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martes, 25 de marzo de 2025

472/ Maestro, no pupilo con ínfulas de maestro...

Leer a Gilbert Keith Chesterton se me antoja una experiencia desacostumbrada; digo: por excepcional. Yo ya lo sabía, de mentas, pero hasta ahora no me había chapuzado en ese océano de agua verde kriptonita que es la literatura de Gilbert Keith Chesterton. Y hacerlo (chapuzarme en ese agua chestertoniana) se ha constituido en auténtica ufanía: literatura del intelecto; sí, del intelecto. Así Chesterton, así Borges, así Bioy… Así, también, Quevedo y Cortázar (en según qué pasajes); así… 

     Agua verde, kriptonita pura, refrescante para el espíritu y para la inteligencia lectora e inquieta (no inquietante). Permítaseme, ahora, que lance al éter este alarido de júbilo socarrón: <<¡Albricias!>>. Y es que tanta literatura de consumo, como la imperante hoy en los cenáculos mediático-libreros, hastía el alma. Lo peor de todo: con la literatura de <<no>> consumo se fue, además, el librero fidedigno: ese que te aconsejaba desde la erudición y la experiencia y no desde los índices de venta publicados en cualquier patochada de espacio televisivo minado con minas anti-juicio-crítico; o ese que, si no conocía el título solicitado, lo indagaba; o ese que, caso de no conocer la respuesta a una pregunta cualquiera, no sólo indagaba ésta sino que la diseccionaba para ofrecerla (si se daba la oportunidad) a quien la hubiese formulado. Hoy no hay libreros con ese pelaje. ¿Irán, los actuales, a comisión? Lo ignoro. Tampoco hay, hoy, escritores como los de antaño para quienes el ejercicio de la literatura era <<finalmente inútil>> (Borges dixit) pero, a la postre, justificativo de una búsqueda interior no socavada por el dinero ni por la prisa. ¡Todo (¡ay! ¡Dos, tres veces, ay!) se está yendo al garete!

     De Chesterton, autor <<no>> comercial, estoy descifrando (en el más amplio sentido del término) El hombre que fue jueves. Una proeza literaria. Un juguete del intelecto y de la imaginación verbal pura. Un pozo, además, de personal moral que a muchos resonará ideologizado (Juanito Manuel, conjeturo, disentiría de esta apreciación. Cómo se nota el influjo de Chesterton en Juanito Manuel, sobre todo, en determinadas actitudes cerebrales; que no celebradas. Jo. Lástima que Juanito Manuel tomara por la senda del manierismo. Además, las sinrazones que vomita Juanito Manuel no son las que lanzaba al éter Chesterton, ni de lejos… ¡Bah!, por Juanito Manuel; ¡hurra!, por Chesterton).

     Y qué decir de las paradojas… 

     Chesterton, como ejemplo de lo dicho recién y a colación de ello, ha escrito: <<Mi querida Miss Gregory, hay muchas maneras de sinceridad y de insinceridad. Cuando, por ejemplo, da usted las gracias al que le acerca el salero, ¿piensa usted en lo que dice? No. Cuando dice usted que el mundo es redondo, ¿lo piensa usted? Tampoco. No es que deje de ser verdad, pero usted no lo está pensando. A veces, sin embargo, los hombres, como su hermano hace un instante, dicen algo en que realmente están pensando, y entonces lo que dicen puede que sea una media, un tercio, un cuarto y hasta un décimo de verdad; pero el caso es que dicen más de lo que piensan, a fuerza de pensar realmente lo que dicen>> (op.cit. Diario El País. Madrid, 2003. Págs., 16-17).

     Lenguaje y pensamiento, en apariencia, inteligentes. Pensamiento inteligente y estulticia, a todas luces, necesaria; necesaria para sostener el edificio cimentado en los sofismas mas extremados. Esta, y no otra, es la cadena espiritual de Juanito Manuel (huelga aclarar, ¿no es cierto?, que hablo de Juan Manuel de Prada). En fin. Con su pan se lo coma (Juanito Manuel. Quién si no) y que Dios le perdone tanto tanto atrevimiento…

     Nota auto-dispensadora: leer a Chesterton (maestro) y no pensar al mismo tiempo en Juanito Manuel (pupilo con ínfulas de maestro) no puede ser y, además, es imposible.

