viernes, 14 de junio de 2024

452/ La "Palabra Correcta"

OPINIÓN


Uno de los `mandamientos´ del <<Camino Óctuple>> es la <<palabra correcta>>. Camino Óctuple: ocho actitudes beneficiosas para la humanidad; ocho formas de cumplir con lo que el Buda difundió. Mejor aún: ocho formas de iniciarse en el Dharma con el fin, es claro, de emprender las ocho; no una solo. Pero, ¿qué es exactamente la <<Palabra Correcta>>? Aquí no se trata de corrección gramatical, sintáctica, prosódica… No. Aquí se trata de no causar al otro (tampoco a uno mismo) perjuicio con el uso regurgitado (dañino) de la palabra. Tai Morello ha escrito: “Evita declaraciones mentirosas, abusivas y divisivas, así como chismes inútiles” (<<Budismo para principiantes: Una guía práctica para la iluminación espiritual>>. Smashwords Edition. Pág., 122).

     Políticos, periodistas y escritores (blogueros en el saco), deberíamos hacérnoslo mirar. Nota: El orden jerárquico de la lista no es invariable. De entre los tres colectivos lingüísticamente tóxicos mentados el que más perjuicio causa al prójimo con el uso incorrecto de la palabra es, a mi juicio, el de los periodistas. El motivo no es un misterio: el periodista suele aunar erudición (la búsqueda constante de información convierte en erudito al buscador) con ideología (esa estupidez de la inteligencia humana). Al político, en cambio, le falta erudición; al escritor, ideología. Nota segunda: Hablo, aquí, de arquetipos; no de tipos impuros. Con <<escritor>> refiero <<escritor literario>>. Téngase esto en cuenta.

     Lo triste del asunto es que el periodista debería quedar libre de ideología; no, de ideas (es de perogrullo); pero no acontece así. Es más: el periodista acaba convirtiéndose en carne ideológica contaminada con la hormona del odio. Y aún se jacta de su propio envenenamiento tratando de convencer a los demás de la validez y viabilidad de su postura…, de su postura… ideológica, como no podía ser de otra manera. ¡Vade retro, Satana

     Recomiendo a los periodistas (a los políticos, a los escritores, a los blogueros) que mediten. La meditación es la mejor medicina natural contra el odio. ¿Hay alguna ideología que no engendre, en sí misma, odio?

     La <<Palabra Correcta>>: la mejor idea (sin <<logia>> que valga) que podemos acaparar <<Hunos>> y <<Otros>>. Todos: ¡Tú, lector, el otro y el de la moto! 

     Mis disculpas por las palabras incorrectas que haya podido pronunciar hoy y ayer y, todavía, pueda pronunciar mañana. 

     Rectificar, dicen, es de sabios.

     <<Namasté>>.

martes, 21 de mayo de 2024

451/ Hermosa ofensiva

Hoy he topado con la más bella descripción, jamás vislumbrada antes por mí, de una lengua (concretamente: del <<latín vulgar>>). Se trata de una descripción a la vez estética y técnica y, desde luego, adversativa. Muy adversativa. Cuando aunamos <<belleza>> y <<razón>>, a menudo, obtenemos <<literatura>>. No sucede siempre así. Ocasiones hay (ofensa es dudarlo) en que lo literario tira más de <<instinto>> que de <<razón>>. Estaríamos hablando, en tal caso, de una <<literatura salvaje>> (o <<salvajada>>; léase: pura). Yo, conste, me avengo mejor con lo instintivo que con lo racional (siempre en el ámbito de la literatura). Sin embargo, hallo un límite (para mí. ¡Siempre para mí!) infranqueable: el <<Surrealismo>>. Detesto con todas mis fuerzas el surrealismo literario, no el pictórico, cuya capacidad de evocación desborda al más pintado (esto, se mire por donde se mire). Y en ese vaivén entre los bello y lo racional voy yo y me topo, hoy, con la descripción de marras. La transcribiré:

     <<[El latín vulgar] es, en efecto, una lengua pueril o gaga que no permite la fina arista del razonamiento ni líricos tornasoles. Es una lengua sin luz ni temperatura, sin evidencia y sin calor de alma, una lengua triste, que avanza a tientas. Los vocablos parecen viejas monedas de cobre, mugrientas y sin rotundidad, como hartas de rodar por las tabernas mediterráneas. ¡Qué vidas evacuadas de sí mismas, desoladas, condenadas a eterna cotidianidad se adivinan tras este seco artefacto lingüístico!>>.

     Autor del fragmento: José Ortega y Gasset; encastillado, el mismo, en: <<La rebelión de las masas>> (El País. Madrid, 2002. Pág., 31). Y, ¿a cuento de qué? Fácil: de la globalización.

     A lo que iba: ¿Cabe decir algo más adversativo sobre algo y, a la vez, más hermosamente y con menos ambigüedad que lo dijo (que lo escribió) Ortega en obra tan indudablemente icónica como <<La rebelión de las masas>>? 

     La respuesta, creo, es evidente.

jueves, 9 de mayo de 2024

450/ "Lo que es, es"

Enfrentando la lectura final de <<Crítica de la razón estética: el ejemplo de J.R.J.>> (Los libros de Fausto. Madrid, 1988), de Arturo del Villar, me doy de bruces (página 148) con un párrafo sorprendente; sorprendente por aquello de que nunca antes había leído una intuición personal mía tan bien expuesta y con ínfulas de irrebatible. Acaso las intuiciones personales no sean rebatibles; acaso. 

