miércoles, 27 de julio de 2022

375/ El `canto´ de Estela

A través de "El Aleph" 

veo tu sonrisa al recibir este libro. 

¡Que lo disfrutes, amigo!

(Agostina, Buenos Aires, 

24 de enero de 2022)


Leer un libro descatalogado supone, para mí, un acto de rebeldía. Si ese libro raya a una altura sobresaliente, su extracción del catálogo del que un día formó parte se convierte en infamia, y yo en justiciero. Estos olvidos editoriales son restos de carne quemada. La piel engurruñada, encostrada, ya no vuelve a ser la misma. Pero se trata de una quemadura gozosa. No es fuego literal que abrasa. Es fuego simbólico, alegórico, estrambótico. Y si ese libro descatalogado versa sobre el mejor escritor de la historia de la literatura universal, aquí hay que pararse, tomar aire y mentalizarse de que uno está adentrándose en un mundo que puede depararle una que otra sorpresa de zamarreo y tente tieso bravos. Yo no idolatro. Yo admiro y esto, hay que decirlo, a pocos congéneres. Especificaré ahora: a tantos como dedos tiene una mano. El espécimen que inspira esta nota siempre generó, en mí, asombro. Y una especie de estética alegría no exenta de juguetona complicidad. Quién podría sostener, hoy, que Jorge Luis Borges no era un hombre felizmente cómplice.

     Borges a contraluz (Espasa Calpe. Madrid, 1989), de Estela Canto, reúne un privilegio. El libro es, en sí mismo, un privilegio. Y el lector, que lo enfrenta, un privilegiado. Yo debo este apelativo a una de mis amigas del alma (indispensables): Agostina Lute. Representa, ella, la generosidad inusitada. No tuve más que hacerle partícipe de mi deseo de hallar un ejemplar de la obra de Canto en algún lugar del mundo, y sugerirle que ese lugar podía ser la patria `chica´ de Borges (Buenos Aires), para que se consagrara a la tarea no siempre fácil de buscar una aguja en un pajar. Ella, bonaerense de pro (del Plata), acudió a una librería de viejo de la megalópolis y entonces se hizo realidad el prodigio. Yo no daba crédito. Hacía años que mi mente rondaba la posibilidad, improbable, de leer en formato libro la obra de Canto. Agostina no solo me agenció el libro sino, además, una primera edición del mismo (de la <<Colección Austral>> de Espasa Calpe) con la dedicatoria arriba copiada. Solo una falla hallo: el lomo cuarteado y roto en su área inferior izquierda. Dentro, prima la buena salud del papel y de la tinta (erratas aparte), todavía impolutos. 

     Treinta y tres calendarios atesora el volumen y sigue legible e imperturbable. Justo lo contrario de quien se aventura por sus páginas sepias: podrá, este, quedar perturbado. Cómo zamarrea el libro. Cómo aniquila el ideal el libro. Cómo sugiere nuevas y, acaso, alocadas perspectivas el libro. Cómo empuja a indagar caminos poco trillados sobre la vida y obra de quien <<no fue feliz>>, acaparando el mayor talento literario conocido, aunque hiciera lo posible e imposible por serlo finalmente. 

     La prosa de Estela Canto es limpia, directa y cadencial, con una que otra resonancia borgiana. Esa resonancia borgiana no resta un ápice de mérito a las líneas maestras que le dan consistencia. El fondo es, por momentos, irónico. La forma, seductora. Un ensayo apto para ensoñación fina y afilada capacidad de nostalgia. También, para una extensa amplitud de miras. En él he descubierto una fenomenología no intuida por mí, años atrás, sobre Borges: no tengo motivos para dudar de la palabra de Estela. Yo podría achacarle varios despropósitos. Sin duda, serían conjeturales. No iré por ahí.

