martes, 13 de noviembre de 2018

293/ "Arte de las putas"

Bienquiero a la incorrección política. Ella es mi Dios. Mi libertad es ella. No obvio la ocasión en que pugna por nacer para ejercer yo de matrón. Está resuelto: soltaré la rienda a Spirit. Que trote, loco, por el valle. Que relinche. Que brinque. Que juegue. 
     El ilustrado presenta una cara “be” ciertamente jugosa. Esta: “Ya fuera para criticar, ya por el mero gozo del intelectual que se observa a sí mismo mirando a través de los quevedos, los reformadores se sumergían en la muchedumbre a ver pasar brujas encorvadas cabalgando a lomos de los borricos del Santo Oficio, iban a los toros, presenciaban ejecuciones en la plaza pública, disfrutaban de las fantasmagorías de linternas mágicas y titirimundis, frecuentaban a las putas para contarlo en latín en sus diarios, observaban al majerío de alto y bajo copete, y escuchaban con hervor de risa las prédicas de los frailes gárrulos que intentaban disimular su ignorancia revistiéndola con los brillantes harapos de la retórica barroca, centelleante de metáforas y enigmas. Luego, aquilatado todo y reducido a decoroso esquema destilaban la normalidad y la lejía neoclásica con que había que limpiarse el pringue de la sucia cabezota de la República. Por allí quedaban las virutas de la mugre y los pelos sobrantes para hacer tratados de putas y otros juguetes con que pasar el rato en las tertulias, entre lecturas de memoriales científicos y recitado de tragedias patrióticas. Aquella gente sabía divertirse y no le faltaban ocasiones, aun en medio de la desolación y el desgobierno” (el garabato que rubrica las líneas arriba copiadas es: Pilar Pedraza. Se encastillan, éstas, en el prólogo al libro heterodoxo de Nicolás Fernández de Moratín intitulado: Arte de las putas).
     Dos señalamientos. Uno: la escasa altura literaria de la obra de Moratín el viejo (¿acaso habría que endosarle al adjetivo `viejo´ este otro término de su misma especie: `verde´?). Y dos: ¿por qué la prologuista no enuncia, a las claras, que don Nicolás se definió en su Magnum Opus como pederasta y sí lo que sigue: “Dice que en Madrid se pueden conseguir niñas, pero no lo recomienda. Es preferible buscarlas mocitas, que hayan cumplido el tercer lustro”? 
     Léase el siguiente pasaje: “¡Oh, cuántas brazas de hondo tiene el coño/ de la Pepa la larga, a quien circunda/ tosco cañaveral de ásperas cerdas!;/ y así no es mucho que en silencio pase/ aunque no digna de él, a la Casilda/ ni a la Tola, que tiene entre las piernas/ un famoso rincón de apagar hachas;/ a la una y otra hermana Aragonesas,/ la Paquita Sangüesa y la Cañota,/ que lo daba por uvas de su viña;/ a la Tecla y Liarta que aún es niña,/ a la Rafaelilla y Micaela,/ y a la lujuriosísima Fermina,/ que no repara mucho en el dinero,/ cual otra castellana Mesalina:/ y la Chiquita, a quien el Padre Angulo/ le pegó purgaciones en el culo”. Y todavía más adelante: “Así la inimitable Laventana/ se dio a un servidor vuestro en dos pesetas/ siendo niña, aún casi doncella y sana”. 
     A lo largo y ancho del libro hay más botones de muestra. ¡Ojo!: incorrección ética e incorrección política no son pintiparadas. 
     Diré, ahora, que Sopitipandos no conoce la censura ni la autocensura. Me repugnan muchos versos del citado Arte de las putas de don Nicolasín Fernández de Moratín: un bufón que sabía rimar palabras. Entiendo que son versos. Entiendo que tras esos versos no hay nada.
     El Buda dijo: “Más vale una sola palabra que otorgue paz, que miles inútiles”. 
     Que entienda quien pueda entender.  

