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lunes, 13 de abril de 2026

505/ El corazón en el tiempo

Un nasciturus es <<un pájaro vivo apretado en la mano>>. Vale. Un consejo para una embarazada es no andar mucho y respirar suave <<como si [tuviera] una rosa entre los dientes>>. Vale. ¿Y qué? ¡¿Cómo <<y qué>>?! Dos imágenes éstas (soberbias. Todo hay que apuntarlo) que Federico fabricó y aireó, después, en Yerma como dos soles de primavera. Dos ejemplos, palpables, de una singular sensibilidad humana. Dos rasgueos de guitarra en la Andalucía profunda al desmayar el sol. Dos sorbos robustos de limonada en una cantina de pueblo, en España, en el 36. Y la puerta de la esperanza abierta de par en par. Y el miedo acechando…

     Yerma (Cátedra. Madrid, 2025) prefigura, por así decir, <<aspectos>> de un pasado lejano aunque no remoto. Y, también, <<aspectos>> de La casa de Bernarda Alba. Yerma, mujer neurotizada, lleva a un extremo las consecuencias de su dolor de madre en potencia (pero sólo en potencia: quid de la trágica cuestión) y eso la libera idealmente. El mantenimiento de la honra hace veces de desencadenante brutal. Lo mismo sucede con Bernarda que, por amor desmesurado a la honra, conduce hasta un final trágico a quienes en teoría más ama ella: sus hijas.

     Escribió, libérrimo, Federico: <<¡Calla, calla, si no es eso! Nunca lo haría. Yo no puedo ir a buscar. ¿Te figuras que puedo conocer otro hombre? ¿Dónde pones mi honra? El agua no se puede volver a atrás ni la luna llena sale al mediodía. Vete. Por el camino que voy seguiré. ¿Has pensado en serio que yo me pueda doblar a otro hombre? ¿Que yo vaya a pedirle lo que es mío como una esclava? Conóceme para que nunca me hables más. Yo no busco>> (op.cit. Pág., 112).

     La imposibilidad de lo que por natura se presume insoslayable (la concepción y el parto), creencia desaforada ésta, amarga el corazón y envenena la razón de Yerma: mujer neurotizada y <<energuménica>> (Ildefonso-Manuel Gil dixit); pero también mujer incomprendida y vapuleada por una cuestión espaciotemporal que escapa a su humano control: la honra. 

     Hoy Yerma no habría caminado, la planta de los pies en carne viva (pies, por cierto, volátiles), por ese vía crucis de excitado anhelo (peor aún: de enajenación secular). Hoy Yerma habría conservado la razón gracias a una emancipación del statu quo imperante menos radical que imprescindible. Hoy Yerma habría olvidado el trágico asunto y desempeñado otros menesteres. Y, ¡menos mal! Porque de no ser así, hoy, Yerma no tendría el corazón en el tiempo…

martes, 4 de julio de 2023

423/ "¡Todo por la patria!" (o un hartazgo)

No hace mucho sostuve, aquí, que Mario Vargas Llosa nunca defrauda. Con <<nunca defrauda>> quise decir: la obra literaria de Mario Vargas Llosa nunca defrauda. No así el autor: Mario Vargas Llosa. Aquel día hablaba yo del <<genio creador de Vargas Llosa>>. Pues bien: me reafirmo en lo manifestado en esta bitácora no hace mucho... Juzgo <<Pantaleón y las visitadoras>> (Alfaguara) obra maestra del escritor peruano. Confiesa este en el <<Prólogo>> de la misma que no le costó trabajo escribirla. El lector medio no le cree. Yo, lector ávido, no le creo. ¿Por qué? Porque la novela rezuma dificultad en el lenguaje, en el tono, en la construcción de los personajes y no menos de la trama y en el espacio-tiempo manejado por los distintos narradores de esta historia políticamente incorrecta e incorrectamente (¿acaso existe la corrección política en algo así?) machista. Ojo: de un machismo brutal. Contextualizado, de un realismo brutal, también. No obstante se trata de una historia basada en hechos reales. De igual modo el autor confiesa su intención de, al principio, escribirla <<en serio>>. No lo logró finalmente. El lector no lo tiene tan claro. Yo, lector voraz, no lo tengo tan claro. No veo el humor por ninguna parte (salvo en contadísimas ocasiones). Sí veo, con ojos de hoy, la ridiculez (diré mejor: el absurdo) de las situaciones narradas a lo largo y ancho de la novela. Lo uno, desde luego, no quita lo otro. Una historia puede ser absurda y realista al mismo tiempo a más no poder. No todo lo absurdo mueve a risa al lector. Es más: la mayoría de anécdotas de la novela mueven a disgusto al <<pobrecito>> lector. Y a repulsa. Incluso, a impotencia. También, a aventura. A instintiva humanidad. A naturaleza acaso varonil y heterosexual… Creo que esta obra, hoy, no pasaría el filtro de la corrección política. Quizá ni se publicaría. Vayan ustedes a saber… ¡Muy mal por los tiempos que corren! El tema estrella y acaso estrellado es el que sigue: la prostitución femenina financiada con fondos públicos por el Ejército del Perú para el desfogue de sus <<soldados>> y <<clases>>. Algunos críticos tendrán como tema principal los límites de la obediencia. O tanto monta: de la lealtad. Todo en la vida tiene (eso dicen) un límite. Me mojaré: yo creo firmemente en el límite de la lealtad que, de ordinario, es marcado por la ética personal del leal (el mismo que pasa a convertirse en desleal desde el momento en que decide salirse del redil). O sea: yo creo en el valor de la deslealtad. Deslealtad y libertad de acción, de pensamiento o de expresión, desde mi punto de vista no quedan demasiado lejos. Así de simple y así de llano lo digo. Y llana y simplemente diré, ahora, lo que sigue: hay que ser muy valiente para escribir algo así. Sobre todo habría que serlo hoy, cuando el feminismo trasnochado (Monteros y Belarras haciendo de las suyas, a golpe de soberbia) campa a su libre albedrío. El machismo trasnochado (Abascales jodiendo la marrana a todo trapo y quisque) no es, ¡conste en acta!, menos rechazable desde las tripas. Y, ¿Vargas LLosas, haciendo por doquier humor de un tema tan sensible hoy…? Lea y juzgue el lector de la novela. Yo ya no me mojo más. Yo ya estoy, para los restos, mojado. Yo, pese a quien le pese, pienso con y desde la libertad. Y eso no me lo va a quitar ya <<naide>>. Conque…

