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martes, 4 de octubre de 2022

385/ El ilustre en su laberinto

El humor de que hace gala Juan Eslava Galán me parece rancio, viejuno, maloliente. Todo él expele un tufillo suspendido a media altura que impide al lector <<moderno>> respirar a gusto. Yo ignoraba semejante agravio lector. Al ilustre jienense lo he frecuentado, varias veces, en entrevista y nunca he vislumbrado su afición al bufoneo intelectual. Cuidado: no digo humor, tal cual, sino <<bufoneo intelectual>>. No es lo mismo. El bufoneo se combate con buen humor. Lo cierto es que el populacho ríe con su vertiente <<Gracita Morales>> a la inversa y algo tergiversada: ni Gracita, sino falta de gracia, ni Morales sino (mejor aún) amorales chanzas. Todo viene a colación del siguiente pasaje: <<Entre los traficantes de “carne femenina” no faltaban los mercaderes desaprensivos que daban gato por liebre vendiendo musulmana libre por esclava cristiana. (…) El cliente, obnubilado por tanta y tan exótica belleza, paga lo que le piden por la diosa rubia (de bote) y se la lleva a casa. Aquí piden ocurrir dos cosas. Si la falsa cristiana queda satisfecha del trato y de las comodidades de su nuevo hogar, “engatusa” a su dueño para que la libere y la despose. En caso contrario, se deja de disimulos, y le advierte en correcto árabe que es musulmana y, por tanto, jurídicamente libre. El estafado comprador no tiene más remedio que dejarla en libertad pierde su dinero>>. (Juan Eslava Galán: <<Historia de España contada para escépticos. Planeta. Barcelona, 2019. Pág., 143-144). El entrecomillado me lo agencio.

     ¡Pobre hombre, <<apaleado>> por tan desaprensiva esclava!

     El lector menos juicioso se preguntará: ¿Y dónde está el problema? Entonces yo le responderé: en el tono de burla volcado, como saco de cemento armado, sobre la mujer. Juanito hace esto sistemática e insistentemente en el libro arriba mentado. No es tanto lo que dice cuanto cómo (y dónde. Y cuándo) lo dice. La coletilla <<rubia de bote>> está tan manida por el uso varonil (y mujeril) indiscriminado que ya resulta cargante recurrir a ella una vez más. Juanito la acomete de mil amores. La expresión <<carne femenina>>, perfectamente plástica, en según qué contexto puede llegar a ser hasta punzante. Juanito eleva el brazo ejecutor que clavará la punta con absoluta determinación. Que la esclava sea la que <<engatuse>> a su dueño deja bastante despejado el tufillo de que más arriba hablaba yo…

     Siempre lo he dicho y lo diré siempre: defiendo la libertad de expresión en todas sus formas y en cualquier circunstancia y contexto que se precie. Ello no me impide exigir (¡ya puestos!) un poco de elegancia a quien mal que bien lanza al espacio-tiempo mensajes verbales de diversa índole. Y, de paso, también un poco de empatía. No creo que esto atente contra la libertad de decir lo que a uno le dé la real y soberana gana sobre el asunto de que se trate. Yo procuro abrazar el Humanismo (no el feminismo, no el machismo, no el juancarlismo…). Valga, ya que de humor hablamos, la anterior humorada. 

     Así pues: ¡<<Vade retro>>, Juanito Eslava! ¡<<Vade retro>>!

jueves, 24 de febrero de 2022

370/ Bañada en oro

Más que mil palabras inútiles, 

vale una sola que otorgue PAZ  (Buda).


Nunca un anónimo me había sugestionado tanto. De ordinario la factura de un texto anónimo no suele ir precedida de una firma de alto vuelo literario. Existen excepciones, incluso, libros enteros. Pero esto es otra cosa. Aquí no hay resonancias antiquísimas ni tono inquisidor ni nada que se le aproxime. Aquí hay actualidad, aquí hay oficio de esteticista y pragmática pluma, aquí hay un escritor (o escritora) detrás que sabe requetebién lo que se hace. Mi enhorabuena a <<Manos Unidas>> por tomarse en serio la literatura y, por ende, el lenguaje. <<Fecundas>>, <<sembradoras>>, <<gratuidad>> son bellos términos que ennoblecen nuestro idioma. Percátese el lector de que la mayúscula (<<Manos>>, <<Esperanza>>, <<Mundo>>, <<Justicia>>, <<Amor>>) otorga quilates a la palabra escrita. Ya no es, esta, palabra de hojalata. Ahora es palabra de oro o, al menos, bañada en oro. Seamos justos con el idioma. Empleémoslo con sabiduría y valiéndonos siempre de una brújula que nunca falla: la belleza.

     El texto (poema) de que hablo es este:        


     ORACIÓN “LA HORA DEL HAMBRE”


     Que seamos, Señor, manos unidas

     en oración y en el don.

     Unidas a tus manos en las del Padre,

     unidas a las alas fecundas del Espíritu,

     unidas a las manos de los pobres.


     Manos del Evangelio,

     sembradoras de vida,

     lámparas de Esperanza,

     vuelos de Paz.


     Unidas a tus Manos solidarias,

     partiendo el Pan de todos.

     Unidas a tus Manos traspasadas

     en las cruces del Mundo.

     Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua.


     Manos abiertas, sin fronteras,

     hasta donde haya manos.

     Capaces de estrechar el Mundo entero,

     fieles al Tercer Mundo,

     siendo fieles al Reino.


     Tensas en la pasión por la Justicia,

     tiernas en el Amor.


