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martes, 14 de marzo de 2023

405/ De nuevo, Galdós (II)

<<LOS CAMINOS DE LA LITERATURA SON INESCRUTABLES>>


En ocasiones uno da con un libro por circunstancias que tienen que ver menos con el azar que con el carácter (con el carácter de uno). Quiero decir con esto que <<carácter>>, finalmente, puede ser <<destino>>. Lo sé, lo sé…, no siempre. Anhelar tener conocimientos históricos está más en la órbita del carácter que en la del azar (o flujo del azar: especímenes hay que fluyen con el devenir de los acontecimientos sin oponerles resistencia ni, mucho menos, <<empujarlos>> a su realización final). Leí, la semana pasada, sobre la <<piedra llorosa>>. Lo hice movido por un deseo fuerte de conocer la historia de ese mojón (está en Sevilla) y no tanto porque sí. Algunos creen que se trata de una leyenda. Yo no milito en ese equipo de escépticos. Lo cierto es que la <<piedra llorosa>> condujo mi lectura hacia los <<Episodios nacionales>> de Benito Pérez Galdós; concretamente: <<O´Donnell>>.

     La historia de la <<Piedra…>>, a grandes rasgos, es la que sigue: El 29 de junio de 1857 una marcha capitaneada por el coronel Joaquín Serra y dirigida por Cayetano Morales y Manuel Caro, todos ellos liberales, se echó al monte del Arahal en protesta por la dura realidad por que entonces (y cuándo no) atravesaban el campo andaluz y el español. Con base en este hecho el Presidente del Consejo de Ministros de España, Ramón María Narváez y Campos (Narváez a secas), mandó fusilar a los revolucionarios que se habían envalentonado aventurándose monte través. Un hombre intentó impedirlo: García de Vinuesa, a la sazón, Alcalde de Sevilla. Fracasó de Vinuesa. Quiso, este, deshacerse de su frustración sentándose a llorar en una piedra que halló a su paso por lo que hoy es la <<Puerta Real>> de Sevilla. Dicen que De Vinuesa exclamó: <<¡Pobre ciudad, pobre ciudad!>>, después de los fusilamientos y ya sentado en tan <<legendaria>> piedra…

     Hasta aquí los hechos verídicos.

     Ahora, la secuencia de hechos no menos verídicos que me condujeron a <<O´Donnell>>, de Galdós; muy simple: búsqueda, divagadora, de información en Internet; hallazgo y subsiguiente lectura de un artículo donde se habla de la <<piedra llorosa>>, en cuyo cuerpo (del artículo) se menciona el Episodio Nacional de Galdós: <<O´Donnell>>, que a su vez menciona los hechos históricos en que se enmarca la historia de la <<piedra…>>; localización y lectura del mentado Episodio Nacional con toda su parafernalia y tropel de cascadas lingüísticas tan propio de don Benito…

     Alucinante es poco. 

     Valgan las siguiente líneas para justificar el adjetivo arriba apuntado: 

     <<Cuando se hicieron públicos los graves sucesos del Arahal, una revolución más agraria que política, (…), no podía el buen hombre [don Mariano, personaje del Episodio Nacional que traigo a colación aquí] contener su ira, y en medio de la calle con descompuestos gritos expresaba su protesta contra la bárbara represión de aquel movimiento. (…) Ante el auditorio (…) rompió con estas furibundas declamaciones:

     –¿Qué pedían los valientes revolucionarios del Arahal? ¿Pedían libertad? No. ¿Pedían la Constitución del 12 o del 13? No. ¿Pedían acaso la desamortización? No. Pedían pan… pan… quizá en forma y condimento de gazpacho… Y este pan lo pedían llamando al pan “democracia”, y a su hambre “reacción”… quiere decirse que para matar el hambre, o sea la reacción, necesitaban democracia o llámese pan para mayor claridad… (…)>> (Benito Pérez Galdós. <<Episodios Nacionales>>. Espasa, 2008. Pág., 133). 

     Y heme ahora aquí yo leyendo, con fruición, <<O`Donnell>> varios años después de su llegada a una balda de mi librería…

     ¿Son o no son inescrutables los caminos de la literatura?...

