jueves, 17 de diciembre de 2020

342/ Del ¡bah! al ¡beee!

El 4 de enero de este año se cumplieron cien de la muerte de Benito Pérez Galdós. Yo, hoy, lo homenajeo íntimamente leyendo el nº 3 de sus Episodios Nacionales. Este: El 19 de marzo y el 2 de mayo. Ignoro si conseguiré mi propósito. Lo cierto es que no hay vez que lea a tan ilustre canario (y escuche su trino) que no caiga rendido a sus patas. Por la maestría narrativa que siempre demostró. Por su profundidad de miras política y social. Aunque, es claro, he de pasar por alto ciertos errores propios de la época que le tocó vivir para llegar a la admiración. Con `épocas´ refiero la “real” y la literaria. Más la literaria. Por ejemplo: el machismo y la inverosimilitud. 

     Botón de muestra: “Sintiendo el auxilio de la ingratitud, la turba se envalentona, se cree omnipotente e inspirada por un astro divino, y después se atribuye orgullosamente la victoria. La verdad es que todas las caídas repentinas, así como las elevaciones de la misma clase, tienen un manubrio interior, manejado por manos más expertas que las del vulgo” (Episodios Nacionales, primera serie. P., 70. Espasa. Madrid, 2008).

     Otro botón: 

     “–¡Miedo! ¡Que yo tengo miedo! –exclamó el mancebo con un repentino arrebato que le puso encendido como la grana–. ¿A dónde vas, Gabriel?

     –A la calle– respondí saliendo–. A pelear por España. Yo no tengo miedo” (Op. cit. P., 187).

     Gabriel, protagonista del Episodio Nacional que me atarea, habla en sendos botones brillantes y bien cosidos pero en el segundo entra en escena otro personaje ambivalente donde los haya: Juan de Dios. Volvamos un punto a Gabriel. Gabriel es un hombre que abraza dos ideas a priori contrapuestas. De un lado: el rechazo de la actitud borreguil del pueblo que sigue a su líder (o líderes) sin cuestionarse nada. De otro lado: el convencimiento de que hay que luchar, codo con codo con los demás “borregos”, para salvar la patria. Del ¡bah! al ¡beee! sin más fórmula de continuidad que unos cuantos asesinatos callejeros perpetrados en Madrid en 1808…

     Nuestro pensamiento puede cambiar de la noche a la mañana o, incluso, antes. No hay que temer (así lo dicen en Granada. O, ya puestos, en Graná) “naíca”. Al contrario: hasta hay que desearlo. Aquel que adopta una postura inamovible en cualquier ámbito de la vida está condenado a achicharrarse en el fuego no sé si eterno de la caldera de Satán, o qué, del aburrimiento. Ese, creo, no será hombre resuelto (perdónenme las feministas “enfolliscás” que no emplee, aquí, el lenguaje inclusivo. En la próxima ocasión lo haré. ¡Prometido! Pereza, ya saben, mal congénito de varones...).

     Lean a Galdós. Háganme caso. Y déjense de pamplinas seudo-históricas, seudo-novelísticas, que ni lo uno (novela) ni lo otro (historia) son.

     ¿Y ustedes dicen ¡bah! o ¡beee!?

martes, 3 de noviembre de 2020

341/ El maestro Antonio (IV)

LEER Y CALLAR


Este es un post para políticos en ejercicio. Un post para anti-políticos sin ejercicio. Y, finalmente, un post para apolíticos que ni ejercen ni dejan de ejercer nada porque ellos y ellas (la plebe feminista, ya, asfixia un poco: démosle gusto) están por encima del bien y del mal y de lo que se tercie. Un post sorpresivo por traer a escena un texto breve del maestro Antonio sin desperdicio ni (im)permanencia. Digámoslo de este modo: el Santo Grial de la inteligencia dialogante. O: la palabra sagrada del sumo sacerdote de Eleusis que rodeado de Abascales, Iglesias, Monasterios y Monteros habla sin nudos ni pollos en la garganta. Entretanto hay burros que en platós televisivos y tribunas de prensa, y de otro tipo, dan coces a diestro y siniestro… ¡Bah!

     Lean y aprovechen el texto abajo transcrito quienes posean una miaja de sentido común en la mollera. ¿Vendrá alguien, ahora, con la cantilena de “el sentido común es el menos común de los sentidos”? ¡Vade retro, Satana! En ese caso diré: Yo apuesto por lo más común (en potencia) del sentido escasamente común hoy: la palabra ajustada. A ti, ideólogo, te “sugiero” a punta de palabra: ¡Lee y calla!

     La rima es adrede.

     Yo también me callo.

     El texto: 

     “Nadie debe asustarse de lo que piensa, aunque su pensar aparezca en pugna con las leyes más elementales de la lógica. Porque todo ha de ser pensado por alguien, y el mayor desatino puede ser un punto de vista de lo real. Que dos y dos sean necesariamente cuatro es una opción que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada. Ni siquiera hemos de exigirle la prueba de su aserto, porque ello equivaldría a obligarle a aceptar las normas de nuestro pensamiento, en las cuales habrían de fundarse los argumentos que nos convencieran. Pero estas normas y estos argumentos sólo pueden probar nuestra tesis; de ningún modo la suya. Cuando se llega a una profunda disparidad de pareceres, el onus probandi no incumbe realmente a nadie” (Antonio Machado. Juan de Mairena. P., 134. Espasa Calpe. Madrid, 1986).

