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martes, 19 de diciembre de 2023

438/ "Las almas huyen para dar canciones"

La madre (biológica) de Ana ha muerto. Yo lo he sentido mucho. Ana es de las pocas personas en quien confío la ambrosía y las toxinas de mi carácter (sin duda alguna). Se llamaba (la madre biológica de Ana) Ana Molina. Nombre y apellido, éstos, unidos para siempre a mi <<biografía no novelada>> por una cuestión que no viene a cuento ahora… Lo que sí viene, aquí y ahora, a cuento son los versos de Antonio Machado que dicen: <<No me pidáis presencia./ Las almas huyen para dar canciones./ Alma es distancia y horizonte: ausencia>> (versos pescados en el caladero de Fernando Sánchez Dragó; concretamente en: <<El camino del corazón>>. Planeta. Barcelona, 2003. Pág., 12).

     Así la vida, así la muerte, Ana: <<Alma es distancia y horizonte: ausencia>>. 

     Por eso creo (por eso intuyo) que vuestra distancia (no vuestra ausencia. Ésta no ha existido, ni existirá, nunca) es Alma. Yo la llamaré (a Ana Molina), a partir de ahora, de este modo sutil: Ana Alma.

     Otro poeta que escribió sobre la <<evanescencia fundamental>> fue Joan Margarit (<<fundamental>> la <<evanescencia>> y <<fundamental>> el poeta); lo hizo respecto de sí mismo; yo lo juzgo aplicable a toda partida eterna de un ser querido… 

     Refiero el poema titulado…


     CONMOVEDORA INDIFERENCIA


     Pensé que me quedaba todavía 

     tiempo para entender la honda razón

     de dejar de existir. Lo comparaba

     con el desinterés, con el olvido,

     con las horas del sueño más profundo,

     pensando en esas casas donde un día vivimos

     y a las que no hemos vuelto nunca.

     Pensaba que lo iba comprendiendo,

     que me iba liberando del enigma.

     Pero estaba muy lejos de saber

     que yo no me libero. Me libera la muerte:

     permite, indiferente,

     que me vaya acercando hasta alguna verdad.

     Inexplicablemente, esto me ha emocionado.


     Ella está evanescida; es decir: liberada. Quédate, Ana, con eso; y tranquila: Sic erat scriptum.

viernes, 15 de septiembre de 2023

430/ "Oz" (o La Fuerza de Adentro)

A mi pequeña <<superluminova>>.

A Ana, a quien quizá la luz <<parental>> del cielo se lo dijo...



Giulia, te contaré algo, una historia que bien conoces. Pero tal vez no la conozcas bien. Escucha. ¿Te dicen algo estas tres palabras: <<Winkies>>, <<Munchkins>>, <<Quadlings>>? ¿No? ¿Y estas otras: <<Ciudad Esmeralda>>, <<Oz>>, <<Kansas>>? ¿Estas sí? Y si te hablo de un <<Espantapájaros>>, un <<Leñador de Hojalata>>, un <<León>> y una niña llamada <<Dorothy>>… ¿Qué se te viene, entonces, a la cabeza? ¡Exacto!: <<El mago de Oz>> cuyo título original es: <<The Wonderful Wizard of Oz>>. ¿Adónde quiero yo, Giulia, ir a parar con todo esto? Muy fácil: a animarte a <<leer>> este magnífico cuento (L. Frank Baum: <<El mago de Oz>>. Diario EL PAÍS, S.L. Madrid, 2004). No sólo iguala el mismo en calidad a la película del año 1939 protagonizada por Judy Garland: de lejos, la supera.

     Giulia: déjame que te diga dos cosas… 

     Una: que el poder es un arma amenazadora, pero en manos bondadosas, puede convertirse en una magnífica oportunidad de mejorar la vida de los demás. 

     Y dos: que la compañía (¡y te lo dice un solitario!) es, en líneas generales, mejor que la soledad. Una excepción hay: cuando la compañía que eliges es perjudicial para ti. Esto último es muy importante saberlo.  

     Ahora, profundizaré un poco en ello…

     Primera cosa (el efecto del poder en según qué manos recaiga éste). Mira: el Espantapájaros sin seso, el Leñador de Hojalata sin corazón y el León sin valentía, en ocasiones poseen una buena cuota de poder. ¿Y cómo lo usan? Con bondad y generosidad (sin egoísmo ni deseos de hacer daño a nadie). ¿Resultado? Que ayudando a los demás velan por sus propios intereses. En sentido contrario también es válida la idea: mirando por sus intereses acaban, todos ellos, ayudando a los demás. Esto a un adulto le suena a horroroso <<buenismo>> (todavía es pronto para que tú sepas qué es eso del <<buenismo>> horroroso). A una niña de tu edad podría servirle de estímulo y guía para llegar (como Dorothy) a la Tierra de Oz: un lugar maravilloso en que de una farsa (de un engaño) se derivan tres oportunidades valiosísimas: la capacidad de pensar, la de sentir, la de ser valiente. El mago no es tan honesto como había hecho creer a los <<Munchkins>> (los <<Munchkins>>: el primer pueblo con que se topan en su viaje nuestros cuatro amigos. Más tarde llegarían al de los <<Winkies>> y, todavía más tarde, al de los <<Quadlings>>). El mago es un hombrecillo de carne y hueso que, aunque mago, no es nada honrado (nada honesto). Tampoco tiene superpoderes como había hecho creer a todo el mundo. 