     Pues eso.          

viernes, 3 de marzo de 2023

404/ De nuevo, Galdós (I)

<<SOMOS, MAL QUE LE PESE A ALGUNOS, LENGUAJE>>


Galdós, una y mil veces. Mil y un millón de veces,  Benito Pérez Galdós (mejor: su literatura) deleitará a ciento y la madre. Lo digo sin exaltarme un punto. Sé que parece lo contrario. Y es que no deja de asombrarme la maestría desarrollada por este canario de tan melódico trino en su magnum opus <<Episodios Nacionales>>, y además, como quien no quiere la cosa. El lector tiene la sensación (diría yo más: la certeza) de que al autor no le costó esfuerzo escribir lo que finalmente escribió en tan galanas páginas: párrafos perfectamente trabados cuyo léxico, exquisito, hará las delicias de todo quisque. Y luego están las descripciones. No soy yo muy dado a estas. Las galdosianas las juzgo de un nivel tan elevado que aún proponiéndomelo no podría hacerles ascos; refiero las paisajísticas y las caracterológicas. 

     Botón de muestra: <<Guillermos de Aransis, marqués de Loarre por sucesión directa, conde de Sámanes y de Perpellá por su parte en la herencia de San Salomó, era un joven de excelentes prendas, corazón bueno, inteligencia viva; prendas, ¡ay!, que se hallaban en él ahogadas o por lo menos comprimidas debajo del avasallador prurito de elegancia. Resplandor de la belleza es la elegancia, y como tal, no puede negársele la casta divina; pero cuando al puro fin de elegancia se subordina toda la existencia, alma, cuerpo, voluntad, pensamientos, sobreviene una deformación del ser, horrible y lastimosa, aunque, en apariencia, no caiga dentro del espacio de la fealdad. Dotado de atractivos, hermosa figura, palabra fácil y seductora, no vivía más que para agregar a su persona todos los ornamentos y toda la exterioridad que había de darle brillo y supremacía evidentes entre los individuos de su clase>> (<<Episodios Nacionales>>, <<O´Donell>>. Espasa, 2008. Pág., 58).

     Con las líneas precedentes el lector podrá hacerse una idea despejada del perfil del personaje. Sí, lector, acertaste: Guillermo de Aransis es un narciso; no de los peligrosos quizá, pero narciso al fin y al cabo, con mayúscula. Y, ¡ojito con estos especímenes! Manipuladores con mala baba son todos ellos. 

     Continúa Galdós de esta guisa: <<Exaltado de su amor propio, no reparaba en medios para obtener tal supremacía y hacerla indiscutible; sus trajes habían de ser los más notorios por el sello de la personalidad, siguiendo la moda con el pretexto sutil de acatarla sin parecerse a los que ciegamente la seguían. Había de ser lo suyo distinto de lo general, sin disonancia, o con solo una disonancia que, por muy discreta, llevaba en sí la deseada y siempre perseguida superioridad. Se preciaba, o de inventar algo en el arte de vestir, o de ser el primero que importase de los talleres parisienses las formas nuevas, cuidando de presentarlas modificadas por su gusto propio antes que el uso de los demás las generalizara. En todo esto, para que resultase verdadera elegancia, la naturalidad sin estudio alejaba toda sombra de afectación>> (op. cit.).

     <<Alejaba toda sombra de afectación>>. Así es, y desde luego, ocultando su verdadero ser: la prepotencia del narciso. Ocultando tal cosa y, por añadidura, su inseguridad. Esto se desprende de las teorías psicológicas actuales sobre narcisismo: el narciso oculta su baja autoestima simulando superioridad, <<enfermiza>> diría yo, con el fin único del aprovechamiento ajeno. 

     Concluyo ya. Quienes crean que leer a Galdós supone caer de hinojos en un sopor de antigualla que vayan haciéndoselo mirar. Los clásicos lo son (clásicos) por algo; no es capricho (excepciones hay) de la industria editorial. Acaso Galdós sea, por encima de Cervantes incluso, el mejor novelista español de todos los tiempos. Pero no nos quedemos sólo con el escalafón de maestría literaria en nuestra perspectiva mental. Quedémonos, también y además, con el deleite que una prosa como la galdosiana renta al lector de buen entendimiento (el otro lo tendrá más difícil). Un deleite que a todas luces sobrepasa, con creces, al que puedan ofrecer hoy la totalidad de novelistas españoles vivos. Una vez más se pone de manifiesto el valor que en literatura tiene no sólo el fondo, pues la forma le va en zaga a este, el lenguaje le va en zaga a este…

     Cuidemos (mimemos) el lenguaje; en su haber está nuestra alma identitaria. Somos, le pese a quien le pese, lenguaje. Nadie lo olvide. Convendría cuidarlo (el lenguaje) y, de paso, utilizarlo mejor. Nadie nace sabiendo; sí, con capacidad de aprendizaje (cada uno la suya), me parece. 

