martes, 18 de marzo de 2014

128/ De JRJ (I)

Leo Idilios. Otra vez, y cuantas más veces mejor, Juan Ramón Jiménez y su obra todavía en marcha para toda una legión de lectores (entre los cuales felizmente me hallo). A lo que iba… Hay en el haber del título arriba enunciado un poema, Invierno, que dice: <<Los dos, sí, los dos…// El fuego/ agradable y rosa, empieza/ a lamer la pared íntima,/ con sus elásticas lenguas./ La lámpara está apagada./ Ya hemos cerrado la puerta.// Y, abrazados, tú riéndote,/ ojos y labios se besan…/ Los dos, sí, sí; los dos dentro…// Mas ella se queda fuera>>.

     ¡Rudo golpe asestado contra mi plexo solar! Nunca Ella se queda fuera… Qué más quisiera y anhelara yo que Ella pudiera no ya quedarse sino estar esporádicamente fuera… Para que hubiese lugar a eso habría yo de saltar por la borda del buque de guerra de la vida y abandonarme a las gélidas aguas del océano que mantienen a flote al susodicho navío o a los integrantes de la no menos susodicha subdivisión marítima provistos de escamas para respirar y de aletas para nadar…

     No. Tal cosa es imposible hoy por hoy como imposible fue ayer y no sé si lo será mañana. Yo no estoy en disposición de saber qué (o qué no) ocurrirá a partir de este mismo instante. El hombre propone y la vida dispone. ¿Y no será que donde digo <<hombre>> digo <<poeta>>, y donde <<vida>>, <<destino sentimental>> o <<azar pasional>>…? Ay.

viernes, 14 de marzo de 2014

127/ Ser vs. Ser imaginado

Y voy yo y me topo, hoy, con lo siguiente: <<La literatura es un galope desenfrenado que siempre desborda los límites del territorio del periodismo>> (Fernando Sánchez Dragó. Sentado alegre en la popa. “La Europa exótica (IV). El tren expreso”. Planeta. Barcelona, 2004. Pág., 136). No puedo estar más de acuerdo. Yo añadiría, a modo de apostilla impertinente, que: El periodismo es el pariente feo de la literatura. Y tan pancho y a gusto me quedaría si no fuera porque soy escritor y soy periodista. Aunque recapacito y observo que mi alma no está dividida. Qué va… Es monolítica. Una sola y sin fisuras. ¿Por qué? Porque lo que me interesa no es tanto la actualidad (lo que es) como la potencia (lo que puede llegar a ser). No ignoro que con ello incurro en flagrante contradicción. La razón de esta espantada del gremio de los encorbatados con pantalones sujetos a la altura de la cintura por obra y gracia de unos tirantes, que teclean en una redacción, estriba en que lo segundo (la potencia literaria) requiere imaginar en tanto que lo primero (la actualidad periodística) se sobra y basta con constatar. 

     Imagino lo que me da la gana; constato lo que puedo y lo que debo. Hacer literatura es ir libre por la vida. Hacer periodismo es arrastrar grilletes: los de la sacrosanta y hostigosa y desaliñada actualidad. Luego, está lo mal que se escribe en las cabeceras, aprisa y sin ton ni son; y lo bien escritas que, por lo general, están las novelas y los cuentos y los ensayos y los poemas. Nunca un texto literario tendrá capacidad de acaparar tanta monstruosa deformidad como uno periodístico.

     Por eso yo grito: ¡Viva la literatura! Y, bueno, de paso pasaré la mano por el lomo al periodismo… Para que no se enoje. Para que no patalee ni lloriquee… Todavía es (conjeturo) necesario. Y mucho. Sólo hay que ver los desmanes de la Política para corroborarlo…

viernes, 7 de marzo de 2014

126/ Tras Omar... (III)

¿Qué vincula a Khayyam con Machado? ¿Y con Camarón? ¿Y con Descartes? ¿Y con Borges? ¿Y con la Baghavad Gita? ¿Y con el Budismo? ¿Y con Bruce Lee?

     Vayamos por partes. 

     Rubaiyat LXXVII: <<Todos los seres tratan de recorrer el camino del Conocimiento. Unos lo buscan; otros afirman que lo han encontrado. Sin embargo, aún no se ha levantado la voz que un día clamará: “¡No hay camino; no hay sendero!”>>. Esa voz se levantaría el año 1917. ¿Dónde? En Proverbios y cantares (Machado), con aquello de <<Caminante, no hay camino, se hace camino al andar>>.

     Sigamos, entonces, haciendo camino... 

     Rubaiyat LXXII: <<Un poco de pan, un poco de agua fresca, la sombra de un árbol y tus ojos. Ningún sultán más feliz que yo. Ningún mendigo más triste>>. Tal poemilla fue entonado el otro día por el hijo de Camarón de la Isla en un programa de televisión… Tal cual. Lo juro. Yo lo vi y oí.

     Prosigamos la marcha... 

     Rubaiyat CII: <<Cuando muera, conmigo habrán muerto las rosas, los cipreses, los labios bermejos y el vino perfumado. No habrá ya albas ni crepúsculos, penas ni alegrías. El mundo habrá dejado de existir. El mundo solo es real en función del pensamiento>>. Sobran dilucidaciones. Descartes pensaba que al pensar existía. Punto.

