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miércoles, 11 de diciembre de 2024

464/ Prefiguración dramática

Hay libros que, llueva o ventee, jamás deberían instalarse en la balda del olvido. Uno de ellos, sin duda, es: Ensayo sobre la lucidez (José Saramago, 2004). Parte de culpa en todo ello arrastra Pilar del Río (traductora de la obra) por su sobresaliente capacidad de trasladar del portugués el texto de marras sin refutar en ningún momento el estilo del autor: lo normal (para mí, cómo no, anormal) habría sido enfocarse en el lenguaje y no tanto (o menos) en el estilo. Pilar, a Dios gracias, sabía muy bien lo que hacía y urbi et orbe ofreció una traducción excelente brotada de la no menos excelente maestría literaria del Nobel luso; o del (según algunos) Nobel noble… Permítaseme que lo exprese así: una oportunidad inigualable de toparse, de lleno, con la literatura más pura que existe y existirá nunca: la ficcional.

     Y cuando la ficción que tenemos entre dedos (o entre sístole y diástole) halla reflejo en la actualidad más brutal por que atravesamos (verbigracia: la DANA) al lector, entonces, le hacen chiribitas los ojos. La novela de Saramago es (será), a pesar de los pesares de todo quisque, actual. ¿Por qué? Porque esta fábula (sí, se trata de una fábula, qué pensabais…) versa sobre la falta de empatía y, por contra, el exceso de crueldad (de maldad) que atesoran los políticos en todo el mundo. Hay que decirlo alto y claro (basta ya de medias tintas): para ser político (o tanto monta: <<Politicastro>>: el político, per se, no existe. Yo no sé si ha existido en algún momento…) hay que tener unas entrañas muy muy sucias. Esta novela da sobrada cuenta de ello de un modo, diría yo, magistral. 

     Descifrándola no he podido por menos que ir trazando paralelismos con una parte de la historia reciente de la política española. Tres hitos dramáticos he hallado entre sus páginas de pan de oro: los políticos (DANA), los Medios de Comunicación de Masas (ideologización perversa), la busca desesperada de un chivo expiatorio (Begoña Gómez).

     Veámoslos por separado:

     Uno. DANA: <<<La mañana era apacible, con mucho sol, lo que sirve para demostrar hasta la saciedad que los castigos de que el cielo fue tan pródiga fuente en el pasado vienen perdiendo fuerza con el andar de los siglos, buenos tiempos aquellos en que por una simple y casual desobediencia de los dictámenes divinos unas cuantas ciudades bíblicas eran fulminadas y arrasadas con todos sus habitantes dentro>> (op.cit. Alfaguara, 2004. Pág., 272). Más esto otro: <<(…) Cometimos un error, Ha dicho cometimos, Sí, cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige, el error es de ambos (…)>> (pág., 207). Sobran comentarios.

     Dos. Medios de Comunicación de Masas: <<Las palabras (…) apuntaban (…) a los periódicos y otros medios de comunicación social por la facilidad con que pasan de los aplausos del capitolio a despeñar desde la roca tarpeya, como si ellos mismos no formaran parte activa en la preparación de los desastres>> (op.cit. Pág., 32-33).

     Tres. Chivo expiatorio: <<(…) Mañana tal vez consigamos llegar a tiempo de evitar que se cometa una injusticia, Se refiere a la mujer del médico, Sí señor director, se pretende, de la manera que sea, hacer de ella el chivo expiatorio de la situación política en que el país se encuentra, Pero eso es un disparate, No me lo diga a mí, dígaselo al Gobierno, dígaselo al ministerio del interior, dígaselo a sus colegas que escriben lo que les ordenan (…)>> (op.cit. Pág., 394-395). 

     Si esto no es actualidad (prefigurada en 2004) que baje Dios y lo vea con sus imponderables ojos. Una vez más (y son, ya, muchas) la intuición poética (o literaria) de Saramago fue pertinente. No cabe, de hecho, mayor pertinencia que la de esta obra maestra del Nobel luso; obra entre la caricatura y el retrato fiel de una realidad ficcionada (pero, a fin de cuentas, real) que grita a voz en cuello al pobrecito lector: <<No te creas nada de lo que airean los políticos. Piensa por ti mismo: acertarás>>. Una continuación (por así decir) de otra obra, asimismo novela, que un servidor de (casi) nadie aún no ha leído: Ensayo sobre la ceguera. Todo se andará…

     José: Mi gratitud.

jueves, 30 de agosto de 2012

17/ Doméstica literatura

Me han remitido una carta caligrafiada con pulso cimbreante y delator. Omnímodamente rendidos a la escritura los márgenes del papel; por el torso y por el dorso. Su extensión no deviene excesiva ni recaba ingeniosidades. Adolece de su justo término, de amistad, de afecto. Erigirme en receptor de la misma me ha regocijado; no solo por el remitente. Haberla redactado desempolva una práctica de raigambre humanista diferente de la de teclear lívidos correos electrónicos. 

     La carta se presta a ser olida, palpada, engurruñada; inclusive, <<guarecida en la faltriquera>>. Más honesta que la moneda corriente deviene. Emociones y pensamientos fugazmente transferibles vehicula. Pertenece a quien la redacta y a quien la descifra. Podría adquirir rango de Patrimonio de la Humanidad. 

     Saramago punteó el centro del asunto cuando explicitó: <<Un e-mail no se emborrona>>. 

     Pregunto: ¿Y una carta?

     Una carta no sólo se emborrona. Una carta, además de eso, tiene alma. <<Carta viva>> podría ser el título de un poemario (en alusión a aquel Soneto vivo de Carlos Edmundo de Ory). Una carta, señoras y señores, fotografía el carácter (la personalidad) del autor a través de la caligrafía exhibida en ella (que si letras picudas, que si espacios minúsculos entre caracteres, que si <<renglones torcidos>>…).

     El e-mail nació sin alma (aunque goce de popularidad a raudales). Vaticino, ay, que morirá más pronto que tarde…