Mostrando entradas con la etiqueta Álter ego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Álter ego. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de septiembre de 2013

82/ 3: 4: 5...

Demanda mi álter ego: ¿Alguien versificó lo pitagórico-musical? Respondo: Fray Luís de León. Y emprendo esta lectura: <<Traspasa el aire todo/ hasta llegar a la más alta esfera, (…)…>>. Mi álter ego me intercepta: A ver con qué sales tú ahora... Yo prosigo: <<(…) y oye allí otro modo/ de no perecedera/ música, (…)…>>. Y mi álter ego: Oda a Salinas. Y yo: ¡Correcto! Ahora permíteme acabar: <<(…) que es la fuente y la primera.// Y como está compuesta/ de números concordes, luego envía/ consonante respuesta,/ y entre ambas a porfía/ se mezcla una dulcísima armonía>>. Y él: No comprendo. Y yo: Números concordes, consonante respuesta, ambas a porfía... Y él: Y ¿qué significa todo eso? Y yo: Toma tres cuerdas de igual grosor y de longitud conforme a la relación numérica 3: 4: 5. Y él: ¿Para qué? Y yo: Hazlas sonar; el resultado no es otro que la ley divina del cosmos. Y él: ¿Cuál ley? Y yo: ¿Cuál va a ser?… 

     –¡La armonía, hombre, la armonía!

jueves, 2 de mayo de 2013

69/ Beldad muñozrojasiana

Demanda mi álter ego: <<¿Cuál es el mejor soneto que has podido degustar hasta hoy?>> Sea. Helo aquí (no lleva título): 

     <<Si te llamo azucena, si te llamo,/ ¿a qué jardín del mundo no le obligo?/ Si te digo romero, si te digo,/ ¿a qué monte del mundo no reclamo// que tenga tu color y olor? Te amo/ por el romero en ti, porque te sigo/ como a jardín del alma que te digo,/ como monte del alma que te llamo.// Y con tanto nombrarte y renombrarte/ sin variar de nombre, a cada cosa/ bella, la voy llamando con mi acento// y las dejo morir al silenciarte,/ y si digo azucena y digo rosa,/ las nombro a ellas, pero a ti te siento>>. 

     Factura: J. A. Muñoz Rojas. 

     Íntegramente daría mi vida de anacoreta por haberlo escrito yo. Cambiaría, por él, toda mi obra. Por él me consagraría a otro menester cuya “concubina” no fuese el abecedario. Con él aludiría a Ella (y ¡a tente bonete!). Escribir de este modo deriva en rectilínea plática con Dios. Me agencio, por derecho, tal soneto como sanctasanctórum personal y transferible… 

     Ave, maestro.

miércoles, 30 de enero de 2013

56/ Naturaleza artificial

Rousseau cortocircuitó, anteayer, mi duermevela. Con larga cita. Brota ésta de su Discurso sobre el origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres. No la transcribiré. Viene a decir que la Naturaleza del hombre peca, en parte, de artificiosa. Entonces pregunté a mi álter ego: ¿Qué hay de natural en mí? ¿Qué, de artificioso? Responder implicaría aprehender nuestro ser más hondo. Ignoro si eso engloba allegarnos al Otro. 

     Rousseau habla de un estado de Naturaleza. Indago: ¿Es que cada hijo de vecino comparte esencia con su prójimo? Y, ¿es que resulta mancomún el tronco de que brotaría la 1ª persona del plural? De lo natural se desgaja, a veces, lo salvaje. ¿Y de lo artificioso? 

     Concluyo: el hombre (sintético) camina hacia el androide idiotizado. Se solaza con video-con-solas, emerge de nuestras con-ciencias. 

     Voceo: ¿Sobre qué riscos anhelamos despeñarnos? ¿No habría, pienso ahora, que evolucionar? 

     Elucúbrese.

miércoles, 17 de octubre de 2012

30/ Esa otra droga

     –Tóxico y literatura casan bien.

     –¿Y?…

     –William Sydney Porter no iba a ser menos.

     –¿Qué quieres decir?

     –La lista es extensa: Shakespeare, Edgar Poe, Arthur Rimbaud, Valery…

     –Y W.S.P., alias: <<O. Henry>>. ¿Y qué con eso?

     –Que podemos demonizarlo o enaltecer su obra.

     –<<O. Henry>> tuvo una vida compleja.

     –Sí. Resolló tras los travesaños de la penitenciaría de Columbus por hurtar moneda corriente a un banco.

     –Fue, asimismo, boticario.

     –Y fundó el seminario bufonesco The Rolling Stone.

     –También garrapateó cuentos por encargo en el New York World.

     –¿Qué sustancia empleaba?…

     –Alcohol.

     –¿Y no adquiría atributos de gamuza?

     –Trabajaba, raudo, con dos litros de güisqui cada día.

     –Presto oído a sones de leyenda…

     –Yo sé que acabó arruinado.

     –Murió, además, prematuramente: con 47.

     –Hay a quien, sin inspiración, se le obstruye la vida.

     –Esa otra droga…

     –La óptima, álter ego, la óptima.

     –¿Tú no decías que la vida debe agarrarte trabajando?…

     –¿La vida?

     –¡La inspiración!

     –Eso lo dijo Cela…

     –Y, ¿no lo compartes?

     –Para mí es al revés: lo que debe sorprenderte inspirado es el trabajo.

     –¿Y si no?

     –Se abotagaría la obra.

     –¿Y?…

     –Te convertirías en prolífico escritor, con uno o dos aciertos.

     –Y dime, ¿cómo tropezar con la inspiración?

     –Leyendo.

     –¿El qué?

     –Lo impublicable.

     –Pero el mercado cifra los aciertos.

     –Así es.

     –Por eso te inspiras con parvedad e intoxicas y escribes tanto…

     –¡Y que lo digas!

     –Ahora discierno el grano de la paja…

     –¡Bravo, álter ego, bravo!