     Amén.

miércoles, 21 de octubre de 2020

340/ El maestro Antonio (III)

Qué hartura debe atravesar, como cuchillo, al hombre cuando este cae en lo chabacano y deshonroso y áspero y feo y todo en tanto “trabaja”. Repito por lo altini: ¡Qué hartura! Sin duda será, esta, atípica. Acaso demasiado atípica para someterla a moderación. Yo no sé. Lo cierto es que al lector le duelen los ojos cuando se topa con una salida de verso tan basta y espantosa, estéticamente, como la que sigue:


     “Vuelvo a cagarme por última vez en todos vuestros muertos (…)”.

     

     Nadie se escandalice con que no me escandalice semejante (ad)verso. Mejor aún: con que lo comprenda. “El ceño de la incomprensión (…) es, muchas veces, el signo de la inteligencia, propio de quien piensa algo en contra de lo que se le dice, que es, casi siempre, la única manera de pensar algo”. Palabra del maestro Antonio (de Juan de Mairena. Espasa Calpe. P., 82. Madrid, 1986).     

     Pues eso: torpón soy. 

     Nadie creerá que la frase arriba copiada y descontextualizada, contextualizada, pertenece al mismo hombre que escribió el poema abajo transcrito (su título: Madrigal al billete del tranvía):


     “Adonde el viento, impávido, subleva

     torres de luz contra la sangre mía,

     tú, billete, flor nueva,

     cortada en los balcones del tranvía.

     Huyes, directa, rectamente liso,

     en tu pétalo un nombre y un encuentro

     latentes, a ese centro

     cerrado y por cortar del compromiso.

     Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva

     el finado clavel, sí la violeta

     contemporánea, viva,

     del libro que viaja en la chaqueta”.

     

     El poema sale de Cal y canto. El verso adverso, de Con los zapatos puestos tengo que morir. A ti, sublime Rafael, poeta Alberti de mis entretelas: se equivocó el palomo... (así dirán).

     Yo te perdono. 

viernes, 16 de octubre de 2020

339/ El maestro Antonio (II)

Política y mentira van de la mano. Precisaré para que no se me echen encima los mamelucos (Fernandito Sánchez Dragó los llama “tertuli-asnos”) de cualquier mesa de plató televisivo montado a efectos de crear opinión pública exaltada y escorada. Sobre todo esto último: escorada. Ideológicamente hablando. ¿Ideología? ¡Bah! ¡Con su pan se lo coman! Voy, pues, con la precisión: a menudo política y mentira van de la mano. ¿Correcto? Vale. Sigo.

     El problema es hablar demasiado. O: La hiper-verborrea. O: Hablar cuando habría que callar. Juan Ramón Jiménez escribió: “Lo que más indigna al charlatán es alguien silencioso y digno”. 

     A los políticos: ¡Cállense, reflexionen y aprendan algo, por amor de Buda!

     Tiene, ahora, la palabra el maestro Antonio…

     

     “Se miente más que se engaña;

     y se gasta más saliva

     de la necesaria…”.

     

     Y todavía…

     

     “Si nuestros políticos comprendieran bien la intención de esta sentencia de mi maestro [refiere Abel Martín], ahorrarían las dos terceras partes, por lo menos, de su llamada actividad política” (Juan de Mairena. Espasa Calpe. Pág., 55. Madrid, 1986).

     

     Palabra de Dios.

jueves, 8 de octubre de 2020

338/ El maestro Antonio (I)

No colgar, aquí, el texto abajo copiado se me antojaba inoportuno. Por su literalidad. También por su libertad. O tanto monta: por cuanto denota y connota. El litoral de lo literal (léase: lo figurado) tiene mucho que decir y poco que callar. Perdón por la rima. Podríamos afirmar que en breve procederemos a poner en práctica un sano y, a mi juicio, poco defendido oportunismo. 

     El texto referido habla de “política”, de “políticos”, de “máscaras”...  

     A qué apuntar más. 

     Callo y copio: 


     “Al hombre público, muy especialmente al político, hay que exigirle que posea las virtudes públicas, todas las cuales se resumen en una: fidelidad a la propia máscara. Decía mi maestro Abel Martín –habla Mairena a sus discípulos de Sofística– que un hombre público que queda mal en público es mucho peor que una mujer pública que no queda bien en privado. Bromas aparte –añadía–, reparad en que no hay lío político que no sea un trueque, una confusión de máscaras, un mal ensayo de comedias, en que nadie sabe su papel.

     Procurad, sin embargo, los que vais para políticos, que vuestra máscara sea, en lo posible, obra vuestra; hacéosla vosotros mismos, para evitar que os la pongan –que os la impongan– vuestros enemigos o vuestros correligionarios; y no la hagáis tan rígida, tan importas e impermeable que os sofoque el rostro, porque, más tarde o más temprano, hay que dar la cara”.


     El subrayado no es mío. Tampoco el texto lo es. ¿Su autor? Antonio Machado. Para más señas: Maestro de escuela. Para más señas aún: Poeta y medio filósofo. El texto ha sido extraído del libro Juan de Mairena (Espasa Calpe. Madrid, 1986). Nadie sospeche de la intencionalidad que nos ha llevado a extraerlo y copiarlo y colgarlo de mil amores aquí. ¿Habrá en España clase más recta que la política? Tenemos unos políticos de estratosférico nivel intelectual y ético. ¡Salta a los ojos! Ellos (añadiré ahora: “y ellas”. Así no se dislocará demasiado la plebe feminista y, de paso, contradigo lo que de machista pueda haber en la literalidad del texto) siempre dan la cara.

     ¡Pero Siempre! 

     Risas. (Este subrayado sí es mío).