lunes, 30 de diciembre de 2019

312/ El camino del "adulante"

Lo digo a veces y repito ahora: alabo la literatura infantil. Esta supera a la otra en calidad. Acaso lo idóneo no sea situarse en la infancia. Tampoco en la adultez. Sí, en la adulancia: estado del alma de algunos artistas y escritores. No lo experimentan quienes sueñan dormidos. Juzgo impropio del niño no saber qué camino seguir. No así del adulto. Adulto: babieca preocupado eternamente y ajeno a la alegría (aunque él crea lo contrario. ¡Bah!). 
     A juzgar por este archiconocido pasaje... 
     
     “–¿Podría decirme, por favor, qué camino debo tomar?
     –Eso depende de a dónde quieras ir – respondió el gato.
     –Lo cierto es que no me importa demasiado a dónde… – dijo Alicia.
     –Entonces tampoco importa demasiado en qué dirección vayas– contestó el gato.
     –… siempre que llegue a alguna parte– añadió Alicia tratando de explicarse.
     –Oh, te aseguro que llegarás a alguna parte– dijo el gato– si caminas lo suficiente”.

     ...la Alicia de Carroll, me parece, no era tan niña.     
     Y el adulto de Rodari, por su parte, no lo era tanto si nos atenemos al siguiente cuento:

     "TAXI PARA LAS ESTRELLAS

     Una noche el taxista Compagnoni Peppino, de Milán, terminado su turno de servicio, iba conduciendo despacito para llevar el coche al garaje, abajo, por la zona de Porta Genova. No se sentía demasiado contento porque había hecho pocas carreras y tuvo más de un cliente caprichoso (…). Y en esto un señor le hace una señal.
     –¡Taxi, taxi!
     –Entre, señor– el Compagnoni Peppino frenó rápidamente–. Pero voy hacia abajo, hacia Porta Genova, ¿le viene bien?
     –Vaya donde quiera, pero deprisa". 

     Lo dicho: seamos "adulantes" (o tanto monta: soñadores vigilantes).  

martes, 19 de noviembre de 2019

311/ Joan Margarit

Infinitamente satisface mi anhelo que hayan concedido el Cervantes a Joan Margarit. Lo merecía. Por altura poética. Por honestidad poética. Por humanismo poético. Pocos especímenes reúnen la tríada mencionada (altura, honestidad, humanismo). Legión son quienes alardean de poetas (sin serlo). ¿Qué está pasando? Yo no sé. Pero yo sé algo: que, hoy, proliferan poetas y falta poesía. O tanto monta: abundan los textos poéticos que aspiran a ser poemas (sin lograrlo). Diré más: los “poetas” que no saben lo que dicen (Señor, ay, perdónales) rebosan el vaso de la tolerabilidad lectora. 
     Sí: el lector ostenta más paciencia que Job. 
     Joan no solo sabe lo que dice, por añadidura, lo dice bien y poesía es cuanto dice. 
     Un botón de muestra:

     ÚLTIMO PASEO     

     Ya no comía. Y se me caía el cabello.
     Estaba todo el día con los ojos cerrados.
     Pero salí al balcón de madrugada
     y alguien desde la acera, bajo un árbol,
     me habló con una voz como la de mi madre,
     que dormía en su cama junto a mí.
     De repente no estaba ya cansada
     y bajé sin muletas a la calle.
     Nunca había podido andar así.
     Sentí que me volvía la alegría:
     cayó la enfermedad como una piel
     sudorosa, dejada allí en la calle.
     Nunca pude sentirme tan ligera.
     Miré hacia atrás, a mi balcón,
     la baranda como una partitura.
     Dije adiós a mi padre y a mi madre.

     La vida me eligió para su amor.
     También la muerte.

     Creo que la honestidad debería erigirse en rasgo principal de la poesía. Ciertamente yo no se la exijo al poeta. ¡Mal hecho! Tampoco el humanismo. ¡Muy mal! Sí, la altura poética.
     Verbum Dei.

lunes, 28 de octubre de 2019

310/ "Yo, señora, soy de Quevedo"

Tengo a bien ponderar la maestría verbal de Quevedo. No deja esta de sorprenderme por más que mis ojos descifren, línea tras línea, cualquier texto del autor (quiero decir: quien mucho abarca… errores halle…). Baste este botón de muestra extraído del Buscón para verificarlo: “No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo mostrando las presas, con un sombrero enjerto en guardasol y un coleto de ante debajo de una rodilla suelta y llena de cintas, zambo de piernas, a lo águila imperial, la cara con un per signum crucis de inimicuis suis, la barba de ganchos, con unos bigotes de guardamano, y una daga con más rejas que un locutorio de monjas (…)”.
     Me agencio el subrayado. Definámoslo ahora:
     1. Mulatazo: rufián y, también, experimentado con la espada. 
     2. Presas: “colmillos”, aquí, usado en un sentido metafórico (`la espada´). 
     3. Coleto: prenda de vestir semejante a un chaleco. 
     4. Per signum crucis de inimicuis suis: expresión tomada de la fórmula para persignarse que significa `con una cicatriz que le habían causado sus enemigos´. Es un ejemplo de la jerga del hampa de la época.
     5. Guardamano: adorno (o guarnición) de la espada. Quevedo, aquí, lo emplea en un sentido hiperbólico.
     En resolución: una metáfora, una hipérbole, un giro de germanías en ocho renglones. Unos y otros se encabritan y arremeten con la cantinela de que El Buscón es forma y no fondo o forma con fondo difuso y, a veces, claro. Yo sostengo lo segundo. Léanlo y comprueben si me asiste o no razón.

