miércoles, 10 de abril de 2013

66/ Conspicuo hastío

Nemo propheta in patria

     Muy chico arribó a Málaga <<La Bella>>. Nadie se apene ni se enoje. Lo dejó escrito aquél de quien hablo: Ser no es amar, y quien se engaña muere. Deduzco: Sevilla declinó erigirse matarife suyo. En Diálogos del conocimiento no he topado aún con la Málaga adoptiva. Tampoco con la Sevilla natal. 

     Pregunto: ¿No era él <<poetaluz>>? Cierto vendavalillo surrealista (¡ufa!) encoge mi ánimo. Una música dialectal andaluza endulza oídos acogotados... Juan Ramón, en el prologuillo a Platero, se liberó mecanografiando: Ni le quito ni le pongo una coma. Yo, a las puertas del Empíreo, jaleo: Olé. ¿He de aclarar que los Diálogos…, de Vicente Aleixandre, me hastían? 

     Ay.

miércoles, 3 de abril de 2013

65/ Juramento

De vez en vez (con h) hojeo Las pasiones del alma (Descartes). Paulatinamente voy pergeñándome una traslúcida idea sobre este tratado. Hay en él una deducción inverosímil y, al par, esperable: la psicosomática de las pasiones. Cuerpo y alma tejerían, entre sí, una urdimbre de vasos comunicantes. La teurgia de aquel hechizaría la insustancialidad de esta. 

     Exclamo: ¡Ufa! 

     Concluyo: por menos enfermo de morriña y me obnubilo, ambulo por el mundo al birlibirloque, hago añicos a uno que otro prójimo… Perdóneseme. 

     Cavilo: pondré tierra por medio entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Afortunadamente solo idolatro a Juan Ramón, Borges, Velázquez y Mozart (también Beethoven). 

     Vayan, aquí, mis seudo-desgarros. Considérelos, quien lo tenga a bien, propósito de enmienda o alegre juramento.

viernes, 29 de marzo de 2013

64/ ¿Manumiso?

Desde el primer vagido hasta el último estertor me agencio responsabilidades. De iuris o de factum. Lucrativas u onerosas. Indago: ¿A la postre… me atañen? Yo no elegí llegar acá. La espada de Damocles se cierne sobre mí. Puedo descifrar su marbete: <<Libertad>>. Una duda me atolondra: ¿Soy responsable de mi libertad? ¿O soy manumiso de toda responsabilidad? Acaso ni lo uno ni lo otro. Nadie me exime de mí mismo. Yo vivo, a perpetuidad, en mis actos. O no. Eterno dilema. Sempiterno titubeo. Incorruptibilidad de la zozobra humana. Vacilar y vacilar hasta de la propia vacilación… 

     Cuando no recelo (en el sentido positivo del término) algo muere en mí. Viene todo a colación de un epígrafe: Libertad y responsabilidad. Se asila, éste, en la República ontológica y deductiva de Jean Paul Sartre. Si me extraviara en el océano vital (no lo quiera Buda) fondearía en aguas cristobalinas (léase: erróneas). Así, conjeturo, en El ser y la nada

     ¡Mecachis!

miércoles, 27 de marzo de 2013

63/ Hinojos fitos

Cada día me extasío con Gárgoris y Habidis más de lo confesable. Parecido a lo que hace tiempo me aconteciera con La montaña mágica. O con Memoria de mis putas tristes. O, no hace tanto, con El anzuelo. Fernando no le va en zaga ni a Tomás Mann ni a Gabriel García Márquez ni a David Albahari. Hoy ha esparcido su verborrea por la geografía verdinegra del hereje Prisciliano. El mismo que fuera obispo de Ávila y santificado por los gnósticos. 

     Las sociedades herméticas, en plena centuria cuarta, carecían de sinrazones. A no ser que saliesen por peteneras y la sinrazón oficial imperante les degollara el gaznate. Fue justo lo que sobrevino al priscilianismo. Las orgías purgatorias eran, en su seno, pan de hoy sin migajón y más para mañana. ¿Me anatematizarán? Reincido y apostillo: a mayor gloria de los iniciados. Yo me arrodillo en tierra dragoniana… ¿Pasará el escritor madrileño (soriano de adopción) por el mejor ensayista vivo de la piel de toro? Y, ¿habrá fallecido que le sombree?…

     En fin.

jueves, 21 de marzo de 2013

62/ Camaradería

Algo en Benedetti zangolotea mi espíritu: su ternura o su ironía o su comedimiento o su sencillez o su indulgencia. Estrictamente ignoro qué. Biografía para encontrarme conlleva Los que se fueron. La estrofa cuarta exhuma uno de mis términos predilectos (“vademécum”) en su segunda acepción (DRAE); a saber: `Cartapacio´. De resultas evoco sueños y aprensiones que aducía yo camino de la escuela. No versa, a la postre, sobre este tema el citado poema.

     Los que se fueron, aquí y ahora, son hombres y mujeres tangibles. Corrijo: vaporosos. Anhelo atribuir a la idea de “irse” un sentido distinto del obituario y del erótico: el espacial. Se fueron mis amigos J.D. e I. a tierras encorsetadas por Isabel II y el Céltico. Se fue mi amiga A. a la bota que calzó el Dante. Se fue mi otra amiga A. Q. F. E. y mi amigo A. P. C. a la Villa y Corte de Quevedo. Se fue (regresó) mi amiga P. S. al piso patrio del Zloty. Se fue mi amiga I. M. al Sacro Imperio Romano Germánico. En mí radican todos. Yo, hace tiempo, opté por quedarme. 

     Enuncia Benedetti en Los que se fueron que <<los que se quedan tiemblan en silencio>>. Doy fe de ello. Con una apostilla: el autor (conjeturo) alude a la dictadura militar y a sus desaparecidos; yo, a la camaradería. Advertirlo, me parece, no está de más.