     Atención a este diálogo entablado entre el general Scavino y el capitán Pantoja (protagonista de la novela) miembros en la ficción, ambos, del ejército peruano:

     <<–¿Diez mil semanales?– arruga la frente el general Scavino–. Es una exageración delirante, Pantoja.

     –No, mi general– se colorean las mejillas del capitán Pantoja–: Una estadística científica. Mire estos organigramas. Se trata de un cálculo cuidadoso y, más bien, conservador. Aquí, vea: diez mil prestaciones semanales corresponden a la “necesidad psicológico-biológica primaria”. Si intentáramos cubrir la “plenitud viril” de clases y soldados, la cifra sería de cincuenta y tres mil doscientas prestaciones semanales>> (Op. cit. Pág., 140).

     Huelga aclarar que <<prestaciones>> equivale a: <<servicios de prostitución>>. Y así todo el rato. Uf.

martes, 4 de octubre de 2022

385/ El ilustre en su laberinto

El humor de que hace gala Juan Eslava Galán me parece rancio, viejuno, maloliente. Todo él expele un tufillo suspendido a media altura que impide al lector <<moderno>> respirar a gusto. Yo ignoraba semejante agravio lector. Al ilustre jienense lo he frecuentado, varias veces, en entrevista y nunca he vislumbrado su afición al bufoneo intelectual. Cuidado: no digo humor, tal cual, sino <<bufoneo intelectual>>. No es lo mismo. El bufoneo se combate con buen humor. Lo cierto es que el populacho ríe con su vertiente <<Gracita Morales>> a la inversa y algo tergiversada: ni Gracita, sino falta de gracia, ni Morales sino (mejor aún) amorales chanzas. Todo viene a colación del siguiente pasaje: <<Entre los traficantes de “carne femenina” no faltaban los mercaderes desaprensivos que daban gato por liebre vendiendo musulmana libre por esclava cristiana. (…) El cliente, obnubilado por tanta y tan exótica belleza, paga lo que le piden por la diosa rubia (de bote) y se la lleva a casa. Aquí piden ocurrir dos cosas. Si la falsa cristiana queda satisfecha del trato y de las comodidades de su nuevo hogar, “engatusa” a su dueño para que la libere y la despose. En caso contrario, se deja de disimulos, y le advierte en correcto árabe que es musulmana y, por tanto, jurídicamente libre. El estafado comprador no tiene más remedio que dejarla en libertad pierde su dinero>>. (Juan Eslava Galán: <<Historia de España contada para escépticos. Planeta. Barcelona, 2019. Pág., 143-144). El entrecomillado me lo agencio.

     ¡Pobre hombre, <<apaleado>> por tan desaprensiva esclava!