     Pues eso.                  

lunes, 17 de octubre de 2022

388/ El ilustre ideologizado

Algo que siempre me ha intrigado es cómo se forja un mito. Yo me cuestiono: ¿Por qué se extenderá a lo largo y ancho del mundo una historia con tintes de ficción, no siempre inverosímil, repetida hasta el hartazgo? ¿Qué induce al hombre a fabricar semejante <<disparate colectivo>>? ¿Inventamos ficciones para sanar? ¿Son las ficciones un mero pasatiempo sin más chicha, ni intríngulis, que la otorgada por la imaginación de quien las inventa? Ignoro la respuesta a tales interrogantes. Estos no podrían responderse con garantías de acierto al centro de la diana sino de tiro errado, y hasta errabundo, me parece.

     Lo cierto es que, de vez en cuando, nos topamos con mitos distantes (pero no distintos) en tiempo y espacio. Una de esas veces es hoy. Pondré en situación al lector de esta bitácora. Abro el libro <<Historia de España contada para escépticos>> de Juan Eslava Galán, el ilustre, y leo en la página 185 (en su nota al pie): <<La princesa [Kristina, hija del rey Hâkon Hâkonsson] murió […]. En 1952 abrieron su tumba […], y apareció “la momia de la princesa bella y hermosa, con su cabellera rubia intacta, como la bella durmiente”. Cada año peregrinan a su tumba turistas noruegos con flores frescas>>.

     Con la inmediatez de un relámpago o de un flash rememoro otro libro, esta vez, de Gabriel García Márquez: <<Del amor y otros demonios>>. Lo leí el año 2013. En él se cuenta la truculenta y bella historia del cuerpo incorrupto de una adolescente. La contraportada reza: <<En 1949 el reportero Gabriel García Márquez cubrió el derribo del antiguo convento de Santa Clara. Durante el vaciado de las criptas funerarias, la sorpresa saltó al destapar la tercera hornacina del altar mayor: se desparramó una cabellera de color cobre, de veintidós metros y once centímetros de largo, perteneciente a una niña. “Mi abuela me contaba de niño la leyenda de una marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una cola de novia, que había muerto de mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros. La idea de que esa tumba pudiera ser la suya fue mi noticia de aquel día y el origen de este libro”>>.  

    Juzgo ambas historias idénticas. Yo las entreveo enredadas en el mismo mito: el del cuerpo incorrupto que viene a comunicarnos no sabemos muy bien qué. Al principio de los tiempos el monarca (como el emperador) era elegido por voluntad divina. Una marquesa (o princesa: caso que consigna Eslava) no quedaría demasiado lejos de ese privilegio. ¿Blanco, pues, y en botella (de vidrio fino. Transparente este)? <<De tratarse de alguien pobre otro gallo del corral de la mitología cantaría>>, parece querer decirnos el Ilustre, tan lógico (¿tan ideológico?) él. ¿Tendrá razón?…  

miércoles, 5 de octubre de 2022

386/ El ilustre clava el clavo

La supuesta <<tontura>> de los Borbones debería ser cuestión de Estado. No lo sostengo yo. La propia Historia lo deja entrever. Yo quiero pensar que con Urraca (hija de Alfonso VI y madre de Alfonso VII) se planta la semilla que contendría el embrión de la necedad borbónica. Ciertamente la cosa empieza a torcerse con el matrimonio habido entre Juana la Loca y Felipe el Hermoso. En el libro <<Historia de España contada para escépticos>> lo registra Juan Eslava Galán: <<Otro matrimonio que traería cola fue el de las hijas de Alfonso VI, Urraca y Teresa. Las dos se casaron con sendos príncipes de Borgoña, Raimundo y Enrique, y sus hijos fundarán las dinastía de León y Portugal. Con el hijo de Urraca, Alfonso VII, entra en los reyes españoles el prognatismo mandibular de la casa de Borgoña que luego se reforzará, siglos andando, cuando Juana la Loca se case con otro príncipe de aquella casa, Felipe el Hermoso. Aquí comienzan las degeneraciones de la sangre de las casa reales de Austria y de los Borbones, fruto de repetidos enlaces consanguíneos que tantos reyes bobos, tontos y tarados ha dado a la historia de España>> (Planeta. Barcelona, 2021. Págs., 162-163).

