existieran tareas de hombres. Y, existiendo éstas, que todas (¡todas!) las mujeres puedan desempeñarlas mejor que todos (¡todos!) los hombres.
Donde hay generalización, habemus sinrazón.
(Risas).
Postulado dos: <<Cuando buscas a otra persona es porque tu matrimonio no funciona>>. ¿Ah, sí? ¿Puritanismo? ¿Buenismo?… Risas. No, Ana, no. Los motivos para buscar a otra persona, estando casado (o casada), pueden ser múltiples. Hay una cosa que se llama: Psicalipsis…
(Risas).
Postulado tres: <<[La maternidad] Es un deber que hemos tenido como mujeres>>. ¿De veras? ¿Hijos, fruto de un deber? Hoy, no. El instinto tiene más que ver con la libertad que con la falta de ésta. Es de perogrullo. El instinto es detonante (también, en ocasiones, implosivo). El instinto, a veces, sirve para salvar obstáculos y no para dar de bruces contra el suelo o cualquier muro mal puesto o puesto, ahí, demasiado pronto; yo no soy partidario de los muros. De ninguno.
Postulado cuatro (aquí, alabo la sutil bofetada al orgullo del machirulo; casi no se nota… Risas): << [Habla la Conjuradora, de Yerma] (…) No fuimos nosotras las que creamos el desamor ni el odio ni el rencor ni las guerras. Todo fue producto del hombre>>.
Naturalmente, Bernal Triviño se referirá (con esto) al género humano, y no sólo al masculino. Pero, ¿y si…? Risas. ¿Pecaré de desconfiado? ¿Neurosis mía, quizá? ¿Pataleta contra las feministas radicales, mal (o bien. Váyase a saber) llamadas: <<Feminazis>>? No sé, no sé…
Postulado cinco: <<[Habla Federico (pero él nunca diría algo así; refiero la subordinada de relativo)] Vosotras sois la voz de las mujeres de aquella España y de la de ahora, que no ha cambiado tanto>>.
¿De veras esta España mía (esta España nuestra) no es tan diferente de la del 36 (fatídica y trágica donde las haya)? (Risas, por no prorrumpir en llanto).
Y así ad infinitum…
Qué hastío, hartazgo, sinrazón y menosprecio (¡y alguna estulticia!) rezuma esta novela (fantástica, eso sí, en lo que a la idea original se refiere; presenciar a los personajes femeninos de las obras de Federico, juntos, en la Huerta de San Vicente no es algo que suceda todos los días) a raudales. Por momentos (pocos) me he emocionado leyéndola. Por momentos (muchos) he determinado no releerla jamás. Pero todo, sólo por momentos…
(Risas).
En fin.