     Y que entienda quien pueda.  

miércoles, 18 de septiembre de 2024

461/ Creadores chuscos de opinión

En <<La segunda generación poética de posguerra>> (José Luis García Martín. Departamento de Publicaciones de la Excma. Diputación de Extremadura. Badajoz, 1986. Pág., 99) leo el siguiente fragmento: <<Yo no puedo escribir si no me siento en la inminente necesidad de defenderme de algo con lo que estoy en radical desacuerdo. El acto de escribir supone para mí un trabajo de aproximación crítica al conocimiento de la realidad y también una forma de resistencia frente al medio que me condiciona. No podría entender de otro modo –ni justificar moralmente– esa propuesta dialéctica que entraña la literatura>>. Y algunas líneas más abajo (op.cit. Pág., 100): <<La novela y la poesía suponen para mí, fundamentalmente, otras tantas tentativas de reproducción lingüística de mi experiencia o de mis lastres mentales o de mis manías o de mi manera de ser…>>. Ambos fragmentos llevan la firma del mismo literato: José Manuel Caballero Bonald. El primero alude a la <<Poesía crítica>>; el segundo (tan en boga hoy), a la <<Poesía de la experiencia>>. Mismo firmante (que no farsante), distinta concepción de la literatura (que no de la poesía a secas).

     Caballero Bonald pasó el Rubicón de la crítica quizá feroz y no sé si bella del mundo para adentrarse en el bosque caducifolio de los fueros interiores del (con mayúscula) Hombre. Esto demuestra el carácter <<veleta>> de muchas sentencias paridas por escritores de sobrada reputación. Lo diré como lo pienso: lo que dicen (o escriben) los literatos opinadores profesionales y eruditos (casi nunca a la violeta. Excepciones, ay, hay) hay que tomarlo entre bromas y veras; es decir: con la pinza de tender el disfraz de carnaval (o de circo) de la noche anterior; y, luego, tenderlo el disfraz al sol de la sospecha lectora (chorrea éste abundante postureo verborreico). Lo mentado ocurre con especímenes gazmoños del tipo: Juan Manuel de Prada (tan barroquito él que para decir: <<Les machacan el cerebro>>, dice: <<(…) Les batanean las meninges>>; o para decir: <<Individuo de izquierdas protegido por medios de izquierdas>>, dice: <<(…) Paniaguados con púlpito mediático adscritos al negociado ideológico de izquierdas>>); Fernando Sánchez Dragó (quien subrayaba su entraña española y hasta españolista denigrando a España y a los españoles); Luis Antonio de Villena (Capitán de navío anglosajón en un mar de Castilla…); Ángel Antonio Herrera (quien escribió de Bonald que era un <<barroco hacia dentro>>); etc.

     Yo, ahora, arriesgaré una concepción personalísima pero transferible de la literatura. Y diré: Literatura, señores y señoras, es (redoble de tambores: ¡Rataplán-rataplán!) tres entelequias; a saber… Una: Conocimiento crítico del mundo sensible y extra-sensible y de la condición humana no menos extra-sensible y sensible que el mundo que enjuiciamos críptica y críticamente. Dos: experiencia personal y transferible de índole psico-socio-afectiva y no sé qué más. Y tres: fabulación libérrima. La tercera prepondera respecto de las otras dos. Visión formalista, la mía, de la literatura. En efecto. Así es. Sin imaginación (sin inventiva. Sin estilo) no hay literatura elevada que se precie. Lo demás son recreaciones bellas (o adefesios) de la realidad presente, pasada, futura. Punto. Yo desestimo el Realismo seco (hecho de esparto) de nuestras <<sagradas escrituras>> literarias.

     Quevedo y Góngora inventaban más que hablaban. Cervantes, ídem. Lope, ídem. He ahí, ¡ea!, el ramillete (más trébol) de cracks que hoy son malinterpretados estilísticamente por la camada de columnistas barrocos (que no burracos) de la élite opinadora del momento vigente que la mayoría habitamos con verdadero estupor. Y todo con De Prada a la cabeza enarbolando la bandera de la cofradía con afán de lucro y, de paso, de cotorra H.T.M.L. (Hermandad del Taimado con Mala Leche). 