     Juzgo la sección `Cartas´, sencillamente, iluminadora. Sin embargo podría acarrear culpa al lector escrupuloso de su intimidad (por empatía con el ilustre bonaerense). Me explicaré. Nunca antes había tenido ocasión de leer una sola misiva de Borges. Ahora, he leído catorce, cada cual más breve y contemporánea: pareciera que el autor las acabara de escribir. Algo me ha llamado poderosamente la atención: escapan al estilo personalísimo de Borges. Yo pensé que hallaría una prosa similar a la exhibida en sus relatos y, tal vez, en sus artículos. Nada que ver. A estas cartas les falta complejidad, musicalidad (aunque Estela tildase al autor de inepto musical), originalidad… Esto me lleva a pensar que el bonaerense se esforzaba en dar forma y curso a un estilo acaso alejado de su verbo cotidiano. Ello lo humanizaría. Y lo apearía del pedestal del super-escritor y convertiría en un esforzado, como tantos, que llegó a la genialidad vía disciplina lectora y escritora. Me gusta pensarlo así. Puedo estar equivocado.

     No voy a reproducir, aquí, ninguna línea de tales cartas de amor. En esta bitácora he manifestado, a veces, mi aversión a la publicación de cartas de esa índole. Quiero decir: no intelectuales (o carentes de tesis), sí emocionales, que dejan a su autor en situación de absoluta vulnerabilidad. Cartas, estas, develadoras de la intimidad profunda de un ser humano que escribe cuentos y poemas como nadie. Si lo hiciera, reproducirlas aquí, traicionaría a Borges y a mí mismo. Tampoco voy a juzgar la decisión de publicarlas tomada, en su día, por Estela Canto (o por quien fuera). Allá cada cual con sus resoluciones. Solo he cometido un acto impúdico: leerlas con fruición.

     Que Borges me perdone.

jueves, 23 de junio de 2022

374/ "Gente necesaria"

A veces uno se topa con lo extraordinario sin haberlo buscado conscientemente. Otras veces, habiéndolo no solo buscado sino también requerido, lo extraordinario se le escapa a uno de entre los dedos de las manos como un rebelde pez que luchara por sobrevivir y consiguiera al fin su propósito. Buscador incansable, este, de su recién arrebatado hábitat: el agua dulce (o salada). 

     Hoy quiero dar muestra del primer caso mentado: un descubrimiento. Precisaré, por enrevesar un punto la cosa, lo que sigue: que menos se trata de un descubrimiento (siéndolo) que de un reafirmarse en las ironías de la vida con absoluto goce. O que un conocimiento olvidado y desvirtuado por puro egoísmo. O que una enseñanza arrumbada en el trastero de la conciencia, arrinconada entre cachivaches inútiles, entre miedos y olvidanzas y angustias… 

     Hablo de una perogrullada que no por serlo debería someterse a la indiferencia del homo sapiens. Y hablo, por supuesto, de un poema de Hamlet Lima Quintana cuyos versos sencillos (no simples) nos recuerdan la envergadura ética que atesoran algunos de nuestros congéneres. No estaría de más reconocer su valía driblando, por una vez, el maldito olvido que acaba tachando y tergiversándolo todo sin esfuerzo aparente. Y es que, aunque a menudo nos cueste aceptarlo o pase inadvertido, hay en el mundo gente necesaria…

     El poema arriba aludido es este:


     GENTE NECESARIA


     Hay gente que con solo decir una palabra

     enciende la ilusión y los rosales,

     que con sólo sonreír entre los ojos

     nos invita a viajar por otras zonas,

     nos hace recorrer toda la magia.


     Hay gente que con solo dar la mano

     rompe la soledad, pone la mesa,

     sirve el puchero, coloca las guirnaldas.

     Que con solo empuñar una guitarra

     hace una sinfonía de entrecasa.


     Hay gente que con solo abrir la boca

     llega hasta todos los límites del alma,

     alimenta una flor, inventa sueños,

     hace cantar el vino en las tinajas

     y se queda después, como si nada.


     Y uno se va de novio con la vida

     desterrando una muerte solitaria,

     pues sabe, que a la vuelta de la esquina,

     hay gente que es así, tan necesaria.


     Chapó. 

     Y Amén. 

jueves, 26 de mayo de 2022

373/ Giulia o la pequeña `superluminova´

O de cómo el corazón de una niña aniquila el bajo tono vital del de un adulto (niño grande) en un pis pas. O de cómo una pequeñita, de cuatro veranos (ella no es invierno), aporta más en menos tiempo que un sinfín de libros de psicología leídos con fruición. O de cómo <<mi>> pequeña Giulia, retoño de Ana y de Luca Toni, acapara la alegría más exultante sin saberlo.

