jueves, 11 de noviembre de 2021

365/ "Selva de mi silencio"

Cuando la <<joven de la perla>> me mostró aquel poema de Dulce María Loynaz yo quedé, del todo, atrapado en la contundente emotividad de la poetisa cubana. Veinte calendarios han pasado desde entonces. Hoy recuerdo, como si fuera ayer, el brutal contraste habido entre la pseudo-alegría de aquellos versos y la melancolía de una relación que tocaba a su fin antes de comenzar. (Dulce puso el acento sobre la <<i>> del amor). 

    Ayer en la tarde volví ha toparme de bruces con otros versos, que yo no conocía, de la poetisa cubana. Y lo mismo de antaño: emoción a raudales. Es indiferente la temática del verso, de la estrofa, del poema. Lo que verdaderamente emociona de la poesía de Dulce es la <<limpieza>> que atesoran sus poemas sin caer en la <<simpleza>> en que caen (y hasta se despeñan) los poetas posmodernos que se enroscan bajo la teta dadora de alimento de (por poner un ejemplo) Cangrejo Pistolero y demás sellos pamplinosos, cuya apuesta sevillana-gongorina o barroca-a-todo-trapo o de-retorcida-y-hueca-semántica cierra filas ante la excelencia (provenga esta de donde provenga. Ay). Ellos apuestan por la juventud. Vale. Ellos creen en una vanguardia actual (actualizada). ¡¿Perdón?! Sí, sí, legión son los ilusos…

     <<Aunque parezca mentira, me pongo colorado cuando me miras, Mari Carmen...>>. Quiero decir: juventud y vanguardia no van necesariamente de la mano.   

     En fin. Ya he despotricado bastante. Los versos de que hablo son estos:


     SELVA


     Selva de mi silencio,

     apretada de olor, fría de menta.

 

     Selva de mi silencio, en ti se mellan

     todas las hachas; se despuntan

     todas las flechas;

     se quiebran

     todos los vientos.

 

     Selva de mi silencio, ceniza de la voz

     sin boca, ya sin eco; crispadura de yemas

     que acechan el sol,

     tras la espera

     maraña verde... ¿qué nieblas

     se te revuelven en un remolino?

     ¿Qué ala pasa cerca

     que no se vea

     succionada en el negro remolino?

 

     (La selva se cierra

     sobre el ala que pasa y que rueda.)

 

     Selva de mi silencio,

     verde sin primavera,

     tú tienes la tristeza

     vegetal y el instinto vertical

     del árbol. En ti empiezan

     todas las noches de la tierra;

     en ti concluyen todos los caminos.

 

     Selva apretada de olor, fría de menta.

 

     Selva con tu casita de azúcar

     y su lobo vestido de abuela;

     trenzadura de hoja y de piedra,

     masa hinchada, sembrada, crecida toda

     para aplastar aquella,

     tan pequeña,

     palabra de amor…


     Juzgue, ahora, por sí mismo el lector.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.