lunes, 9 de septiembre de 2013

82/ 3: 4: 5...

Demanda mi álter ego: ¿Alguien versificó lo pitagórico-musical? Respondo: Fray Luís de León. Y emprendo esta lectura: <<Traspasa el aire todo/ hasta llegar a la más alta esfera, (…)…>>. Mi álter ego me intercepta: A ver con qué sales tú ahora... Yo prosigo: <<(…) y oye allí otro modo/ de no perecedera/ música, (…)…>>. Y mi álter ego: Oda a Salinas. Y yo: ¡Correcto! Ahora permíteme acabar: <<(…) que es la fuente y la primera.// Y como está compuesta/ de números concordes, luego envía/ consonante respuesta,/ y entre ambas a porfía/ se mezcla una dulcísima armonía>>. Y él: No comprendo. Y yo: Números concordes, consonante respuesta, ambas a porfía... Y él: Y ¿qué significa todo eso? Y yo: Toma tres cuerdas de igual grosor y de longitud conforme a la relación numérica 3: 4: 5. Y él: ¿Para qué? Y yo: Hazlas sonar; el resultado no es otro que la ley divina del cosmos. Y él: ¿Cuál ley? Y yo: ¿Cuál va a ser?… 

     –¡La armonía, hombre, la armonía!

lunes, 26 de agosto de 2013

81/ Conmovedores poetas...

Poesía y pintura se prestan universos creativos recíprocamente. Juan Ramón Jiménez comenzó siendo pintor. Pablo Picasso y Salvador Dalí devinieron plumas avezadas. Manuel Machado extrajo a los cuadros de Murillo el jugo lírico de sus escenas. De ello da cuenta Pablo del Barco en Las Sevillas de Manuel Machado. Confirámosle la palabra: <<Está Machado (…) próximo a la estética de Murillo, (…) para él el pintor por excelencia (…). Estética de lo superficial, (…) de la luz que ilumina pero (…) no construye (…) >>. 

     Pregunto: ¿Y Velázquez? Responde Del Barco: <<Le asombra, pero no le emociona (…)>>. Igual me ocurre a mí con sendos sevillanos y con el moguereño: me conmueven y asombran. Los otros, sólo me asombran.

martes, 20 de agosto de 2013

80/ Camino trillado

Ciertas páginas de Ussía destilan vulgaridad. Refiero Del coscorrón a la seda. Alfonso emparienta aquí a compositores clásicos con un atributo además de con un prototipo taurino. Mozart es <<el genio>>; Curro Romero, su trasunto. Brahms es <<la técnica>>; Dominguín, su correlativo. Beethoven es <<todo>>; Ordóñez, su espejo. 

     En semejante afán cayó Benedetti cuando escribió Revelación de otoño: relato encastillado en Buzón de tiempo. <<Beethoven “sería” la nobleza “y” Cervantes>>. <<Brahms “sería” la profundidad “y” Shakespeare>>. <<Mozart “sería” la alegría “y” Voltaire>>. 

     De resultas: Curro Romero representa el júbilo. Dominguín encarna la profundidad. Ordóñez refleja la nobleza. Voltaire invoca el genio. Shakespeare atesora la técnica. Cervantes simboliza la completitud. 

     Fuerza es reconocer igualdad de criterio entre Ussía y Benedetti. O entre la tauromaquia y la literatura… ¡Mon Dieu! (camino trillado habemus).

viernes, 9 de agosto de 2013

79/ Fruslería

¿Será Enrique Baltanás un bocazas? Profesor (mío) de Literatura Española, erudito de la vida y obra de Antonio Machado. Repito: ¿Será un lenguaraz?

     Enuncia Baltanás en su Antonio Machado. Nueva biografía: <<(…) Unamuno (…) llamó constantemente a la guerra civil>>. A más de: [Machado] <<se muestra partidario de barrer (¡y hasta de fusilar por la espalda!) a toda una pandilla de políticos “ineptos e inmorales”>>. 

     ¿Adónde va, profesor, tan solo y callado? Lo que afirma tendría que apoyarse, a efectos de credibilidad, en una bibliografía; no en quincallas verbales. Se pasa usted la misma por el forro de las gónadas masculinas. La primera injuria no halla corroboración que la sostenga. La segunda se funda en una carta que el poeta escribiría (y expediría) a Ortega y Gasset. Su fecha y dónde puede consultarse hay que imaginarlo… 

     No, Don Enrique, no. Así, no.

viernes, 26 de julio de 2013

78/ ¿Individualismo social?

Corroboro la concepción de J. Castillo sobre el Nominalismo Social. Se encastilla en la novena entrega de Textos de sociología: compilación orquestada por Pilar Siver el año 1984: <<(…) La sociedad es una simple multiplicidad o agregado de individuos. Lo colectivo (…) no es más que lo inter-individual (…) La sociedad es, por tanto, un producto de la imaginación>>. ¡Zapateta!

     Lo contrario pasa por la concepción colectivista de la sociedad. Su principal valedor es H. Spencer. Para él <<la sociedad es un organismo>> pintiparado al biológico. El individuo, como la célula, solo posee sentido en relación a la totalidad; o sea: al organismo de que forma parte. ¡Y se quedó tan pancho! 

     La libertad individual subsumida por la libertad social. ¿Será que el erudito no iba tan descaminado? ¿Lanzaría éste un órdago, a modo de cantinela, al estadista de turno? Verbigracia: su libertad, señor, concluye donde el pueblo emprende la suya. Y, ¿no será al revés?…