     Más: el Espantapájaros (sin llegar a tener nunca un cerebro) al final cree que lo tiene y actúa en consecuencia: inteligentemente. El Leñador de Hojalata no tendrá jamás un corazón pero, como al final cree que lo tiene, acaba comportándose como lo haría alguien con un corazón <<bueno>>. El León cobarde ha ingerido un bebedizo mágico que no es otra cosa que valentía en estado líquido, y le ocurre lo mismo: cree que ese bebedizo que ingirió es realmente valentía y a partir de entonces actúa como lo haría un león valiente: de manera arrojada y generosa. ¿Moraleja? Fácil: <<Cree en ti y conseguirás todo lo que te propongas>>. Ah, un consejo, Giulia: no dejes que ningún adulto corrija esta frase nunca. La voy a repetir para que la leas (o te la lea tu madre) dos veces: <<Cree en ti y conseguirás todo lo que te propongas>>. Cuando seas mayor tú misma corregirás la frase y se te ocurrirá algo que decir al respecto… Por lo pronto seguirás mucho tiempo aún viviendo en el tiempo más maravilloso de la existencia humana (salvo en algunos casos que no voy a mencionar para que no te pongas triste): la niñez. 

     Segunda cosa (caminar por la vida acompañada en vez de hacerlo sola; con la única excepción que he apuntado antes): el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata y el León (también Dorothy) nunca habrían conseguido superar los obstáculos que encontraron en su camino de baldosas naranjas y otros caminos y áreas selváticas por que discurrieron sus pasos si hubiesen caminado solos. Las virtudes de unos sirven para suplir las carencias de otros. Te pondré un ejemplo. El Espantapájaros está hecho de paja. Nada ni nadie puede hacerle daño porque la paja amortigua todo tipo de golpes y de caídas (su único temor es que alguien con mala baba le arrime una cerilla encendida: el fuego, en ese caso, acabaría con él en un santiamén). Pues bien: un día, Dorothy, el Leñador de Hojalata y el León tuvieron que saltar desde una altura considerable hasta el suelo. ¿Y sabes qué pasó? Que, en esas, el Espantapájaros se tumbó en el mismo suelo y ninguno de sus amigos se hizo daño en su caída libre… La virtud del Espantapájaros (estar hecho de paja) sirvió para suplir la carencia principal de los otros tres en este sucedido (estar hechos de carne y hueso y de latón). ¿Y qué habría pasado si los cuatro hubiesen ido solos? No quiero imaginarlo…

     Sin embargo, Giulia, hay algo un poso inquietante en toda esta historia que no sé si contarte o silenciarte. Te lo contaré (con el permiso de tu madre). Y es: que en varias ocasiones nuestros amigos recurren a la violencia para salir vencedores de una dificultad.

     Pondré dos ejemplos ilustrativos de esto que te digo. 

     Uno: (op.cit. pág., 91): <<El Leñador de Hojalata le dio un hachazo y le cortó la cabeza, matándolo en el acto. Tan pronto como pudo alzar el brazo llegó otro lobo, y también cayó bajo el cortante filo del arma del Leñador de Hojalata. Cuarenta lobos había, y cuarenta veces murió un lobo, de modo que al final yacían todos en un montón delante del Leñador>>.     

     Y dos (op. cit. pág., 91): <<(…) el Espantapájaros (…) lo agarró por la cabeza y le retorció el pescuezo hasta matarlo, y entonces otro cuervo voló hacia él, y el Espantapájaros le retorció asimismo el pescuezo. Cuarenta cuervos había, y cuarenta veces el Espantapájaros retorció los pescuezos, hasta que al final yacían todos muertos junto a él. Entonces llamó a sus compañeros para que se levantaran, y otra vez reanudaron su viaje>>.

     Tendremos que investigar acerca del número 40…     

     Ahora, Giulia, te pregunto: ¿Qué hacemos con la violencia? Yo (seguro que tú también) estoy en contra de todo tipo de violencia. En defensa de nuestros amigos debo apuntar que ellos sólo la utilizan cuando creen que sus vidas corren verdadero peligro. Hay algo que se llama <<defensa propia>> que es muy recomendable emplear llegado el caso (los adultos lo hacen. Los niños también deberíais hacerlo pero, como sois niños, mucho me temo que algunos de vosotros no habéis aprendido todavía a asimilarla y utilizarla correctamente). ¿Moraleja? Fácil también: <<Nunca dejes, Giulia, que nadie te falte al respeto>>. Que nadie ose, jamás, <<acosarte>>. Y si alguien lo hace…: defiéndete con uñas y dientes y pide ayuda a tus padres y a tus profesores (también a tus amigos). Ea, ya está, los asuntos delicados hay que enfrentarlos cuanto antes y éste ha quedado debidamente enfrentado aquí. ¿Sabes? Este asunto me preocupa mucho… 

     Ahora, Giulia, quédate tranquila: Dorothy (como sucede en la película) consigue regresar a casa con su tía Em y su tío Henry. ¿Y sabes qué? Que los mayores (y algunos niños y niñas) añoramos la tierra que nos vio nacer o crecer o desarrollarnos como niñas y niños, mujeres y hombres, o lo que seamos. También podemos llegar a añorar la tierra de nuestros padres. La de nuestros abuelos. La de nuestros bisabuelos. La de nuestros tatarabuelos. La de… Todo, para saber de dónde venimos. Y quiénes somos. Este tema está muy presente en <<El mago de Oz>>. 

     Mira, Giulia, lo que escribe L. Frank Baum en la pág. 30 de la edición que yo manejo…

     <<El Espantapájaros escuchó atentamente, y dijo:

     -No puedo entender cómo puedes estar deseando dejar este hermoso país y regresar a ese lugar árido y gris que llaman Kansas.

     -Eso te pasa porque no tienes seso -contestó la niña-. Por muy grises y tétricos que sean nuestros hogares, nosotros, la gente de carne y hueso, viviríamos allí antes que en ningún otro país, por hermoso que fuese. No hay nada como estar en casa>>.

     Pues eso: nada como estar en casa. Lo que sucede es que, a veces, nuestro hogar está lejos de nuestra casa… ¡No es tu caso!

     Para finalizar este post lingüísticamente desacostumbrado (he rebajado todo lo que me ha sido posible el lenguaje para que tú lo entiendas) te diré tres últimas cosas:

     Una. Que el Espantapájaros acabó siendo Gobernador de la <<Ciudad Esmeralda>>.

     Dos. Que el Leñador de Hojalata acabó siendo Gobernador del país de los <<Winkies>>.