    Pero yo sólo quería asentar que las opiniones de los literatos opinadores profesionales y eruditos (casi nunca a la violeta) no son rígidas ni nada que se le asemeje. Y también: que más nos valdría tener como creadores de opinión pública catedráticos en vez de novelistas y poetas. O mejor aún: psicólogos y psiquiatras (excepto el doctor Cabrera. Tan aficionado él a la locución latina <<Manu militari>>… ¡Quita, quita!). De este modo acribillaríamos dos pajarracos de un tiro: el loro no violeta de la erudición del barroquito de turno y el cuervo negro-negrísimo de la frustración del pobrecito lector (también de turno).

lunes, 28 de octubre de 2019

310/ "Yo, señora, soy de Quevedo"

Tengo a bien ponderar la maestría verbal de Quevedo. No deja esta de sorprenderme por más que mis ojos descifren, línea tras línea, cualquier texto del autor (quiero decir: quien mucho abarca… errores halle…). Baste este botón de muestra extraído del Buscón para verificarlo: “No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo mostrando las presas, con un sombrero enjerto en guardasol y un coleto de ante debajo de una rodilla suelta y llena de cintas, zambo de piernas, a lo águila imperial, la cara con un per signum crucis de inimicuis suis, la barba de ganchos, con unos bigotes de guardamano, y una daga con más rejas que un locutorio de monjas (…)”.
     Me agencio el subrayado. Definámoslo ahora:
     1. Mulatazo: rufián y, también, experimentado con la espada. 
     2. Presas: “colmillos”, aquí, usado en un sentido metafórico (`la espada´). 
     3. Coleto: prenda de vestir semejante a un chaleco. 
     4. Per signum crucis de inimicuis suis: expresión tomada de la fórmula para persignarse que significa `con una cicatriz que le habían causado sus enemigos´. Es un ejemplo de la jerga del hampa de la época.
     5. Guardamano: adorno (o guarnición) de la espada. Quevedo, aquí, lo emplea en un sentido hiperbólico.
     En resolución: una metáfora, una hipérbole, un giro de germanías en ocho renglones. Unos y otros se encabritan y arremeten con la cantinela de que El Buscón es forma y no fondo o forma con fondo difuso y, a veces, claro. Yo sostengo lo segundo. Léanlo y comprueben si me asiste o no razón.

jueves, 25 de abril de 2019

302/ La mala educación

Una vez (corrijo: una y ciento) me he preguntado en qué diantres (tanto monta: ángeles revelados) se fundamenta nuestro sistema educativo. He imaginado respuestas verosímiles. Estas no me han satisfecho ni poco ni mucho ni nada (confesaré algo: ignoro el motivo). Mi mente las ha registrado de modo automático. Yo dejo los automatismos para Breton y sus correveidiles posmodernos. Risas.  
     Lo diré sin rebozo: Emilio Lledó me ha decepcionado. Le había sobrepuesto la estola de sabio cabal. Se la arrebato, ahora, y la cuelgo en el perchero de lo por venir (Juan Ramón dixit). Este otro andaluz universal y ex-predilecto mío comete dos errores (acaso garrafales). Uno: practicar una escritura enrevesada (con defectos de forma). Y dos: airear un argumentario pobre cuando el blanco de su afilado juicio es el Liberalismo (lo mismo denunciaría, aquí, un servidor de nadie caso de tratarse de la Socialdemocracia. No me pliego, sin fisuras, a ninguno de esos modos de "politizar": de ellos aprovecho lo aprovechable y rechazo lo rechazable. Pregunto: ¿Lledó no ve nada positivo en el universo de ideas liberales? Un botón de muestra: no sé a cuento de qué la educación privada y concertada representaría a Lucifer en tanto que la pública a Dios. Juzgo raquítico el argumento de Emilio: una pura cuestión dineraria. La libertad de elección de padres y madres o tutores legales no convence un punto al erudito. Con su pan se lo coma. 
     Quevedo escribió:
     “Que el viejo que con destreza
     Se ilumina, tiñe y pinta,
     Eche borrones de tinta
     Al papel de su cabeza;
     Que enmiende a naturaleza
     En sus locuras protervo;
     Que amanezca negro cuervo,
     Durmiendo blanca paloma,
     Con su pan se lo coma”.)
     Conecto, ahora, con el inicio de este Post.  
     Al cabo acaba yéndoseme la mano y…
     Emilio Lledó está, a mi juicio, sembrado en el siguiente fragmento que de mil amores copio (todo no va a ser decepcionante):
     “Sin entrar en las diferencias, por otra parte esenciales, entre los diversos países y las distintas áreas de influencia y de desarrollo en las que están situados, y limitándome exclusivamente a España, se pueden establecer los siguientes estratos, en los que se configuran distintas formas de contenidos educativos:      
     1. Escuelas y universidades que se rigen, en principio, por las orientaciones provenientes de la autoridad política, y que además solidifican hábitos pedagógicos arcaicos, pequeños islotes de poder y autoridad absolutamente irracionales.
     2. Sistemas de valores, coincidentes o excluyentes, pero dominante siempre alguno de ellos y que, con cierto grado de imprecisión, entran dentro del nombre genérico de ética
     3. Doctrinas religiosas o escatológicas que determinan actitudes y comportamientos y que proponen modelos imitables de conducta.
     4. Núcleos familiares y espacios sociales muy concretos que, consciente o inconscientemente, hacen propuestas orientadas a determinadas formas de aceptar, rechazar, interpretar la vida, organizar nuestro propio destino, etcétera.
     5. Productos culturales diversos, literatura, arte, divulgación científica, accesible a nuestra sensibilidad y que, con mayor o menor provecho, están actuando sobre nosotros.
     6. Ideologías políticas, en cuya aceptación o rechazo se suelen manifestar confusas y opacas mezclas de intereses, traumas psíquicos, fanatismos o idealismos. Las razones –o las sinrazones– por las que se elige y asume una de estas ideologías constituye uno de los problemas más apasionantes en el estudio del ser humano”. (Sobre la educación. Taurus. Barcelona, 2018. Pág., 204).
     La pena es que Lledó no se aplica a sí mismo el cuento de la ideología engatusadora… 
     ¡Qué decepción, don Emilio, qué decepción!  

