Mostrando entradas con la etiqueta Alquimia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alquimia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de marzo de 2019

300/ Defensa del Barroco (y que no sirva de precedente)

Asiento, aquí, una columna fascinante cuya firma (“Fernando Aramburu”) es del todo conocida: https://www.elmundo.es/opinion/2019/02/17/5c681901fdddff9f4f8b45f6.html. No parece, esta, exenta de una malicia buena. La razón es de plomo: silencia nombres de escritores barrocos cuyo estilo es ponderado por colegas de oficio. ¡Mal, don Fernando, muy mal! 
     Un tocayo del artífice queda en descarte: el apellidado Sánchez Dragó. Barroquísimo él. El mejor escritor español vivo. Esto último a mi juicio. Otro descartado es Juan Eduardo Zúñiga. El Buddha me libre de insinuar siquiera que este comete el deplorable crimen de ser barroco. No. Zúñiga tiene voluntad de estilo. Mi opinión al respecto es la que sigue: todo autor que carezca de la mentada voluntad no pasará de ser un mero narrador o redactor o componedor de versos. Eso es todo. Eso no es poco. Pero eso es insuficiente. Este jamás será artista, jamás poeta, dado que literatura y arte van de la mano de manera inexorable. Lo sé: no siempre. Pío Baroja tenía poco (muy poco) de artista. Como poco (muy poco) de ello tenía Galdós. No así (otros descartados) Azorín o Pedro Antonio de Alarcón. Abro paréntesis. Perdón por la rima. Cierro paréntesis: maravilloso romántico el de Guadix (apunte necesario. Acaparó grandes dosis de realismo). Maravillosa romántica (descartada igualmente) fue Rosalía de Castro: tenía voluntad de estilo. 
     ¡Tirón de orejas a don Fernando!
     Permítaseme una aclaración: yo no recurro, aquí, al estridente timbre de ninguna ideología política. Yo recurro, aquí (y en cualquier lugar. Siempre), a la literatura. También a la filosofía. Punto. 
     Los descartados eran escritores re-pensantes de palabras y frases y dinamizadores de efectos y todo lo que convierte a la literatura en un artificio formidable. Justamente lo contrario de lo que siente (a veces hasta piensa) el lector cuando lee textos de tantos (no tontos) autores que parecen decir lo mismo con palabras insulsas. Juzgo verosímil que la insulsez radique en un mal ejecutado arte combinatorio de las mismas (de las palabras). La conjetura, me parece, no es infundada. 
     ¿Existe algo superior al aburrimiento “literario” que desprende el libro Últimas tardes con Teresa? No quiero (con Cervantes) recordar aquellas horas de tediosa lectura. Lo que escribe Marsé podría escribirlo Manolo Pérez o Antonio López (no el pintor). ¿También lo que mal que bien garrapatea Juan Manuel de Prada? ¿Y lo que Enrique Vila Matas (barroco a su modo. O sea: con base en un estrangulador encadenamiento de referencias eruditas, librescas, infinitas)? 
     A los quisquillosos: solo hablo de literatura. Y de filosofía. Punto.    
     Los alquimistas dijeron: Obscurum per obscurius, ignotum per ignotius ("A lo oscuro por lo más oscuro, a lo desconocido por lo más desconocido”). Discúlpenme mis amigos posmodernos por haber recurrido al latín. 
     Machado escribió: "Oscuro, para que todos atiendan. /Claro como el agua, claro,/ para que nadie comprenda”.
     Vivimos tiempos de elefantiásica mediocridad literaria. ¿Tendrá algo que ver en ello la industria editorial? ¿Y la escuela? ¿Y las nuevas (menos de apoco) tecnologías? Cada quisque que piense lo que quiera. Probablemente, ahora, tendría que disculparme por haber empleado la palabra “quisque”. No lo haré. Quien quiera saber que arreé. Y perdón, tercera y última disculpa ya en lo que va de post, por la rima. 
     Ea. A otra cosa.  

lunes, 10 de noviembre de 2014

164/ De la alquimia

Stanislas Klossowski de Rola escribe en Alquimia sobre el Ouroboros. Es éste un dragón que muerde su propia cola. El bicho es verdirojo. El verde simboliza la iniciación. El rojo, el objetivo de la Obra. El dragón viene a representar la naturaleza cíclica y eterna del universo. El volumen que manejo aduce un dibujo del bichejo. Se trata de una copia de Synosius ejecutada por Theodoros Pelecanos en 1478. Y se halla en la Bibliothèque Nationale de París con este apunte: Ms. grec. 2327, f.297. Es un dibujo feo. Pero nadie negará que la metáfora visual es acertadísima. Yo no sé si la comunidad científica la acepta o no de buen (o de mal) grado. ¿Es el universo eterno? ¿Es infinito? Lo primero que debe hacer el iniciado es buscar la Materia Prima o Sujeto de la Obra. Y, ¿a qué se asocia el nombre de esa Materia Prima o Sujeto de la Obra? Al signo (mi signo) zodiacal de Aries. Acabo de ver el dibujo correspondiente a esto último que enuncio. La cabra (todos los Aries somos cabras locas…) de cuernos retorcidos tiene inserta en su lomo lo que, a todas luces, parece una estrella de seis puntas. La misma de la cual sale una flecha que señala una cruz sobre un círculo en que, nuevamente inserta, aparece la susodicha estrella. La cabra está, sobre una base vaporosa como nube, suspendida del cielo. Al fondo se ve una iglesia o ermita o abadía. Hay un señor pertrechado con una armadura. Y Mercurio devorado por un lobo gris que simboliza el deber del sujeto de purificarse. Nota: hay que recordar que el antinomio purificaba el oro. Otros dos señores acompañan al de la armadura... ¿Purificarse en un universo eterno? ¿Un lobo gris? ¿Una cabra con los cuernos retorcidos? ¿Mercurio por los suelos? La alquimia es un mundo de complejas simbologías. Un mundo poético-onírico maravilloso. Merece la pena echarle un vistazo. Con los ojos, eso sí, del alma.   

miércoles, 29 de mayo de 2013

72/ Crisopeya onubense

Álvaro Alonso Barba nació en Lepe. Alquimista recalcitrante, zalamero con la clerigalla, era. Parió un Arte de los metales afamado. Lo reivindica Dragó en su Gárgoris y Habidis. Yo voceo: ¡Ijujú! Posee la Onuba cuasi lusitana su hierofante. 

     Lo estrambótico del caso radica en que el alquimista arribó a América (precolombina); concretamente: al <<Distrito inca de Tihuanaco>>, y en calidad de cura, <<adepto>> y evangelizador al par. ¡Ay, sombra que me asombras

     Nadie se asombre ni, por ende, sombrío se halle: esto del par (del <<pluri>>) se huele en la vieja huerta de la alquimia. Los de la panacea universal embarullaban mejunjes sincréticos en busca de Oro. Dicha obcecación, para mí, dibuja con carboncillo una escena táurica: la estocada espiritual sobre el espinazo del iniciado. Un modo éste, como cualquier otro, de crecer padeciendo tormento. Siendo uno cura o, tanto monta, curandero.