     Y tres. Que el León, por su parte, acabó convertido en Rey de la Selva.

     Recuerda ahora, Giulia, lo que te dije sobre el poder…

     Nada más, pequeña <<superluminova>>, activa y siempre libre. 

     Achuchones, pequeñita genial, y besos para tus padres.


Aires de infancia…

Septiembre, 2023.  

                            


jueves, 26 de mayo de 2022

373/ Giulia o la pequeña `superluminova´

O de cómo el corazón de una niña aniquila el bajo tono vital del de un adulto (niño grande) en un pis pas. O de cómo una pequeñita, de cuatro veranos (ella no es invierno), aporta más en menos tiempo que un sinfín de libros de psicología leídos con fruición. O de cómo <<mi>> pequeña Giulia, retoño de Ana y de Luca Toni, acapara la alegría más exultante sin saberlo.

   Dos horas han bastado con <<mi>> pequeña Giulia (y con sus padres), en las inmediaciones de la Torre del Oro de Sevilla, para percatarme de que la felicidad está donde tiene que estar y no en otro lugar cualquiera. Giulia, <<mi>> pequeña Giulia, es la pura felicidad. Y es la alegría desbocada en pos de una mensajería urgente apta, solo, para adultos: <<No pierdan el tiempo en lamentaciones: ábranse a la vida, al mundo, ábranse a los otros>>. Pienso: <<No merece la pena vivir encerrado por miedo a vivir>>. Nada hay más hermoso en el mundo que la risa franca de una pequeña en cuyos ojos vislumbro la grandeza del corazón de su madre, el talante `musical´ de su padre, y la esencia superluminova (brilla en la oscuridad) del eneatipo 7…

     El eneatipo 7 del Eneagrama de la personalidad, de Claudio Naranjo, presenta rasgos ambicionados por muchos: alegría, extroversión, curiosidad intelectual… Así es Giulia. Así, sus abrazos. Así, la niña más bonita del mundo. <<Mi>> pequeña superluminova, hoy y para siempre, me ha dado una lección psicológica de vida propia del mejor terapeuta. Yo lo celebro. Bastaron abrazos y uno que otro beso y una media lengua entre italiana y española y risas por doquier. Por una vez no voy a complacerme en el retrato veraz y verídico de Ana. Por una vez he querido regodearme en su extensión biológica…

     Cito, ahora, al doctor Naranjo con el fin de aclarar el origen del Eneagrama: “(…) Eneagrama–  expresión emblemática de procesos universales que nos llega de una tradición espiritual preservada en Asia Central. Fue a través de Gurdjieff que nos llegaron por primera vez públicamente noticias de este cristianismo esotérico con raíces precristianas babilónicas (una influencia transmitida a través de la espiritualidad iraní) (…)” (El eneagrama de la sociedad: males del mundo, males del alma. Apple Books. Pág., 68). 

     Yo siento a Giulia como si fuera mía, porque siento a Ana (su madre) tan hondamente parte de mí, que lo contrario sería incongruente. Los abrazos (y algún beso apretado) que Giulia me ha prodigado este mayo sevillano se me han quedado adentro del alma (caso de que esta exista). Iba yo con mi preocupación a cuestas y Giulia, de un solo plumazo, me ha descargado del peso mortal del presente bloqueado a nivel psicológico con muestras de un cariño puro y sin mácula. No se me ocurre mejor terapia que esa.

     Giulia tiene algo que agradecer a la vida: sus padres. Ana y Luca le dispensan un trato amoroso, cuidadoso, que a mí nunca dejará de enternecerme. No pocas veces he presenciado en la calle conatos de maltrato infantil (físico y verbal). Una cachetada, una amenaza, no hacen pedagogía. Los niños representan el tesoro que un mago celestial guarda bajo siete llaves para aquellos que tendrán la enorme dicha de traerlos al mundo. Sé que muchos vienen con dificultades inasimilables (yo no sé si inasumibles). Debemos, los responsables de su venida y el resto, cuidarlos y amarlos a todos por encima de todo. Ellos son lo primero. Están por encima de nosotros mismos, de los animales, de las plantas… Nada, ni nadie, podrá suplantar jamás su esencia visible entre videntes (e invidentes). Que ni un solo ciego de amor se atreva a ponerle la mano encima a un niño…

     Que Giulia juegue y ría y sea trasto y pataleé y deje exhausta a su madre no es sino vida que pugna por salir, a borbotones, a un mundo de esencias con el que pocos adultos tienen la facultad de conectar. Y es la vida de la niña, y la niña, esa vida entera en forma de semilla aún por germinar del todo en cuyo curso hace florecer vida en los demás. 

     Tiempo habrá, amico mio Ana, para otras cuestiones.

     Os quiero. 

Aires de Sevilla

24 de mayo de 2022

miércoles, 2 de agosto de 2017

271/ Café y cháchara

A Ana Alba: 
cafetera de pro.

Confieso ser cafetero. En según qué épocas el café ha tenido mala prensa. Siempre rondaba al consumidor la ansiedad o el infarto de miocardio. Hoy la toma de café no solo no está mal vista; también, se juzga necesaria para un mejor funcionamiento de la memoria y de los neurotransmisores empeñados en regular el quisquilloso e impertinente flujo anímico (serotonina. Dopamina. Endorfina). Es otra época. Corren otros tiempos. Unos más benignos… 
     Quienes tiran de Historia pueden argumentar algo. Por ejemplo: que el café dio “carta de naturaleza” a las tertulias del XIX. Gozaban éstas de prestigio. Alguna boca crítica echaba sapos y culebras al hablar de ellas. Clavijo ha escrito (en El pensador): “Si estas asambleas habían sido de provecho en algún tiempo, yo había tenido la desgracia de conocerlas demasiado tarde y que sólo podía andar detrás de ellas algún ocioso, que pensase en recoger materiales para pintar al natural el abuso de las letras, o escribir el elogio fúnebre de la urbanidad”. 
     Probablemente Clavijo pensaba (sin saberlo) en los cafés del XX o del XXI al escribir lo más arriba copiado. Nidos, todos ellos, de lenguaraces y de alcahuetes. Todos no. Alguna excepción hay. La diferencia entre el XIX y el XX o XXI es fácil de tragar y difícil de digerir: en las dos primeras centurias el café era pretexto para conversar. En el XXI la conversación lo es para cafetear. En plena era post-moderna se habla (por hablar) demasiado. El ignorante habla (por hablar) demasiado. El docto habla (pero no por hablar) demasiado. Se habla (por hablar) demasiado y se habla mal por tanto hablar cuando toca callar. Una duda me corroe: ¿Por qué quienes fatigan la sin hueso o no leen (algunos leen poco. Cierto) o no escriben? Habrá quien crea que del mismo modo se escribe demasiado y mal. Mejor sería leer demasiado (aunque se leyese mal). El mundo, me parece, con ese defectillo sin importancia sería mejor de lo que es.   