     Situémonos, ahora, en las tripas del actual Borbón reinante. En realidad no creo que algo así sea hacedero... Hagamos, no obstante, el esfuerzo. Y bien: no parece que Felipe VI sea tonto; el padre (Juan Carlos I), sí. El padre tuvo la suerte que el listo desea: hizo una bien y esa le sirvió de renta vitalicia. ¡Menuda puntería! Para puntería la del nietísimo (Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón) que se descerrajó un tiro certero en el pie…

     Lo dicho: Felipe VI parece un <<zagal>> avispado. Pero yo no me fiaría de tan benevolente impresión. El <<niño>> sabe idiomas. Sí. El <<niño>> pronuncia mejor que el padre. Sí. El <<niño>> cursó estudios de mayor rango que los del padre. Sí. Pero el <<niño>> es, como el padre, incapaz de desprenderse del papel de marras cuando lee un discurso (probablemente escrito por otro). Y digo yo: podría hacer un breve esfuerzo memorístico, de vez en cuando, para aparentar que sabe lo que dice. Pero no: ¡Pellejo hueco es esa bota! El <<niño>> lee maravillosamente y a ello se consagra cada vez que sube a un estrado para ese exclusivo menester. Lo único que habría que agradecerle al <<niño>>, sin tapujos, es que no arenga a las masas.

     Algo me dice que será cuestión de tiempo (y no de Estado) que Felipe VI acabe cometiendo la falta histórica de los Borbones: una sonada tontería. Esto, si no la ha cometido ya y nosotros andamos en la inopia y nos hemos enterado de la Misa la mitad. Dicen que <<A rey muerto, rey puesto>>. Yo prefiero esta otra expresión: <<A rey puesto, rey depuesto>>, por aquello de la <<tontura>>... No caerá, ay, esa breva.   

martes, 4 de octubre de 2022

385/ El ilustre en su laberinto

El humor de que hace gala Juan Eslava Galán me parece rancio, viejuno, maloliente. Todo él expele un tufillo suspendido a media altura que impide al lector <<moderno>> respirar a gusto. Yo ignoraba semejante agravio lector. Al ilustre jienense lo he frecuentado, varias veces, en entrevista y nunca he vislumbrado su afición al bufoneo intelectual. Cuidado: no digo humor, tal cual, sino <<bufoneo intelectual>>. No es lo mismo. El bufoneo se combate con buen humor. Lo cierto es que el populacho ríe con su vertiente <<Gracita Morales>> a la inversa y algo tergiversada: ni Gracita, sino falta de gracia, ni Morales sino (mejor aún) amorales chanzas. Todo viene a colación del siguiente pasaje: <<Entre los traficantes de “carne femenina” no faltaban los mercaderes desaprensivos que daban gato por liebre vendiendo musulmana libre por esclava cristiana. (…) El cliente, obnubilado por tanta y tan exótica belleza, paga lo que le piden por la diosa rubia (de bote) y se la lleva a casa. Aquí piden ocurrir dos cosas. Si la falsa cristiana queda satisfecha del trato y de las comodidades de su nuevo hogar, “engatusa” a su dueño para que la libere y la despose. En caso contrario, se deja de disimulos, y le advierte en correcto árabe que es musulmana y, por tanto, jurídicamente libre. El estafado comprador no tiene más remedio que dejarla en libertad pierde su dinero>>. (Juan Eslava Galán: <<Historia de España contada para escépticos. Planeta. Barcelona, 2019. Pág., 143-144). El entrecomillado me lo agencio.

     ¡Pobre hombre, <<apaleado>> por tan desaprensiva esclava!

     El lector menos juicioso se preguntará: ¿Y dónde está el problema? Entonces yo le responderé: en el tono de burla volcado, como saco de cemento armado, sobre la mujer. Juanito hace esto sistemática e insistentemente en el libro arriba mentado. No es tanto lo que dice cuanto cómo (y dónde. Y cuándo) lo dice. La coletilla <<rubia de bote>> está tan manida por el uso varonil (y mujeril) indiscriminado que ya resulta cargante recurrir a ella una vez más. Juanito la acomete de mil amores. La expresión <<carne femenina>>, perfectamente plástica, en según qué contexto puede llegar a ser hasta punzante. Juanito eleva el brazo ejecutor que clavará la punta con absoluta determinación. Que la esclava sea la que <<engatuse>> a su dueño deja bastante despejado el tufillo de que más arriba hablaba yo…

     Siempre lo he dicho y lo diré siempre: defiendo la libertad de expresión en todas sus formas y en cualquier circunstancia y contexto que se precie. Ello no me impide exigir (¡ya puestos!) un poco de elegancia a quien mal que bien lanza al espacio-tiempo mensajes verbales de diversa índole. Y, de paso, también un poco de empatía. No creo que esto atente contra la libertad de decir lo que a uno le dé la real y soberana gana sobre el asunto de que se trate. Yo procuro abrazar el Humanismo (no el feminismo, no el machismo, no el juancarlismo…). Valga, ya que de humor hablamos, la anterior humorada. 

