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jueves, 26 de julio de 2018

284/ Un soneto magistral

¿Quién no ha experimentado lo que expresan los versos inmortales abajo transcritos?:

Echado está por tierra el fundamento
que mi vivir cansado sostenía.
¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día!
¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento!
¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento
cuando se ocupa en bien de cosa mía!
A mi esperanza, así como a baldía,
mil veces la castiga mi tormento.
Las más veces me entrego, otras resisto
con tal furor, con una fuerza nueva,
que un monte puesto encima rompería.
Aqueste es el deseo que me lleva,
a que desee tornar a ver un día
a quien fuera mejor nunca haber visto.

    Pregunto: ¿quién no ha padecido, alguna vez, tan brutal conflicto interior? Sorprende (deleita) la perfección formal de los endecasílabos. También el equilibrio logrado entre la ¿caprichosa? forma y el ¿reflexionado? fondo. Pero lo que zamarrea fuertemente al lector es la verdad que grita, a los cuatro vientos, el poeta. He dicho: la verdad. No es, la suya, poesía particular. Es universal. La del más grande sonetista español de todos los tiempos (sus iguales en la élite fueron Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Miguel Hernández y José Antonio Muñoz Rojas. Opinión personal): Garcilaso de la Vega. Escribió este yo no sé cuándo ni dónde el soneto traído aquí (nº XXVI) de fácil y bella factura y de no menos bella y fácil lectura que, me da a mí, no deja indiferente a nadie. 
     Daría lo que fuera por haber presenciado, in situ, la escena: Garcilaso escribiendo Echado está por tierra el fundamento y lo que sigue.
     Me postro ante el poeta perito. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

277/ Habla, poeta

Parece, creo, de recibo despedir 2017 con un pasaje de la Égloga I de Garcilaso. Amor y Navidad casan como desamor y melancolía o reencuentro y júbilo. Lo uno se eterniza. Lo otro se posterga. El resto se olvida: ese malvado al que llaman “amor”. ¿Quién lo trajo a la luz? Más largo que ancho, desde luego, se quedaría el sujeto (¿o debería decir predicado?): un estropicio causó. Siempre lo digo: más vale querer que amar. Más besar y abrazar y acariciar que amar. A los respondones: lo mentado no es amar. El amor trae disgusto. Lo trae aquí: es pasional. Allí, en Oriente, no lo es. Por algo los Magos vienen de Oriente…
     Lo prometido es deuda. La Égloga I (vv. 352-379):

“Tengo una parte aquí de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se me apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño                   
enternecer me siento que sobre ellos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que de allí se partan,
con sospiros calientes,
más que la llama ardientes,                        
los enjugo del llanto, y de consuno
casi los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.                   

Mas luego a la memoria se me ofrece
aquella noche tenebrosa, escura,
que siempre aflige esta ánima mezquina
con la memoria de mi desventura
Verte presente agora me parece.                     
en aquel duro trance de Lucina,
y aquella voz divina,
con cuyo son y acentos
a los airados vientos
pudieras amansar, que agora es muda,               
me parece que oigo, que a la cruda,
inexorable diosa demandabas
en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?”.
     
     La muerte para pies, aniquila rencores acumulados, dice: “¿A qué estás jugando? Perdona y a otra cosa”. Lástima que solo lo diga ella.

