martes, 19 de noviembre de 2019

311/ Joan Margarit

Infinitamente satisface mi anhelo que hayan concedido el Cervantes a Joan Margarit. Lo merecía. Por altura poética. Por honestidad poética. Por humanismo poético. Pocos especímenes reúnen la tríada mencionada (altura, honestidad, humanismo). Legión son quienes alardean de poetas (sin serlo). ¿Qué está pasando? Yo no sé. Pero yo sé algo: que, hoy, proliferan poetas y falta poesía. O tanto monta: abundan los textos poéticos que aspiran a ser poemas (sin lograrlo). Diré más: los “poetas” que no saben lo que dicen (Señor, ay, perdónales) rebosan el vaso de la tolerabilidad lectora. 
     Sí: el lector ostenta más paciencia que Job. 
     Joan no solo sabe lo que dice, por añadidura, lo dice bien y poesía es cuanto dice. 
     Un botón de muestra:

     ÚLTIMO PASEO     

     Ya no comía. Y se me caía el cabello.
     Estaba todo el día con los ojos cerrados.
     Pero salí al balcón de madrugada
     y alguien desde la acera, bajo un árbol,
     me habló con una voz como la de mi madre,
     que dormía en su cama junto a mí.
     De repente no estaba ya cansada
     y bajé sin muletas a la calle.
     Nunca había podido andar así.
     Sentí que me volvía la alegría:
     cayó la enfermedad como una piel
     sudorosa, dejada allí en la calle.
     Nunca pude sentirme tan ligera.
     Miré hacia atrás, a mi balcón,
     la baranda como una partitura.
     Dije adiós a mi padre y a mi madre.

     La vida me eligió para su amor.
     También la muerte.

     Creo que la honestidad debería erigirse en rasgo principal de la poesía. Ciertamente yo no se la exijo al poeta. ¡Mal hecho! Tampoco el humanismo. ¡Muy mal! Sí, la altura poética.
     Verbum Dei.

lunes, 28 de octubre de 2019

310/ "Yo, señora, soy de Quevedo"

Tengo a bien ponderar la maestría verbal de Quevedo. No deja esta de sorprenderme por más que mis ojos descifren, línea tras línea, cualquier texto del autor (quiero decir: quien mucho abarca… errores halle…). Baste este botón de muestra extraído del Buscón para verificarlo: “No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo mostrando las presas, con un sombrero enjerto en guardasol y un coleto de ante debajo de una rodilla suelta y llena de cintas, zambo de piernas, a lo águila imperial, la cara con un per signum crucis de inimicuis suis, la barba de ganchos, con unos bigotes de guardamano, y una daga con más rejas que un locutorio de monjas (…)”.
     Me agencio el subrayado. Definámoslo ahora:
     1. Mulatazo: rufián y, también, experimentado con la espada. 
     2. Presas: “colmillos”, aquí, usado en un sentido metafórico (`la espada´). 
     3. Coleto: prenda de vestir semejante a un chaleco. 
     4. Per signum crucis de inimicuis suis: expresión tomada de la fórmula para persignarse que significa `con una cicatriz que le habían causado sus enemigos´. Es un ejemplo de la jerga del hampa de la época.
     5. Guardamano: adorno (o guarnición) de la espada. Quevedo, aquí, lo emplea en un sentido hiperbólico.
     En resolución: una metáfora, una hipérbole, un giro de germanías en ocho renglones. Unos y otros se encabritan y arremeten con la cantinela de que El Buscón es forma y no fondo o forma con fondo difuso y, a veces, claro. Yo sostengo lo segundo. Léanlo y comprueben si me asiste o no razón.

lunes, 30 de septiembre de 2019

309/ ¡Ptrrr!

Estimado lector: ¿tú has sido educado para el examen o para la vida? Yo lo fui para el examen. Hoy, por contra, para la vida. Lo melodramático es que, también hoy, debo aprobar un examen “desorbitado”. ¡Poca broma con la Pedagogía! 
     Escribió Azorín en La voluntad:
     “Lo que sucede en Yecla es el caso de España y el de otras naciones que no son España; es ni más ni menos el problema de la educación nacional.
     Los dos extremos son Francia e Inglaterra. Francia, política, oficinesca, educando a sus jóvenes para el examen. Inglaterra, práctica, realista, educando a sus hijos para la vida. Francia, con su sistema pedagógico, ha creado legiones de burócratas pedagógicos o de mohínos fracasados; Inglaterra, en cambio, ha colonizado medio planeta y ha logrado que el sajón sea un tipo seguro de sí mismo, en consonancia perfecta con la realidad, inalterable ante lo inesperado, audaz, fuerte”.
   Yecla es, al par, topónimo real y espacio novelístico (¿ficticio?). Lo que allá sucede no es una excentricidad: sus convecinos acaban presa de la apatía. No tienen voluntad. O tienen muy poca. Juzgo significativísimo el fragmento arriba copiado. Me han metido en la vereda de la prueba escrita. Obligatoriamente sigo enfrentándome a tan impertinente (e inútil) instrumento de evaluación del (des)aprendizaje. Y he de hacerlo con voluntad de picapedrero. Tenemos uno de los peores sistemas educativos del mundo. Aquéllos de la coleta, barba, veleta y “vox” vacilona y retadora (ésta con bucles en el cogote) procuran convencernos de lo contrario... 
    Adoptando forma de “o” con el índice y el pulgar (anular, corazón y meñique estirados), soplo por el hueco y da esto: ¡Ptrrr! 

martes, 27 de agosto de 2019

308/ "Sic erat scriptum"

