miércoles, 11 de enero de 2017
248/ Un micro-cuento
jueves, 18 de febrero de 2016
220/ A batallas de amor, campo de...
martes, 5 de mayo de 2015
182/ Un sueño
viernes, 17 de octubre de 2014
161/ Sépalo el mundo...
lunes, 16 de junio de 2014
147/ ¿La vida es sueño?...
viernes, 28 de marzo de 2014
131/ De JRJ (IV)
Y hasta aquí, por ahora, Idilios. Hoy pregunto a Juan Ramón desde el sosiego más absoluto: ¿Qué haces, maestro? Y el poeta de Moguer se mini-explaya en clave de final de título. Dice: “Echado en la baranda de la vida,/ mira mi alma pasar el largo/ río del tiempo.// Echo al agua una flor,/ le pienso/ una duda más bella,/ le contemplo/ una luz más divina,/ la dejo/ pasar, sin verla./ Me duermo…// En sueños, oigo el agua/ correr, correr, correr./ La sueño./ Y entonces ella me ve a mí/ corriendo, cada noche, muerto…”. Muerto, no. Vivo. Vivo y bien vivo. Mejor: requetevivo.
Tus versos, JR, resollarán siempre y su corazón palpitará con una diástole y una sístole no de break beat o latido roto sino de vals armonioso y melodioso y brumoso y (por qué no) fastuoso. En ellos me hundiré yo con Ella, que es tuya y es mía. O sea: con Zenobia y con… ¿Para qué subrayar lo que ya fue y será subrayado en esta bitácora más de una y de dos y de tres y de no sé cuántas veces? No. Incurriría en revelar una realidad; no en desvelarla. Quien desee conocerla (la realidad intangible de que hablo) que ojeé al trasluz los negativos de esta antigualla fotográfica en que se ha convertido mi pobre memoria escrita en electrónico negro sobre blanco acristalado… ¡Oh, Dios mío! ¿Seré, a la postre, como Florentino Ariza?…
jueves, 27 de marzo de 2014
130/ De JRJ (III)
Todavía más Idilios. ¡Habla, Juan Ramón: dime, dile y diles algunos versos representativos! Y el poeta habló: <<Al encontrarte, Amor, hallé el Idilio (…)// ¡Ay! ¡Ojos del Idilio/ claros, marinos, entre tiernos tallos/ que colgaban de verde (para mí azul) aquellas trenzas (para mí guedejas a su aire)/ de oro, sobre los finos hombros blancos!>>. Y qué digo, si puede saberse, yo ahora… Inmerso estoy en una pesadilla: Ella me persigue noche y día y tarde y… ¿es que me dejo yo atrapar? Pues sí. Me dejo. Demasiado se está alargando ya la agonía en carne (la mía) propia. Aunque lo es, digo: la agonía, mental y solo mental… Lo juro. Pero de pensamientos vive el escritor. ¿Y de palabras? No, no. Éstas se las acaba llevando el viento. Más vive de su alma (la de las palabras), de su esencia (la del alma de las palabras), de su contenido (el de la esencia del alma de las palabras). Entonces oigo una voz…: ¿Es que las palabras se las lleva el viento? Y otra…: Un, dos, tres… ¡Despierta!
Nada: sigo embelesado en los brazos de Morfeo feo y embrutecido por los dislates comunes de los sueños agónicos y alegóricos… <<Pero qué diantres digo>>, digo yo ahora.
viernes, 21 de febrero de 2014
124/ Tras Omar... (I)
Quien me desincruste de estos poemillas milagroso desincrustador será: y es que incrustado hasta el tuétano me hallo en Rubaiyat (Omar Khayyam), y de ahí ya no me sacan ni con agua borbotando. Transcribiré, ahora, dos poemas suyos.
Uno: <<Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna. La sed y la embriaguez son nuestros fieles compañeros. Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices y nuestras ropas manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego>> (VII).
Y dos: <<Cuando tuve sueño, la Sabiduría me dijo: “Las rosas de la Felicidad nunca han perfumado el sueño de nadie. En vez de abandonarte a este hermano de la Muerte, ¡bebe vino! ¡Tienes la eternidad para dormir!”>> (XXXV).
Me desgañito gritando: ¡Bravo, bravísimo!
Ahora, haré míos estos sabios renglones del no menos sabio (cuando no malabarista lingüístico) y preclaro Fernando Sánchez Dragó: <<Las palabras son como el vino: necesitan pátina y poso, hay que sobarlas y resobarlas, tienen que fermentar y decantarse en cubas de roble viejo>> (Sentado alegre en la popa. Barcelona, 2004. Planeta. P. 27). Todo un paralelismo óptimo y muy bien avenido con la causa lectora (o eso creo yo).
La palabra embriaga y salvaguarda del miedo a la Muerte. ¡Correcto! Leer confronta la diminuta muerte diaria que es el sueño. No sé, no sé. Dormir es a morir lo que a vivir es leer. ¡Vaya, hombre, siempre tan incisivo mi querido y respetadísimo Omar!: como una vaharada de rosas silvestres en mitad de un prado seco. Incisivo y, ¡oh, Alá mío!, barbudo y no menos aturbantado. Y, ¿es que el angelito era persa?…
Pues eso.
jueves, 28 de febrero de 2013
59/ Nos
Yo transmigro a ti. Releo Soledades y Galerías, de Machado, y "sueño caminos en la tarde". Con Ella sin mí. Conmigo sin Ella. Ambos sin nosotros. Traspongo, mía sobre tuya, la 1ª y 2ª persona del singular. Arribo a la 1ª del plural. Aquí, me aquieto. Yo ponderaba soledades. Hoy, enaltezco colectividades. Hoy, postergo individualidades. Tan honda y caliginosa galería hollaron mis pies. Tú habitaste (Ella habita) el mágico valle de Orfeo. Y yo con Ella. Y Tú conmigo. Y Nos con nosotros.
lunes, 10 de diciembre de 2012
44/ Vetusto Freud
Experimento, me parece, las tres fuentes freudianas de la desdicha. Son las que siguen. Una: la supremacía de la Naturaleza. Dos: la caducidad del cuerpo. Tres: la insuficiencia metodológica de las relaciones personales.