     Así pues: ¡<<Vade retro>>, Juanito Eslava! ¡<<Vade retro>>!

lunes, 26 de septiembre de 2022

383/ El ilustre dolorido

Juan Eslava Galán se duele en el libro <<Historia de España para escépticos>> (Planeta) del imperialismo; del imperialismo en general y del romano en particular. El escritor también se duele de la Iglesia a la que define como <<multinacional imperialista>> en un pie de página (concretamente la 89 de la edición que manejo: Barcelona, 2021), desde luego, para enmarcarlo. ¡Cuántas calamidades! Sin embargo escarbando en lo hondo, muy hondo, de su dolor halla el hombre (¡albricias!) un tesoro. Y nos dice, entonces, que los romanos nos legaron su bella lengua. ¡Ahí es nada! Yo agradezco tan generoso gesto (a los romanos y al ilustre jienense. Ya empezaba a hastiarme tanto pesimismo, tanto derrotismo, tanto… ¿izquierdismo? Ay, Juanito, ¿tú también? ¿Pero es que no hay nadie bajo la bóveda celeste capaz de sobreponerse al fenómeno ideológico? Para qué seguir). Lo curioso del tema es que Juanito se olvida, vaya usted a saber por qué, de la encomiable obra social que la Iglesia católica desempeña en buena parte del mundo. Se llama <<Misiones>>. Se llama <<Visitas a enfermos>>. Se llama <<Cáritas Diocesana>>. Se llama <<Asistencia desinteresada a los menesterosos>>. Obras, estas, que caminan de la mano de la Iglesia (esa <<multinacional imperialista>>) y sin la cual tal vez corporeizarían una ONG (a veces nido de chupópteros y malandrines de dudoso pelaje. ¡Ojo! He dicho: a veces).

     En la nota a pie de página nº 34 (de la nota, no de la página) hallamos otra carnavalada. Esta es: <<Y lo que te rondaré, morena, porque a ver qué Gobierno, por muy de izquierdas que se pregone, tiene las gónadas de aplicar la Constitución (Estado laico) y poner a la Iglesia en su sitio. No hay cojones>> (op. cit. Pág. 102).

     Juanito da por sentado que ser de izquierdas conlleva no creer en Dios. ¿Hemos, pues, de colegir que ser de Derechas conlleva lo contrario: creer en Dios? Afilada inteligencia la que nos conduce a semejante inferencia. ¡Bravo, Juanito!

     Otra perlita que suelta el insigne escritor, relativa esta vez a la religión (generalizando a todo trapo y sin pizca de vaselina), es la siguiente: <<Como las religiones monoteístas se caracterizan por no respetar a nadie que piense de manera distinta, pronto estalló un conflicto entre católicos sometidos y arrianos sometedores>> (op. cit., pág. 98).

     Resulta cuantos menos curioso que don Juan caiga de bruces en el socavón que enuncia y denuncia: la falta de respeto. Yo lo digo muy a menudo: reconozcamos que faltamos al respeto (como todo hijo de vecino) al que no piensa igual que nosotros, y ya está, con eso y un bizcocho… 

     Juanito Eslava Galán sigue erre que erre con su matraca ideológica. Yo, a colación de esto, exclamo: ¡Con su pan se lo coma! Ahora, eso sí, qué requetebién escribe el <<joío>>.              

miércoles, 21 de septiembre de 2022

382/ La Estepa "numantina"

Andalucía es tierra de valientes. Y Estepa es tierra de corajudos. Romperé una lanza en favor del sacrificio colectivo (nadie se escandalice: lo haré exclusivamente en un contexto legendario. Creo que el suicidio hay que combatirlo con apoyo psicológico y con ternura y con compasión y comprensión y sin estigmatizar a quien, fatalmente, lo lleve a efecto. El sufrimiento, mal que nos pese, a veces supera el umbral humano de tolerancia al dolor). Espero no se me malinterprete. Ahí va mi lanza rota: juzgo acto de valentía (no de cobardía) la auto-aniquilación de una sociedad para evitar ser sometida por sus invasores. Refiero el archiconocido caso de Numancia pero, también, los muy poco o nada conocidos de Calahorra y Estepa. Lástima que las tres gestas hayan sido empañadas por una realidad machacona: el interés de salvapatrias que le iba en ello al Régimen del enano, con voz de castrado, del Pardo. Grandemente convenía al Generalucho y sus secuaces extender la versión heroica de lo sucedido en vez de hacer lo propio con la otra (la vulgar): que estas sociedades fueron pasadas a cuchillo, mordieron el polvo, hincaron las rodillas en tierra y pidieron a gritos clemencia sin que esta les fuera concedida. Tal es la versión del historiador Apiano. La otra, la heroica, es la de Floro y Orosio. 