     Manos que dan lo que reciben,

     en la gratuidad multiplicada,

     siempre más manos,

     siempre más unidas.


     Apostilla: La resonancia religiosa del poema arriba copiado es, para mí, secundaria. La dimensión ética, principal.

     Paz para todos los pueblos. 

     Sic erat scriptum.  

viernes, 29 de mayo de 2015

184/ Admirado "rey" Lledó

Lledó habló y, de nuevo, me satisfizo. Dijo el filósofo que la corrupción que más le preocupa es la de la mente. Te alabo el gusto, querido Emilio. Desde el primer momento que te escuché y leí acabé noqueado por tu discurso. Los profesores con un ADN como el tuyo, o parecido, mitigan los efectos de la holgazanería mental. ¿Cómo? Así: potenciando la curiosidad e inconformidad con el orden de ignorancias establecido. También induciendo la búsqueda bibliográfica de respuestas. Fácil de enunciar. Lo sé. Difícil de ejecutar. No lo sé menos. Te han galardonado con el “Princesa de Asturias” de Humanidades. ¿Sabrá, ahora, el populacho quién eres (y qué dices y a quién o a quiénes lo dices)? Ojalá. Leer a un humanista vivo no es para tomarse a chicota. Casi todos están, ya, muertos. O en capilla. A ti aún te auguro una larga trayectoria vital. Y más artículos, y libros, y entrevistas televisivas y televisadas donde poder verte y oír tu sapiente voz. O fagocitar tu mensaje. Sea como fuere, y sin menoscabo del aliento, com-pren-der-te. Muchos sabios olvidan este ingrediente clave en la marmita de su discurso verbal: la comprensión. Saber y no saber transmitir lo que se sabe redunda en saber solo. Y, ¿qué sentido tiene saber si no se comparte lo sabido? Como tampoco lo tiene (sentido) saber a prisa y corriendo. Esto último, acaso, lo fomentan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). El 18 de noviembre de 2014 enunciaste a un periodista del País lo que sigue: “(…) yo fui feliz en la guerra [la Guerra incivil del 36] porque aprendí a leer. Tenía un profesor en Vicálvaro que nos hacía leer un par de veces por semana el Quijote y luego nos preguntaba por sugerencias de la lectura. Hay que enseñar a leer y a amar la lectura. La tecnología es una ayuda para la cultura, pero no creo que tenga nada que ver con la educación”. Saber a todo trapo se ha convertido en el troyano de cualquier mente inquieta. Ya no se reflexiona como antaño. Ya no se investiga con la hondura de antes. O mejor: se investiga horizontalmente, hasta que el aburrimiento hace bulto, movido por el ansia de cambiar de actividad para saber (a todo trapo) algo nuevo. “¡Más madera!”, parecen gritar los gurús de Internet (personal posmoderno). ¿Te leerán ellos? Lo dudo. Más vale saber en mano que ciento volando no es dicho de mi gusto del todo. Yo prefiero este otro: el saber, a fuego lento, mejor sabe. Palabrita del niño Buda.

jueves, 17 de julio de 2014

152/ Studia humanitatis

Unos versos de Petrarca que no amo sino idolatro por su forma y su fondo son estos: “Podrán tal vez, pasadas las tinieblas,/ volver nuestros lejanos descendientes/ al puro resplandor del siglo antiguo (…)/ Resurgirán entonces los ingenios,/ los ánimos despiertos, eminentes (…)”.  Yo creo (con Guarino Veronese) que nada hay más loable que aprender artes y ciencias con el fin de ser felices. Él estampó en letra impresa: “Nam, ¿quid praestabilius cogitare et consequi possumus quam eas artis, ea praecepta, eas disciplinas quibus nos ipsos, quibus rem familiarem, quibus civilia negotia regere, disponere, gubernare liceat?” En román paladino: “Pues, ¿qué objetivo más meritorio cabe concebir y alcanzar que las artes, las enseñanzas, las disciplinas que nos permiten poner guía, orden y gobierno en nosotros mismos, en nuestra casa, en la sociedad?”. Esa era la meta fundamental del Humanismo. ¿Por qué duró éste “solo” tres siglos (del Trescientos al Quinientos)? Francisco Rico apunta lo siguiente: “(…) al volverse los studia humanitatis programa escolar generalizado la figura que los representa a los ojos de la mayoría no es ya el singular intelectual que acomete empresas brillantes y anuncia grandezas para mañana, sino el maestro anodino, mejor o peor preparado, más o menos voluntarioso, que gasta las horas en desasnar adolescentes. Con otra preparación y otros objetivos, pero al cabo el mismo pobre `gramático´ de siempre. El común de las gentes no ve otra figura que ese modesto dómine, cuya misión no discute, que antes bien aplaude, pero que le resulta escasamente atractiva. A los horizontes utópicos suceden las rutinas de la enseñanza cotidiana; al desafío de la novedad, a las grandes promesas, las limitaciones y las miserias de la pedagogía” (El sueño del humanismo. Crítica. P. 77. Barcelona, 2014). A mi ver la pedagogía no debería adocenarse ni, menos aún, mudarse en miserable. Más al contrario: ofrecerse generosa y elevada al mundo tendría que ser su único designio. Acribíllese la mediocridad (hoy se le rinde culto) y abrácese la excelencia (hoy se le mata). Convirtámonos unos y otros para el bien de la sociedad en humanistas del Dos Mil. Harto inalcanzable este deseo mío. Lo sé. Sin embargo tenía que airearlo. Y, pues, aireado queda.