domingo, 31 de diciembre de 2017

277/ Habla, poeta

Parece, creo, de recibo despedir 2017 con un pasaje de la Égloga I de Garcilaso. Amor y Navidad casan como desamor y melancolía o reencuentro y júbilo. Lo uno se eterniza. Lo otro se posterga. El resto se olvida: ese malvado al que llaman “amor”. ¿Quién lo trajo a la luz? Más largo que ancho, desde luego, se quedaría el sujeto (¿o debería decir predicado?): un estropicio causó. Siempre lo digo: más vale querer que amar. Más besar y abrazar y acariciar que amar. A los respondones: lo mentado no es amar. El amor trae disgusto. Lo trae aquí: es pasional. Allí, en Oriente, no lo es. Por algo los Magos vienen de Oriente…
     Lo prometido es deuda. La Égloga I (vv. 352-379):

“Tengo una parte aquí de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se me apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño                   
enternecer me siento que sobre ellos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que de allí se partan,
con sospiros calientes,
más que la llama ardientes,                        
los enjugo del llanto, y de consuno
casi los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.                   

Mas luego a la memoria se me ofrece
aquella noche tenebrosa, escura,
que siempre aflige esta ánima mezquina
con la memoria de mi desventura
Verte presente agora me parece.                     
en aquel duro trance de Lucina,
y aquella voz divina,
con cuyo son y acentos
a los airados vientos
pudieras amansar, que agora es muda,               
me parece que oigo, que a la cruda,
inexorable diosa demandabas
en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?”.
     
     La muerte para pies, aniquila rencores acumulados, dice: “¿A qué estás jugando? Perdona y a otra cosa”. Lástima que solo lo diga ella.

domingo, 26 de noviembre de 2017

276/ Cuatro tópicos literarios

Cuatro tópicos literarios sobre la mujer, para exhumar, hay. Uno: Descriptio Puellae (Descripción de la Amada). Dos: Belle Dame Sans Merci (Bella dama sin Piedad). Tres: Donna Angelicata (Mujer Angelical). Y cuatro: Amorosa Visione (Visión Amorosa). La traducción no es mía.  
     Arriesgaré un breve comentario: los tópicos enunciados, salvo el segundo, alaban a la mujer con todas las de la ley. Tres a favor y uno en contra. Pero el uno resulta contundente (¿acaso no lo es la falta de piedad?). Ya en la Biblia vemos una ruda misoginia: Eva acarrea la responsabilidad de la perdición de Adán. 
      ¿A qué esta visión de la mujer?

domingo, 29 de octubre de 2017

275/ Una pifia

Hasta el más listo de la clase puede ser el más tonto si se lo propone. C. H., acertado, dice que “hay tontos que dan a dos calles”. Doy fe. Ramón Menéndez Pidal no era tonto. Estudió el Ms. del Poema de Mio Cid con hondura y tenacidad de picapedrero. Erró el tiro después. La pifió. Esto ha escrito: “Por fortuna, la tinta usada en tales repasos es tan mala que se puede hacer desaparecer fácilmente con la goma de borrar, dejando limpia la primera escritura del copista. Yo empleé, bajo la inteligente dirección de Antonio Paz y Melia, el sulfhidrato amónico en los diversos lugares que expreso en las notas a mi edición. Sólo en tres ocasiones usé el prusiato amarillo de potasa y el clorhídrico…”. 
     Pregunto: ¿la Paleografía permitía entonces tales excesos? Los reactivos químicos dañaron el Ms. del Poema irreparablemente. ¿En qué pensaban eruditos y estudiosos? ¿En qué Administraciones y políticos? Ahora con retintín: y, ¿no tiene la búsqueda del conocimiento paleográfico un límite infranqueable: el no empeoramiento del estado general del documento original (valga la rima)?

miércoles, 18 de octubre de 2017

274/ "Mi mejor obra es mi constante arrepentimiento de mi obra"

Lo escribió Juan Ramón Jiménez. Además de: “Se habla demasiado de mi sistema de corrección. Si se corrije lo de ayer, lo de hace un año, dos, tres, cinco, ¿por qué no corregir lo de veinte, treinta, cincuenta? En buena lógica lo que necesita más corrección es lo más lejano, ya que la vida nos ha dado más tiempo de llevarlo con nosotros, y lo importante es que una cosa sea bella. Siempre he respetado en mi corrección la idea, el sentimiento, el sentido, el acento, el carácter de mi escritura y la mayor parte de la redacción que suponía un hallazgo. He suprimido lo más inútil o lo más vano y he procurado dejarle su verdad a cada cosa.
     Al corregir reviviéndolos mis poemas antiguos, les dejo lo anecdótico que tenían de fundamento, o lo imaginado, con el acento original. Lo que les quito es el añadido tonto, y a cambio de la sustitución verdadera; que, aunque no la señalé entonces, quedó grabada en mi recuerdo como pidiéndome que la salvara.
     Y estoy contento de haber podido salvarla”. 
     Palabra, a mi juicio, que va a misa. Lo copiado refleja una filosofía del esfuerzo literario. La escritura es esforzada. No automática. Los seguidores de Breton (léase: post-modernos de hoy) sostendrían lo contrario. Risas. ¿Quién escribe, en la actualidad, así? ¡Legión son! “Lo importante es que una cosa sea bella”. Esto sí: con la belleza se quedan los post-modernos más anchos que largos. Y no con esto: “suprimir lo más inútil y lo más vano”. 
     Puedo admitir que la literatura es inútil y es vana y es bella (contraviniendo, en parte, a Jiménez). Automática no. Eso nunca. Hay que pensarla y re-pensarla y requetepensarla para procurarle decencia artística. Muchos olvidan lo aquí apuntado: escribir sería jugar… Vale. Pero no pretendan “hacer” literatura de vuelo alto. Inevitablemente este les saldría rasante.  
     Es sabido: a pájaro que de esa guisa vuela… tiro certero del cazador. 
     Conque…        

miércoles, 20 de septiembre de 2017

273/ El poder de lo modélico

Volvamos, un punto, la mirada a Bécquer. A su Rima quincuagésimo segunda…

Olas gigantes que os rompéis bramando 
en las playas desiertas y remotas, 
envuelto entre la sábana de espumas, 
¡llevadme con vosotras! 

Ráfagas de huracán que arrebatáis 
del alto bosque las marchitas hojas, 
arrastrado en el ciego torbellino, 
¡llevadme con vosotras! 

Nube de tempestad que rompe el rayo 
y en fuego ornáis las sangrientas orlas, 
arrebatado entre la niebla oscura, 
¡llevadme con vosotras! 

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo 
con la razón me arranque la memoria. 
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme 
con mi dolor a solas!
  
     Cuatro serventesios de pie quebrado formidables. La lírica es uno de los tres grandes géneros literarios (¿los otros dos? Épica y dramática). No siempre fue así. Aristóteles se mostró reticente a incorporarla a esa tríada. Creía que no cumplía con las exigencias de la mimesis. Platón, quizá a regañadientes, sentó cátedra en su República (libro X): “Toda poesía es mimética”. 
     Recordarlo no está de más.