domingo, 28 de mayo de 2017

264/ ¡Literatura infantil de mi vida!

¿Pere Gimferrer firmando en un stand?
¿Una poetisa (imagino) post-moderna 
recitando algunos de sus poemas?
¿Un novelista promocionando su última obra
que toca (¿y no retoca?) el “poco tocado" tema 
de la Guerra "Incivil" Española del 36?
¡Bah! Libros. Solo libros. Cuantos más mejor. 
Libros olorosos a papel y con lomo. 
Los escritores (poetas incluidos) 
que los han escrito, al parecer,
nos la refanfinfla… 

El pasado domingo visité la feria del libro de Sevilla. No fui solo. Me acompañó Ana. Ambos nos allegamos a todos los puestos con la intención de buscar (y capturar) obras maestras. Ella adquirió cuatro o cinco ejemplares y me regaló uno fantástico: 12 poemas de Federico García Lorca (Kalandraca). Abro paréntesis. La mini antología referida está enfocada al niño pero se deja leer por el adulto. Cierro paréntesis. 
     Ana y yo somos aficionados a la literatura infantil de altos vuelos. Nuestro unánime parecer es el siguiente: “estas obras son artísticas más que literarias y divinas más que artísticas”. De sobra lo demuestran su lenguaje sencillo y sonoro y precioso y sus originales e inigualables y, en definitiva, geniales ilustraciones. Por no hablar de su humanismo (no humanitarismo) visible desde lejos. Jamás pecan (a diferencia de otras muchas pensadas y escritas para adultos) de inútiles: todos los temas sensibles son abarcados por ellas. Por ejemplo: las pérdidas nocturnas de orina. O: la discapacidad física y/o mental. O: mil y una maneras de gestionar las emociones. 
     Concluyo ya: la literatura infantil (no digo “juvenil”. Digo “infantil”) merece engrosar la lista de cosas necesarias para vivir plena y felizmente durante toda la vida. 

jueves, 19 de enero de 2017

249/ En el corazón de Ana cabe El Universo

Así es. La conocí el cuatro. Desde entonces me acompaña a todas partes. A la panadería. A la peluquería. A la guardería (cuando el Príncipe de Azulandia se esparcía allá). A la entidad bancaria donde mis números tienen el color de un atardecer de San Jacinto. Al supermercado. Al figón (el sábado en la noche). A dormir. Ella despierta, se despereza como yo, me deja que le prodigue un sonoro beso en la mejilla… 
    He dicho que en el corazón de Ana cabe El Universo. Quiero imaginar El Universo a la manera borgiana: como una biblioteca infinita. Ana es espléndida (léase: generosa). No deja de quererme desde la distancia física y heterogénea y un punto malévola. No hay la otra (la moral. La inmaterial. La del alma…). Yo me solapo con ella. Ella se solapa conmigo. ¿Dónde? En, con mayúsculas, El Libro. Ambos amamos los libros. Ayer (es un decir) le aireé que me gustaría sobremanera releer Confesiones de un comedor de opio inglés (de Thomas De Quincey) y Las flores del mal (de Charles Baudelaire). Hoy (es otro decir: fue anteayer) he recibido un envoltorio de Amazon con sendos volúmenes vírgenes en su interior. El de Baudelaire es florido. El de De Quincey es sepia y re-lindo. De pasta blanda los dos. Cuerpo once. O diez. O nueve. Tales páginas estarán impregnadas de mi imagen mental de Ana sempiternamente. Todavía más. Leí estas obras el uno. O el dos. O el tres. No recuerdo la fecha exacta. Por entonces estudiaba yo Filología Hispánica. Un compañero de clase melómano y, a ratos, poeta (Jesús) tuvo por bien instruirme en Baudelaire y su afición al opio. Mostré interés en lo que dijo: me prestó la obra mentada sin dudarlo. Leyendo Las flores del mal, a modo de añadido (creo), hice lo propio con el librito de De Quincey. Quedé sugestionado en el acto. No sin consternación restituí el libro a su dueño.
     El dieciséis recupero aquellas lecturas. La vida ha querido que yo no las adquiera mediante transacción económica. Ello pensé ejecutarlo muchas veces. Dos motivos me condujeron a no hacerlo. Uno: me amparé en el recuerdo todavía fresco de esas líneas inmortales. Y dos: erróneamente consideré que jamás se marchitaría la flor de mi retentiva (regada con indestructible admiración lectora). La vida ha querido que Ana mercadee y me obsequie con ellos. Ella (Ana. También la vida) me ha regalado tiempo emulsionado (de “emulsión” en su acepción fotográfica: Suspensión coloidal de bromuro de plata en gelatina que forma la capa sensible a la luz del material fotográfico). Y no aniquilado. Me ha regalado la memoria de aquellos días en que fatigaba libros en los corredores de la Facultad de Filología mientras soñaba con ser escritor. La muchacha de ojos grandes, limpios y un punto melancólicos, de cabello de cobre y piel de luna y carácter diamantino y mente erotizada que conociera en la Facultad de Magisterio es (y será) la que fue porque a sus actos los rige una verdad irreprochable: que me quiere y que yo la quiero y que no dejaremos de querernos mientras (en vida o no) nos encontremos en libros… Ella conocerá el significado que encierran los puntos suspensivos. 
     Hay, anexo al envoltorio, el siguiente mensaje de Ana: "Por esta pasión que nos une desde que nos conocimos: la belleza de los libros; que nos acompaña y nos une a través de los años y a pesar de la distancia. Ósculos sentidos, sinceros y profundos. De: Ana". Ella vive en la bota de Europa. De ahí lo de la distancia.             