A mi "hermano" Makane

“–Todo es igual, todo es monótono, todo cambia en la apariencia y se repite en el fondo a través de las edades –dice el maestro–; la humanidad es un círculo, es una serie de catástrofes que se suceden idénticas, iguales. Esta civilización europea de que tan orgullosos nos mostramos desaparecerá como aquella civilización romana que simbolizan esas monedas que usted ahora examinaba, padre Lasalde… Ayer el hombre civilizado vivía en Grecia, en Roma; hoy vive en Francia, en Alemania; mañana vivirá en Asia, mientras Europa, esta Europa tan comprensiva, será un inmenso país de hombres embrutecidos…”. (Azorín: La voluntad. Primera parte, capítulo 22). Me agencio el subrayado.        
     Viene a cuento el cuento de Azorín. Yo antepongo el humanitarismo a la ley. Lo diré más nítido aún (para librar de sambenitos al vocablo “humanitarismo”): Yo antepongo mi compasión a la ley. Sé que esta tesis hace agua por una juntura llamada: “Espacio”. Y qué. Mientras haya una brizna de aire y un cuerpo para desplazarla, óiganme los (v)oxeadores del ring de la derechita valentona (¡bah!), habrá una ley digna de quebrantamiento.
     Oigo una voz barbada, de cabello rizado, exclamando: ¡Bla-bla-bla!
     Oigo otra voz barbada, vestida de seda…, perorando: Beee-beee-beee.
     Resuelvo no oír, ya, más voces. Sólo la mía.  
     En La Biblia puede leerse (Dt 24, 14-22): “No explotarás al jornalero, pobre y necesitado, sea hermano tuyo o emigrante que vive en su tierra, en tu ciudad; cada jornada le darás su jornal, antes que el sol se ponga, porque pasa necesidad y está pendiente del salario. Así no gritará contra ti al Señor y no incurrirás en pecado. 
     No serán ejecutados los padres por culpas de los hijos, ni los hijos por culpas de los padres; cada uno será ejecutado por su propio pecado.
     No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios; por eso yo te mando hoy cumplir esto. 
     Cuando siegues las mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda.
     Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto; por eso yo te mando hoy cumplir esto”.
     Sic erat scriptum.   

miércoles, 21 de agosto de 2019

307/ ¡Pizca de oxígeno!

A veces un libro abre ojos. O profiere puñetazos en bocas de estómago. O ejecuta carrerillas del piojo. O zamarrea peleles. Esto ocurre con Industrias y andanzas de Alfanhuí (Rafael Sánchez Ferlosio, Salvat Editores S. A., 1970). Mi curiosidad ha derivado a entusiasmo que ha derivado a anonadamiento tras leer el último renglón de esta joya de la literatura española de postguerra. El 50 se publicó. Pocos hemos conocido y leído, hoy, la obra. ¡Qué disparate! Acaso la sombra de El Jarama ha sido demasiado alargada y desmemoriado a los lectores del hijo del falangista (Rafael Sánchez Mazas) a quien Cercas “contara” y "cantara" en el libro Soldados de Salamina.
     Léase esta narración inclasificable y deléitese quien así lo haga con una prosa de altísimo vuelo: rezuma poesía, anecdotario, imaginación (sin solucionario. Quédese éste para los libros de texto de la escuela). 
     Pregunto: ¿dónde paran, hoy, escritores imaginativos? Confesaré algo: estoy hasta la coronilla poblada de rizos del sacrosanto Realismo español. Y de la novela histórica. Y, a medias, de la auto-ficción que a nadie más allá del autor (y de su familia) importa. ¡Fantaseen, señores escritores, y déjense de pamplinas! ¿Pero es que no hay nadie en este país de chicha y nabo que ensalce la ficción literaria? Así nos va y seguirá yendo per saecula saeculorum. De sopor en sopor. De espejo en espejo. Qué hartazgo.   
     Alfanhuí deviene ejemplar. Botón de muestra: “En el campo de Guadalajara amarillea el espino. Alterna la flor del espino con la grana de los tomillares. Un verde tierno se desvanece entre la tierra negra y los ásperos arbustos. En el campo de Guadalajara amanecen unas alondras oscuras y pequeñas, que tienen el pecho pinto y el pico endeble. Los caminos van por los llanos de las mesas altas y calizas que se cortan en talud hacia los valles declinantes. Una vez al año se verán, a lo lejos, los tricornios de los guardias civiles que cabalgan por estos caminos. Pero son caminos de zorros y ladrones, y los guardias civiles están en el casino de la ciudad, jugando al dominó con un tendero de ultramarinos que tiene los pulgares en las bocamangas del chaleco. Los ladrones duermen en las minas de los castillos que coronan los cerros escarpados, y las viejitas vestidas de negro, hermanas de las llares y de las sartenes, juegan al corro en los verdes prados. Las viejitas tienen los huesos de alambre y mueren después de los hombres y después de los álamos. Se ahogan en los vados del Henares y se las lleva la corriente, flotando como trapos negros. A veces se enganchan en los mimbres o en los tapujos que crecen junto a los tamajares de los puentes, y enredan los anzuelos de los pescadores. Las viejitas de Guadalajara van siempre juntas y huyen cuando alguna se ahoga, y no se lo cuentan a nadie”.
     Lo diré sin rebozo: los escritores españoles deberían aprender literatura infantil. Ojo: no digo juvenil, digo infantil, cuya calidad está muy por encima de la juvenil y de adultos.
     No sé ustedes. Yo, esto, lo vivo como una tragedia española. 
     Y el pobrecito lector exclama: 
     –¡Pizca de oxígeno! ¡Me ahogo!