     Lean, si no, lo que sigue: “A los lectores que peinan canas (…) les resulta familiar el nombre de Sagunto y lo asocian al de Numancia, otra ciudad cuya población prefirió suicidarse en masa antes que rendirse a los romanos en -133. Entrambas gestas se mitificaron en nuestros libros de texto en los primeros tiempos de Franco, cuando el Régimen dio muestras de exacerbado nacionalismo y son hoy lugares comunes y gloriosos monumentos de la fidelidad hispánica y de la fiereza indomable del pueblo español. Como para muestra valía un botón solo se promocionó la imagen heroica de esos dos poblaciones, con olvido de otras que la igualaron y hasta las superaron. Por ejemplo, los habitantes de Astapa, hoy Estepa, (…) también prefirieron destruir la ciudad y suicidarse en masa antes que rendirla a Roma. la admirable hazaña de la Numancia celtíbera, cuyos defensores llegaron a alimentarse con carne humana, fue incluso superada en Calagurris, hoy Calahorra, donde además salaron la carne humana para comerla acecinada” (Juan Eslava Galán: <<Historia de España contada para escépticos>>. Planeta. Barcelona, 2021. Pág., 66).

     Imaginaré, ahora, que la versión verdadera de lo que sucedió en los tres parajes mentados es la heroica. Pasar el Rubicón del suicidio no está al alcance de cualquiera. Hace falta tener redaños para detener un mercancías nocturno y tan lóbrego como ese, lanzado ya, y con el solo cuerpo. O como acaso dirían los taurinos viejos: <<A puerta gayola>> (y sin pistola, añado yo). Adentrarse sin temblequeo en lo más recóndito puede ser un error pero no un mero acto de cobardía. ¿Qué razón habrá llevado a los historiadores, a los <<tertuliasnos>> (tomado de Dragó), a los politicastros de variado pelaje a ningunear unos hechos tan conmovedores como legendarios? ¿Merecen la sin par Andalucía y La Rioja menos cuota de heroicidad que Castilla y León? ¿Hay maledicencia en ese <<injustificado olvido>>? ¿La charanga y pandereta andaluzas no pueden congraciarse con el valor y el coraje humanos? ¿De verdad que no pueden? La reciedumbre castellana es harto conocida. ¿Y el <<quejío>> andaluz? ¿No es este, de sobra, viajado? El <<duende>> engendra el <<quejío>>. Sin duende, por lo demás, una sociedad estará abocada al vacío existencial. El <<duende>> es el responsable de la bravura del flamenco. Y no habrá flamenco cobarde sin menosprecio de su raza. Digamos las verdades descamisadas. Una, por ejemplo, es esta: que no todos los andaluces son flamencos. Sepa esto el mundo de una <<puñetera>> vez. Y otra: que no todos los valientes son patrióticos. La tercera en discordia es que para ser valiente, primero, hay que frecuentar el miedo. El resto son pamplinas.

viernes, 29 de abril de 2022

372/ Con "el asombro de un transeúnte solitario"

Corren tiempos un punto inverosímiles. Tiempos en que la credulidad no encuentra asideros con que ponerse a salvo de mordeduras, rasguños, crueldades a todo trapo y de todo pelaje. Una crisis económica, una pandemia, tambores de guerra que asolan cuanto rincón de la anatomía mundana queda aún vivo y sin conquistar. La mente libre, ay, no se libra. He estado hojeando (también, leyendo) una revista histórica que tenía desechada en una balda de mi librería para darme de bruces con la <<Epopeya de Elcano>>: la primera vuelta al mundo (1519-1522). Ignoro por qué este texto ha inducido en mí una `pila´ de ideas locas y de pensamientos distorsionados, acaso verosímiles, siempre acaparadores de acción subjetiva. Como la de aquí y ahora: la escritura de un post (este) desnortado. La gesta de Elcano, a mi juicio, no quita un ápice de inhumanidad al pensar loco por antonomasia: el expansionismo. Quiere decirse: ¿Hasta qué punto la pretensión de ensanchar un territorio está justificada o fundamentada en algo, digamos, bello? No sé. Y, ¿en algo bueno? Tampoco sé. Y, ¿en algo práctico? Menos aún. 

