jueves, 11 de octubre de 2018

292/ Habladores indiscretos

Las filosofías de Immanuel Kant y Siddharta Gautama tienen un punto en común. Este: que la “totalidad” de las cosas es considerada en sí misma independientemente de las limitaciones de la capacidad perceptiva del hombre. El filósofo llamó a esto “Antinomia de la razón pura” en el libro Crítica de la razón pura. El Buda dijo: “Somos lo que pensamos”. Cabría, pues, deducir que el mundo es lo que pensamos que es el mundo. Ahí está la falacia. El mundo es el mundo y no lo que yo creo que es. 
     Críticos y demás ralea no estarán contentos con la apreciación anterior. Cada vez que un crítico abre la boca (más el literario) sienta cátedra. Como el político. Como el columnista. Como el bloguero (columnista achicado. O: erudito a la violeta). Lo que todos dicen (lo que todos decimos) no es más que una verdad sesgada. No la verdad recta.
     Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”. 
     No leas, lector querido, a nadie ni nada exclusivamente y sí a todos y todo. 

martes, 2 de octubre de 2018

291/ Javier Gomá Lanzón

A Javier Gomá Lanzón lo vi por vez primera en la caja tonta. Como a Ana María Matute. O a Alejandro Jodorowsky. O a Fogwill. O a Luis Alberto de Cuenca. O al Marqués de Tamarón. O a Almudena Grandes. O a Enrique Vila Matas. O a Juan Marsé. Etcétera. Una entrevista a todos, al menos, vi. No utilizo la televisión para nada distinto de descubrir escritores. También algún documental o reportaje. Eso es todo.
     La entrevista a Javier Gomá Lanzó me dejó en el paladar un regusto agridulce. ¿Lo agrio?: su lenguaje no parecía el propio de un filósofo. Demasiado llano. Un punto deslucido. ¿Lo dulce?: los temas sobre los que filosofó (a mi juicio maravillosos). También la valoración que hizo de la figura paterna. Ello me decidió a leer su obra. 
     En el prólogo al libro Filosofía mundana ha escrito Javier: “La nota de mundanalidad señala triplemente la dirección a una filosofía que desea pensar sobre el mundo, para todo el mundo y, si la ocasión se muestra propicia, con un poco de mundo”. Y más abajo: “Dicho de otra manera, el tema es el mundo, apropiado nuevamente por nuestro tiempo, no los libros que cavilan sobre él. Filosofía mundana se desentiende de esos problemas meramente filosóficos, divorciados de la experiencia compartida, que solo preocupan a los profesionales de la disciplina si por ventura caen dentro de su especialidad académica y, en cambio, elige como asunto cuanto mantiene en vilo al común de los mortales: la individualidad, la belleza, la fortuna, el amor, la felicidad, la dignidad, el anhelo, la civilización, el entusiasmo, el enigma de la vida, la paz, el arte, la justicia, la muerte y tantos otros”.
     Pregunto: Qué está sucediendo con Filosofía. Qué, con Lengua Castellana y literatura. Qué, con Matemáticas. Todas ellas (excepto Filosofía. Esto tendríamos que hacérnoslo ver) son asignaturas en curso de nuestro sistema educativo. El alumnado las rechaza de plano. Tú, Javier, has golpeado del clavo la punta. Se olvida lo esencial de ellas. Se insiste en lo superficial que tal vez (pero no lo sé) hay en ellas. O tanto monta: no se contempla su aplicabilidad en la vida cotidiana.
     El Quijote también sirve para aprender chascarrillos. 
     La sintaxis castellana también sirve para hablar y escribir correctamente. 
     La obra de Nietzsche también sirve para conocer la condición humana.
     ¿Nadie hará nada por cambiar el actual estado de cosas? 
     
     Resignación.       

miércoles, 19 de septiembre de 2018

290/ Enhorabuena del niño lector

La presente bitácora elogia la literatura infantil. Exhibe, esta, rasgos que no abundan en su hermana mayor. Tales como: sencillez, claridad, belleza. Ignoro qué está pasando con la literatura para adultos actualísima. La juzgo horrorosa. Oscura. Enrevesada. El término “literatura” no solo abraza la narrativa. El ensayismo no narrativo y el lirismo también se resguardan bajo su capa. En todo ello no hallo demasiado estímulo lector. Excluyo los libros de un breve ramillete de escritores geniales. Un ejemplo: José Antonio Muñoz Rojas. Otro: Álvaro Pombo. Otro: Fernando Sánchez Dragó. Otro: Juan José Millás. Otro: Enrique Vila Matas. 
     He dicho: José Antonio Muñoz Rojas. No vive. Su obra, sí. Por aguda. Por cadenciosa. Por arraigada. Hoy se le ningunea. Los caminos de la estupidez humana son inescrutables. Lean Cantos a Rosa. Opino (con Aleixandre) que Muñoz Rojas fue el mejor poeta de la generación del 36. Superior, en todo, a quienes mal que bien escribimos versos en el 18. Excepciones hay. Sí. Y qué.   
     Lo pienso. Lo siento. Lo digo.     
     Hablaba yo de la literatura infantil…
     Cliqueen aquí (un gran ensayo breve. Les merecerá la pena. También su admiración). 
     Mi gratitud, Juan, eternamente. 

