martes, 8 de enero de 2013

51/ Panegírico

A Mercedes de Velilla

Recelabas de la omisión. A los poetas sevillanos ha encogido mi pecho: nunca te postergaré. Tu obra a nadie agravia: rezuma perfección y, amén de dolerse entre hipérbatos, pureza. Trajiste a la luz cuatro <<creaturas>>. Dos perviven en mi biblioteca. El resto subsistirá en una que otra abacería… No engrosa lista alguna en las <<tienduchas>> de nuevo… Otros desgarros de ínfima herida ocupan su puesto. 

     La actualidad obliga. 

     Quienes medís y rimáis sois condenados al ostracismo. El buche de la República de las Letras Post-modernas os regurgita…

     Yo te trincharé y trituraré, y deglutiré, para mi sustento. Yo hablaré de ti y de tu lira donde toque. Yo no te enterraré. Yo, Mercedes, exhumaré tus restos poéticos sin reconcomio…

jueves, 3 de enero de 2013

50/ Alta literatura

Gárgoris y Habidis satisfará a lectores intolerantes. Una plumilla quevedesca lo rubrica: Fernando Sánchez Dragó. Pregunto: ¿Osaré incursionarme en sus mieles hasta el final?… ¿Y si me sumerjo y ya no puedo salir a flote?… Novecientas páginas de alta literatura ahogan al más pintado. Le extasían. Le obnubilan. Le despeñan (de esta última consideración, dejemos los riscos aparte…).

jueves, 27 de diciembre de 2012

49/ Recitador señero

Un poeta afirmó que la contemplación es horma del amor. Mercedes de Velilla juzgaba independientes sendos actos: Amar y contemplar. 

     Y mirar difiere de contemplar. Lo primero implica ojos. Lo segundo, mente y espíritu. Lo mismo acaece con la lectura y el recital. No se lee, conjeturo, de adentro a fuera. Ni de afuera a dentro se recita. Declamar conlleva exponer el orbe en las declinaciones vocales. O en la cadena fónica. Un recital deja de incumbirme desde sus inicios… No considero sino señero al recitador.

martes, 25 de diciembre de 2012

48/ Orgullo

Hace unos días finiquité mi lectura de La perla (John Steinbeck). El prologuista, Jesús Pardo, considera la codicia uno de tantos instigadores del drama. Discrepo profundamente con él. El fallecimiento de Coyotito (vástago del héroe; encarna el drama de la novela) sobreviene por otro motivo… Pasión anquilosada en los genes de una raza: Orgullo. Se desata éste y convierte a Kino (héroe) en maltratador y en asesino. Kino agrede a Juana (su esposa). Liquida, me parece, a varios individuos de La Paz…

     Toda perla (concreción casi esferoidal) deviene tesorería si se enajena a buen postor. No escatima, por lo demás, posibilidad de futuro inmediato. Lo triste es que tras esa expectativa late un corazón resentido… Es entonces cuando despunta el orgullo de raza. 

     La perla, novela corta y experimentada, exhala oficio. Rara vez he tenido ocasión de enfrentarme a un texto tan intenso. Solo lamento sus veinte últimas páginas. Paisajísticas son éstas. Ochenta y dos conforman la obra. Sesenta y dos, como refiero aquí, jamás se podrán olvidar. Y eso, creo, ya es muchísimo.

     Larga vida a La perla.

viernes, 21 de diciembre de 2012

47/ Poesía sencilla

La melancolía (y la tristeza mudada en ésta) deviene dadora de arte. Melancólicos conspicuos han rolado, en cada época, la dirección de los vientos.

     Mercedes de Velilla engrosaba ese colectivo… 

     Leo: “Mas así como tú dejas al irte/ los seres sin calor, las flores lacias,/ así también mi sol, cuando se aleja/ ¡ay! me deja sin vida y desolada.” 

     Releo: “Venid; que si mis cantos se extinguieron/ del arpa muda entre las cuerdas rotas,/ en lágrimas después se convirtieron:/ lágrimas os daré… con esas notas/ siempre las almas tristes se entendieron”. 

     Aquí no se pretende simular belleza y hondura con juegos verbales malabáricos: no se trata de poesía post-moderna; sí, de poesía sencilla (y no, por ello, simple…). 

     Mercedes: me prosterno ante ti.