jueves, 3 de octubre de 2013

88/ Cuenta Borges... (II)

(...de Inquisiciones)

     
Cuenta Borges que Gómez de la Serna y Cansinos Asséns son y no son análogos. El madrileño experimentaría jugando con las letras. El sevillano emplearía éstas para el sollozo. Y, a la vez, el primero sería trágico en su afán de huir del espíritu castellano a través del juego. Mientras el segundo llegaría a ser lúdico a tenor de una búsqueda alocada de metáforas. En esto ve Borges el corolario de la juventud (una significación banderiza que rige su preferencia).

miércoles, 2 de octubre de 2013

87/ Cuenta Borges...

(...de Inquisiciones)


Cuenta Borges que Torres Villarroel fue émulo de Quevedo. Que no hizo otra cosa en vida sino resucitar al maestro. Que su obra es una parodia chacotera de la de don Francisco. Que éste influyó en él como un sortilegio en cualquier crédulo. 

     Refiere Borges que Torres Villarroel <<fue una provincia [del de Madrid], más alegre y menos intensa que su trágica patria>>. 

     Espero que el avezado argentino dibujase al español en vez de a España. ¿Y no son lo mismo uno y otra: el ser y la patria: el hombre y el lugar donde éste expansiona su interioridad? Yo no sé.

martes, 1 de octubre de 2013

86/ Belleza y dolor

Para ser poeta no hay que haber sufrido previamente. Mi convicción, a machamartillo, sólo se tambalea si topo con frases del tipo: <<¡El conocimiento es dolor!>> o <<¿No ves cuan necesario es este mundo de penas y desventuras para enseñar a la inteligencia y convertirla en alma?>> o <<Le grand malade, le grand criminal, le grand maudit... et le suprême savant>>. Por orden de eclosión las firman Byron, Keats y Rimbaud. 

     Considero que habríamos de especificar, antes, qué es poesía. Ésta no se extingue con el instinto (o la razón) ni con el sentimiento; también la gestan la capacidad de imaginar (o de soñar) y el inconsciente colectivo. La fórmula poesía eres tú resulta acertada y nítida y apunta al centro del meollo. Poésie vendría a significar <<aquello a lo que le corresponde ser porque no puede no serlo>>. Definirla (la poesía) conlleva un error de fondo. ¿Y si la concebimos sin juzgarla?; o, lo que es lo mismo: ¿ni afirmándola ni negándola? Yo siempre defendí la belleza como uno de sus rasgos sine qua non. Hoy, impugno esa idea. Neruda habló de “sangre por las calles”... 

     La poetry se funda, creo, en lo poético. Representa la mirada del “trovador”; no sus “cánticos”. El poema es el disfraz que la lírica se enfunda para parecer humanamente artística. O lo que ve el lector que no es poeta. Intuimos (hay quien lo certifica) que existe el alma. Nadie (conjeturo) la ha contemplado jamás. 

     A diario me pregunto qu’est-ce que la poésie. Antaño la identifiqué con la piel nívea y los ojos azules y el cabello rubio de una muchacha. Qué errado iba. ¿Belleza y dolor como generadores líricos exclusivos? ¿No responde a realidades variopintas la archiconocida y no menos cultivada poesía? Aquéllos sólo son dos de sus posibles inductores. Finalmente ignoro si nacen o se hacen con el poeta.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

85/ S. A. P.

Hay una convergencia sin glosar entre Vicente Huidobro y Juan Ramón Jiménez. Se fundamenta ésta en el pequeño dios y en el nombre exacto de las cosas. La realidad infinita (e inédita) alienta y su mentor es el poeta. Al nombrarla (la realidad infinita e inédita), como un dios breve, la crea.

     Idea, la arriba mentada, que sirve a J. R. J. para cribar los poemas de su Segunda Antología Poética. Ésta ve la luz en 1922. Hierve y los vanguardistas la olisquean: propenden a ella como la llama al oxígeno. El moguereño dejó escrito: “Creemos los nombres./ Derivarán los hombres./ Luego, derivarán las cosas./ Y solo quedará el mundo de los nombres,/ letra del amor de los hombres,/ del olor de las rosas./ Del amor y de las rosas/ no ha de quedar sino los nombres./ ¡Creemos los nombres!”. 

     Yo agrego: ¡No nos baste con darles cuerpo y alma (a los nombres)! ¡Aspiremos a sentirlos! ¿No se piensa, dicen, lo que se siente?…

martes, 24 de septiembre de 2013

84/ Rima rimando...

La rima es (pero no sólo) parte acústica de un poema. Si se pondera íntegramente (probad…) adquirirá rasgos semánticos. Su fonética depende del timbre; ¡y su significación, del entendimiento!: al infravalorarla se peca de bobo y de zoquete. Lo gráfico y lo musical no la agotan. De ello era conocedor quien pudo inventarla en el décimo segundo siglo de nuestra era: el monje Leonius. 

     Rubén Darío, en el prólogo a Prosas Profanas, escribe: <<¿Y la cuestión métrica? ¿Y el ritmo? Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal. La música es solo de la idea, muchas veces”. El nicaragüense finiquitó aquello a que Leonius dio principio. 

     Méndez Bejarano, de fino olfato, también la dignifica a su modo: <<La rima no tiene un valor puramente musical, no. La rima posee un gran valor intelectual y se ha de estimar, sobre todo, por su significación>>. 

     Permítaseme un llamamiento a todos los poetas del mundo: ¡Rimad! ¡Que nada ni nadie os arredre! ¡Sed los otros “vanguardistas”! Sí, sí: “Van-guar-dis-tas” (en su acepción de “renovadores”. Renovar: volver algo a su primer estado). Hacedlo… Descubriréis un mundo extraordinariamente sonoro… ¿Acaso, ay, alguien rima hoy? Pues eso.