     Juzgo despreciable engrandecer la crueldad en pos de un supuesto heroísmo patriótico. 

     Otra incertidumbre: ¿Recurrir a juzgar la historia con ojos contextualizados en la época en que sucedieron los hechos, y no en la actual, o todo lo contrario? Y, llegado el caso, ¿no sería tremendamente riesgosa la visión retrospectiva para justificar unos hechos dignos de llanto entonces (y siempre)? ¿Es posible la existencia de una ética libre de modas? 

     Abro paréntesis. Voces malintencionadas dicen que la asignatura `Filosofía´ está siendo, poco a poco, arrinconada en el currículo de Secundaria. Cierro paréntesis. 

     Volviendo al tema de la incertidumbre…

jueves, 28 de octubre de 2021

363/ La soberbia de Mr. Calatayud

OPINIÓN


<<En comunión con sus colegas europeos, los ilustrados españoles comprendieron que la mejora de la enseñanza era un paso previo a cualquier reforma política y confiaron al estado el encargo de dirigir la empresa pedagógica>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 384).

     Dejar en manos del Estado la educación, per se, no reporta beneficios. Dependerá más del tipo de Estado que la ostente (o detente) que de otra cosa. Que se lo digan, si no, a nuestros padres o abuelos: ellos tuvieron que soportar el paso, poso y peso, de unos años vividos en Dictadura en cuya nómina habría que incluir el lavado de cerebro. He de decirlo sin rebozo: tampoco tengo claro que hoy no nos laven el cerebro. Ponerse a salvo del maquiavélico fregoteo, a veces, ni es tan fácil como a priori pudiera pensarse ni tan hacedero. No hay mejor educación, en términos motivacionales, que la autodidacta. Es lo que pienso y, pues, lo digo. Llevo toda la vida posicionado en el autodidactismo. Esa es mi religión y esa es mi ideología. Rechazo de plano el principio de autoridad como inductor del aprendizaje. Yo furrulo de otro modo: el axioma <<dadme una palanca y moveré el mundo>>, en mi caso, se llama: `aprendizaje por descubrimiento´ y/o `aprendizaje por ensayo y error´. También (en un sentido figurado): `Hostia con la mano abierta´ y `golpazo contra un muro de hormigón´ si uno anda despistado. No conozco mejor manera de aprender que las dos arriba mentadas. El error está infravalorado. La sociedad actual lleva el éxito a un nivel que, a mi juicio, no le corresponde: el de la emoción dura y pura. ¡Bah!, el éxito no emociona, solo rinde réditos. Equivocarse, sí: aparece la frustración, la ira, el encono… Tres puertas abiertas a la acción. ¿Acaso no es actuar aprender? Acabemos con esta loca lacra. Dejemos que el niño se equivoque y resuelva, luego, acertar. Démosle el beneficio del error. Abro paréntesis. Al docente ideologizado: ¡Cállese y rectifique de una puñetera vez! Cierro paréntesis. Bendito desahogo.

     La educación habría que dejarla en manos del Anarquismo Espiritualista. Aquello que criticaba el señor Juez de menores de Granada, Emilio Calatayud (un iluminado de todas todas), `aprender a aprender´, es justamente lo que habría que procurar. Y, de paso, dar menos cancha a un togado metido a marisabidilla y más a un docente no ideologizado y partidario de la libertad de pensamiento y de expresión y de estilo de aprendizaje (minoría, por desgracia, hoy). Si Juan de Mairena levantara la chorla… Torres Villarroel, por su parte, no emulaba a Calatayud: criticó el dogmatismo de la vieja cultura y responsabilizó a esta del fracaso del reino. Calatayud critica el nuevo estado de cosas movido por una supuesta beneficencia derivada de la vida de antaño. Qué carca el señor Juez... Mr. Calatayud debería aprender a aprender a no meterse en jardín espinado sin pretender salir de él todo llenito de púas... Ay, señor juez de menores de Granada, cuándo aprenderá a aprender usted…

     Dejemos, ya, tranquilo a Mr. Calatayud. Yo quería hablar de educación. Giner de los Ríos y Ortega agradecerían cenáculos en torno a lo educacional a todo trapo y rato y razón no les faltaría. Debatimos poco, en general, y de educación menos. Esto no es recomendable. Dialoguemos (incluso tirémonos los trastos a la cabeza, si con ello logramos sacar algo en claro, y hablemos de una maldita vez de lo que importa. Por ejemplo: ¿El talento debería sobreponerse a la condición social? O: ¿Contradecir al profesor debería reportarle a este un estímulo para seguir mejorando e investigando y no lo que, usualmente, le reporta: la idea de ego minusvalorado? O: ¿El docente debe desgajarse, por completo, de su yo discente?…

     Para qué seguir).