domingo, 8 de enero de 2017

247/ Un joven-viejo habla desde la fiebre

A Ana Alba

Hay un desconcierto falso en las postrimerías de la juventud física: la nitidez de las apariencias. Una arruga aquí, una flaccidez allá, una variz acullá. Todo es falso. Lo falso no es el hecho de la aparición de tales hitos en el cuerpo. No. Lo falso es la meridiana nitidez del hecho. No hay tal nitidez. Es prueba que el prójimo no se percata de ello. Solo la última juventud lo percibe. ¿Cómo? Observándose eternamente ante el espejo. ¿Cuándo? Día tras día. Abro paréntesis. Ella no advierte que el espejo le tiende una trampa: la de manifestar lo que solo potencialmente está presente. Cierro paréntesis. ¿Dónde? En el pensamiento distorsionado del joven-viejo. En su voluntad tenaz de envejecer. Y no en otro lugar cualesquiera.
     Lo que la juventud última debería ver frente al espejo no es otra cosa que una certeza: la de acaparar (aún) futuro. Un futuro que se esboza en un recto (o poco combado) espinazo. En unos frondosos cabellos con pretensión de ser blancos pero entreverados de gris y de negro. En unos vivaces ojos azules. En un corazón que no deja de demostrar, demostrándole al par al joven-viejo, tañidos ágiles. En unas piernas fornidas. En unos brazos atléticos. La juventud última solo ve su fingida (por ansiada) decadencia. Cuando alguien se empeña en caer, cae, cae o se tira (¡contra el piso da de bruces de todas todas!). 
     Lo peor de envejecer antes de tiempo es acostumbrarse a ello. En toda costumbre anida la malévola idea de un veredicto que no admite prueba en contra. El hábito se transforma, entonces, en irrefutable verdad. Pero su raíz es falsa. Habría que remover el terruño de la baja autoestima para extraerle al embuste la raíz y sembrar otra flora en ese hueco. La empresa no es baladí y es factible. Solo hay que mudar el pensamiento como quien muda de camisa. O de opinión. Al cabo algo germina… 
    No creo que deba incitarse la vejez. Ese perro muerde de apoco y no una sola vez sino muchas. De eso a irritarlo para que lo haga (morder) va un trecho notable. Se le acopla un collar (anti pulgas o no) y se le encasqueta un bozal y ya está: problema resuelto. O casi. O temporalmente. La ancianidad no perdona. Cierto es. ¿Y no da tregua en tanto que, de forma progresiva, se manifiesta cual fantasma larga y amargamente aguardado? ¿Y no es su manifestación natural una tregua de efectos paulatinos en tanto la juventud se resiste a ausentarse de cuerpo y mente?
     He escrito lo que precede desde la fiebre. Un virus. Lo contraje en el gimnasio. Creo. Tampoco es que él me espetara: ¡ea, ya me tienes, todo tuyo soy! Lo sé por una cuestión radical y acaso errónea: al día siguiente empecé a notar los primeros síntomas. Mucosidad imaginativa. Dolor de cabeza ideal. Flojedad de argumentos musculares. Fiebre. Perdóneseme, por ello, el desvarío.         

miércoles, 7 de octubre de 2015

206/ A propósito de la vida

Hoy es un día para celebrar por todo lo alto. ¿Por qué? Porque estoy vivo.
     No, no me ha ocurrido ninguna experiencia cercana a la muerte, qué va. Pero antes de anochecer (mi amiga Ana dixit) hay sol. Yo, hoy, veo el sol. Ayer, no. Ayer veía nubes.
     El caso es que he hecho una ronda por la Red y topado con diez citas célebres, sin desperdicio alguno, sobre la vida. Más abajo las transcribo. Consejo: nadie atribuya total veracidad ni a su autoría ni a su contenido. Con internet nunca se sabe.
     He aquí la decena de sentencias… 
     Abre fuego Gregorio Marañón: “Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar es empezar a morir”. Totalmente de acuerdo. Con existir no basta. La guinda del pastel es la creación. Muere lentamente, yo creo, quien no crea.  
     Segundo arcabuzazo a cuenta y riesgo de T. S. Eliot: “Hacer lo útil, decir lo justo y contemplar lo bello es bastante para una vida de hombre”. Yo añadiría a esta nómina hacer lo inútil. A veces de la inutilidad surge lo bello. Bien digo: lo bello. 
     Tercera detonación a cargo de Henry Van Dyke: “Alégrate de la vida porque ella te da la oportunidad de amar, de trabajar, de jugar y de mirar a las estrellas”. ¿Acaso alguien duda que la vida consista en esto? Yo me apropio el juego y las estrellas. Mirando éstas se trabaja (algo hay en el firmamento que te obliga a subsistir). Y jugando, es claro, se ama. Léase: se coquetea.
     Cuarto accionamiento de gatillo. Dispara Mahatma Gandhi: “Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre”. Sabia reflexión. Aprender apasionadamente para, de ese modo, no olvidar lo aprendido.
     Quinto ¡pum! por gentileza de John Lennon: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. ¿Consistirá en esto la vida oculta o, como reza el título de una novela de Juan Manuel de Prada, La vida invisible? Oculta (invisible) para muchos. Vale. Desvelada para los que amamos la vida sin remilgos. A veces le damos la espalda (a la vida) creyendo que es el pecho lo que le damos.
     Sexto disparo a manos de, ¡oh, mon dieu!, Horacio: “Piensa que cada día puede ser el último”. ¿Lo copiaría Gandhi? No sé yo hasta qué punto un pensamiento como este puede revolucionar el cotarro vital. Y, ¿no queda la amargura dentro? Y, ¿no deriva de ese pensar arcaico el estrés de hoy?
     Séptimo mandamiento que, por supuesto, estalla. ¿Que quién activa el detonador? Marie Curie: “La vida no merece que uno se preocupe tanto”. Más que nada porque preocuparse no es útil. ¿Alguien tiene algo que reprochar? En este caso, por cierto, lo inútil no es bello.
     Octavo chupinazo lanzado al aire por Bertrand Russell: “Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos”. No doy fe. Yo, además de temer al amor, lo combato. Y un muerto no puede combatir. Y, ¿no es la vida un combate?
     Novena descarga firmada por Antoine de Saint-Exupéry: “Mirad, en la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas, y las soluciones vienen”. La vida como proceso. Las soluciones como parte de ese proceso. Solo una parte más. ¿A qué obsesionarse con encontrar la solución a todo? ¿Será, vivir, errar?
     Y décimo chut (en un sentido futbolero. De quien se trata no podría disparar) al aire. Quien arma la pierna no es otra que Teresa de Calcuta: “La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas”. Sin comentarios.
     Concluiré este post con una cita mía. Esta de aquí: “Vivir es como bailar un tango con la realidad”.
     P.D.: Lo del tango y la realidad, mal que me pese (ay), creo haberlo leído en alguna parte. Perdóneseme.    