     El párrafo en cuestión dice así:

     <<Ortega se refirió a unos jardines juanramonianos, los que están descritos en el segundo poema de los “Nocturnos” de Arias tristes como el jardín típico con su fuente, para explicar lo que es la filosofía, dentro de un curso que dirigió en Madrid en 1929. Hizo una distinción entre el jardín real y la quimera fantástica, como ejemplo de la operación mental del lector. De esa manera quiso demostrar que los datos del universo son indubitables, y es la conciencia del hombre la que cuestiona la realidad con sus dudas>>.

     Creo que siempre lo he experimentado del modo arriba expuesto. El Hombre, embarullador de la naturaleza. El Hombre, idealizador de la conciencia. El Hombre, alquimista de la realidad. 

     Algo así, conjeturo, le acontecería a JRJ. Sin embargo (¡y aquí radica el quid de la cuestión!) esa alquimia, idealización y embarullamiento concienzudos y humanos, sirvieron para que un hombre (JRJ) manufacturara la más elevada y hermosa obra poética que existió (que ha existido; que existirá) jamás. Y esto, estimado lector, también lo juzgo indubitable.

jueves, 2 de mayo de 2024

449/ Ego al descubierto

Existe un modo de dejar al descubierto el ego; un modo según el cual (aún sabiendo que es perecedero) podemos llegar a tocar con la punta de los dedos del intelecto una belleza sutil e inalcanzable para algunos alucinados: la escritura. No la escritura en general; la literaria. 

     Escribir literatura conlleva el riesgo del <<auto-sincericidio>> (en un sentido de introspección brutal, independientemente de que se trate de ficción o realidad, ajena o <<auto>> aquella). El escritor literario se expone demasiado al mundo; a los demás. No sucede así con aquel que escribe desde la objetividad; desde el <<cientificismo>>. Uno perfora y, luego, explora su ego (su psique) y lo desasiste. El otro indaga los egos de los demás para llegar a conclusiones depuradas (eso cree él) de egos. Se trata, en efecto, de una ilusión; pero él no llega a percibirlo del todo. El escritor literario se mueve como pez en el agua en el ámbito de las ilusiones, de los ideales, de los sueños… El ámbito del otro es el del Periodismo. Punto. El del panfleto… ¡Otro punto!

     Jung lo denominó así: <<Percepción de la sombra>>. 

     Arturo del Villar desemboca en esta expresión en el libro <<Crítica de la razón estética: El ejemplo de J.R.J.>> (Los libros de Fausto. Madrid, 1988. Pág., 101). Y lo hace para evidenciar que el inconsciente aflora en acto de escritura. Yo querría añadir la siguiente apostilla: en cualquier acto de escritura, no; sólo en el acto de escritura literaria (la que conecta con la sensualidad y belleza de los <<jardines interiores>>). Es decir: aquella que encierra en sí misma un estilo; un ansia por redescubrir la música de las esferas, de las palabras, de los signos fónicos… 

     La cita de Arturo Del Villar: <<Según el filósofo suizo [Jung], en el yo existen personificaciones del inconsciente que suelen aparecer en los sueños, pero que también es posible advertirlas en los sueños diurnos o en la escritura de las personas con capacidad intelectual suficiente>>.

     (He preferido dejar al margen eso de la <<capacidad intelectual suficiente>>).

     Así que ya saben: cuídense de escribir literatura si no quieren dejar su ego al descubierto (alguien podría querer mancillarlo, robarlo…). 

     En fin.       

viernes, 26 de abril de 2024

448/ De la matraca de la utilidad (o inutilidad) del arte

De un tiempo a esta parte pienso un punto en exceso en la utilidad (o inutilidad) del arte. Más concretamente: en la utilidad (o inutilidad) de la literatura. Marito (a saber: Mario Vargas Llosa) dedicó un prólogo entero a esa inquietud del alma que anida en todo fabulador sensitivo; su título: <<La verdad de las mentiras>>. No entraré, ahora, en análisis vanos. Sólo apuntaré brevemente un convencimiento: la sinrazón grande de endosarle al arte (a la literatura) la obligación de ser útil. No, no, literatura y utilidad no siempre van de la manita (refiero la literatura pura o de ficción; la otra, ensayística y/o carente de fantasía e imaginación, chapotea en aguas con un pH espiritual diferente).

     En <<Crítica de la razón estética: el ejemplo de J.R.J.>> (Arturo del Villar. Los libros de Fausto. Madrid, 1988) hallo un fuerte espaldarazo a la percepción de la literatura (de la poesía, en este caso, juanramoniana) como algo en última instancia inútil. Y es el abajo transcrito: 

     <<No hace falta explicar que el artista sublima sus impulsos instintivos por medio de proyecciones simbólicas. Las inquietudes, las preocupaciones, los complejos y los temores pasan al objeto artístico para liberar a su autor de las tensiones acumuladas en su vida. Los conflictos habituales en toda relación vital piden dirigirse contra la salud psíquica en determinadas personas consideradas predispuestas naturalmente a ello, o bien compensarse gracias a la creación artística.

     De esta manera, el artista modula sus sueños diurnos para presentar simbólicamente sus pulmones, y si lo realiza con la suficiente habilidad consigue una obra capaz de consolar o producir goce estético a otros. Así, las represiones quedan grabadas en ella, y basta examinarla con atención un momento para descubrirlas>> (op. cit. Pág., 74).

     La obra de arte útil per se. No existiría, así, una sola obra de arte que no aportase valor a la vida espiritual o psíquica del Hombre. Juzgo esplendorosa la idea. Pero enseguida me asaltan incertidumbres: ¿Será, la inutilidad, una invención del ser humano? Llegado el caso podríamos afirmar: <<Toda acción produce una reacción>>. ¿Es, esto, suficiente para considerar a pie juntillas que el arte (que la literatura) acaba siendo siempre verdaderamente útil? 

     Que el lector indague, si lo desea, la respuesta. 

     Yo, por hartazgo…, ¡a otra cosa!