Buda engulle al psicoanalista. La primera fuente freudiana de la desdicha enuncia la realidad que nos circunda. La segunda preconiza la no perdurabilidad de los fenómenos. La tercera destila ignorancia sobre la meditación trascendente…
Pregunto: ¿Ponderaría Sigmund Freud las enseñanzas de Siddharta Gautama? ¿Toleraría el aguijoneo del budismo a la ilusión (y al delirio y al sueño)?
Cavilo: Calderón habría elevado a Siddharta al Olimpo de los dioses.
martes, 20 de noviembre de 2012
38/ Detonante borgiano (IV)
Confesar algo es desprenderse de ello.
Este juicio toma asilo en la página 126 (Debolsillo) de El informe de Brodie. Cavilo: Expulsar sustancias nocivas (de un modo catártico) deviene necesario. Qué sería, si no, de los narradores, de los poetas, de los actores… (Egos).
Acaso deberíamos escribir la vida con renglones oníricos (no necesariamente <<torcidos>>). De esa forma la ejecutaríamos y no narraríamos. Tampoco la poetizaríamos ni representaríamos… Dejaría ésta, sencillamente, de escocer; y la catarsis, de tener sentido.
Tómese como veleidosa conjetura lo enunciado. De lo contrario (si se toma como certeza) nos abocaría a un mundo comandado por robots; psicopático. Y un mundo así no es deseado (ni deseable) por nadie. Pero un mundo así, sin embargo, está por venir. O mejor aún: ha llegado. Oh tempora, oh mores.
martes, 13 de noviembre de 2012
35/ Detonante borgiano (I)
Nélida es nombre de mujer…
Leo a Borges. En la pág. 101 (Debolsillo) de El informe de Brodie se recoge tal nombre. El estómago me ha dado un vuelco al examinarlo. Siempre anhelé escribir: <<Nélida, mi amor…>>; <<Tus ojos, Nélida, son…>>; <<Te amo tanto, Nélida…>>.
La escritura es autobiográfica o nada es. Jamás frecuenté a ninguna Nélida. Ni aún indirectamente. De mentas conozco a Nélida Piñón (escritora brasileña) y a su homónima Quiroga (actriz argentina). Con ninguna tuve la dicha de compartir.
El otro nombre de mis desvelos: Amalasunta. De resonancias novelísticas sudamericanas adolece; al igual que Amaranta: Gabriel García Márquez me lo ofrendó decenas de páginas adentro. De varón: Maimónides y Bosco deleitan mi hedonismo verbal (acaso barroco). A todos ellos sobrepasa Nélida.
Sueño con ella, Nélida, a quien atribuyo rasgos de <<Ella>>; con su verbo (arrebatado a otra); con su cuerpo de sílfide (transmigrado). No deviene, a mi pesar, en Nélida. El nombre propio no puede trasvasarse a ajenos. Un interrogante me despabila la conciencia: <<¿Dónde estás, amor mío?>>. Es entonces cuando me consagro a mi rutina.
jueves, 8 de noviembre de 2012
34/ Trinitrotolueno
Don Rigoberto deflagra en sus Cuadernos como el trinitrotolueno. Huye de la colectivización como alma que llevase el diablo. De su desventura responsabiliza a la Verdad. Fabular le depara bienaventuranzas. Ídem, leer y escribir. Lo funesto es que toda misantropía (libros, grabados, cuadros) acarrea padecimientos. Padece en su divagar el narrador; el poeta, en su torre de marfil; el pintor, en sus coloristas dicotomías. Y, asido al buril, el artesano. La tríada de creadores se opone a la burocracia gestora y racionalista. Pregunto: ¿Por qué escribimos? ¿Por qué grabamos? ¿Por qué pintamos? Vale decir: ¿Por qué soñamos? Y, ¿para qué?…
Arriesgaré una respuesta: para no morir de amor.
viernes, 5 de octubre de 2012
29/ Parca misiva
Áulico Yago: voy a relatarte qué mundo habitamos. Resulta sutil. Deviene inhóspito. Destila uno que otro regocijo. Enarbola el estandarte de las concomitancias: él nos habita a nosotros. Y, si cosmos real e inventado convergen, ambulamos con pájaros en las ramas… La frustración se actualiza. Lo fabulado resplandece. Lo fáctico se opaca. Podría (lo fáctico) ser virtuoso. Es reprobable. Podría (lo fáctico) ser verdadero. Es la Verdad.
Tú no barruntas nada de esto: eres cándido. Comparte (lo verdadero) contigo un rasgo: Me envuelve sobremanera. Quienes lo habitan dejan de existir si clausuro sus tapas. Uno que otro requiere de mi somnolencia para conciliar el sueño. Duermo escasamente; tú, en demasía. Mucho debe desgastar “Azulandia”…
El orbe al que has arribado, áulico Yago, no es diferente del que yo frecuento. ¿Evocarás, tal G.G.M., la vida para contarla? Tú vívela sin empacho y sin aflicciones. Ambos batallamos con indios y vaqueros y, a perpetuidad, salimos airosos. El mundo es una deleitosa flor. Líbala.
Te apretujo, pequeño.