martes, 10 de junio de 2014

146/ Dorka Cervantes o la honda sencillez

Quisiera escribir como la mamá grande de mi amiga Irene. Escribir: “Con palabras sencillas te invito/ a mirar más allá de lo palpable/ y ahondar en los sentimientos/ que te invaden.// Con palabras sencillas te pregunto:/ ¿Has querido alguna vez alcanzar/ con tus manos una quimera?// Si esto no sucediese…/ sencillamente, abrázame.” Escribir: “La espera tiene nombre de inercia./ En las vacías horas del hastío,/ me cobijo bajo nubes de acuarelas grises/ buscando gotas que me liberen”. Escribir: “Acepto la vida tal como es/ con sus brumas y su luz,/ sus alegrías y sus tristezas,/ ¿quién me prometió un camino de rosas?”. O que las caracolas marinas son cisnes lacustres que surcan con su nado aguas calmas. O que el anciano es un árbol viejo y el niño gota de lluvia que hace temblequear las hojas de ese árbol. O que los antojos son viñas que acaparan blancas palomas en su seno. Me hubiese gustado parir tales Versos imperfectos. Quien los alumbró fue la mamá grande de Irene: Dorka Molina Pichardo. O: Dorka Cervantes. O: la viuda de Francisco Cervantes López (papá grande de Irene). Airearé aquí qué supone para mí Versos imperfectos: Poesía sencilla mas no simple. Tú, Dorka, has ido a la hondura (a la caricia del alma) por la sencillez. Tal hiciera Mercedes de Velilla. Mi Juan Ramón dejó escrito que “la perfección se halla en la espontaneidad y en la sencillez” (o algo así. Cito de memoria). Versos imperfectos son, a mi juicio, versos perfectísimos. Y he de agradecerte, Dorka, que des (que hayas dado) a la amistad el hueco anhelado por mí para ella siempre. Cuando escribes: “Desaparecerá la luz de mis ojos,/ mis vivencias se harán anónimas;/ quizás algunos me recuerden/ aquellos que enriquecieron mi vida/ con su amistad”. La primera estrofa del poema intitulado Últimas palabras es, así lo siento yo, un canto a la amistad. Imposible no memorar durante su lectura a Irene, a Juan Diego, a Rebeca, a Ana Alba, a Alejandra, a Juan Francisco Núñez, a José Manuel Cabrera, a David Rebollo, a Gonzalo Onieva, y a tantos otros. Versos imperfectos aborda el paso del tiempo con sus alegrías y sus tristezas. También uno de sus residuos (del tiempo) fundamentales: la quimera. Aquí expones tu alma como piel nívea de niño al sol achicharrante del estío. Evocas el amor pasional y el romántico. Evocas el deseo satisfecho o insatisfecho dependiendo de las telarañas del tiempo que proliferen por el cuerpo. En tu expresión hay algo incombustible. Tus poemas son (creo) tu expresión. Tu vida ha sido (creo) tus poemas. Vida y obra en ti están (creo) amalgamadas. Acaricias la ambivalencia de la alegría y de la tristeza. Del amor y del desamor. De la pasión y de su antinomia. De la vida y de la muerte. Epílogo, poema que cierra tu libro, reza: “Floreció mi cuerpo dos veces,/ se entregó sin medida al amor,/ lentamente el tiempo pasa páginas/ y apaga la flor encendida de mis deseos,/ el invierno se instala en mi alma/ sólo sigue latiendo mi corazón”. Lo puesto en versal me ha noqueado. Conjeturo que la ancianidad es una edad ardua. Todo lo que sé se lo debo a los libros y a mis mayores. A eso lo llamo yo “raíces del alma”. O (tanto monta) alegría de aprender tal un epígono. Los espíritus joviales tienen muelle y cuerda para rato. El tuyo lo es. Ergo: ¡quedo a la espera de tu próximo (no sé si pronto o tardío) libro! Y que Buda Misericordioso me dé salud para leerlo.         

viernes, 18 de abril de 2014

139/ Adiós, maestro...