     Aprendizaje autodidacta, con  cierto auxilio, sí. Lavado de cerebro, porque el Estado lo ordena, no. Mil veces no.

viernes, 22 de octubre de 2021

362/ Imbecilidad congénita

No hay institución más absurda, e inoperante, que la Monarquía. El cuento de la lechera de la clamoreada diplomacia y de la marca España supuestamente gestionadas en el extranjero por nuestro Borbón es macabeo y ya no se lo cree, que dirían donde yo me sé, naide. No es algo nuevo. Venimos arrastrando la imbecilidad congénita desde tiempos (casi) inmemoriales. Entretanto seguimos sin voz en el himno porque Izquierdas y Derechas no se avienen a acordar una melodiosa y armoniosa y hasta lustrosa letrilla que atribuya sustancia a esa voz rota por la brecha ideológica. Ridículo. Sin embargo, como digo, nada supera la estulticia de la Monarquía. Tendríamos que hacérnoslo mirar.

     En pleno siglo XVIII se sucedieron cambios en el Estado español que beneficiaron a la sagrada (nótese la ironía) institución, <<pero el poder político siguió sujeto a la voluntad real, zarandeada a menudo por desequilibrios mentales de Felipe V y la apatía de Fernando VI>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 330). A buen entendedor…

     Alguien (¡olé por él o ella!) concibió, por entonces, una décima sin desperdicio que viene a cuento y cuya letra dice:

     

     <<Al rey tenemos demente,

     una reina con temor,

     un infante cazador,

     y los tres no saben niente;

     un Consejo irresolvente,

     con los ministros de Estado,

     cada cual más apocado;

     unos grandes sin grandeza:

     ¡pobre reino sin cabeza,

     que te verás acabado!>>.


     Hoy el reino español vive y colea. Barrunto que más pronto que tarde acabará por no hacerlo...

     Sic erat scriptum.

jueves, 7 de octubre de 2021

361/ El martirio

Los perseguidos serán, siempre, perseguidos. Ay. Y, ¿cómo sacudirse de encima tan desalentadora certeza? Negros y gitanos fueron repudiados en España, a fines del XV, <<so pena de cien azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas cuando los tornen a desterrar la segunda vez>> (Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Pág., 267).

     Hoy, gitanos y negros siguen padeciendo desvelos en forma de micro-racismo o racismo a secas, maquillado con el empaste de estadísticas oportunistas y no sé si falsas que uno que otro partido político (¿secta maquiavélica?) y uno que otro escritor (¿zoom politikón?) y también uno que otro periodista (¿bocachancla ilustrado?) ensalzan y elevan a los altares de la socorrida (digo por sus rendimientos políticos) alarma social.

     No las orejas, ciertamente, pero sí las manos y los senos fueron cortados a Santa Olalla. Federico se hizo eco del brutal episodio. Lo estampó en Romancero gitano. Le atribuyó (no sé si él o su editor o quién) el nº 16 II bajo el título El martirio. Y dice así:


 EL MARTIRIO    

     

     Flora desnuda se sube

     por escalerillas de agua.

     El Cónsul pide bandeja

     para los senos de Olalla.

     Un chorro de venas verdes

     le brota de la garganta.

     Su sexo tiembla enredado

     como un pájaro en las zarzas.

     Por el suelo, ya sin norma,

     brincan sus manos cortadas

     que aún pueden cruzarse en tenue

     oración decapitada.

     Por los rojos agujeros

     donde sus pechos estaban

     se ven cielos diminutos

     y arroyos de leche blanca.

     Mil arbolillos de sangre

     le cubren toda la espalda

     y oponen húmedos troncos

     al bisturí de las llamas.

     Centuriones amarillos

     de carne gris, desvelada,

     llegan al cielo sonando

     sus armaduras de plata.

     Y mientras vibra confusa

     pasión de crines y espada,

     el Cónsul porta en bandeja

     senos ahumados de Olalla.


     A los orgullosos de la raza y, ya de paso, de la patria y su disparatada idolatría: ¡Ptrrr!