lunes, 30 de septiembre de 2019

309/ ¡Ptrrr!

Estimado lector: ¿tú has sido educado para el examen o para la vida? Yo lo fui para el examen. Hoy, por contra, para la vida. Lo melodramático es que, también hoy, debo aprobar un examen “desorbitado”. ¡Poca broma con la Pedagogía! 
     Escribió Azorín en La voluntad:
     “Lo que sucede en Yecla es el caso de España y el de otras naciones que no son España; es ni más ni menos el problema de la educación nacional.
     Los dos extremos son Francia e Inglaterra. Francia, política, oficinesca, educando a sus jóvenes para el examen. Inglaterra, práctica, realista, educando a sus hijos para la vida. Francia, con su sistema pedagógico, ha creado legiones de burócratas pedagógicos o de mohínos fracasados; Inglaterra, en cambio, ha colonizado medio planeta y ha logrado que el sajón sea un tipo seguro de sí mismo, en consonancia perfecta con la realidad, inalterable ante lo inesperado, audaz, fuerte”.
   Yecla es, al par, topónimo real y espacio novelístico (¿ficticio?). Lo que allá sucede no es una excentricidad: sus convecinos acaban presa de la apatía. No tienen voluntad. O tienen muy poca. Juzgo significativísimo el fragmento arriba copiado. Me han metido en la vereda de la prueba escrita. Obligatoriamente sigo enfrentándome a tan impertinente (e inútil) instrumento de evaluación del (des)aprendizaje. Y he de hacerlo con voluntad de picapedrero. Tenemos uno de los peores sistemas educativos del mundo. Aquéllos de la coleta, barba, veleta y “vox” vacilona y retadora (ésta con bucles en el cogote) procuran convencernos de lo contrario... 
    Adoptando forma de “o” con el índice y el pulgar (anular, corazón y meñique estirados), soplo por el hueco y da esto: ¡Ptrrr! 

martes, 27 de agosto de 2019

308/ "Sic erat scriptum"

A mi "hermano" Makane

“–Todo es igual, todo es monótono, todo cambia en la apariencia y se repite en el fondo a través de las edades –dice el maestro–; la humanidad es un círculo, es una serie de catástrofes que se suceden idénticas, iguales. Esta civilización europea de que tan orgullosos nos mostramos desaparecerá como aquella civilización romana que simbolizan esas monedas que usted ahora examinaba, padre Lasalde… Ayer el hombre civilizado vivía en Grecia, en Roma; hoy vive en Francia, en Alemania; mañana vivirá en Asia, mientras Europa, esta Europa tan comprensiva, será un inmenso país de hombres embrutecidos…”. (Azorín: La voluntad. Primera parte, capítulo 22). Me agencio el subrayado.        
     Viene a cuento el cuento de Azorín. Yo antepongo el humanitarismo a la ley. Lo diré más nítido aún (para librar de sambenitos al vocablo “humanitarismo”): Yo antepongo mi compasión a la ley. Sé que esta tesis hace agua por una juntura llamada: “Espacio”. Y qué. Mientras haya una brizna de aire y un cuerpo para desplazarla, óiganme los (v)oxeadores del ring de la derechita valentona (¡bah!), habrá una ley digna de quebrantamiento.
     Oigo una voz barbada, de cabello rizado, exclamando: ¡Bla-bla-bla!
     Oigo otra voz barbada, vestida de seda…, perorando: Beee-beee-beee.
     Resuelvo no oír, ya, más voces. Sólo la mía.  
     En La Biblia puede leerse (Dt 24, 14-22): “No explotarás al jornalero, pobre y necesitado, sea hermano tuyo o emigrante que vive en su tierra, en tu ciudad; cada jornada le darás su jornal, antes que el sol se ponga, porque pasa necesidad y está pendiente del salario. Así no gritará contra ti al Señor y no incurrirás en pecado. 
     No serán ejecutados los padres por culpas de los hijos, ni los hijos por culpas de los padres; cada uno será ejecutado por su propio pecado.
     No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios; por eso yo te mando hoy cumplir esto. 
     Cuando siegues las mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda.
     Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto; por eso yo te mando hoy cumplir esto”.
     Sic erat scriptum.