jueves, 11 de octubre de 2018

292/ Habladores indiscretos

Las filosofías de Immanuel Kant y Siddharta Gautama tienen un punto en común. Este: que la “totalidad” de las cosas es considerada en sí misma independientemente de las limitaciones de la capacidad perceptiva del hombre. El filósofo llamó a esto “Antinomia de la razón pura” en el libro Crítica de la razón pura. El Buda dijo: “Somos lo que pensamos”. Cabría, pues, deducir que el mundo es lo que pensamos que es el mundo. Ahí está la falacia. El mundo es el mundo y no lo que yo creo que es. 
     Críticos y demás ralea no estarán contentos con la apreciación anterior. Cada vez que un crítico abre la boca (más el literario) sienta cátedra. Como el político. Como el columnista. Como el bloguero (columnista achicado. O: erudito a la violeta). Lo que todos dicen (lo que todos decimos) no es más que una verdad sesgada. No la verdad recta.
     Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”. 
     No leas, lector querido, a nadie ni nada exclusivamente y sí a todos y todo. 

martes, 2 de octubre de 2018

291/ Javier Gomá Lanzón

A Javier Gomá Lanzón lo vi por vez primera en la caja tonta. Como a Ana María Matute. O a Alejandro Jodorowsky. O a Fogwill. O a Luis Alberto de Cuenca. O al Marqués de Tamarón. O a Almudena Grandes. O a Enrique Vila Matas. O a Juan Marsé. Etcétera. Una entrevista a todos, al menos, vi. No utilizo la televisión para nada distinto de descubrir escritores. También algún documental o reportaje. Eso es todo.
     La entrevista a Javier Gomá Lanzó me dejó en el paladar un regusto agridulce. ¿Lo agrio?: su lenguaje no parecía el propio de un filósofo. Demasiado llano. Un punto deslucido. ¿Lo dulce?: los temas sobre los que filosofó (a mi juicio maravillosos). También la valoración que hizo de la figura paterna. Ello me decidió a leer su obra. 
     En el prólogo al libro Filosofía mundana ha escrito Javier: “La nota de mundanalidad señala triplemente la dirección a una filosofía que desea pensar sobre el mundo, para todo el mundo y, si la ocasión se muestra propicia, con un poco de mundo”. Y más abajo: “Dicho de otra manera, el tema es el mundo, apropiado nuevamente por nuestro tiempo, no los libros que cavilan sobre él. Filosofía mundana se desentiende de esos problemas meramente filosóficos, divorciados de la experiencia compartida, que solo preocupan a los profesionales de la disciplina si por ventura caen dentro de su especialidad académica y, en cambio, elige como asunto cuanto mantiene en vilo al común de los mortales: la individualidad, la belleza, la fortuna, el amor, la felicidad, la dignidad, el anhelo, la civilización, el entusiasmo, el enigma de la vida, la paz, el arte, la justicia, la muerte y tantos otros”.
     Pregunto: Qué está sucediendo con Filosofía. Qué, con Lengua Castellana y literatura. Qué, con Matemáticas. Todas ellas (excepto Filosofía. Esto tendríamos que hacérnoslo ver) son asignaturas en curso de nuestro sistema educativo. El alumnado las rechaza de plano. Tú, Javier, has golpeado del clavo la punta. Se olvida lo esencial de ellas. Se insiste en lo superficial que tal vez (pero no lo sé) hay en ellas. O tanto monta: no se contempla su aplicabilidad en la vida cotidiana.
     El Quijote también sirve para aprender chascarrillos. 
     La sintaxis castellana también sirve para hablar y escribir correctamente. 
     La obra de Nietzsche también sirve para conocer la condición humana.
     ¿Nadie hará nada por cambiar el actual estado de cosas? 
     