viernes, 13 de febrero de 2015

178/ Valor intrínseco

Arbitrariamente abro Historia de la literatura española (de J. L. Alborg). Página 350. Leo: “La producción dramática de Montalbán, que alcanza la no pequeña cantidad de medio centenar de obras, está falta sin duda de un estudio suficiente que establezca su valor real”. De inmediato busco el referente. Juan Pérez Montalbán. Discípulo de Lope. Notario de la inquisición. Loco al final de sus días. Dejó de respirar en mil seiscientos treinta y ocho. Repito de viva voz: Mon-tal-bán. Ni una sola línea de su factura he tenido el albur de leer. Reflexiono en el aserto de Juan Luís. Un estremecimiento recorre mi columna vertebral. Se me revuelven los mondongos. De resultas: malestar generalizado. Una obra de alcurnia con menos valor del merecido por no ser objeto de estudio hondo. Siempre me he sentido refractario a esa idea que postula que la literatura no es hasta no ser leída. Algo similar sucede, me parece, con el valor intrínseco. Éste no debería mermarse nunca. Pero el bisturí de la erudición deja maltrecho mi discurso. Un drama, un poema, un cuento adquiere nombradía con la pluma del erudito. Eso no significa que antes de la escisión dicha nombradía no existiese. Estaría bajo un velo. A la espera de ser rescatada de la ignorancia. Como rescatado de la mía ha sido Juan Pérez Montalbán. Sobre éste escribió Quevedo un sarcástico epigrama: “El doctor tú te lo pones,/ el Montalbán no lo tienes,/ con que quitándote el don/ vienes a quedar Juan Pérez”. Lo hizo en alusión a las supuestas pretensiones de hidalguía de Juanito. Todo porque éste silbó una comedia quevedesca. Aequam memento rebus in arduis servare mentem. Y don Francisco no se aplicó el ungüento.    

jueves, 17 de octubre de 2013

97/ Cuenta Borges... (XI)

(...de Inquisiciones)