Ayer, 17 de abril, murió Gabo. Abril-Gabriel. Abril-Javier. Tal día como ese, del setenta y ocho, nací yo. Treinta y seis años después (misma jornada y misma cuota anual) expira él. ¡Huérfano he quedado de maestros vivos! Me corrijo: sólo F. aún colea y da la matraca con sus libros y sus artículos a contra-Discurso de Valores Dominantes. Los otros tres (Gabo, como digo, es uno y el principal) ya se fundieron con el oxígeno y el dióxido de carbono del aire de la atmósfera terráquea. No consignaré aquí el nombre (sí su inicial, acabo de transcribirla, F.) de aquel que todavía inspira y espira éstos gases, sobre todo, abdominalmente y en ocho tiempos; es decir: a la manera budista. Quien últimamente haya siquiera ojeado esta bitácora sabrá, sin dubitación, a quién me estoy refiriendo. Hoy, ahora y aquí, no tiene cabida su baqueteado nombre. Hoy es el de Gabriel García Márquez el que, mal que me pese, copa este (por una vez y que no sirva de precedente) luctuoso espacio. Maestro: jamás de los jamases he sido tan feliz como leyendo cualquiera de tus célebres obras. Abro paréntesis. ¿Recuerdas, Alberto, lo que tertuliábamos acerca de Gabo y sus Cien años…? Cualquier tascucio (por decirlo a la manera de mi cuarto y coleante y viajante y apremiante y contradictorio maestro) era bueno para ese menester. Horas y horas de cafés bien conversados (así lo expresaría el de Aracataca). Se fue, Alberto, ay. Y ay, Ana, se esfumó la esperanza de tratarlo <<en vivo>>… ¿Recuerdas cuando te propuse ir a Barcelona, aprovechando que recaló allí, para estrecharle la mano y agradecerle tantas y tantas páginas de inigualable (por magistral) y altísima literatura? Cierro paréntesis. ¡Corta muerte y larga reencarnación (siempre que ésta devenga felicísima) al mejor novelista de todos los tiempos! Sí, he dicho: de todos los tiempos. Así lo creo. Así lo veo y lo suelto. Así lo aireo. Ahora en tu honor, maestro, escucharé el Réquiem de Mozart y entre corchea y corchea me sumergiré en la lectura con miras a olvidar parcialmente tu fatal e intempestivo (siempre es intempestiva la muerte de un maestro) deceso. Yo te leeré de nuevo y contigo conversaré de tú a usted y en clave de indisoluble hermandad literaria. ¿Puedo pedirte que saludes de mi parte, si tienes ocasión, a Aureliano Buendía y a Úrsula y a Amaranta y al coronel a quien nadie escribía y a…? Por cierto: ¿Recibió éste, a la postre, su misiva? Y Florentino Ariza, y Fermina Daza, ¿están ahí contigo? Ah. Que no han querido acompañarte en el viaje definitivo… Que todavía tenían una misión que cumplir en la tierra: la misma desde el día en que los concebiste y trajiste a la luz de la Realidad Mágica (así, con mayúsculas) y no siempre doliente. Vale. Yo seguiré en la brecha, maestro, sempiternamente encontrándome con ellos y leyéndote. Cómo si no… Me despido, ya, así: hasta siempre (hasta cientos de taumatúrgicas y gozosas páginas). Que el ángel de los narradores (si lo hay) te acoja entre sus vaporosos (digo yo que lo serán…) brazos. Y que la bienaventuranza sea contigo, maestro. <<Amén>>.

lunes, 10 de febrero de 2014

123/ Yo, gato. ¿Y tú?

A Ana Alba


Creo que me estoy aficionando a los gatos. No sólo al de Cheshire (Alicia en el País de las Maravillas). También al de Kipling. O al de Antonio Burgos (llamado Adriano). O al de Poe. O al de Hemingway. O al de Rubén Caba (Leónidas). O al de Rosarillo Flores. O a Willy, de mi añorada Ana, que lamió lo que no debía… O al de Alicia y Manuel cuyo nombre es Valentina. O al de Dragó: Soseki. Murió. Poseía ojos verdes y pelaje atigrado. Jamás tuve noticias suyas; he sabido de su existencia por el libro que lo hará pasar a la posteridad: Soseki. Inmortal y tigre (Planeta. Barcelona. 2009). Se publicó la obra cuando ingresaba yo en la Facultad de Comunicación de la US (atiborrada, por cierto, de perros). En 2014 la leo. Hasta hoy los gatos me habían pasado desapercibidos. Corrijo: hasta tratar a Valentina y leer el libro aludido y saber más de estos tigrillos. Son amigos de los escritores (sus álter ego) y no antagónicos de éstos. Son independientes y libres; felices y con siete vidas que estrujar. Ronronean y chupan y se rozan, sin compromiso, con humanos. Son promiscuos. Son hermosos. Son silentes. Y son aventureros. Y slow: no conocen del estrés. Tampoco del pasado (ni del porvenir. Viven en continuo presente). Son intuitivos y astutos; nunca maliciosos. Odian los cascabeles. Y cualquier yugo: no han nacido para que se les unza. Acompañan y desamparan cuando les viene en gana. Fintean a la tristeza con arrojo. Son poetas satíricos; se pasan la lírica por el forro. Se ríen, desde el respeto, de los perros; más, de los perracos. Esos que abren la boca para tragarse el mundo y engullen moscas.

     Los perros ladran y aúllan y arman escándalo; son un poco tontos. Los gatos se los llevan de calle. Todavía no he visto a ningún gato sucumbir entre las fauces de un can; y sí a uno de éstos recular con el rabo entre las patas ante el zarpazo de un minino. El perro tiene algo de políticamente correcto. El gato lo tiene de heterodoxo. El perro es de derechas o de izquierdas. El gato no es ni de lo uno ni de lo otro: es anarquistón y misticón (como un servidor de casi nadie). El perro se asea si lo asean. El gato nunca se ensucia. El perro es sumiso. El gato es libre (ya lo he apuntado). El perro ataca. El gato defiende. O tanto monta: el perro es beligerante y el gato pacifista. El perro puede ser actor y, de hecho, sobreactúa. El gato solo actúa. El perro huele a cualquier cosa. El gato huele a gato. El perro impide dormir a los hombres. El gato vigila el sueño de sus amigos (humanos o no) y el de los niños. El perro es diurno. El gato es diurno y nocturno. El perro es realista. El gato es idealista. El perro es racionalista. El gato es espiritualista. El perro se establece. El gato vaga. El perro indaga. El gato descubre. El perro vive. El gato vive y sueña y vuelve a vivir y a soñar y, así, hasta el infinito.