     Resignación.       

miércoles, 19 de septiembre de 2018

290/ Enhorabuena del niño lector

La presente bitácora elogia la literatura infantil. Exhibe, esta, rasgos que no abundan en su hermana mayor. Tales como: sencillez, claridad, belleza. Ignoro qué está pasando con la literatura para adultos actualísima. La juzgo horrorosa. Oscura. Enrevesada. El término “literatura” no solo abraza la narrativa. El ensayismo no narrativo y el lirismo también se resguardan bajo su capa. En todo ello no hallo demasiado estímulo lector. Excluyo los libros de un breve ramillete de escritores geniales. Un ejemplo: José Antonio Muñoz Rojas. Otro: Álvaro Pombo. Otro: Fernando Sánchez Dragó. Otro: Juan José Millás. Otro: Enrique Vila Matas. 
     He dicho: José Antonio Muñoz Rojas. No vive. Su obra, sí. Por aguda. Por cadenciosa. Por arraigada. Hoy se le ningunea. Los caminos de la estupidez humana son inescrutables. Lean Cantos a Rosa. Opino (con Aleixandre) que Muñoz Rojas fue el mejor poeta de la generación del 36. Superior, en todo, a quienes mal que bien escribimos versos en el 18. Excepciones hay. Sí. Y qué.   
     Lo pienso. Lo siento. Lo digo.     
     Hablaba yo de la literatura infantil…
     Cliqueen aquí (un gran ensayo breve. Les merecerá la pena. También su admiración). 
     Mi gratitud, Juan, eternamente. 

martes, 11 de septiembre de 2018

289/ Poema alegre de poeta triste

¡Albricias! (lo sé, lo sé, posmodernos). Tras muchos años leyendo a Juan Ramón, por fin, hallo un poema suyo alegre. Subrayo lo recién dicho: alegre. No subrayo las palabras con “g” que el poeta escribía con “j”. Las copio con “g”. No le hago la corte al maestro. No paso por el aro de fuego del `liberticidio´ ortográfico. No me avengo con las incorrecciones de ese tipo. Yo no soy posmoderno. Ni (solo en esto. Conste) individualista. Perdónenme los vanguardistas. Y, de paso, la rima. É cosí
     He dicho: poema alegre. Digo ahora: poema sereno. O poema suave. O poema agradable. O poema delicioso. O poema sublime. Como se prefiera. Se encastilla en Historias. No lleva título. Los posmodernos pueden darse con un canto en los dientes. Editoriales de esa laya (posmodernas. Si existen. Su vida no suele ser larga) se pondrán locas de contentas. Tipo, estas, underground. Oh, yeah. Sirven vino y queso (¿y por qué destierran del paladar los chicharrones y la cerveza? Hummm) a los lectores en las presentaciones de los libros que editan. ¡Qué nivel! Nadie se enfurruñe. Lo digo sin pizca de ironía. Vino y queso hacen las delicias del autor y de sus lectores. ¡Menos da una piedra! Excepto si es la de Pizarnik…   
      He aquí el poema: “¡Oh, tarde clara, pura, suave, melodiosa!/ En los cristales se refleja la marina…/ todo es de un oro suave, de un melodioso rosa…/ Se dijera de agua la brisa vespertina…// El aire trae y lleva la alegría del puerto…/ todo es tranquilo: el trabajo, la risa, la sirena…/ El mismo hogar alegre, de par en par abierto,/ parece que se va, por una mar serena…// Como si fuera absurda la nostalgia se olvida/ está aquí lo soñado, lo cierto, lo bendito…/ qué gracia de colores, está nueva la vida…/ en el ocaso mágico se muestra lo infinito…”.
     No comment. Por excelente. Por magistral. Por insuperable. Ea. ¿Saldrá, bajo piedras, un posmoderno a decirme: “¡Qué antigüedad! ¡Eso está superado!”? Que salga. ¡A mí plin! (¡por Buda! ¿También está anticuado este coloquialismo? ¡Uf!).
     Risas