jueves, 22 de diciembre de 2016

244/ Granada mía

Por la busca arbitraria de un libro a que poder aferrarme tras la lectura de El Aleph (el volumen de cuentos. No El cuento) arribo a Diario de Irak. Autor: Marito. Aquí leo: “A pesar de no saber árabe, yo entiendo todo lo que oigo a mi alrededor gracias al traductor de lujo que tengo: el Dr. Bassam Y. Rashid. Es profesor de la Universidad de Bagdad y dirigió en un tiempo el Departamento de Español, que tiene más de 800 alumnos. Se doctoró en La Universidad de Granada, con una edición crítica de un tratado de Astrología de Enrique de Villena, que le tomó siete años de trabajo erudito y feliz. Allí nació su hijo Ahmed, quien vive todavía soñando con su infancia granadina como otros sueñan con el paraíso” (Mario Vargas Llosa. 2003. Diario de Irak. Págs., 33-34. Madrid: Alfaguara).
     El subrayado es mío. 
     Firmemente me he identificado con Ahmed. También yo vivo soñando con mi infancia granadina como otros sueñan con el paraíso. Conjeturando que otros sueñen con el paraíso. Lo cual no es claro. Sí lo es que vivo, impertérrito, en la adulancia. Adulancia: estado intelectivo y sensible que participa de los rasgos característicos de la adultez y de la infancia (al par) de un individuo. A Granada fui, de Granada vine, a Granada vuelvo. Siempre. A su espléndida luz. A su (cada vez más) achicada Vega. A sus “tísicos” chopos. A su simbólico Genil. A su portentosa Sierra Nevada. A su onírica Alhambra. O mejor: a su onírica e inmortal Rosagralhambra. Rosagralhambra: amalgama de tres recuerdos en mi memoria (Rosalinda: mi primer amor. Granada: mi inspiración perpetua. Alhambra: la maravilla de las maravillas). El navío de mi vida echó anclas en el puerto de Boabdil...
     Yo no fui a la Universidad de Granada. Sí a la de Sevilla. Y yo fui a la escuela en Granada. No en Sevilla. La escuela (¿quien lo duda?) enseña a vivir. Reitero: mi vida subsistió en Granada. Y no en Sevilla. En Sevilla, hoy, prosigue. En Granada, ayer, explosionó (e implosionó): ¡salpicó todo de felicidad!
     Cada vez que regreso a Granada lo hago al (con mayúscula) Paraíso. Escribió Garcilaso (Égloga III): “En el silencio solo se escuchaba/un susurro de abejas que sonaba”. Lo parafraseo así: En Granada solo se escuchaba un susurro de vidas (las de los míos y la mía) que sonaba. Que sonaba por toda la eternidad.                    

jueves, 17 de octubre de 2013

97/ Cuenta Borges... (XI)

(...de Inquisiciones)


Cuenta Borges hasta 9 tipos de imágenes. Uno: <<La (…) que sustantiva los conceptos abstractos”; ejemplo: <<Mas nos llevan los rigores/ Como el pampero a la arena>> (Martín Fierro). Dos: <<La (…) que sutiliza lo concreto>>; ejemplo: <<Las hojas soñolientas y cansadas de sol>> (Lenau). Tres: <<La (…) que aprovecha una coincidencia de formas>>; ejemplo: <<Los pájaros remando con las alas>> (Virgilio). Cuatro: <<La (…) que amalgama lo auditivo con lo visual (…)>>; ejemplo: <<Voz pintada, canto alado>> (Quevedo). Cinco: <<La (…) que a la fugacidad del tiempo da la fijeza del espacio>>; ejemplo: <<Cuando su cabellera está dispuesta en tres oscuras trenzas, me parece mirar tres noches juntas>> (Las 1001 Noches). Seis: <<La (…) que desata el espacio sobre el tiempo>>; ejemplo: <<El puente como un pájaro vuela encima del río>> (Hölderlin). Siete: <<La (…) que desmenuza una realidad, rebajándola en negación>>; ejemplo: <<El hombre es nadería consciente de sí misma>> (Julius Bahnsen). Ocho: <<(…) La que sustantiva negaciones>>; ejemplo: <<Por la oscura región de vuestro olvido>> (Garcilaso). Y nueve: <<(…) La que para engrandecer una cosa aislada la multiplica en numerosidad>>; ejemplo: <<Me arremetió el tropel de un borracho bostezador de bodegas>> (Torres Villarroel).
     Nadie desprecie, sería craso error, la metáfora. Es verdad que la voz `puñal´ equivale a estos adjetivos: frío, filoso, hiriente, inquebrantable, brillador, puntiagudo; como `ausencia de sol y progresión de sombra´ a <<anochecer>>. No invento nada. Todo lo refiere Borges. Él lo interpreta todo.