martes, 11 de septiembre de 2018

289/ Poema alegre de poeta triste

¡Albricias! (lo sé, lo sé, posmodernos). Tras muchos años leyendo a Juan Ramón, por fin, hallo un poema suyo alegre. Subrayo lo recién dicho: alegre. No subrayo las palabras con “g” que el poeta escribía con “j”. Las copio con “g”. No le hago la corte al maestro. No paso por el aro de fuego del `liberticidio´ ortográfico. No me avengo con las incorrecciones de ese tipo. Yo no soy posmoderno. Ni (solo en esto. Conste) individualista. Perdónenme los vanguardistas. Y, de paso, la rima. É cosí. 
     He dicho: poema alegre. Digo ahora: poema sereno. O poema suave. O poema agradable. O poema delicioso. O poema sublime. Como se prefiera. Se encastilla en Historias. No lleva título. Los posmodernos pueden darse con un canto en los dientes. Editoriales de esa laya (posmodernas. Si existen. Su vida no suele ser larga) se pondrán locas de contentas. Tipo, estas, underground. Oh, yeah. Sirven vino y queso (¿y por qué destierran del paladar los chicharrones y la cerveza? Hummm) a los lectores en las presentaciones de los libros que editan. ¡Qué nivel! Nadie se enfurruñe. Lo digo sin pizca de ironía. Vino y queso hacen las delicias del autor y de sus lectores. ¡Menos da una piedra! Excepto si es la de Pizarnik…   
      He aquí el poema: “¡Oh, tarde clara, pura, suave, melodiosa!/ En los cristales se refleja la marina…/ todo es de un oro suave, de un melodioso rosa…/ Se dijera de agua la brisa vespertina…// El aire trae y lleva la alegría del puerto…/ todo es tranquilo: el trabajo, la risa, la sirena…/ El mismo hogar alegre, de par en par abierto,/ parece que se va, por una mar serena…// Como si fuera absurda la nostalgia se olvida/ está aquí lo soñado, lo cierto, lo bendito…/ qué gracia de colores, está nueva la vida…/ en el ocaso mágico se muestra lo infinito…”.
     No comment. Por excelente. Por magistral. Por insuperable. Ea. ¿Saldrá, bajo piedras, un posmoderno a decirme: “¡Qué antigüedad! ¡Eso está superado!”? Que salga. ¡A mí plin! (¡por Buda! ¿También está anticuado este coloquialismo? ¡Uf!).
     Risas.  

miércoles, 22 de agosto de 2018

288/ Nada importa nada

La frase arriba copiada a modo de título la leí por vez primera el año 2002. Fue en el libro El sendero de la mano izquierda (Fernando Sánchez Dragó. Planeta). Quedé deslumbrado. Quedé fascinado. Quedé anonadado. Por la cita y por el libro. Más por la cita. 
     Varias veces la fraccionamos y analizamos, al detalle, Alberto Pareja Campos y yo. Todo mientras nos empinábamos una jarra de tinto con limón o taza de café con mala leche en algún barucho de Sevilla (La `Isla de Baal´: Alfalfa. También en la Alameda de Hércules).  
     Qué tiempos…
     Escribe Dragó en la mentada obra: 
     “Para empezar, y por si acaso, ríete de todo, porque nada importa nada. 
     (…) 
     (…) Lo dijo o lo escribió, con voz y pluma anónimas, un filósofo presocrático. ¡Bendito sea! (…) 
     Es frase, por cierto, que me sirve de constante (y lenitivo) norte y a la que recurro siempre en momentos de aflicción o tribulación. Lo juro: mano de santo”.
     Muy bien.
     Hoy, leyendo Historias (Juan Ramón Jiménez. Fundación José Manuel Lara), he vuelto a toparme con la frase. El poema en que aparece se titula Retorno crepuscular. La estrofa que a buen recaudo la pone es esta: “Del amor, cobijado en la fronda empolvada/ solo brillan los ojos; como pasa un aliento/ de infinito, y nada importa nada,/ el alma está desnuda, la carne es sentimiento…”.
     Me atribuyo el subrayado.
     Rocío Fernández Berrocal afirma (y confirma) que Juan Ramón Jiménez escribió Historias entre 1909 y 1912. Pregunto: ¿Tomaría Dragó la cita del filósofo presocrático o de Jiménez? ¿Y este? Otra pregunta: ¿Es que nadie ha pronunciado (o pensado) alguna vez la frase de rigor sin haberla leído (tampoco escuchado) antes? Aplico lo dicho a cualquier párrafo. O capítulo. O libro.  
     Ni un solo hombre juzgará disparatado pensar que otro de su especie, en algún tiempo y lugar, esté escribiendo (haya escrito. Escribirá) estas líneas que aquí y ahora escribo yo. ¿Inquietante? Pche. Uno está, ya, curado de espanto.