     No he podido evitar la archi-extendida comparación can-gato. Recuerdo a Félix “el gato”. Recuerdo a mi estimado Alejandro Jodorowski que en cierta portada de uno de sus libros aparece con un gato señorón: el suyo. Miguel Delibes, otro eximio autor, utilizaba perros para ir de cacería. Si hubiese llevado gatos, en vez de perros, habría tenido otro carácter de mayor. Porque reseco (aunque excelente escritor) era un rato. Como gato se censura y como perro se ofende el censurado. También existe el escritor gato y el escritor perro. Al primero hay que leerlo entre líneas. Al segundo se le ve la intención enseguida. El primero deleita. El segundo entretiene. Si se critica al primero, éste maullará riéndose y jamás rectificará su proceder o su pensamiento. Si se critica al segundo, éste ladrará e intentará morder al crítico. Ejemplo de escritor gato: Javier Marías. Ejemplo de escritor perro: Arturo Pérez Reverte. Marías dijo que sus libros gustaban mucho o no gustaban nada. ¡Bravo! Reverte, por su parte, va sobradito. Conste que ninguno de los dos me seducen…

     Ahora, lector, permíteme que te interpele: no seas perro. Sé minino. No te arrodilles ni agaches la cerviz para morder la pelotita. Sal de juerga nocturna y regresa, satisfecho y desfogado, a tu cubil. Eso, si no has nacido perro, lo cual sería una desgracia como cualquier otra; en cuyo caso, ay, me compadecería de ti y emitiría: <<¡Miau!>>, que quiere decir (en gatuno): <<¡Cuánto lo siento!>>.

martes, 17 de septiembre de 2013

83/ De corazón...

En la mañana verde,
quería ser corazón.
Corazón.
(Cancioncilla del primer deseo. 
Federico García Lorca)


Ana me agasajó con un título indeleble: Filosofía y literatura (María Zambrano). Galopaba 2005. Nuestros simposios referían sentimientos y pensamientos desentumecidos: libres de júbilo o de melancolía. Una tarde le dije: Quiero leer a María Zambrano. Y... ¡Cataplum! Concurrió conmigo y con tan singular obra en el aula. Me la dedicó: <<Como todo lo bueno de esta vida, el libro también se ha hecho esperar. ¿Apagaste todas las velas de una vez? Si no, no pasa nada. Muchos besos. P.D.: Y que comamos muchas papas a los tres quesos para celebrar cumpleaños o lo que nos dé la gana. Jajá. ¡Felicidades! 27 de abril de 2005>>. 

     Acababa de descubrirme a M. Zambrano. Yo no busqué a ninguna de las dos: ni a María ni a Ana. Ambas arribaron a mí. Con el tiempo me he percatado de la trascendencia de sendos descubrimientos: para el corazón la camaradería y para el intelecto la erudición. Quid de la doctrina zambraniana es la <<Razón poética>>; no <<histórica>> (Ortega) ni <<pura o práctica o de la capacidad de juzgar>> (Kant). La doctora Bundgaard la describiría de este modo: <<Construcción hipotética, volitivo-imaginativa, que avanza al mismo tiempo expresando certeza y provisionalidad (…)>>. Aunque antes...: <<(…) las más profundas raíces de la (…) razón creadora propuesta por Zambrano se encuentran en la poética vanguardista de García Lorca, [Rafael] Alberti, [Luís] Cernuda, [Emilio] Prados, [José] Bergamín, Pablo Neruda, Octavio Paz, Lezama Lima, y el grupo Orígenes de Cuba (…)>>. 

     Aquella vanguardia no es (de haberla) la de hoy; ni yo, ni Ana, los de ayer; María, ineluctablemente, sí. También, su Razón poética. Ana subsiste en mi frente <<marchita>> y en mi corazón <<grana>>. Cada vez que hojeo el ejemplar aludido evoco aquel día… 

     Me <<sentí>> poeta por vez primera a tenor de L. P. R. Más tarde lo ratificaría Ana con su humor y su perfil sin igual. Hoy la evoco (sobre mi mesa de trabajo Filosofía y literatura...) con <<el corazón en la frente>>; en carne viva la frente. Y con <<la frente en el corazón>>; henchido de memorandos el corazón. 

     Sirva el presente texto para corroborar lo que digo.

jueves, 21 de marzo de 2013

62/ Camaradería

Algo en Benedetti zangolotea mi espíritu: su ternura o su ironía o su comedimiento o su sencillez o su indulgencia. Estrictamente ignoro qué. Biografía para encontrarme conlleva Los que se fueron. La estrofa cuarta exhuma uno de mis términos predilectos (“vademécum”) en su segunda acepción (DRAE); a saber: `Cartapacio´. De resultas evoco sueños y aprensiones que aducía yo camino de la escuela. No versa, a la postre, sobre este tema el citado poema.

     Los que se fueron, aquí y ahora, son hombres y mujeres tangibles. Corrijo: vaporosos. Anhelo atribuir a la idea de “irse” un sentido distinto del obituario y del erótico: el espacial. Se fueron mis amigos J.D. e I. a tierras encorsetadas por Isabel II y el Céltico. Se fue mi amiga A. a la bota que calzó el Dante. Se fue mi otra amiga A. Q. F. E. y mi amigo A. P. C. a la Villa y Corte de Quevedo. Se fue (regresó) mi amiga P. S. al piso patrio del Zloty. Se fue mi amiga I. M. al Sacro Imperio Romano Germánico. En mí radican todos. Yo, hace tiempo, opté por quedarme. 

     Enuncia Benedetti en Los que se fueron que <<los que se quedan tiemblan en silencio>>. Doy fe de ello. Con una apostilla: el autor (conjeturo) alude a la dictadura militar y a sus desaparecidos; yo, a la camaradería. Advertirlo, me parece, no está de más.