Cuenta Borges hasta 9 tipos de imágenes. Uno: <<La (…) que sustantiva los conceptos abstractos”; ejemplo: <<Mas nos llevan los rigores/ Como el pampero a la arena>> (Martín Fierro). Dos: <<La (…) que sutiliza lo concreto>>; ejemplo: <<Las hojas soñolientas y cansadas de sol>> (Lenau). Tres: <<La (…) que aprovecha una coincidencia de formas>>; ejemplo: <<Los pájaros remando con las alas>> (Virgilio). Cuatro: <<La (…) que amalgama lo auditivo con lo visual (…)>>; ejemplo: <<Voz pintada, canto alado>> (Quevedo). Cinco: <<La (…) que a la fugacidad del tiempo da la fijeza del espacio>>; ejemplo: <<Cuando su cabellera está dispuesta en tres oscuras trenzas, me parece mirar tres noches juntas>> (Las 1001 Noches). Seis: <<La (…) que desata el espacio sobre el tiempo>>; ejemplo: <<El puente como un pájaro vuela encima del río>> (Hölderlin). Siete: <<La (…) que desmenuza una realidad, rebajándola en negación>>; ejemplo: <<El hombre es nadería consciente de sí misma>> (Julius Bahnsen). Ocho: <<(…) La que sustantiva negaciones>>; ejemplo: <<Por la oscura región de vuestro olvido>> (Garcilaso). Y nueve: <<(…) La que para engrandecer una cosa aislada la multiplica en numerosidad>>; ejemplo: <<Me arremetió el tropel de un borracho bostezador de bodegas>> (Torres Villarroel).
     Nadie desprecie, sería craso error, la metáfora. Es verdad que la voz `puñal´ equivale a estos adjetivos: frío, filoso, hiriente, inquebrantable, brillador, puntiagudo; como `ausencia de sol y progresión de sombra´ a <<anochecer>>. No invento nada. Todo lo refiere Borges. Él lo interpreta todo.

jueves, 10 de octubre de 2013

92/ Cuenta Borges... (VI)

(...de Inquisiciones)



Cuenta Borges que Quevedo fue dual: principesco y zarrapastroso (llevado, es claro, al lenguaje literario). Que fue Proclive a la sutilidad verbal y a la jerigonza picaresca; al soneto y a la jácara. Siendo Quevedo, perpetuamente, psicológico en contraposición con Góngora que fue gramático (enarbolando la bandera del conceptismo)… 

     Y apuntilla Borges: <<(...) [Quevedo] (…) es el empeño en restituir a todas las ideas (…) el carácter que las hizo asombrosas al presentarse por vez primera al espíritu>>. Más, me parece, no se puede decir de un escritor.

miércoles, 2 de octubre de 2013

87/ Cuenta Borges...

(...de Inquisiciones)


Cuenta Borges que Torres Villarroel fue émulo de Quevedo. Que no hizo otra cosa en vida sino resucitar al maestro. Que su obra es una parodia chacotera de la de don Francisco. Que éste influyó en él como un sortilegio en cualquier crédulo. 

     Refiere Borges que Torres Villarroel <<fue una provincia [del de Madrid], más alegre y menos intensa que su trágica patria>>. 

     Espero que el avezado argentino dibujase al español en vez de a España. ¿Y no son lo mismo uno y otra: el ser y la patria: el hombre y el lugar donde éste expansiona su interioridad? Yo no sé.

jueves, 21 de marzo de 2013

62/ Camaradería

Algo en Benedetti zangolotea mi espíritu: su ternura o su ironía o su comedimiento o su sencillez o su indulgencia. Estrictamente ignoro qué. Biografía para encontrarme conlleva Los que se fueron. La estrofa cuarta exhuma uno de mis términos predilectos (“vademécum”) en su segunda acepción (DRAE); a saber: `Cartapacio´. De resultas evoco sueños y aprensiones que aducía yo camino de la escuela. No versa, a la postre, sobre este tema el citado poema.

     Los que se fueron, aquí y ahora, son hombres y mujeres tangibles. Corrijo: vaporosos. Anhelo atribuir a la idea de “irse” un sentido distinto del obituario y del erótico: el espacial. Se fueron mis amigos J.D. e I. a tierras encorsetadas por Isabel II y el Céltico. Se fue mi amiga A. a la bota que calzó el Dante. Se fue mi otra amiga A. Q. F. E. y mi amigo A. P. C. a la Villa y Corte de Quevedo. Se fue (regresó) mi amiga P. S. al piso patrio del Zloty. Se fue mi amiga I. M. al Sacro Imperio Romano Germánico. En mí radican todos. Yo, hace tiempo, opté por quedarme. 

     Enuncia Benedetti en Los que se fueron que <<los que se quedan tiemblan en silencio>>. Doy fe de ello. Con una apostilla: el autor (conjeturo) alude a la dictadura militar y a sus desaparecidos; yo, a la camaradería. Advertirlo, me parece, no está de más.