   Dos horas han bastado con <<mi>> pequeña Giulia (y con sus padres), en las inmediaciones de la Torre del Oro de Sevilla, para percatarme de que la felicidad está donde tiene que estar y no en otro lugar cualquiera. Giulia, <<mi>> pequeña Giulia, es la pura felicidad. Y es la alegría desbocada en pos de una mensajería urgente apta, solo, para adultos: <<No pierdan el tiempo en lamentaciones: ábranse a la vida, al mundo, ábranse a los otros>>. Pienso: <<No merece la pena vivir encerrado por miedo a vivir>>. Nada hay más hermoso en el mundo que la risa franca de una pequeña en cuyos ojos vislumbro la grandeza del corazón de su madre, el talante `musical´ de su padre, y la esencia superluminova (brilla en la oscuridad) del eneatipo 7…

     El eneatipo 7 del Eneagrama de la personalidad, de Claudio Naranjo, presenta rasgos ambicionados por muchos: alegría, extroversión, curiosidad intelectual… Así es Giulia. Así, sus abrazos. Así, la niña más bonita del mundo. <<Mi>> pequeña superluminova, hoy y para siempre, me ha dado una lección psicológica de vida propia del mejor terapeuta. Yo lo celebro. Bastaron abrazos y uno que otro beso y una media lengua entre italiana y española y risas por doquier. Por una vez no voy a complacerme en el retrato veraz y verídico de Ana. Por una vez he querido regodearme en su extensión biológica…

     Cito, ahora, al doctor Naranjo con el fin de aclarar el origen del Eneagrama: “(…) Eneagrama–  expresión emblemática de procesos universales que nos llega de una tradición espiritual preservada en Asia Central. Fue a través de Gurdjieff que nos llegaron por primera vez públicamente noticias de este cristianismo esotérico con raíces precristianas babilónicas (una influencia transmitida a través de la espiritualidad iraní) (…)” (El eneagrama de la sociedad: males del mundo, males del alma. Apple Books. Pág., 68). 

     Yo siento a Giulia como si fuera mía, porque siento a Ana (su madre) tan hondamente parte de mí, que lo contrario sería incongruente. Los abrazos (y algún beso apretado) que Giulia me ha prodigado este mayo sevillano se me han quedado adentro del alma (caso de que esta exista). Iba yo con mi preocupación a cuestas y Giulia, de un solo plumazo, me ha descargado del peso mortal del presente bloqueado a nivel psicológico con muestras de un cariño puro y sin mácula. No se me ocurre mejor terapia que esa.

     Giulia tiene algo que agradecer a la vida: sus padres. Ana y Luca le dispensan un trato amoroso, cuidadoso, que a mí nunca dejará de enternecerme. No pocas veces he presenciado en la calle conatos de maltrato infantil (físico y verbal). Una cachetada, una amenaza, no hacen pedagogía. Los niños representan el tesoro que un mago celestial guarda bajo siete llaves para aquellos que tendrán la enorme dicha de traerlos al mundo. Sé que muchos vienen con dificultades inasimilables (yo no sé si inasumibles). Debemos, los responsables de su venida y el resto, cuidarlos y amarlos a todos por encima de todo. Ellos son lo primero. Están por encima de nosotros mismos, de los animales, de las plantas… Nada, ni nadie, podrá suplantar jamás su esencia visible entre videntes (e invidentes). Que ni un solo ciego de amor se atreva a ponerle la mano encima a un niño…

     Que Giulia juegue y ría y sea trasto y pataleé y deje exhausta a su madre no es sino vida que pugna por salir, a borbotones, a un mundo de esencias con el que pocos adultos tienen la facultad de conectar. Y es la vida de la niña, y la niña, esa vida entera en forma de semilla aún por germinar del todo en cuyo curso hace florecer vida en los demás. 

     Tiempo habrá, amico mio Ana, para otras cuestiones.

     Os quiero. 