     Pero continuemos el itinerario... 

     Rubaiyat CIII: <<Esta es la única certeza: peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios. Nos mueve, nos detiene, nos levanta y nos arroja después, uno a uno, al abismo de la Nada>>. Seguramente muchos otros habrán hecho uso de tan conocida metáfora ajedrecista. Borges la subrayó una y otra vez. Otro punto.

     Reanudemos, en este, la caminata... 

     Rubaiyat CXXV: <<Si quieres gozar la soledad magnífica de las estrellas y flores, sepárate de todos los hombres, aléjate de todas las mujeres. No te avengas con nadie. No te inclines sobre ninguna llaga ni participes de ningún festejo>>. Para mí es de sentido común. Aunque cierto es también que yo leí la parte del Mahabharata denominada Baghavad Gita o Canto del Bienaventurado, y ello ha de notarse.

     Y, por último, dos excursiones más...

     Una: Rubaiyat CXXX: <<Escucha: si este mundo no es más que una ilusión, ¿por qué te angustias? ¿Por qué piensas día y noche en tus miserias? Abandona tu alma a la fantasía de las horas. Escrito está en tu destino. Ningún borrón será capaz de corregirlo>>. El Budismo dicta que nuestros sentidos provocan engañifas que poco o nada tienen que ver con la realidad.

     Y dos: Rubaiyat CLI: <<Tuve maestros famosos y me enorgullecí de mis progresos y triunfos. Cuando recuerdo al sabio de entonces, le comparo al agua que cede su forma al cáliz y a la humareda que disipa el viento>>. El maestro Lee dijo (en inglés): <<Sé agua, mi amigo>>.

     Pregunto (en español): ¿Está o no está Omar, nacido allá por la centuria undécima, continuamente en órbita hoy día (¿y no estará mañana?) para goce de todos nosotros? Dejo en el aire el interrogante ruso.

viernes, 28 de febrero de 2014

125/ Tras Omar... (II)

A quien quiera entender...


Mi queridísimo y admiradísimo y, hasta hace bien poco, desconocidísimo Khayyam dejó escrito lo que sigue: <<No tengo miedo a la Muerte. Prefiero este hecho ineluctable al que me impusieron el día que nací. ¿Qué es la vida? Un bien que no elegí y que devolveré con indiferencia>> (Rubaiyat. LXVII). Veintiocho poemas más adelante se encuentra uno con esto: <<A nadie pedí la vida. Me esfuerzo por aceptar, sin júbilo ni rabia, todo lo que la vida ofrece. Partiré sin preguntar al prójimo acerca de mi curiosa permanencia en este mundo>> (Op. cit. XCV).

     Alguna vez me he cruzado con gente que decía no haber pedido venir al mundo. Por lo general, dicho sea sin pizca de malicia, personas acomodadas en el mullido asiento del azar o con personalidad depresiva. Yo no me avengo con ellas. Yo exclamo: Si estás, haz por el placer de hacer, y aprovecha el momento y corre y salta y vuela libre y no mires abajo ni a izquierda o a derecha ni adelante o atrás. Preocúpate sólo de no caer. Y si caes (es sabido), te levantas; el acto de levantarse es aventurero y libera endorfinas. Sé (casi todos podemos) feliz. Pero selo ya.

viernes, 21 de febrero de 2014

124/ Tras Omar... (I)

Quien me desincruste de estos poemillas milagroso desincrustador será: y es que incrustado hasta el tuétano me hallo en Rubaiyat (Omar Khayyam), y de ahí ya no me sacan ni con agua borbotando. Transcribiré, ahora, dos poemas suyos.

     Uno: <<Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna. La sed y la embriaguez son nuestros fieles compañeros. Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices y nuestras ropas manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego>> (VII).

     Y dos: <<Cuando tuve sueño, la Sabiduría me dijo: Las rosas de la Felicidad nunca han perfumado el sueño de nadie. En vez de abandonarte a este hermano de la Muerte, ¡bebe vino! ¡Tienes la eternidad para dormir!”>> (XXXV).

     Me desgañito gritando: ¡Bravo, bravísimo!

     Ahora, haré míos estos sabios renglones del no menos sabio (cuando no malabarista lingüístico) y preclaro Fernando Sánchez Dragó: <<Las palabras son como el vino: necesitan pátina y poso, hay que sobarlas y resobarlas, tienen que fermentar y decantarse en cubas de roble viejo>> (Sentado alegre en la popa. Barcelona, 2004. Planeta. P. 27). Todo un paralelismo óptimo y muy bien avenido con la causa lectora (o eso creo yo).

     La palabra embriaga y salvaguarda del miedo a la Muerte. ¡Correcto! Leer confronta la diminuta muerte diaria que es el sueño. No sé, no sé. Dormir es a morir lo que a vivir es leer. ¡Vaya, hombre, siempre tan incisivo mi querido y respetadísimo Omar!: como una vaharada de rosas silvestres en mitad de un prado seco. Incisivo y, ¡oh, Alá mío!, barbudo y no menos aturbantado. Y, ¿es que el angelito era persa?…

     Pues eso.