     El lector menos juicioso se preguntará: ¿Y dónde está el problema? Entonces yo le responderé: en el tono de burla volcado, como saco de cemento armado, sobre la mujer. Juanito hace esto sistemática e insistentemente en el libro arriba mentado. No es tanto lo que dice cuanto cómo (y dónde. Y cuándo) lo dice. La coletilla <<rubia de bote>> está tan manida por el uso varonil (y mujeril) indiscriminado que ya resulta cargante recurrir a ella una vez más. Juanito la acomete de mil amores. La expresión <<carne femenina>>, perfectamente plástica, en según qué contexto puede llegar a ser hasta punzante. Juanito eleva el brazo ejecutor que clavará la punta con absoluta determinación. Que la esclava sea la que <<engatuse>> a su dueño deja bastante despejado el tufillo de que más arriba hablaba yo…

     Siempre lo he dicho y lo diré siempre: defiendo la libertad de expresión en todas sus formas y en cualquier circunstancia y contexto que se precie. Ello no me impide exigir (¡ya puestos!) un poco de elegancia a quien mal que bien lanza al espacio-tiempo mensajes verbales de diversa índole. Y, de paso, también un poco de empatía. No creo que esto atente contra la libertad de decir lo que a uno le dé la real y soberana gana sobre el asunto de que se trate. Yo procuro abrazar el Humanismo (no el feminismo, no el machismo, no el juancarlismo…). Valga, ya que de humor hablamos, la anterior humorada. 

     Así pues: ¡<<Vade retro>>, Juanito Eslava! ¡<<Vade retro>>!

lunes, 6 de mayo de 2019

303/ Reflexiones humanistas

Confesaré algo: no logro tomar el pulso a Immanuel Kant. Quiero decir: a la filosofía de Immanuel Kant. La inteligencia del hombre (para los feministas quisquillosos añadiré: “y de la mujer”. Olvidan, éstos, que género y sexo no son la misma vaina. ¡Bah! Que lean a Francisco Rico. Yo no soy feminista. ¡Oh, sacrílego de mí, qué digo! ¿Vendrán a buscarme los de la brigada anti-incorrección política? A mí plin. Yo soy humanista: sí a la igualdad de derechos y “obligaciones” de mujeres y hombres pero libre, sin ese, de la pancarta y de la consigna y de todo malsano proceso de ideologización. ¡A la libertad por la libertad! Lo repetiré por si hay algún despistado leyendo este texto de mi deficiente factura: ¡A la libertad por la libertad!) es lingüística. José Antonio Marina lo afirma en el libro El vuelo de la inteligencia. Yo le compro tan sugerente afirmación.
     Tengo asimiladas algunas cuestiones de la filosofía del prusiano. Refieren, éstas, modos de pensar. Lo que aquí se plantea es menos difícil que intrincado. Kant ponderaba la existencia de cuatro “pensamientos” con base en cuatro tipos de proposiciones. Uno: analítico. Dos: sintético. Tres: a priori. Y cuatro: a posteriori. El primero se produce cuando el sujeto incluye al predicado (p. ej., con cierta trampa: “Los políticos charlatanes son charlatanes políticos”). En el segundo no ocurre esto (p. ej.: “Los políticos mienten”. Aquí sin trampa). El tercero depende de la percepción (p. ej.: “Los políticos son servidores públicos”). Si transformamos el anterior ejemplo en un pensamiento a posteriori da lo siguiente, sin trampa, aunque con fino cartón: “Los políticos son servidos por el público”).
     ¿Estaré confundiendo “churras” con “merinas”?
     ¿Me habré vuelto sarcástico y, por ello, injusto de pronto?
     ¿Diré (con Marco tulio Cicerón): ¡Oh, tempora, Oh, mores!?
     Continuará… O no.      

jueves, 25 de octubre de 2012

31/ Contraste

Los cuadernos de don Rigoberto (Mario Vargas Llosa). El Nobel de Arequipa airea, aquí, la teoría sexual de Anne Fausto-Sterlin. Indáguese… Erotismo y perversidad devienen, en este haraquiri, conceptos semejantes. El ídolo rebate el discurso feminista de la colectivización; a saber: que clítoris y gónadas femeninas son preferentes, en abstracto, a falo y testículos… 

     Desde la respeto más absoluto: me hastía el arte escritural de Vargas; juzgo insufrible su discurso estético. Los libros que pare destilan oficio (sin duda alguna). Adolecen, todos, de una impecable ejecución; instruyen. Ahí, lamentablemente, acaba todo. Los juzgo, no sé…, faltos de gracia. E ineptos (Vargas me perdone. Su prosa, al fin y a la postre, es elevada. Yo lo sé y grito a los cuatro vendavales…) para el narcotismo. Y su musicalidad la entreveo (la <<entre-escucho>>) arrítmica. Discúlpeseme: he de ser sincero.  

     Convengo con el dictamen de Umbral: <<El bien y el mal son clónicos, eternos, y la vida transcurre en un espejo>>. Donde dice <<bien>>, léase: deleite; donde <<mal>>, aburrimiento; donde "espejo", quimera…

     Insisto: sé que la prosa de Vargas es elevada, técnica, académica e inspiradora. Yo no acabo de experimentar deleite enfrentándome a ella… Ciertamente no conozco su obra íntegra. 

     Acaso (y esta es mi socorrida esperanza) me aguarde, subyacente bajo tanto páramo sensitivo, algún sustrato nutritivo que me reconcilie con Vargas y con su pluma…