Aires de Sevilla

24 de mayo de 2022

viernes, 29 de abril de 2022

372/ Con "el asombro de un transeúnte solitario"

Corren tiempos un punto inverosímiles. Tiempos en que la credulidad no encuentra asideros con que ponerse a salvo de mordeduras, rasguños, crueldades a todo trapo y de todo pelaje. Una crisis económica, una pandemia, tambores de guerra que asolan cuanto rincón de la anatomía mundana queda aún vivo y sin conquistar. La mente libre, ay, no se libra. He estado hojeando (también, leyendo) una revista histórica que tenía desechada en una balda de mi librería para darme de bruces con la <<Epopeya de Elcano>>: la primera vuelta al mundo (1519-1522). Ignoro por qué este texto ha inducido en mí una `pila´ de ideas locas y de pensamientos distorsionados, acaso verosímiles, siempre acaparadores de acción subjetiva. Como la de aquí y ahora: la escritura de un post (este) desnortado. La gesta de Elcano, a mi juicio, no quita un ápice de inhumanidad al pensar loco por antonomasia: el expansionismo. Quiere decirse: ¿Hasta qué punto la pretensión de ensanchar un territorio está justificada o fundamentada en algo, digamos, bello? No sé. Y, ¿en algo bueno? Tampoco sé. Y, ¿en algo práctico? Menos aún. 

     Juzgo despreciable engrandecer la crueldad en pos de un supuesto heroísmo patriótico. 

     Otra incertidumbre: ¿Recurrir a juzgar la historia con ojos contextualizados en la época en que sucedieron los hechos, y no en la actual, o todo lo contrario? Y, llegado el caso, ¿no sería tremendamente riesgosa la visión retrospectiva para justificar unos hechos dignos de llanto entonces (y siempre)? ¿Es posible la existencia de una ética libre de modas? 

     Abro paréntesis. Voces malintencionadas dicen que la asignatura `Filosofía´ está siendo, poco a poco, arrinconada en el currículo de Secundaria. Cierro paréntesis. 

     Volviendo al tema de la incertidumbre…

lunes, 14 de marzo de 2022

371/ El "caganer" ilustrado

En variadas ocasiones he afirmado en esta bitácora que el mejor escritor español que aún respira es Fernando Sánchez Dragó. Como lo cortés no quita (ni deja con el fin de arremeterle un buen sopapo) lo valiente, diré ahora que no se puede ser más tonto en el mundo que el crack, Dragó. Y eso que <<hay más tontos que esquinas>> (Herrera dixit). Escribo esto a colación de la columna de tan ilustre incorrecto o <<inmoralista>> o terrible chico de la pluma crispada y un punto ególatra publicada en <<gaceta.es>> con fecha 8 de marzo de 2022 (véase aquí). 

     Últimamente Fernandito, el terrible, se ha caracterizado por apoyar con verdadero fervor de salvapatrias a Vladímir Putin. Pero, ¡tate!, después de lo que aquel denomina <<monumental zapatiesta bicéfala>> (para los no iniciados en <<dragoniano>>: la guerra en Ucrania) no llama niño bonito al ruso. 

     –Quita, quita, no sea que me caigan chuzos de punta del cielo de lo políticamente correcto o de las gentes con casposa ética: mis congéneres. 

     La cagalera de Dragó respondería a un planteamiento sencillo. Este: cómo defender lo indefendible sin perder un ápice de la aureola de chico terrible que tanto le gusta siempre colocarse a modo de corona de espinas tras el cogote humeante y algo escacharrado por tanta pirueta verbal. No se entiende que a estas alturas la caca le llegue a los talones a tan airoso caballero… 

     Quién te ha avisto, Fernandito, y quién te ve. Tu amiguito Putin está pasándose por el forro lo que los demás (¡ay, qué pupita hacen en Twiter, por Buda!) puedan decir de él. El psicópata no conoce el miedo. Tú, por suerte para ti y los tuyos, sí. No vale echar la culpa de tu soberano canguelo al populacho que te fríe el lomo a estocadas cada vez que sueltas una burrada de <<tertuliasno>>, como tú dices, en platós virtuales o reales. Tienes, ya, menos credibilidad que un cheque firmado por Bárcenas.

    Sigue, Fernandito, escribiendo eso que no se puede decir. Yo, lector voraz, lo leeré siempre y escribiré (y diré) cuanto me plazca sobre ello y sobre lo de más allá aquí y en Pekín. Pero, crack, hazme el favor: no seas tan <<cagoncito>>…